El domingo 25 murió, con 94 años, Francisco Santos, el regente de la taberna que hay junto a la Mezquita de Córdoba, la Taberna Santos, famosa por sus grandes tortillas de patata. Un local pequeñito al que muchísima gente acudía a degustar un pincho de su famosa tortilla de varios kilos, casi siempre fuera del local, haciendo largas colas, junto a los muros del también famoso antiguo templo musulmán cordobés de la época califal.
De joven, cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Córdoba, fui muchas veces a esa taberna. Uno años viví en el piso de mi amigo Leonardo, con el que estoy en la foto, y la teníamos cerca. Su dueño era un tipo magnífico, de buen trato y su exquisita tortilla nos sirvió más de una vez de cena. Hablamos de hace más de 35 años (¡como pasa el tiempo!), pero todavía sigue existiendo. De esta foto hace más de once años, cuando Ana y yo fuimos a Córdoba a pasar el día, y nos encontramos con Leo, y degustamos su tortilla, recordando vivencias de juventud, como comenté en una entrada del blog.
Espero que su recuerdo, encarnado en su taberna y en sus tortillas, siga presente entre nosotros.
Un año más hemos acudido puntuales a nuestra cita en el cercano municipio sevillano de La Puebla de los Infantes, situado en la Sierra Norte, y a pocos kilómetros de Palma del Río.
Y, como siempre, hemos dado un paseo por la tarde, todavía con luz solar, para ver los boliches donde se colocan los muñecos que serán pasto de las llamas al ser encendidas las candelas al anochecer.
La tarde fue muy fría, casi más que la noche. Por ello no vimos demasiados emplazamientos. Además de que encontrarnos con conocidos y familiares hizo que nos entretuviésemos más de la cuenta. Así que no muestro tantas fotografías como en años anteriores. Destaco la primera, por su emotividad, ya que hace referencia a los antiguos juegos de niños, como el diábolo, la comba, o los cromos. Algo ya superado por las nuevos juegos electrónicos.
Foto de Laura Velasco
También encontramos referencias de actualidad, como la hoguera que nos recordaba la marginación de la mujer o las agresiones que sufren las mujeres por el hecho de serlo. Algo que no debemos dejar de lado, pese a los intentos de algunos por acallar las reivindicaciones feministas y ocultar esta grave realidad social.
Foto de Laura Velasco
Las menciones a la agricultura también tuvieron su sitio, algo lógico en un pueblo fundamentalmente agrícola como es La Puebla, donde el olivo, sus productos y sus derivados tienen una presencia importante en su economía.
Justamente por eso nos llamó la atención un instrumento fundamental en el campo, como es el tractor, al que encontramos junto a la hoguera de la Cruz (a la que vamos todos los años por ser sus organizadores amigos de la tía Conchita y por participar en ella mi amigo de instituto, Pedro González Chincolla).
Un tractor de 1954, que había participado en una Ruta de Sierra Morena de Tractor Clásico, y al que grabé en este vídeo, donde su dueños nos muestras su sistema de encendido del motor. “Viejas tecnologías” al servicio del campo.
Después de degustar las famosas sopaipas y el chocolate que generosamente nos ofrecieron nuestros amigos cucharros, y tras cenar en El Guinda, volvimos a Palma a refugiarnos del frío invernal y nocturno, que en alguna medida las hogueras intentaron paliar, a pesar de la lluvia intensa que el viernes intentó fastidiar los preparativos. Y afortunadamente no lo consiguió. El año que viene volveremos.
Fuente Carreteros es un municipio cercano a Palma del Río. Hasta octubre de este año era una aldea de Fuente Palmera, en cuyo ayuntamiento trabajo como funcionario desde junio. Hoy día, con otros pueblos de Andalucía (dos cordobeses), Fuente Carreteros es municipio independiente, por decreto de la Junta de Andalucía.
Monumento a la Danza de Los Locos y el Baile del Oso
Mi relación con este nuevo municipio viene de lejos. En el instituto de bachillerato compartí amistades y compañeros de allí, como Toñi Martínez, con quien mantuve amistad después de pasar por el centro. El primer alcalde democrático de Fuente Palmera es originario de Fuente Carreteros, Antonio Díaz Aguilar, una persona cercana y cariñosa, al que vi en noviembre pasado y nos saludamos efusivamente, pues mantenemos relación (ya menos frecuente) desde que fui elegido concejal en Palma del Río. Su hermano Francisco, otra estupenda persona, fue durante unos años alcalde pedáneo de la aldea y pude saludarlo el viernes pasado, cuando visitamos esta población.
