viernes, 24 de julio de 2015

La foto del viernes: el alcalde de Cádiz entra en una hermandad


"Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero". En éxtasis místico nos hemos quedado al ver la imagen del alcalde de Cádiz, José María González, "Kichi", recibiendo la medalla que acredita ser miembro de la Hermandad del Nazareno. Una tradición, dicen, que se repite una y otra vez desde 1681. ¿Podremos opinar del novio de Teresa Rodríguez? Es que como esta señora nos obliga a lavarnos la boca cuando hablamos de alguno de los suyos... En este caso tendremos que lavarnos con agua... agua bendita, al ver que "su Kichi", además de alcalde se hace cofrade, o mejor será decir "kofrade". ¿En qué asamblea ciudadana han decidido que eso sea así? porque ellos iban a consultar al pueblo cada cinco minutos si fuese necesario, cuando hubiese que tomar decisiones importantes. El pueblo debe decir por sí mismo su destino. ¿Es o no importante que el alcalde de Cádiz entre a formar parte de una Cofradía (o "Kofradía") porque lo manda "la tradición"? ¿No iban a revisar estas cosas, más propias de la "casta", como el participar en actos religiosos en virtud de sus cargos públicos? ¿Temía que le fuesen a aplicar otra tradición tan española, como la de erigir patíbulos en la plaza pública para escarnio y ejecución de quienes no comparten la religión de verdad verdadera? Que esto ocurra cuando otra alcaldesa recientemente elegida en candidaturas emergentes, como es la de Barcelona, haya quitado símbolos tradicionales, como es el busto del rey Juan Carlos I, del salón de plenos, es significativo y asombroso. ¿No iban a desligar el poder político y sus instituciones de la religión? ¿Viaje al centro? ¿Posibilismo o pragmatismo político? ¿Una muestra de que los de Podemos no son ni de izquierdas ni de derechas, como dice Pablo Iglesias (¿la santa Iglesia ya?)? En la ceremonia ¿sonaron marchas procesionales, hip hop o cuplés carnavalescos? Espero que, aunque sea después del revuelo en las redes, Santa Teresa del Gran Podé...mos nos aclare esta cuestión: Kichi de chirigotero a cofradiero. Por ahora seguiremos levitando y transverberando.

8 comentarios:

Jesús Herrera Peña dijo...

El Kichi de Cádiz, en este caso, me ha decepcionado pero le intento comprender a él y a todos esos kichis de todos esos pueblos y regiones que han estrenado un alcalde o un presidente progre después del 24 de mayo.
Pero no dejo de exclamar por lo bajini: ¡Joder, joder, joderrrrrrrrrrr!
Le tengo que comprender y le tengo que rebajar la culpa todo lo que se pueda. Lo tengo que hacer por coherencia, por realismo, por nobleza. Estoy obligado.
Igual que comprendo las incoherencias de tantos kichis que estamos viendo en estos días, también quisiera que me comprendieran y me disculparan todos aquellos que me vieron participando de alcalde en la procesión de las fiestas grandes de mi pueblo (septiembre 1979).
Es algo que aunque encuentre comprensión en algunas personas, yo no me lo puedo perdonar; ¡no me lo perdonaré nunca, jamás!
Es algo que me bulle por dentro; que no me deja tranquilo el ánimo; que aviva mis remordimientos cada vez que lo recuerdo, como ahora mismo. Es como el costrón de una cicatriz que me roza en el fondo de mi conciencia; en el fondo de mi alma. ¡¡Qué les voy yo a pedir a los alcaldes progresistas e izquierdistas de estos días!!

¡Cuanto me habría gustado hacer un corte de mangas a todos esos actos carca-religiosos, por muy secundados que estén por gran parte de las gentes de mi pueblo!
Pero para eso hay que tener más coj...(•) bemoles de los que tuve yo. Más bemoles de los que ha demostrado faltarle a Kichi el gaditano, que por otras muchas cosas SÍ que le admiro y SÍ que le aplaudo y felicito por ello a la gran mayoría de gaditanos (no a todos, eh!).

¡No somos nadie!

Francisco Javier Domínguez dijo...

