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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Presentación de Las aventuras de Eduardo Sentinel


Anoche estuvimos en una velada literaria. Se presentó el libro de José Felipe Cardenete "Las aventuras de Eduardo Sentinel", una novela con la que nuestro amigo se sumerge en este género en su faceta publicadora (tiene otros relatos inéditos). Ya antes nos había deleitado con obras poéticas. Ahora nos muestra varias historias sobre misterio, género policíaco y novela negra, que ya había publicado en su blog (que recomiendo para pasar un buen rato con sus escritos). Eso sí, con el aliciente de verlas en papel.


La presentación contó con la introducción de otra amiga, Esperanza Caro de la Barrera, actual concejala delegada de cultura (entre otras cosas) en el ayuntamiento palmeño. Dijo del autor que es como un "hombre del renacimiento", ya que cultiva numerosos saberes, pues lo mismo escribe literatura, que te explica los pormenores de la informática más avanzada. José Felipe es así ciertamente, además de otras cosas, pues formó parte del Grupo Folk Azahares, interpretó en la compañía de teatro aficionado La cochera de Flores, fue periodista (tanto gráfico como escritor) en diversos medios locales y ejerció de maestro hasta su jubilación anticipada. Su presencia, más que la de un aguerrido "condottiero" italiano, es más parecida a ese venerable profesor que no ha dejado de ser nunca, eso sí, peinando las canas que dan en su semblante más tranquilidad que la que mostraba en tiempos de cantos comprometidos o revolucionarios.


José Felipe nos explicó su obra novelesca, que se desarrolla, por cierto, en tierras de Palma del Río, en lugares muy frecuentados y conocidos (como el Bar de los Hermanos Uceda, donde tuvo lugar la presentación, con lleno absoluto de amigos y admiradores, y convite posterior), lo que fuerza la complicidad de los lectores locales, que se zambullirán en las diversas tramas que nos cuenta, con la curiosidad de ver esos lugares cotidianos como otro protagonista de las historias misteriosas.


Dice la contraportada: "Eduardo Sentinel, agente secreto retirado que vive plácidamente en Palma del Río no podía imaginar lo que se le venía encima al acudir a aquella cita...

En esta novela se narran cuatro aventuras de este espía emérito que espero servirán de entretenimiento a los lectores y lectoras."


Unas aventuras que nos prometió tendrán continuación, ya que había decidido "no matar al protagonista" para que la saga siga viva en próximas entregas. Cosa que esperamos no tarde mucho tiempo, aunque sepamos de la dificultad de la labor artesanal de su edición. Pues, demás, nos contó sus peripecias con los editores, lo que le inclinaría a lanzarse a la aventura de la auto-edición, e incluso la auto-impresión y la encuadernación de sus volúmenes, como ya hiciera con su anterior obra poética. En su blog nos explica la confección de los tomos de esta primera edición, que ayer vendió (a precio de coste de los materiales) tras la presentación, con la correspondiente dedicatoria a los amables lectores. Cosa que también hizo con Ana y conmigo. 


En fin, que pasamos un buen rato entre amigos y con la alegría de ver a uno de ellos convertirse en protagonista de la actualidad cultural de nuestra ciudad, mostrando en este caso sí una de las virtudes de esos condottieros renacentistas, a la hora de lanzarse al mundo editorial, la valentía. Una característica que nunca le ha faltado a José Felipe, además de otras. Que siga regalándonos su arte. Por muchos años.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Antigua alcazaba de Palma del Río

Lo que conocíamos de pequeños como la Mesa de San Pedro era el solar y los restos del antiguo castillo o alcazaba musulmana, donde se originó nuestra ciudad. Hoy día se ha recuperado el lugar, tras siglos de abandono.







sábado, 31 de octubre de 2015

Mis visitas al cementerio


Nunca me ha gustado visitar el cementerio el uno de noviembre. He tenido que hacerlo acompañando a mi madre, tanto para visitar las tumbas de los familiares desaparecidos, como, antes, para adecentar las lápidas. Siempre había un gran gentío y motivo por el que departir con otras personas también presentes allí. Entiendo que se visiten los cementerios en estas fechas, por la costumbre ancestral, que, sin embargo, me merece más aprecio que otras importadas de Estados Unidos que, aunque guarden el mismo origen que nuestra costumbre, se han extendido como mero divertimento, al copiarse de las numerosas películas de terror que tanto gustan a los jóvenes: el famoso Halloween, con toda su parafernalia de disfraces de monstruos, brujas, momias o vampiros, las fiestas de discoteca o las pesadas visitas donde niños impertinentes te amenazan con el "truco o trato". Pero, para mí, no ha arraigado como hábito. La festividad de la noche del 31 de octubre tiene otro significado, relacionado con los cultos celtas y germanos. Siempre he preferido visitar el cementerio en otros momentos del año.