Los Locos, el capitán de espadas, la loquilla y los músicos, en la plaza, delante de la iglesia
La fiesta más conocida y original de esta localidad es el llamado Baile o Danza de Los Locos, que tiene lugar el 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes. Es una tradición que muchos consideran traída por los colonos centroeuropeos que se asentaron en estas tierras con el llamado “Fuero de las nuevas poblaciones” de Andalucía y Sierra Morena, de 1767, otorgado por el rey Carlos III, y por el que se crearon los municipios de Fuente Palmera, La Carlota y San Sebastián de los Ballesteros, en Córdoba. En Sevilla y Jaén se crearon otros más. Ese mismo Día de los Inocentes se completan los bailes con el Baile del Oso, otra tradición exótica.
Foto de Diario Córdoba. Los Locos y la loquilla. Entre el público, el autor (con gafas de sol y gorra) y la familia
A Fuente Carreteros se le conoce por la aldea o el pueblo de los italianos, porque la mayoría de los que se asentaron allí provenían de la península italiana. Otros colonos llegaron a las tierras de Fuente Palmera desde Francia, Bélgica, Suiza, y Alemania. Muchos se encontraron un ambiente hostil y también muchos murieron a causa de las enfermedades contraídas en los despoblados que ocuparon, mientras que otros se quedaron mezclándose con colonos procedentes de otras partes de España, como Cataluña, Valencia, Badajoz o de la misma Andalucía. En los apellidos y la fisonomía de muchos colonos y carretereños se aprecia ese origen centroeuropeo (Hens, Morello, Yamuza, Beurno, Rossi, Dugo...) y español, pero foráneo (Castell, Tristell...). Y seguramente estas tradiciones que comentamos las trajeran los primeros de aquellas tierras lejanas.
Escopetero, loquilla bailando y locos
En Fuente Carreteros vivió muchos años una prima mía, hija de mi tía Amadora Valdés, Josefa Ardanuy Valdés, a la que conocíamos en casa por “Pepita”. Amadora era hermana mayor de mi padre, fruto de un matrimonio de mi abuela Adelina Godoy, anterior al que tuvo con mi abuelo José Domínguez. Por eso no coinciden los apellidos. Creo que en 2010 se fue a vivir a Gelves (Sevilla), y hace poco entablé amistad por el Facebook con uno de sus hijos, José Aguilar Ardanuy. Así que por parte familiar también he tenido vínculos con esta población.
Saludo, mientras que el escopetero hace un disparo
Pues, por sorprendente que parezca, y a pesar de tanta relación, nunca había visto en persona la Danza de los Locos, ni el Baile del Oso. Nunca había estado en Fuente Carreteros un 28 de diciembre. Hasta el viernes pasado, que me desplacé con Ana, mi mujer, y mis cuñadas Conchi y Lolita, y mi cuñado Ramón. Mi hermano Roberto con su familia (sobre todo cuando sus hijos eran más chicos) ha estado presenciando varios años esta fiesta, pero, por un motivo u otro, yo nunca les había acompañado. El viernes sí coincidimos Encarni, su mujer, con Rufina (la madre) y nosotros en la plaza del pueblo viendo los bailes.
Mucha gente de fuera se congregó allí el viernes, muchos palmeños incluidos. La Danza de los Locos está en trance de ser declarada, por la Junta de Andalucía, Bien de Interés Cultural, así que se sumaba un atractivo más para conocerla directamente. Además el pueblo tiene más razones para la alegría, ya que durante estos meses pasados se ha estado celebrando el 250 aniversario del Fuero de Las Nuevas Poblaciones, junto con otros municipios, y, como decía al principio, desde octubre alcanzaron un objetivo largamente perseguido, ser municipio independiente. Así que había ambiente justificado de fiesta.
Llegamos con tiempo para coger buen sitio en la Plaza Real y ver sin problemas las danzas. Nos ofrecieron roscos y pestiños unas amables paisanas, algunas ataviadas con vestimentas que evocaban los orígenes de los antiguos pobladores europeos. También unas copas de licor de anís. Y los disparos de lo que antes eran trabucos y ahora escopetas de cartuchos anunciaron el inicio del espectáculo folclórico ancestral. Una tradición que se recuperó a principios de los años ochenta del siglo pasado, gracias a la memoria de los ancianos del lugar, que no permitieron que se perdiera este elemento cultural tan interesante. Después se ofreció un potaje en la Casa Grande.
