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martes, 6 de junio de 2023

Las discotecas, de las pioneras a hoy día

Salón del Club Juvenil, con los aparatos de efectos luminosos que instaló la OJE. Foto del Archivo municipal.

La feria es sinónimo de fiesta, de diversión. Cuando éramos jóvenes las ferias eran un momento especialmente esperado para una diversión diferente. Aunque también durante las ferias algunas maneras de divertirnos, de disfrutar de las fiestas, coincidían con las que conocíamos durante el resto del año. Era el caso de las discotecas, de los bailes, que algunos de ellos trasladaban su sede en el verano hasta el Paseo para seguir funcionado al aire libre.

El Candil o Munsters Club. Entre otros, Antonio Peréz Limones, Conchi Vargas, Paqui Ruiz. Y Julio Lopera. Principios de los setenta. Foto de Manolín Fernández, cedida por Paqui Ruiz.

En invierno existió durante unos años el Mesón El Candil, en la Calle Cuerpo Cristo, que en verano se trasladaba, como hemos dicho, al Paseo. Lo fundó el cura Don Tomás, Tomás Pérez, sacerdote que dejó una profunda huella en Palma y que murió en Villafranca hace años. El Mesón El Candil ocupaba una casa antigua con un bonito patio, donde edificaron la sala de baile y la barra de bar, al que se entraba por un largo pasillo. Tenía árboles y el sabor de una casa típica de la arquitectura popular palmeña. En la planta alta había una vivienda donde se alojó la familia Lopera,  cuyos hijos fundaron la Imprenta Lopera con empleados de la antigua Imprenta de Leonardo Fijo. La discoteca tuvo varias épocas de vida, siendo gestionada por varias personas, entre otras, Antonio Pérez Limones y Manolín Fernández, los dos del grupo local de "música ligera" (como se decía entonces) Los Munsters, y con el nombre de Munsters Club fue conocida, desde entonces. Ahora permanece cerrada. 


Otra discoteca o baile frecuentado era el de la Organización Juvenil Española, que compartía el edificio anejo al Ayuntamiento, entrando por al calle Ruiz Muñoz, con la Escuela Unitaria de Niños dependiente del Consejo de Protección Escolar del Frente de Juventudes que dirigía Antonio García Chaves. El salón del edificio disponía de salas de juegos, de lecturas, de televisión, etc, y era la sede de la OJE, que ofrecía sus actividades como los campamentos, excursiones, actividades deportivas o la famosa banda de cornetas y tambores, y era usado los fines de semana como discoteca, a la que asistíamos dando los primeros pasos como jóvenes "bailongos" los amigos del barrio y del instituto. En la Transición Democrática se abrió allí el Club Juvenil, gestionado por diversas asociaciones juveniles y culturales. Sus bailes se siguieron desarrollando en el salón principal, ocupando los disc-jockeys una parte que se había cerrado con una valla de ladrillo y reja en el zaguán de la entrada por Ruiz Muñoz. Djs fueron, por ejemplo, Francisco Gómez, "Quiquín", y mi hermano Roberto, amantes de la música y los aparatos eléctricos. 


Elección de la reina de las fiestas. Entre otros, Juan Liñán, Emilia Reyes, Rafael Ceballos, M. Carmen Peso, Brígida Trujillo, Miguel Delgado, M. Victoria Peso, Antonio Delgado y Belén Flores. Atrás varios componentes de Los Munsters. Foto de Paqui Ruiz.

Volviendo a las ferias y a los veranos en general, estos bailes, que hemos comentado, se desarrollaban al aire libre en las dos casetas que había en el Paseo Alfonso XIII. El Mesón El Candil, luego Munsters Club, se trasladaba al final del Paseo a la izquierda. Recordamos sus muros blancos y su mobiliario: cajas de madera para naranjas con la base tapizada, como asientos, o las mesas, en forma circular con un agujero en medio. Además de los paneles con fotografías de cantantes o artistas del cine que colocaban en los muros de la fachada, mirando al exterior. Durante la época de Don Tomás se realizó allí un concurso, entre jóvenes palmeñas, de reina de las fiestas, con sus damas de honor, durante varias ediciones de Feria.


Caseta de verano de la OJE, luego del Club Juvenil. Foto del Facebook de Pepe Ortega.

Enfrente, estuvo la discoteca de verano de la OJE, que, al igual que la anterior, trasladaba sus instalaciones cuando acababa el invierno. Allí, además, esta organización juvenil  celebraba actos y competiciones de deportes de salón, como ajedrez, tenis de mesa, etc. Sus arcos de ladrillo, enrejados y también blancos, como sus muros, tenían entrañable sabor. Ambas casetas, que compitieron por captar a los jóvenes de varias generaciones, desaparecieron con las obras del Paseo de los años 90.