Así lo hice hace meses, buscando los nichos de mis familiares difuntos. Sin bullas ni muchedumbres, paseando por sus calles, tras hacer ejercicio por otras calles, las del casco urbano de Palma, o los caminos de sus huertas. Registré en imágenes las lápidas de mis padres, José y Carmen, que se sitúan en la parte de la primera ampliación del cementerio.


Además de las de otros familiares.


Como la de mis abuelos paternos, José Domínguez y Adelina Godoy, a los que no conocí, por fallecer antes de mi nacimiento, cercanas a la entrada del camposanto, tras el muro de la fachada.


También la de la primera mujer de mi padre, Soledad López, que descansa en el bloque de los nichos cercanos a la capilla.


O la tumba donde está mi abuela materna, Belén Nieto, que reposa con mis tíos Francisco (Curro) y su mujer María, ya que a este nicho fueron trasladados sus restos. Los de mi abuelo Sebastián Peso no se sabe donde están, solo se conoce que mi abuela los trasladó a otro lugar, tras hundirse el nicho donde reposaban.


El cementerio, como si de otra urbe se tratara, tiene sus espacios delimitados según creencias y situación social. Así encontramos tumbas en el suelo, panteones para varios enterramientos, nichos en los muros de los diferentes bloques y hasta un columbario donde se depositan las urnas con las cenizas de los que han sido incinerados, sin atender a la costumbre cristiana.


Y presenta la historia de nuestro ciudad, en correspondencia a los fallecidos que allí se alojan. Son bien visibles las tumbas de los asesinados por uno y otro bando al comienzo de la Guerra Civil del 36. Los sublevados y los muertos tras la toma de Palma por los nacionales.


Encontramos además lápidas más singulares que las tradicionales con cruces o imágenes religiosas, como una en forma de rosca, o con leyendas curiosas. Elementos que nos informan de la personalidad o la vida, costumbres o preferencias de cada difunto.


Alguna solo contiene los apellidos y la fecha en números romanos relativa exclusivamente al siglo en que vivimos y murió la persona allí enterrada.


Otra encontramos con un texto enigmático (ETERNAMENTE SÁBADO), ya que no sabemos si esa persona esperaba llegar siempre al fin de semana, para descansar o ir de fiesta, por ejemplo, o si tuviese algún origen o antepasado hebreo que le hiciese preferir el día de la semana dedicado a Yahveh. 


Alguna solo recoge los nombres de sus moradores, junto a algún epitafio para pensar.


Encontrándonos también, junto a las que añaden al nombre la fotografía del difunto o difunta (hay muchas de ellas), algunas simpáticas donde desvelan sus gustos, como ésta donde se incluye el escudo del club de fútbol del que sería fiel aficionado.


El cementerio cambió hace tiempo, pasando de lugar lúgubre a recinto amable, bien cuidado, dotado de servicios y zonas verdes, con un estanque rebosante de vida, y hasta de adornos, como esta pirámide que recuerda a los monumentos funerarios egipcios o a uno de los símbolos masones más apreciados.


Pasear por el cementerio en días que no se frecuenta su visita, como en estas jornadas de noviembre, o en horas en que no hay entierros, casi es un verdadero placer para los sentidos. Se respira paz, tranquilidad, armonía. El canto de los pájaros acompaña a pensar y pasear pausadamente por sus calles, encontrándose con los recuerdos de quienes compartieron con nosotros sus vidas, ya fuese porque nos acompañaron, nos proporcionaron nuestra existencia o porque forman parte de la historia del lugar en que tenemos nuestras raíces y desarrollamos nuestra vida. Yo prefiero hacerlo así. El reencuentro espiritual con nuestros ancestros de esta manera es, para mí, más gratificante que durante el uno o dos de noviembre, como manda la tradición. No obstante, quien quiera visitar la morada última de sus familiares y allegados en estas fechas, encontrará también un lugar algo más que digno y curioso para ello.