El oso y el domador entran en escena, mientras los locos saludan
Esta danza de los locos dicen que representa la matanza de los inocentes que ordenó Herodes y nos cuenta la Biblia. Las mujeres quieren ocultar y proteger a sus hijos (representados por la “loquilla”) y se vuelven locas por ello, por ello los danzantes visten de mujer, acompañados de músicos que tañen instrumentos como las guitarras, el pandero o la “carrasquiña”, originaria de la zona. El baile del oso se interpreta después de los Locos y en él vemos más claramente el origen centroeuropeo. Quien quiera profundizar en el origen, desarrollo y curiosidades de estas danzas puede hacerlo consultando esta página del Ayuntamiento carretereño.
Pasos del baile, a la izquierda un escopetero
En fin, que echamos una buena mañana en esta población vecina, conociendo de primera mano estas costumbres ancestrales, curiosas y tan entrañables.
El verano pasado estuvimos en varias ciudades de España. La primera parada fue en Salamanca, ciudad de la que visitamos su casco histórico y donde almorzamos, para seguir camino, luego, hacia Palencia. De Salamanca tengo varios recuerdos, al haber estado varias veces allí. En este último viaje me tomé esta fotografía, justo delante de un comercio de recuerdos turísticos, donde se exponían estas banderas. Como iba con la familia Santos, es muy apropiado rememorar la imagen, en un día como hoy, 14 de abril, un viernes muy "santo"... y tricolor. ¡Salud y república!
En la fotografía, cedida por Salvador Caamaño Rodríguez, vemos a Manuel Rodríguez Riesgo, con su gran familia. Una foto del siglo XIX, cargada de historia. Manuel Rodríguez era veterinario, y originario de la provincia de Sevilla. Fue alcalde de Palma del Río. Durante su mandato se construyó el trazado de la línea de ferrocarril entre Córdoba y Sevilla, que autorizó la reina Isabel II, monarca que vino a Palma, a inaugurar el puente que atravesaba el río Guadalquivir, y que se construyó para permitir el acceso al ferrocarril, comunicándolo con Écija, ya que la vía no pasaba por esta ciudad, como se pensó en un principio. Un puente de madera que destrozó una crecida del río en enero de 1867, y que fue sustituido por el puente de hierro, que todos conocemos, obra de la Sociedad Cail de París, que se terminó en 1885, donde trabajaron palmeños de adopción, como Mariano Castiñeira, del que hablamos hace algún tiempo, en relación a una curiosa colección de postales antiguas. En ese año tuvo lugar su inauguración, siendo regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, viuda de Alfonso XII, que tres años más tarde, en enero de 1888, concedió a Palma del Río el título de "ciudad".
De aquel día en que la reina Isabel II estuvo en Palma, un cronista contó: “En Palma del Río nos recibe el vecindario entero en unión de muchos ecijanos, cuyas autoridades unidas a la de la villa saludaron a Sus Majestades. Una bonita tienda de campaña se levanta junto a la estación muy engalanada y en la misma vía se abre un colosal arco de follaje que llama la atención por sus gigantescas proporciones y lo elegante de sus formas (...). Los palmeños están locos de alegría; sus hijos agitan los pañuelos saludando a la Reina, que desde el vagón real les contesta; los hombres se acercan a los coches y ofrecen dulces y refrescos. Al mismo tiempo se inaugura el puente que, sobre el Guadalquivir allí inmediato, construye la línea férrea, que tanto ha de contribuir al fomento de Écija, Palma y localidades adyacentes. El puente está unido a la estación por una fila de jóvenes naranjos entremezclados con banderas nacionales y en su trayecto y lado opuesto decoración de follaje con escudos y trofeos." (De un artículo de Rafael Nieto Medina).
Siendo, por tanto, alcalde Manuel Rodríguez Riesgo, visitó Isabel II nuestra ciudad, y se puso en marcha el trazado de la línea férrea que une Córdoba con Sevilla, algo que supuso entonces una importante ventaja para los palmeños, al tener una rápida comunicación con las dos capitales andaluzas, posibilitando su progeso. Uno de sus hijos, concretamente el que aparece de pie a la derecha de la imagen, fue Rafael Rodríguez Díaz, el abuelo materno de Salvador, conocido como "el cojo Altomira", sobrenombre muy popular en Palma del Río. Una foto curiosa y repleta de significado pues.
Los radares son un medio para detectar excesos de velocidad en nuestras carreteras, y para probar la infracción que será sancionada con la multa correspondiente, con la medición y la foto que realizan. En estos días se está comentando que uno de esos dispositivos que más infractores ha "cazado" (de lo que se ha derivado un número importante de multas) está en Córdoba. Concretamente en la conocida Cuesta del Espino, en la autovía de Andalucía, una zona de curvas y cuestas, donde hay tres radares fijos instalados. El que más "más multas pone" es el del kilómetro 417 de la autovía, dirección Córdoba, que el año pasado registró con su cámara 80.582 infracciones sancionadas con multa. Una de esas fue para mí, concretamente en diciembre del pasado año, cuando me dirigía a Córdoba.