Entrada del Munsters Club en la Feria. Foto de Francisco Gómez, "Quiquín".

Más "bailes" de feria se celebraban en las dos casetas de obra que había, y cuyos edificios perviven, ya adaptados a los nuevos tiempos, como eran la Caseta de la Amistad, propiedad del ayuntamiento, a la izquierda, y la del Casino, o Círculo de Recreo, a la derecha, que era privada. También, ya en los años ochenta, el ayuntamiento se hizo con el Cine Coliseo España para destinarlo a caseta de Feria, que estuvo funcionando antes de hacer las obras del Teatro, como establecimiento de hostelería durante el verano, celebrándose diversos eventos festivos como conciertos musicales, teatro, cine, etc.


Componentes del grupo Los Munsters. Foto del Facebook de Paqui Ruiz.

Después de tener el Munsters Club, Antonio Pérez Limones fundó la Discoteca Tato´s. La gran discoteca de Palma. Famosa por sus bailes de carnaval, o de nochevieja. Y por los desfiles de modelos, bodas, conciertos y otros actos. Tenía dos pistas, la de “rápido” con música propiamente discotequera, con muchos efectos luminosos, a la que se bajaba por unos escalones y la de “lento”, donde sonaban baladas, para el “baile agarrado”, sin iluminación estridente, a fin de no molestar a las parejas danzantes, en la que aprovechábamos su oscuridad para escarceos erótico-festivos, fuera de miradas indiscretas. Además de la barra y los asientos y mesas repartidos por ambas zonas.


Entrega de premios deportivos de Radio Palma en la terraza de Tato´s. Foto de M. Muñoz Rojo.

Disponía de una terraza al aire libre ajardinada, que diseñó Pepe Bejarano, el pintor, como también el logo, el de perrito. Sus mesas y sillones eran de forja (que todavía podemos ver en la terraza de Los Cabezos), con otra barra de bar, muy adecuada para el verano, y una parte que luego cerraron con cristaleras para el invierno. Cuando se cerró se instaló allí un centro de diálisis.

En la calle Coronada, encontrábamos la discoteca Géminis, otra veterana, fundada por Rafael García Belmonte, que también fue Mesón, más tarde trasladado a la calle José de Mora, junto a la piscina que abrió en el antiguo solar de la casa que le vendió mi padre al principio de los años ochenta. Tuvo varias épocas, con otros gerentes, y ambientes (por ejemplo, fue disco-joven, en horarios vespertinos, sin servir alcohol, e incluso en horario nocturno abría desde los jueves). Ya cerró hace varios años.


Interior de la discoteca Géminis. Foto del Facebook de Paqui Méndez.

Otra muy conocida era la Discoteca Marathón, en la calle Barbera, de Iván Gamero. También tuvo varias direcciones, y una de ellas la llamaron Omaira durante un tiempo. 

Funcionaron además disco-pubs, como el Disco-pub Lord Byron, junto a la Pizzería Michelangelo, de Jesús Morales, dueño del pub del mismo nombre, pionero de los pubs en Palma y de muy grata memoria. Y otro en la calle Ana de Santiago. Además en la calle Río Seco funcionaron el Cubo´s (más tarde Coco Bongo) y El Patio (luego La Barraca).


Entrada actual del inmueble donde se ubicó el Mesón El candil. Foto del autor.

No podemos olvidar que durante los años sesenta causó sensación el fenómeno del guateque. Las fiestas que se organizaban en las casas, locales, cocheras, etc. para bailar, beber y ligar. Quien tenía un pick up (el "picú", el tocadiscos portátil) se convertía en el dj del baile y casi seguro ligaba pinchando los éxitos de la temporada, como los de Nino Bravo, Karina, Los Brincos, Camilo Sesto.... Más tarde la música disco dio un salto con la banda sonora de la película "Fiebre del sábado noche", o la música negra de la Tamla-Motown, sones populares que recuerdan el programa Aplauso de RTVE, con el gran José Luis Fradejas. Eran los tiempos del pantalón de campana, las solapas anchas, la melena, los colores rabiosos, los lunares en las camisas, la psicodelia, los collares (recuerdos de la era hippie, pero menos ostentosos), el funk, el soul, la música disco, cuyo precursor fue el Sonido Philadelphia. 