domingo, 2 de agosto de 2015

18 aniversario del bar de Los Cabezos


Siendo yo concejal delegado de Medio Ambiente, el Ayuntamiento de Palma del Río tomó posesión de un terreno frente a la urbanización El Baldío, cuya junta de compensación lo había adquirido para cederlo como zona verde, en el proceso de legalización de su plan parcial. Un espacio de 15 hectáreas bien conservado con especies de bosque mediterráneo, fundamentalmente acebuches y encinas, rodeado del arroyo Retortillo. Tiempo después conseguimos que la Junta de Andalucía hiciese obras para convertirlo en área recreativa, con senderos, zona de barbacoas, miradores y juegos. Fue declarado Parque Periurbano en 1999


Aprovechando diversos planes de obra, hicimos un quiosco para dar servicio al parque, además de caseta de guardería, y, más tarde, un edificio en la parte alta del monte, para destinarlo a aula de naturaleza. Algo que se completaría con la adquisición de varias cabañas de madera, que permitieron a partir de entonces, hacer varios campamentos. Las cabañas fueron sustituidas años después por una zona de albergues para su explotación comercial. Además de reacondicionar el aula de naturaleza. Ya no era yo el responsable de medio ambiente municipal. Sus instalaciones permiten su uso durante todo el año.


Las obras se han sucedido en varias ocasiones, como relato, tras la adquisición del parque. Lo que ha redundado en un mayor uso por parte, no solo de la población local, que asumió con entusiasmo la zona de esparcimiento en la naturaleza que habíamos conseguido, sino por vecinos de otros pueblos, no dotados de un espacio "serrano" como el nuestro, que pronto acudieron tanto para pasar un día de campo en una zona acondicionada con todos los servicios necesarios, como para disfrutar del quiosco, cuyas instalaciones fueron creciendo, hasta convertirse en restaurante. Los centros escolares lo usan para complementar su oferta educativa en contacto con la naturaleza.


El concesionario del bar también terminó haciéndose cargo de la guardería del parque, y de las instalaciones de alojamiento, convirtiéndolo en un albergue medio-ambiental, dotado de actividades de todo tipo (talleres, campamentos, juegos, educación ambiental...), además de zona de alojamiento de tiempo libre y turístico en la naturaleza. Trini y Sancho, los concesionarios, llevan ya 18 años al frente de las instalaciones y se han convertido también en un referente en la gastronomía palmeña. Son muchos los ciudadanos que acuden al bar restaurante en las diversas temporadas para degustar sus exquisitos platos. Nosotros ayer hicimos lo mismo para cenar, además de para disfrutar de las temperaturas del lugar (unos grados menos que en el casco urbano), y para celebrar con ellos y los amigos, que habían invitado al cóctel de después, los 18 años, la mayoría de edad de una aventura, que a la luz de los resultados, ha salido bien. ¡Felicidades! y que dure otros años más.

miércoles, 15 de abril de 2015

Ruta del colesterol


Al llevar meses de estudio para las oposiciones a las que me voy a presentar mi peso corporal ha aumentado considerablemente. Algo comprensible, debido a las muchas horas sentado delante de los manuales y el ordenador con los que realizo el estudio. Así que, desde hace tiempo, me propuse salir todos los días (o casi todos) a andar, para hacer un paréntesis, en el que oxigenar cuerpo y mente, y mantener la forma física, perdiendo algo de peso. Aunque también he comprobado que, llegando a ciertas edades, el perder peso y mantener la agilidad de músculos y organismo, es cada vez más complicado. De ahí que, al menos, intente no engordar más de la cuenta, pues el tiempo de pasividad física que comporta el estudio es imprescindible, ya que, además, la capacidad mental y las aptitudes para el estudio son algo que también se van mermando con el tiempo. 