Está situado este radar a poco antes de entrar en una cuesta abajo, con una primera curva pronunciada, con la señal de limitación a 80 km/hora cerca de la curva. Vas a 120 y de golpe tienes que frenar y ponerte a 80. Eso me pasó a mí, que estaba frenando, cuesta abajo, y "me pillaron" a 103 km/hora, como se ve en la foto del radar, donde se aprecia claramente la luz de frenado. Si circulas por allí habitualmente seguro que levantas el pie del acelerador cuando te vayas acercando (aunque todavía no veas la señal), pero si no eres un fijo de esa autovía, puede pasar como me pasó a mí, que, aunque frenes, el radar te pille sin ir todavía a 80. Y foto que te cae, que unos días más tarde te notificarán con el inicio del expediente sancionador.
Esa autovía se construyó para la Expo 92 y se desecharon otras alternativas por aquel tramo, por las prisas y los costes. Es una zona con frecuentes accidentes de tráfico, por lo que está justificada la limitación de velocidad. La solución no es esa, sin embargo. Se debería ejecutar otro trazado para salvar ese desnivel entre terrazas fluviales que no presentase esas curvas y cuestas tan peligrosas, y que tanto dinero cuesta al conductor, a bases de tantas multas, como para ostentar ese nefasto récord sancionador. Los gobiernos pasan (del PSOE y del PP, la autovía es del Estado, no de la "pérfida recaudadora" Junta de Andalucía) y no se acomete la necesaria reforma. En fin, que me temo que tendremos que seguir pagando multas para paliar el déficit y la deuda pública. O tener buena memoria y levantar el pie antes de que estemos cerca de la dichosa señal y el aparatito. Al menos, tras el disgusto de la multa, eso seguro que me pasa a mí.
El tiempo amenazaba lluvia desde hace días, concretamente para la previsión del sábado. Incluso ésta se nos presentó en algunos momentos durante la semana. Ayer era la cita con más posibilidades, pero la mañana salió con nubes y en algunos momentos sol (hasta tuve que usar las gafas de sol, como cuando fuimos a hacer la compra semanal). De esta manera, podíamos pensar que la jornada fuese propicia para la cita anual de la Candelaria.
Fue cuando teníamos previsto prepararnos para emprender viaje a La Puebla de los Infantes, cuando el cielo se encapotó y comenzó a llover. A llover y a soplar el viento. Se presentaba una tarde más propia de camilla y película soporífera para dormir la siesta. Pero no, nos encaminamos a nuestro destino de ya varios años. Según comentaron mis cuñadas, las previsiones daban tregua, como para que se prendiesen las candelas. De hecho, por el camino, desde Peñaflor, hasta llegar a La Puebla, dejó de llover. E incluso en algún momento asomó el sol por entre las nubes.
Iniciamos entonces la visita a las candelas, que, aprovechando la tregua, empezaban a instalar los "muñecos", aunque no estaban prendidas todavía. Algunas, con el correspondiente mensaje, como hemos visto en años anteriores.
Por ejemplo, la relativa a a lotería con unos niños de San Ildefonso, perfectamente ataviados para sacar las bolas del bombo y leer el premio a "la amistad", cuyo primer premio es compartirla. Con boleto y monedas de euro incluidos lucía el conjunto.
O esta alusiva a Rajoy, que por fin consiguió la presidencia del gobierno, tras un año de interinidad. En ella los personajes del momento tienen sus diálogos. Rajoy, enarbolando un paraguas, nos asegura que la luz ha bajado porque ha llovido (y de semejante tontería se ríen los vecinos organizadores). Pablo Iglesias empuja para tener "su sitio". Pedro Sánchez aparece cabizbajo, porque "pueden más dos tetas....", haciendo mención a una Susana Díaz, que se nos muestra junto a Mariano, sonriente, tras una señal de tráfico, que anuncia La Moncloa. Toda una descripción certera de la realidad política actual. Una candela premiada en varios años anteriores, con su barra, su música y su público.
Una candela más, ya con solera, nos mostró un guiñol con el cuento de Caperucita roja, cuyas marionetas movía una vecina con una cuerda. A su alrededor, paisanas cantaban y bailaban las famosas "sandingas", canciones populares de estructura sencilla, que se cantaban y bailaban tradicionalmente en la Candelaria. Algunas con letras como éstas:
Mi suegra no me quiere
porque tiene un hijo guapo,
que lo meta en una orza
y lo tape con un trapo.