El fenómeno de las discotecas fue menguando con el tiempo. Abrieron la Orange en las inmediaciones del Paseo, que creo que es la única que resiste. El botellón y el acceso a la música por internet y con baratos medios de reproducción han hecho que estos negocios dejasen de ser rentables en nuestro municipio (no en las zonas costeras y de gran afluencia turística, ni en las ferias, con las disco-casetas que sí proliferan). También los que frecuentábamos estos establecimientos nos hemos hecho mayores y hemos cambiado nuestras costumbres de ocio. Pero no está mal haber echado la vista atrás y haber recordado estos espacios que un tiempo fueron lugar de encuentro y diversión cada fin de semana de nuestras vidas.

(Artículo publicado en la revista de Feria de Mayo de 2023)

lunes, 26 de diciembre de 2022

Murió Francisco Santos, el de las tortillas


El domingo 25 murió, con 94 años, Francisco Santos, el regente de la taberna que hay junto a la Mezquita de Córdoba, la Taberna Santos, famosa por sus grandes tortillas de patata. Un local pequeñito al que muchísima gente acudía a degustar un pincho de su famosa tortilla de varios kilos, casi siempre fuera del local, haciendo largas colas, junto a los muros del también famoso antiguo templo musulmán cordobés de la época califal.


De joven, cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Córdoba, fui muchas veces a esa taberna. Uno años viví en el piso de mi amigo Leonardo, con el que estoy en la foto, y la teníamos cerca. Su dueño era un tipo magnífico, de buen trato y su exquisita tortilla nos sirvió más de una vez de cena. Hablamos de hace más de 35 años (¡como pasa el tiempo!), pero todavía sigue existiendo. De esta foto hace más de once años, cuando Ana y yo fuimos a Córdoba a pasar el día, y nos encontramos con Leo, y degustamos su tortilla, recordando vivencias de juventud, como comenté en una entrada del blog.

Espero que su recuerdo, encarnado en su taberna y en sus tortillas, siga presente entre nosotros.

lunes, 3 de febrero de 2020

Vuelta a La Puebla para la Candelaria


La fiesta de la Candelaria sigue viva, aunque en algunos lugares haya desaparecido o esté presente con menos vigor que en otros tiempos.  El aumento del nivel de vida, con la lógica mejora en nuestras poblaciones, en lo que a equipamiento urbano se refiere, ha hecho que cada vez haya menos candelas en nuestros pueblos, por los daños que el fuego provoca. Aun así, en algunos puntos de nuestro entorno, cada vez tiene más pujanza. Es el caso de La Puebla de los Infantes, población cercana a Palma del Río, en la Sierra Norte de Sevilla, a la que vamos casi todos los años desde hace una buena temporada, por motivos familiares. La celebración del Encuentro de Paramotores (este año en su 24 edición), además del empuje de los vecinos, potencia, sin duda, esta fiesta popular. El año pasado dediqué una entrada a la visita que realizamos para la Candelaria, y terminé con “El año que viene volveremos.” Así ha ocurrido.
Las candelas que hemos visto, mejor dicho los boliches (el montón de leña) y los muñecos que hemos visto para ser quemados en el fuego ritual, pues nos hemos desplazado por la tarde antes de que prendieran el fuego en cada barrio, han vuelto a tocar temas de actualidad. Muestro algunas fotografías de diferentes zonas.

La ecología y el futuro de nuestro planeta ha estado presente en buena parte de las candelas. Como esa donde hablaban irónicamente de lo limpias que están las aguas del pantano de José Torán (el embalse que está cerca, y donde se celebra la concentración de paramotores), en el que van a refugiarse animales marinos envenenados y atacados por los dichosos plásticos que contaminan las aguas de nuestro planeta.


También el calentamiento global tuvo su presencia en otra candela, incluso con la emisión de un vídeo en una pantalla, sobre este tema, que sirvió incluso para que los niños se concienciasen de este enorme problema a escala mundial.



Hubo recuerdos entrañables para profesiones antiguas, como la de las telefonistas que nos comunicaban antes de que la marcación automática se extendiera y generalizara. El letrero seguro que traerá muchos recuerdos a  los más mayores.



La exhumación de los restos del general Franco del Valle de los Caídos también tuvo su recuerdo en esta otra candela, comentada con el gracejo popular que caracteriza este tipo de fiestas.



Como popular es esta otra muestra de “mobiliario urbano”, que vimos de paso, entre candela y candela: una fuente callejera, que servía tanto para surtir de agua a la población como para que calmasen su sed los animales de transporte y carga que antaño eran útiles imprescindibles en poblaciones rurales como esta.




Las fogatas fueron prendidas, tras el paso del  jurado que valora y puntúa a las que entran en concurso (por cierto, este año, uno de ellos familiar de mi mujer), como muestra este vídeo, donde encienden el boliche por diversos puntos ayudados de un combustible guardado en una botella de plástico.