Unos de los lugares que frecuento para mis ejercicios, además de otros que me han permitido registrar en imágenes rincones de nuestra ciudad con algo de interés, es la conocida popularmente como "Ruta del colesterol". Es el apelativo, algo cómico, que le han puesto a la Avenida de María Auxiliadora (antes Avenida de la Diputación), pues es lugar frecuentado por los que padecen exceso de esta sustancia y a los que sus respectivos médicos les han prescrito hacer ejercicio, aunque sea moderado, como es el caminar durante un tiempo determinado a diario. Es lugar donde lo normal es encontrarte con señoras en grupo, que dan un paseo, a pensionistas y jubilados de diferentes edades, con o sin bastón, haciendo la ruta de punta a punta de la avenida, o a otras personas corriendo o simplemente caminando. Es habitual que se complemente la ruta por la zona polideportiva municipal, por la avenida Aulio Cornelio Palma, y con el paseo peatonal que discurre por la antigua carretera que une con el Puente de Hierro, la ermita de Belén y la estación de ferrocarril. 


Alguien, como vemos, no se ha contentado con saber ese nombre popular y ha "bautizado" el acerado con pintura, para que todos sepamos por donde vamos dando nuestros sanos pasos. Otro rincón palmeño, en este caso bastante conocido.

jueves, 9 de abril de 2015

Rincones palmeños: la isla y sus calles


Insula in flumine nata era la expresión en latín, que tenía del Derecho Romano, para denominar una forma de adquirir la propiedad, por accesión, es decir de hacer propias las cosas que queden unidas o acrezcan al dominio de una persona. Era la manera que permitía apropiarse, en este caso de las islas que se forman por aluvión o sedimentación de los materiales que transportan las aguas de los ríos (arena, grava, arcillas...) y se convierten en más o menos permanentes. Los romanos permitían que los dueños de las propiedades que limitaban con sus orillas, se hiciesen con el terreno de la isla, trazando una línea que la dividía por mitad, atribuyendo cada parte al dueño del fundo respectivo. Algo que hoy día todavía es posible, si los ríos no son navegables y flotables, según nos indica el Código Civil.


En el río Genil hay una isla, cerca de la presa que llamamos la "súa", el azud de la Harinera. Esa barrera que encauzaba el agua del río para usarla para el riego de la huertas, gracias a las norias que hubo allí desde tiempos de los musulmanes. O para mover las turbinas de la Fábrica de Harinas. Esa isla da nombre a otro rincón medio olvidado de Palma del Río, las calles La Isla y La Isleta. La primera casi paralela a otra vía que también debe su nombre al Genil, la calle Miralrío.


La calle La Isla es una callejuela pequeña, de trazado irregular, donde el ayuntamiento arregló el pavimento con losetas para confirmar su identidad peatonal. Casas humildes, como sus moradores; unas mejor, otras peor cuidadas. Poco ancha, como las calles árabes o que vemos en el Norte de África. Esos tejadillos que vemos en algunas puertas y ventanas casi se tocan unos a otros.


Una valla al principio, por la Avenida de Madrid, cierra el paso por las noches, para impedir más molestias de las soportables, por la cercanía de una discoteca. No es lugar de paso. Poca gente la conoce, pues para acceder al paseo del río se va mejor por Miralrío, además de que ésta es más frecuentada por sus talleres y almacenes.


Su "hermana menor", la calle La Isleta, es la "pobre" de la familia. Se llega a ella desde la calle Isla o desde Miralrío. No está ni cuidada, ni pavimentada, y si la anterior casi nadie la frecuenta, ésta, para colmo, está casi sin habitar: cocheras, almacenes, entradas o salidas de naves u otras propiedades la conforman... y una sola vivienda. De gente humilde, pobre, tal vez extranjeros.


La isla nacida del río no aprovecha a sus vecinos. La isla está cubierta de árboles y arbustos, y sus habitantes son las aves y otra fauna que vive del río. Los palmeños nos sentimos orgullos de nuestro río. Pero vivimos de espaldas a él. Estas callejuelas, medio ocultas, lo demuestran. Como la inquina contra el paseo de la ribera y su abandono. Rincones olvidados.

jueves, 2 de abril de 2015

El mural cerámico de Jesús del Gran Poder de la Calle Portada, su origen


Cuando escribí la segunda parte de las entradas sobre la Calle Portada, reseñé el mural o mosaico de cerámica que hay en la fachada de la casa de Rosario Callejón Morales. Un mural dedicado a Jesús del Gran Poder, cuya leyenda, abajo, dice: "NTRO. PADRE JESÚS DEL GRAN PODER. PROMESA DE ÁNGELES LOPERA GUZMÁN. AÑO 1945". Entonces no lo dije, pero me resultaba extraño que estuviese en esa casa y no en la que pertenecía a la familia Lopera, contigua a ella y haciendo esquina, donde estuvo la espartería, de la que hablé en aquella entrada, con más detenimiento. Esta última casa ya demolida y con el solar en obras, por cierto.