Yo también le aplaudo otras cosas, a Kichi y otros alcaldes y alcaldesas. La de Córdoba, por ejemplo, del PSOE, quitó un crucifijo del antedespacho de la alcaldía, y la caverna, aupada por cierto periódico de nombre con "tres letras" le montó una campaña a lo bestia. Seguro que por ser del PSOE para los amigos de Kichi no se merece respeto. Y encima tenemos que aguantar a su novia (Teresa Rodríguez) que nos mande a lavarnos la boca cuando nombramos a los suyos, como se hacía en otros tiempos ¿con lejía? Dan muchas lecciones, pero la coherencia es difícil mantenerla. Y esta alcalde lleva pocos días como para ser incoherente y tener que resignarnos a aplaudirle, haga lo que haga. Ya he recibido críticas por señalar esta incoherencia. Parece que algunos tienen bula para hacer lo que quieran: decir una cosa (separación religión-estado) y luego tragar con las "tradiciones". No me parece justo ese culto a la personalidad que se está imponiendo entre los seguidores de Podemos. Ni que, encima, nos critiquen las incoherencias a los demás, sin autocrítica de ningún tipo.

Alan Smithee dijo...

Ahora le vengo yo a preguntar, ¿y qué problema hay? Se lo dije un "pepero" en mi blog y la misma respuesta os la doy a ustedes, ¿acaso una idea política puede impedir tener la religión, la fe o ser de una cofradía? ¿Acaso para ser cofrade hay que ser de derechas y para ser "rojo" hay que ir cagándote en todo lo que huela a cristianismo?
De verdad, que asco de las dos Españas. Nunca aprendemos de nuestros errores, aquí o blanco o negro, para algunos solo valen los extremos. Un cofrade "rojo" se va a mirar mal desde los dos lados porque, por llevar la contraria a Aristóteles, en este país no hay virtud en la mesura.
Así nos va que no hay respeto por ningún lado y los extremos son cada día más extremos.

Por cierto, ¿andaluz es? Poco conoce usted Andalucía por lo que veo. Las cofradías, la religiosidad popular, entendida no ya como hecho religioso sino a nivel antropológico, social y cultural, es una parte inherente al hecho andaluz y va muy ligada a nuestra forma de ser y a nuestra identidad. Lo curioso es que, los mismos que se empeñan en negarlo, se saltan ese episodio para idealizar el también inherente (aunque más lejano) pasado andalusí.
Y ya ni digamos de lo poco que entreveo que conoce Cádiz y a sus carnavaleros: en las coplas gaditanas es fácil encontrar letras al "Greñúo" que se mezclan con letras de "izquierda" o hasta críticas con la Iglesia (véase Martínez Ares). Hasta Juan Carlos Aragón, que es ateo confeso, le ha cantado estrofas y letras a la Semana Santa gaditana porque la considera una parte más del pueblo.

Pero aquí interesa lo que interesa, lo dicho, los extremos... Razón que tenía Machado...

Francisco Javier Domínguez dijo...