Como siempre, terminamos en la Candela de la Cruz, degustando (como en ocasiones anteriores) las exquisitas sopaipas con las que el vecindario de La Puebla repone fuerzas tras montar las candelas y con las que obsequian con generosa hospitalidad a todo el que se acerca para visitarles.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Décimo aniversario


Hace diez años empecé una aventura, la aventura de escribir en un blog. El blog se llamó Celtibético. Un 20 de noviembre (¡qué fecha para empezar algo nuevo!... y en libertad) comenzaba con estas palabras: "Hoy estreno este blog. Desde aquí publicaré mi "tablón de anuncios", como en los tiempos de la universidad. Espero que salga como aquellos.... Pero mejorado por los años." Me refería con lo del "tablón de anuncios" a la cartulina que colocaba periódicamente en la habitación que tenía en cada piso que compartí con amigos también estudiantes, cuando vivía en Córdoba, para cursar la carrera universitaria. Aquella cartulina se iba llenando de recortes de prensa o revistas, de anotaciones mías, de dibujos, de todo lo que se me ocurriese, o se le ocurriese a algunos de mis compañeros de piso, ya que incluso hay quien se atrevió a expresarse en aquel "periódico" tan personal. Y  digo "periódico", pues siempre adoptaba la forma de un periódico mural, con su cabecera y todo, que iba cambiando cada vez que empezaba uno nuevo. Recuerdo, por ejemplo "El PIS" (recortando la cabecera de El País), o "Scheavy Mettal" (jugando con mi apodo y el nombre de uno de mis estilos musicales preferidos). Con los años, internet me permitió hacer algo parecido, pero ya no circunscrito a las cuatro paredes de mi habitación, sino abierto al mundo, a quienes quisiesen asomarse a mi página para ver o leer lo que en ella yo iba publicando. 

Hoy el blog cumple 10 años. Un decenio repleto de publicaciones, unas mejores y otras no tanto. Aunque el último año en que nos encontramos ha sido el menos prolífico, ya que durante más de mes y medio (desde el 20 de mayo hasta principios de julio) tuve el blog bloqueado por problemas de identificación en la plataforma que lo aloja. Además de verme inmerso en plena vorágine de exámenes de oposiciones, cuya preparación me tiene entretenido desde hace bastante tiempo. 

Durante este año el blog "ha tenido un hijo", un nuevo "Celtibético", alojado en otra casa. Allí he vuelto a publicar entradas que en su momento fueron populares, y, además, he publicado otras nuevas, casi siempre dentro de la temática local, basada en mis recuerdos de juventud e infancia, que he llamado "Geografía evocadora palmeña". Por eso quiero celebrar este cumpleaños con otra aportación a los recuerdos. Una imagen más de la conocida antaño como Plaza del Guardia, a la que he dedicado varios trabajos. Una foto no ya con 10, sino con 58 años, de un autor del que he publicado otras antes, José de las Heras. Otra imagen más de un punto central en la geografía palmeña y su historia. Disfrútenla. 


jueves, 31 de agosto de 2017

El astronauta y otras sorpresas de la catedral de Salamanca


El año pasado, con motivo de una parada en Salamanca en nuestras vacaciones, comenté mi primera visita a esta ciudad, ya hace años, haciendo especial referencia a la rana que hay en la fachada de la Universidad. Como hemos vuelto por allí este año, me puse a buscar otro elemento famoso de la arquitectura local, que me quedó por ver el viaje pasado: el astronauta de la Catedral.


En  nuestro primer día del viaje de vacaciones visitamos la parte más conocida de Salamanca: la Universidad, el huerto de Calixto y Melibea, la Plaza Mayor, el convento de San Esteban, la casa Lis (Museo Art Nouveau y Art Deco)... y, por supuesto, la Catedral. O mejor dicho, las catedrales, pues son dos, la Catedral vieja (románica y gótica) y la Catedral nueva (gótica tardía, renacentista y barroca). Buscamos la vieja con empeño pues no veíamos nada más que la nueva, llegando a rodearla, hasta que un joven que nos ofrecía el menú de un restaurante nos indicó que ambas estaban unidas (la vieja era esa parte que nos mostraba una torre con un gallo de veleta, sobre el ábside claramente románico).


Entonces le preguntamos al joven por el astronauta y nos indicó su lugar exacto. "Además podréis ver más sorpresas" nos dijo. Así que partimos de nuevo hacia la plaza de Anaya, donde se abre ante nosotros la conocida como Puerta de Ramos. El año pasado la fotografié, pero no encontré al famoso navegante de las estrellas, que tanto asombra al visitante. Tampoco me percaté de los demás "intrusos".