No me quedé satisfecho por el desconocimiento del origen de aquella circunstancia y decidí aclarar la ubicación de dicho mural votivo. Así que aproveché un contacto con Celia, la actual titular de la Confitería MAISA, hija de la propietaria de la casa donde está situado, para obtener respuesta a mis dudas. Ella le preguntó a su tía Ángeles. La casa está ocupada por las dos hermanas y sus esposos, Rosario, con Heliodoro Mayor Melo, en la planta baja, y Ángeles, con José Ruiz Durán, en la planta alta. Y ésta redactó de su puño y letra una exhaustiva, pero concisa, explicación, tanto de la casa, como del origen y vicisitudes del mural. Está tan bien expresado, pese a su avanzada edad (tiene 86 años y, a pesar de ello, buena forma, como he podido comprobar en persona), que paso a transcribirlo literalmente, para que sepamos esta historia.


“La casa está en la familia desde el 1857 (que sepamos). La abuela de mi madre, Rosario García, y sus hermanas eran las dueñas de la casa. Al casarse con Curro Nieto, el abuelo de mi madre, le compró las partes a las hermanas de su mujer. Desde entonces ha venido la casa de unos en otros hasta nuestros días, en la familia.

Mi madre tenía 14 años cuando su abuelo se murió el 1916 y ya su abuelo le había contado la historia de la casa. 

Según parece la casa de la esquina y la nuestra estaban unidas y el Señor estaba entre las dos fachadas, pero el dueño, por lo visto, no le gustaba tenerlo en su casa y mi bisabuelo dijo que lo ponía en la suya. Esa fecha de cuando lo cambió no lo sabemos. Mi madre decía que no era el que ahora está, que era un Jesús Nazareno con la cruz a cuestas, un poco de lado, era un lienzo pintado y tenía un cristal.

En la guerra del 1936 lo quitaron, entonces mi madre estaba casada y vivíamos en la calle Barbera y no lo vio quitar, pero una prima suya que vivía en frente de la casa lo vio. 

Mi madre tenía muchas ganas de ponerlo pero en aquellas fechas nadie tenía dinero y no podían. Ángeles Lopera ofreció que, si a su hijo no le pasaba nada en la guerra, lo ponían. Cuando se lo dijeron a mis padres que lo querían poner, como era una promesa, le dijeron que bueno, pero que ellos pagaban la mano de obra y las losas Ángeles Lopera. Así lo hicieron.

Pero cuando esta familia lo encargaron hacer no le preguntaron nada. Cuando mi madre se enteró le dio mucho coraje por no ser lo mismo que el de antes. 

Lo bendijo el párroco D. Carlos Sánchez, se dieron unas copas. 

Cuando en 1945 se arregló la casa hubo que quitarlo. Se puso en el mismo sitio y no se rompió ni una loseta. 

Tenemos casualmente una foto de la fachada de la casa del año 1942 o 1943 y se ve que no está puesto el Señor.

17-10-2013 Ángeles Callejón."


La foto de la que habla es la que reproduzco en el texto. En ella se ven unos familiares, y la casa detrás, sin el mural. Ángeles nos confirmó la fecha, gracias a las edades de las personas que aparecen (ya fallecidas, por cierto).


En el detalle se aprecia la parte de la fachada, antes de que se instalase el mural, y, recordemos, éste tiene fecha de 1945. Aprovecho para agradecerles el haberme cedido la foto y la explicación, que servirá para que los curiosos y amantes de la Historia, o las historias, de Palma del Río sepan el origen de esta pieza, tan conocida y antigua, del ambiente de esta calle tan importante de nuestro municipio.

jueves, 26 de marzo de 2015

Rincones palmeños: la calle Ramón y Cajal


Hay en Palma del Río calles, callejas, callejones y calles sin salida. Hay una calle sin salida que es un primor, la calle Ramón y Cajal. Calle con nombre de médico y premio Nobel, en medio de otras denominaciones que recuerdan a la historia medieval de nuestra ciudad (Almirante Bocanegra, Doña María Manrique, Conde de Palma, San Fernando, Infante Molina, San Luis Mártir...).