Le contesto a sus primeras preguntas: NINGÚN problema para ser de izquierdas y religioso. Pero, ¿por qué me pregunta eso? ¿Es acaso lo que yo he criticado a Kichi? Me parece que no ha leído con calma mi post. Yo lo que critico es que lo haga "como alcalde", como miembro de una institución pública (por cierto, al igual que "como concejales" lo hicieron otros, incluido uno del PSOE, que no se salva de mi crítica). Si este señor, que se declara ateo y no religioso (por cierto, le aclaro que yo no, y también me declaro de izquierda ¿entiende mi primera respuesta?) se afiliase a una hermandad (o a quince, me da igual) porque se ha convertido, "ha visto la luz cayéndose del caballo camino de Damasco", o por cualquier otra razón muy respetable, me daría exactamente igual y no le hubiese dedicado ni una sola palabra en mi blog. Cada uno puede hacer lo que quiera en su vida privada. Pero es que él y su candidatura se presentaron (y lo reafirma en el reportaje que enlazo de la noticia), entre otras cosas para hacer efectiva la separación entre religión y Estado. Un Estado que es de todos, sean de la religión que sean o no tengan ninguna. El Estado deber ser neutral para garantizar la libertad religiosa, precisamente. Y no se deben imponer ritos de ninguna religión desde el poder, por muy tradicionales que sea. Aquí, el alcalde de Cádiz, ha sido incoherente con sus promesas. Los ayuntamientos tienen unas competencias y ni el nazional-católico PP se ha atrevido a incluir entre ellas el fenómeno religioso en su última reforma de la legislación local. Los alcaldes y los ayuntamientos están para garantizar los servicios públicos, no para asistir "como alcaldes o concejales" el viernes a la mezquita ante el llamamiento del almuédano, ni para recitar los versículos de la Torá en el sabbat, ni para asistir a los oficios a las 10 en el Salón del Reino de los Testigos de Jehová y las 12 a la misa en la parroquia los domingos. Si hacen algo de eso (y solo harán una cosa, claro) es a título particular, no como representantes públicos. Por lo que ingresar "como alcalde" en una cofradía atenta a la libertad religiosa de los que no pertenecen a ella o a la religión que en ella profesan. Diría los mismo si se le impusiese la circuncisión, por ejemplo, tras la toma de posesión, porque "es la tradición" ¿Se imagina que fuese tradición que un alcalde ingresara en el Real Betis Balompié cada toma de posesión? ¿Qué pensarían los sevillistas? ¿Sería legítimo alegar que es porque es "tradición"? ¿Y si el mismo alcalde es sevillista? ¿Se tiene que tragar semejante afrenta? Los ayuntamientos no son peñas futbolísticas, se dirá. Pues tampoco templos. Y nos pertenecen a todos, creamos lo que creamos.

(Sigue después)

Francisco Javier Domínguez dijo...

Me pregunta si soy andaluz y presume mi desconocimiento de "lo andaluz". Respondo: sí, soy andaluz de nacimiento y vivencias, desde hace 53 años. Y conozco lo que me indica. Además soy de familia católica (incluso una hermana mía fue teresiana, cosa que sabrá si ha leído mi blog con asiduidad, pues le dediqué una entrada en el 20 aniversario de su fallecimiento) y mi padre combatió en el bando "nacional", teniendo entre sus cuñados uno de esos que reza en la lápida del cementerio al que se ofrece "gloria a los mártires" de "agosto de 1936". Mi madre era también de convicciones católicas, llamémosle populares, pues no estudió ni teología, ni antropología ni nada más que los estudios primarios. De ahí que conozca desde dentro eso de que habla, algo que siempre me ha interesado. Pero no me he dejado llevar por la tradición, sino por la convicción. ¡Qué le vamos a hacer! he tenido la insensata costumbre de pensar desde pequeñito, debido a largos periodos de soledad, y a pensar por mí mismo, sin someterme a autoridades, viniesen de donde viniesen. Por eso tras hacerme marxista, abandoné el dogmatismo de los dirigentes y acabé (es un decir, pues solo se acaba con la muerte) pasando a la socialdemocracia, y estudiando desde el esoterismo, al vitalismo, las religiones orientales, el celtismo, el odinismo, las ciencias "occidentales" (física, química, sociología, psicología, antropología, historia...), en fin, de todo, sin cerrarme a nada (por mi mismo, pues por estudios universitarios solo tengo una licenciatura, ya que en mis tiempos no había las becas que hay ahora, y a mí me la quitaron en primero, a pesar de ser mi padre pensionista por invalidez ¡ay, Santa UCD que Dios tenga en su gloria!) . Conozco, por tanto, el origen y la historia del pueblo andaluz, y he terminado abominando del andalucismo, sin embargo, pues sigo siendo anti-nacionalista. No puedo aceptar como dogmas ciertos hechos históricos, sobre todo, si lo que nos quieren transmitir como esos dogmas no son sino interpretaciones sesgadas sobre hechos históricos con los que construir "pasados míticos" que justifiquen opciones políticas concretas. De esto comprenderá que no me sienta incluido entre quienes quieran revivir un "idílico pasado andalusí" de nuestro pueblo, que ni existió como tal periodo de tolerancia paradisíaca, ni es comprensivo de la totalidad del legado histórico que hemos adquirido los andaluces. Le confieso que si siento algo de orgullo "historicista" es por la pertenencia de Andalucía al reino de Castilla, con sus defectos y sus virtudes.