Hay una liebre (como nos dijo el joven paisano), que muchos conocen como "el conejo de la suerte". Alguien se inventó que, si lo acariciabas, te traería la buena fortuna. Así que presenta un color diferente y está más pulida que las otras figuras de tanto pasarle la mano por encima.


Vemos también una langosta o cangrejo de río (hay diferentes versiones) en el mismo lateral. También un lince, una cigüeña y lo que unos llaman un dragón y otros un diablillo o duende: una figura antropomorfa que nos mira con sonrisa burlona y nos muestra el rabo enredado entre la espalda y sus piernas, y su trasero. Podría pasar como un adorno original, pero el cucurucho con varias bolas de helado que porta en su mano izquierda nos adelanta el origen de esta y las demás figuras de las que hablamos.


Y, si elevamos la mirada, junto a un toro, encontramos al ansiado astronauta. Se nos muestra como flotando en el espacio exterior, con su escafandra, su caso, los tubos de respiración y la mochila de aire. Las suelas de sus botas exhiben el dibujo que dejaron las huellas, que conocemos por las fotografías de la NASA, de los primeros pasos en el primer viaje a la Luna.


Para los turistas es algo asombroso y no paran de hacerle fotos (además de acariciar la liebre, por estar al alcance de la mano). Hay quien ha aventurado algún "viaje astral" del escultor de la puerta para justificar la presencia de un intruso tan del siglo XX en una puerta con varios siglos de antigüedad. Sin embargo el motivo es menos esotérico: en 1993 se restauró esta puerta, al mostrarse en esta ciudad la exposición "Las edades del Hombre", y el escultor incluyó elementos modernos, para dejar constancia de que eran fruto de esa restauración.


Algo que es hoy día norma para la recuperación de obras de arte históricas, y ha ocurrido en otros monumentos y otras ciudades, como se puede ver (aunque no muy bien) en la foto que saqué el año pasado en la Catedral de San Antolín de Palencia, donde una de las gárgolas restaurada muestra a un fotógrafo con su batón y su cámara de fuelle.


Por cierto, el astronauta de Salamanca también ha tenido que ser restaurado, pues en 2010 unos gamberros le arrancaron el brazo derecho. En la imagen se ve con claridad que es otra pieza añadida, en la que no apreciamos las arrugas del traje, ni el guante que le cubría la mano con las muescas de los dedos, como se ve en su mano izquierda. En fin, que el misterio se desveló esta vez. Y nos pudimos ir de la capital charra con la satisfacción de haber encontrado al viajante interestelar.

viernes, 14 de abril de 2017

La foto del viernes: recuerdo de Salamanca


El verano pasado estuvimos en varias ciudades de España. La primera parada fue en Salamanca, ciudad de la que visitamos su casco histórico y donde almorzamos, para seguir camino, luego, hacia Palencia. De Salamanca tengo varios recuerdos, al haber estado varias veces allí. En este último viaje me tomé esta fotografía, justo delante de un comercio de recuerdos turísticos, donde se exponían estas banderas. Como iba con la familia Santos, es muy apropiado rememorar la imagen, en un día como hoy, 14 de abril, un viernes muy "santo"... y tricolor. ¡Salud y república!

domingo, 12 de febrero de 2017

Mi familia materna, recuerdo de personas humildes y trabajadoras

Mi madre y tía Belén, en Céspedes

En varias entradas he hecho referencia a familiares cercanos míos, unas veces a los paternos y otras a los maternos. De estos últimos he hablado, por ejemplo, cuando comenté una foto veraniega en las huertas de El Higueral, también cuando hice referencia al pago de La Barqueta y su famosa barca para cruzar el Genil, o cuando escribí sobre la biografía de mi madre. Hoy quiero ampliar esas informaciones con fotografías de mis familiares por vía materna, unas publicadas ya y otras inéditas.

Los abuelos, Belén y Sebastián

Mis abuelos, los padres de mi madre, eran Sebastián Peso Almenara y Belén Nieto Caro. Vivieron en varias huertas, donde mi abuelo era el hortelano, el encargado de cuidar la huerta de otros propietarios. Por ejemplo en La Barqueta y en El Higueral, ambas ribereñas del río Genil. Mi abuelo murió antes de yo nacer y no sabemos donde descansan sus restos, pues se hundieron varios nichos, incluido el suyo, y la abuela no sabemos qué dispuso después. Ella murió un año después, aproximadamente, de nacer yo y está sepultada en el nicho de mi tío Curro y la tía María.