Es calle pequeña y medio oculta, pues su entrada permanece adintelada por una vivienda que comparte el espacio. Casi no nos percatamos de su existencia, si paseamos con prisa por Conde de Palma. Pero su presencia se hace visible si paramos en lo que se nos antoja entrada de casa de vecinos. Y no es así, sino vía con todas las de la ley. Eso sí, peatonal y perfectamente enlosada para el tránsito de personas y no de vehículos.


Termina nuestra pequeña calle en muro que delimita con el patio arbolado de una casa. Casa contigua a los antiguos vestuarios del campo de fútbol que había en el Barrio de la Soledad, hasta que fue demolido para reordenar el espacio urbano con más viviendas, calles y una plaza central. Vestuarios que fueron adaptados como locales para el barrio.


Es la calle Ramón y Cajal, vía y espacio de convivencia vecinal, adornada con macetas por los vecinos y de casas humildes pero convenientemente adecentadas, de blancas paredes y coloridos zócalos. Recuerda a un patio de casa de vecinos, sin las incomodidades de aquellos. Un rincón coqueto, armónico y sencillo digno de admirar.

jueves, 12 de marzo de 2015

Rincones palmeños: el camino de la barca


"Que hay dos barcas pertenecientes a el (sic) Conde de esta villa, una sobre el río Guadalquivir con un barco anejo a ella propia del Conde de esta villa y sirve para el paso de las personas, caballerías y carruajes que transitan por este término, forasteros y de esta población; produce a dicho su dueño en administración, como la tiene, 2785 reales de vellón, hecha la regulación por un quinquenio.

La otra está sobre el río Genil y solo sirve para el pasaje de las personas, caballerías mayores y menores, y bajo la misma regulación produce a dicho su dueño anualmente 2200 reales de vellón."

(Respuesta a la pregunta 29 en el Catastro del Marqués de Ensenada, sobre Palma del Río. 1754)


El Camino de la Barca lo encontramos paralelo a la Avenida de María Auxiliadora con entrada por la calle Vado Viejo y salida conectando con la avenida nombrada, tras el chalé de Antonio G. Chaves. Discurre en el límite de la terraza natural bordeándola. Es paso corriente de viandantes, paseantes, y otras personas que lo emplean para su ejercicio, aunque es practicable también en vehículo. Alguien lo ha señalizado a la entrada sobre una de las naves que allí hay. 


El camino da entrada se bifurca, antes de su salida al norte, con un ramal que nos lleva a las huertas de la Ribera, el Corvo, las Delicias, El Higueral... zonas de naranjos. Se le llamará así por ser vía de acceso a esa barca de las que nos habla el Catastro, propiedad del Conde, que servía para cruzar el río Guadalquivir, antes del siglo XIX, cuando se levantaron los puentes. También hay otro cartel con el nombre en la parte que va al Corvo, porque puede que hubiese otra barca que cruzase el río por esa zona.


Una barca también hubo a principio de los años setenta del siglo pasado, cuando una reparación del tablero del Puente de Hierro hizo necesario usar un medio así para cruzar de nuevo el gran río.


Otra barca nos habla el Catastro sobre el Genil. Se refería a la que hubo antes de construir el puente actual que nos une con la carretera a La Campana, el Puente de la Alegría. Puente del siglo XX, que también necesitó reparaciones varias, tras la Guerra Civil, y posteriormente por su sustitución del tablero, cuando se quiso emplear de nuevo una barca, aunque se desechara la idea por las críticas. La primitiva barca era de menos uso, según el Catastro, pues la empleaban los hortelanos.


Como empleaban otra barca también los hortelanos del pago de La Barqueta, que recorrían el camino de dicho nombre hasta el Genil, para cruzar el río y desplazarse a esas huertas. Como ya conté un día, mi madre vivió en La Barqueta y usó la barca, que daba nombre al pago, más de una vez. Nos llevó de niños a verla, cuando ya no se usaba, pues estaba arreglado el camino que conecta por la carretera de la Huertas (ahora llamada Los naranjales) y había mejores medios de transporte. 


Hace días intenté llegar al río por el camino de la Barqueta, como fui por última vez hace casi cuarenta años, pero el paso está cortado, por escombros y maleza, para impedir que la gente se tope con las colmenas que hay allí instaladas. Un paseo, no obstante, bonito y entrañable. El de las diferentes situaciones de las barcas que un día hubo en Palma.