(Sigue después)

Francisco Javier Domínguez dijo...

Eso sí, una cosa es el legado y otra la valoración que determinadas partes de éste pueda tener. Hay tradiciones que son innegables como tales, pero eso no significa que deban recibir una valoración positiva. En el post hablo de la tradición de "erigir patíbulos en la plaza pública para escarnio y ejecución de quienes no comparten la religión de verdad verdadera". Desde los Reyes Católicos hasta la Constitución de Cádiz de 1812 la Inquisición alimentó la tradición de implicar al pueblo en los autos de fe, donde se daban rienda suelta a todo tipo de frustraciones de los oprimidos (el antisemitismo histórico hispano vine de esas envidias hacia las riquezas de los judíos), haciendo pagar al reo infiel, judaizante o hereje con todo tipo de insultos, burlas, escupitajos, agresiones... ¿Por haber sido una tradición arraigada durante siglos es esto positivo? En Tordesillas existe la tradición del Toro de la Vega, donde se alancea a un animal desde la Edad Media, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población, incluido su alcalde (socialista, para mi enfado), ¿debemos mantenerla por el solo hecho de ser "tradicional" (algo innegable)?. Es tradición que los ayuntamientos tengan un papel protagonista en los actos religiosos (solo de la religión católica) en Andalucía (y nos solo Andalucía, no nos creamos los más importantes), pero ¿solo por eso debe mantenerse y, además, con exclusividad? Reitero lo dicho sobre las celebraciones religiosas en párrafos anteriores. Y sobre la libertad religiosa, que es conculcada cuando se mezcla lo público (instituciones públicas) con lo privado. Por supuesto que estoy a favor de que la libertad de expresión la practiquen los católicos, pero también los que no lo son. Y los representantes públicos deben garantizar esa libertad, algo muy distinto a implicarse "en lo expresado" y en la misma "forma de expresión".

(Sigue)

Francisco Javier Domínguez dijo...

Ésta, por cierto, es la posición "centrada". Ni anticlericalismo ni confesionalismo. No soy de los que van siempre detrás de un cura, ya sea con un cirio o con un garrote. No me confunda señor Smithee. Separación entre Iglesia (o iglesias, u otras confesiones) y Estado es lo que exijo. Y libertad religiosa y de culto. No imposición de la tradición. Siga usted opinando libremente, en su blog o en el mío (aunque yo no use pasamontañas, pues escribo con mi nombre y apellidos). Es la libertad, la de todos, sin distinción de mayorías o minorías, la que propugno. Por ello detesto la contaminación religiosa (o fubolística o la de cualquier opción particular) de las instituciones de todos. Y, por eso, he criticado al alcalde de Cádiz, no por otras cosas (que incluso apoyo y me alegro de que esté gobernando), sino por su incoherencia en este caso, que, además de incumplir sus promesas electorales (y bien poco ha tardado en hacerlo), echa tierra encima de esas libertades.

(Y ya que ahora no nos lee nadie, le confieso (en relación a las coplas de Cádiz y sus diferentes temáticas) que me emociono al escuchar algunas músicas religiosas: me encanta el canto gregoriano, la música sufí, y casi lloro, por ejemplo, al oír cada vez al gran Silvio Fernández Melgarejo con su versión del "Stand by me" dedicada a la virgen ("Rezaré"), una obra maestra... Pero no se me ocurriría imponer estas músicas como himno de Palma, por ejemplo. Fue otro, Blas Infante, el que sí se inspiró en "el Santo Dios", un canto religioso popular que campesinos y jornaleros andaluces cantaban durante la siega, para componer, con José del Castillo, el himno de Andalucía, a pesar de haberse convertido al islam. Allá él con su coherencia. Y le repito, yo no soy nacionalista) Un saludo.

José Felipe dijo...

Amén, maestro