Tío Rafalito y tía Frasquita en la boda de Mari y Agustín

Mi madre tenía cinco hermanos, dos hermanos y tres hermanas. Mi tío Rafalito se fue joven a Madrid en busca de un trabajo mejor. Yo lo recuerdo como portero de un bloque de viviendas, hasta que se jubiló y  se trasladó a Palma, a un piso que se compró en la Barriada de San Francisco. Se había casado con "Frasquita", como la llamábamos, de la familia de los "Charlantines". y tuvo dos hijas, Belén, casada con Pepe, y Mª Carmen, casada con Agustín. Mi tío Rafalito se vino a Palma ya mayor, enfermó aquí (demencia senil) y murió en 1996. Sus hijas siguen viviendo en Madrid y mantengo contacto periódico, sobre todo, con Belén.

El tío Curro y la tía Maria, en su boda, junto a los hermanos Tirado, Curra y Pepito

El tío Francisco (Curro) siguió la tradición de su padre, siendo también hortelano. Recuerdo haber ido más de una vez, en los paseos que dábamos con mi madre en domingo, a la huerta de la familia de Fernando Tirado que tenían en el pago de El Corvo, donde vivían. Tenían un perro que nos gustaba a mi hermano Roberto y a mí. Más de una vez bajamos al río, incluso con la intención de pescar algo. Luego consiguió una parcela y una casa en el poblado de colonización del IRYDA de Céspedes (Hornachuelos), aunque mantenía unas habitaciones en la casa de la calle Muñoz donde vivió también mi madre de joven.

Con mis padres y mi hermano, y la tía María, en Céspedes

El tío Curro se casó con María Almenara y tuvo dos hijos, Curro, casado con Carmen, que vive en Céspedes, y Antonio, casado con Toñi, que viven en Posadas. Fue una persona muy querida entre los vecinos y el personal con quien trabajó. Murió en 1993, tras una penosa enfermedad y María falleció en 2010.

Tía Ascensión, con el tío Mariano y dos de sus hijas, pequeñas

De mi tía Ascensión ya apunté algo no hace mucho, con motivo del fallecimiento del abogado Rafael Sarazá, ya que aparecían en una foto que publicó la prensa diaria, junto a este conocido letrado cordobés. Ascensión estaba casada con Mariano Ramírez y tuvieron tres hijas, Sensi, Belén y Mariángeles. El tío Mariano era peón caminero y tenían una casa en la barriada de Los Mochos (Almodóvar del Río). Más de una visita recuerdo a la casa de peones camineros de Los Mochos, para hacer una parada de vuelta de algún viaje a Córdoba, cuando las carreteras no estaban en las mismas condiciones que hoy en día, y hacer un viaje así era algo penoso por el tiempo a emplear y los trazados irregulares. Su último destino fue Córdoba, residiendo en la zona de "El santuario", en el Barrio de la Fuensanta, donde todavía vive mi prima Sensi. Fallecieron mis tíos no hace mucho tiempo, y son los familiares con quienes mi madre mantuvo más contacto hasta su muerte,  por ser los más cercanos, habiéndose quedado en su piso muchas veces, sobre todo cuando las fiestas del barrio.

La tía Angelita

Tuve otra tía, Angelita, a la que conocí poco. Primero porque se había casado con un natural de Peñaflor (Sevilla) y vivían allí. Después, porque padecía diabetes y esa enfermedad le causó la muerte, siendo yo muy niño. La recuerdo, no obstante, con agrado, pues era muy cariñosa. Su marido dejó de tener contacto con nosotros tras el triste desenlace y por no tener hijos.

Tía Belén con Chanín, y mi madre con Roberto y conmigo
Y la última tía, hermana de mi madre, es Belén (como mi abuela). Belén era la última de los Peso Nieto que se fue de Palma. Vivía en la calle Muñoz, en la casa conocida como la "casa del Pollo" (por el apodo de su dueño), una casa de vecinos donde también vivió mi madre, tras dejar la huerta, y donde tenía unas habitaciones mi tío Curro, como ya he apuntado. Belén estaba casada con Jacinto Ruiz, y tiene dos hijos, Juan, casado con Asunción, y Sebastián ("Chanín"), casado con Paloma. De niños, por tener edades parejas (Juan es algo mayor que yo, y Sebastián como Roberto), éramos muy amigos y nos veíamos todas las semanas, ya porque fuésemos a su casa, ya porque ellos viniesen a la nuestra a jugar.

Los cuatro primos jugando en mi casa antigua

Coincidimos en el colegio de las Monjas, de párvulos, luego en la escuela de Antonio G. Chaves, y más tarde en el Colegio San Sebastián. Fue entonces cuando emigraron a Madrid. Mi tío Jacinto trabajaba en el campo, en lo que le salía, y probó suerte cuando un nutrido grupo de palmeños se marchó al País Vasco a trabajar, quedándose algunos a vivir allí (como una hermana de mi tío, o Anita Santos, la madrina de mi mujer). Recuerdo cuando volvió, cargado de regalos para la familia (una bicicleta, una escopeta, etc). Parecía que todo iba a ir bien, pero no fue así y no se quedó. Probaron más suerte en el centro peninsular, y fue entonces cuando se llevó a la familia a vivir a Madrid, concretamente a Leganés. Luego se trasladarían a Fuenlabrada.

Tía Belén y tío Jacinto, en casa de tío Curro (Céspedes), durante unas vacaciones

El tío Jacinto falleció hace algún tiempo, peleando contra el cáncer. Mi tía Belén, a pesar de sus achaques propios (es coja de nacimiento) y los lógicos de su avanzada edad (a punto de cumplir los 89 años este mes), todavía vive. La única de entre los hermanos y hermanas. En navidades, mi primo Juan me envió una foto con ella, cosa que me alegró mucho, por cierto.

Mi madre sosteniendo a uno de los hijos de Alonso Moreno de la Cova, en Horcajo

Todos los hermanos y hermanas de mi madre, ella incluida, fueron trabajadores, personas humildes, que tuvieron que dejar su pueblo natal, Palma del Río, para poder ganarse el sustento. También mi madre emigró durante un tiempo en Madrid y Horcajo de Santiago (Cuenca), estando al servicio de la familia Moreno de la Cova, aunque, al volver, se casase con un  palmeño, el practicante José Domínguez Godoy,  y terminase residiendo en nuestra ciudad. Les recuerdo con mucho cariño, con el que mi madre tenía hacia su familia y nos transmitió desde niños. Y, por supuesto, se merecen un recordatorio, como el de tantas personas sin fama que con su esfuerzo han contribuido a nuestro bienestar. 

domingo, 15 de enero de 2017

Otros bares desaparecidos: El zapaterillo


De niño recuerdo que mi padre frecuentaba el Bar "Los novios", como era conocido popularmente el Bar Gracia, nombrado así por los vinos de Montilla-Moriles que vendía allí Manuel Lopera, una vez que adquirió el antiguo bar que había junto a la barbería de “Rubito malaspatas”. En casa lo llamábamos el bar de la esquina (pues estaba en la calle Feria, haciendo esquina con nuestra calle, la calle José de Mora), o simplemente "la esquina", ya que nombrándolo así ya sabíamos a qué nos referíamos. Pero en otra esquina de la acera de enfrente, la contraria en la calle San Sebastián donde estaba la casa de la familia Liñán, había otro bar, más grande y también con solera, el bar de "El zapaterillo", que regentaba Manuel Ruiz. El apodo era del padre, que sería zapatero en su juventud, y pasó al hijo, que lo conservó siempre. Manolo era tío de mi amiga la escritora Mari Carmen Navarro.

El Bar El zapaterillo tenía entrada por la calle Feria, frente al antiguo Banco de Bilbao, y tenía la entrada de las cocinas por la calle San Sebastián. Donde estaba la barra era un salón amplio, con la barra al fondo a la derecha. Una entrada daba paso a una especie de patio, al que se asomaban otras estancias, una de ellas la que empleábamos los miembros de las juventudes comunistas en la clandestinidad, para hacer reuniones disfrazadas de encuentros de amigos consumiendo como otros clientes del bar. También hacíamos esas reuniones en otros establecimientos, como el mismo Bar Los novios (las menos veces, pues Manolo era muy exigente con eso de las consumiciones y no teníamos mucho dinero entonces) o el Bar de Espejito, al principio de la calle Feria. El bar estaba decorado, sobre todo ese patio, con numerosos objetos taurinos: cabezas disecadas de toros, carteles, banderillas, estoques, monteras, etc. Allí se reunían los miembros de la Peña El Palmeño, tras dejar las instalaciones de la Plaza de España (entonces plaza del General Sanjurjo). Manolo era gran aficionado al mundo del toro y a la cacería, como su padre, por eso uno de sus platos famosos eran los zorzales.

En los años setenta trasladaron el bar a la Avenida de Goya, en un pequeño local haciendo esquina con la Avenida de la Paz, hoy espacio abierto de "vending". Lo frecuentábamos cuando estudiábamos en el Instituto de Bachillerato, para los desayunos. Fue en ese local donde mi amigo Pepe Lora le gastó la broma de la "curiana" a Manolo. No recuerdo cuándo, el bar se trasladó a la esquina contraria en la misma avenida, conservando su magnífico sabor taurino, con numerosos recuerdos y fotografías. Cuando se celebraron novilladas en los solares del barrio del V Centenario, el bar fue lugar de encuentro destacado de aficionados y profesionales del toro. Una vez participé, incluso, en una tertulia sobre ello, allí, organizada por Radio Palma (cuyo propietario, Muñoz Rojo, está casado con una hija de Manolo). El local, tras la jubilación del "Zapaterillo", pasó a manos de su hijo Juan Carlos, que la transformó en una concurrida cafetería, seña de identidad del barrio. Muchos días lo veíamos en su terraza, junto a su mujer, tomando un café hasta que Manolo falleció hace unos años. El bar siempre permanecerá en la memoria de los palmeños.

viernes, 9 de diciembre de 2016

La exposición Velázquez/Murillo en Sevilla.


El martes pasado, aprovechando el día festivo por la Constitución, fuimos a ver la exposición "Velázquez. Murillo. Sevilla", organizada por la Fundación Fondo de Cultura de Sevilla (FOCUS). Ambos pintores son sevillanos y tal vez se conociesen, aunque sean de distinta generación. Son dos modelos de pintura barroca española. Con influencia del italiano Caravaggio, Velázquez es más retratista, pintor de temas religiosos también, pero más entroncado con la temática renacentista (mitología). Murillo es "más de Trento", destaca por sus bodegones, pero se dedicó mas a la temática religiosa, por los encargos de sacerdotes y conventos. Ambos cultivan la pintura de género: temas populares realistas (niños, mendigos). 

Inmaculada de Velázquez, expuesta en FOCUS, de National Gallery

En la exposición son pocos los cuadros colgados, provenientes de diversas colecciones. Una comparación entre los estilos de ambos artistas, confrontando obras de similar temática. Preferí no usar las audio-guías para no contaminarme de opiniones ajenas, subjetivas, como también la mía, pero ajena. Velázquez, para mí, tiene más fuerza, más realismo sin dejar de idealizar, que Murillo, con un más dulcificado estilo, más del gusto clerical propio de estampas donde ha triunfado. Las Inmaculadas expuestas dejan clara la diferencia de ambas concepciones de la pintura, que no obstante tienen puntos en común. Fue interesante apreciar esta comparación de primera mano y sin interferencias.

Tres muchachos, de Murillo, expuesta en FOCUS, de Dulwich Picture Gallery

La muestra esta en un escenario ideal, el Hospital de los Venerables Sacerdotes, bella muestra arquitectónica, sede de la Fundación. Visitamos también su iglesia barroca impresionante, con muchas pinturas de Valdés Leal y su hijo Lucas Valdés. Además contemplamos la exposición permanente que recoge el amplio conjunto de piezas del Centro de Investigación Diego Velázquez. El edificio, antiguo hospital y residencia de clérigos, está situado en un barrio hermoso, el barrio de Santa Cruz de la capital hispalense (el de las coplas), la antigua judería sevillana de calles estrechas y laberínticas, con hermosos edificios y leyendas apasionantes.


Aprovechamos que hizo una temperatura espléndida para pasear por las calles de Sevilla, almorzar en una de sus tabernas y tomar un café y un dulce en la famosa confitería "La campana". Las calles estaban repletas de gente, en torno a la Giralda y sus alrededores. La sorpresa vino cuando, tras visitar la iglesia del Salvador (levantada sobre restos romanos y una antigua mezquita),y en medio de olores a incienso, se empezaron a escuchar sonidos de marchas procesionales. Estábamos junto al Ayuntamiento, donde estaban instalando un gran belén, cuando una procesión con una Virgen cruzó el gentío. ¿La Inmaculada no es el jueves? ¿A qué viene este adelanto? ¿Era la "Inmaculada Constitución"? ¿"María Santísima de la Carta Magna"? No la Inmaculada. Perplejidad por aprovechar una fiesta laica para introducir elementos de una religión. La Constitución es de todos y no debe mezclarse con credos ni liturgias particulares, por muy mayoritarios que sean.


Una constitución debe aplicarse en todo momento siendo necesaria su adaptación y reforma cuando cambian los tiempos y las circunstancias. Parece que para algunos es algo sagrado, al estilo religioso, inmutable, intocable,como la Virgen que procesionaban en Sevilla. Rajoy la trata así, como un dogma intocable, seguro que por temor a lo que le ha pasado en Italia a Renzi con el referéndum perdido, pero eso es otra historia. La cuestión es que los sevillanos parece que no se entienden a sí  mismos sin una procesión cada día de fiesta (al menos) y a la Constitución la confundieron con la Inmaculada. País.