Sandinga landín, sandinga landero
sandinga landín, adiós resalero.
Un fraile estaba meando
en lo alto un acebuche
por abajo se vea
un pájaro con dos buches.
Sandinga landín, sandinga landero
sandinga landín, adiós resalero.
Otra candela que vimos fue una donde nos mostraban una tómbola de feria, con todos sus premios, el feriante y un agraciado por la suerte. Además de los correspondientes letreros con las típicas expresiones de estas casetas de feria: "Siempre toca, si no un pito, una pelota", "Señora, que mona, que mona, le ha tocado una muñeca chochona", "A por otro, a por otro perrito piloto", etc.
A su lado, una niña tenía su propia atracción de feria, con una ruleta de premios. Y los vecinos nos obsequiaron con las típicas sopaipas, antes incluso de prender la hoguera, temerosos posiblemente de que se pusiese a llover y les arruinase la fiesta.
Ésta, la lluvia, nos llegó mientras visitaban el Museo de artes y costumbres populares "Curro el herrero", por lo que emprendimos la bajada desde la zona del castillo, y nos tomamos un café esperando que escampase.
Como pasaba el tiempo y eso no ocurrió hasta más tarde, decidimos volvernos a Palma, aunque seguro que alguna candela fuese encendida, como podíamos suponer por el humo que empezó a verse ya de noche, mientras esperábamos el coche que nos trajo de vuelta. Otro año será.
Dicen que dentro de cada español hay un seleccionador de fútbol o un presidente del gobierno. Sobre todo cuando se apalanca en la barra de un bar, cada español es capaz de hacer la mejor selección de jugadores para ganar el próximo mundial de fútbol, o de encontrar la fórmula infalible de acabar con el paro o las dificultades económicas. En estos días también se cuenta que, además, dentro de nosotros se esconde agazapado el mejor meteorólogo. Todos los días hablamos del tiempo: que si hace menos calor que ayer, que si hace más frío que el año pasado por estas fechas... Damos pelos y señales de todo tipo de elementos que intervienen en nuestras predicciones meteorológicas y somos capaces de predecir temperaturas o cantidad de precipitaciones, hora por hora del día. Sin embargo, pese que a recibimos alertas diarias, ya sea porque viene un ola de calor, o porque nos toca una avalancha de aire continental que transporta frío siberiano (según la época del año en que estemos), siempre nos coge desprevenidos. Y eso que, indefectiblemente, en verano hace calor (y unos días siempre son de un calor sofocante) y en invierno hace frío (y algunas veces hasta nieva en lugares donde no es habitual). Es lo que ha pasado entre ayer y hoy, que ha nevado y algunas carreteras han sido cortadas y están colapsadas de vehículos. Siempre nos coge el toro. Y eso que nos vienen avisando desde hace días. El meteorólogo que todo español lleva dentro ha fallado y no vamos preparados con cadenas y otros medios para soportar horas de frío, y el ministerio correspondiente se ha visto en la obligación de pedir perdón por el correspondiente (y recurrente) desaguisado. Eso sí, en Palma no ha nevado (aunque algunos hayan hablado de heladas que dañasen la naranja). Por eso viene a cuento recordar la última vez que lo hizo. Fue a principios de 2010. También nevó en enero de 2006. La foto es de aquella nevada de enero de 2010, y comprobamos entonces que en buena parte de Andalucía nevó ese día, pues fue hecha al llegar de Málaga, y desde que salimos de allí hasta llegar a Palma, casi todo el camino nos nevó. Aunque parezca mentira, en Palma también nos nieva en algunos momentos.
Es desolador. De nuevo vuelvo del tanatorio de dar un pésame. Ha muerto esta mañana Antonio Ballesteros Moreno, médico anestesista, pero, sobre todo, amigo de la juventud y esposo de mi amiga Mari Carmen Navarro. Antonio llevaba más de un año apartado de su trabajo y de la vida social tras sufrir una encefalitis mientras estaba de viaje de vacaciones el año pasado. Estuvieron haciéndole pruebas y en octubre empezaron a darle quimioterapia, pues le encontraron un tumor cerebral, uno bien complicado imposible de operar. Ya había padecido dos anginas de pecho y era diabético, pero eso no le había impedido vivir con cierta normalidad. Ni la quimio ni la radioterapia han podido con su mal. En julio les eché de menos en una cita, hasta entonces ineludible, la Feria del Teatro en el Sur, siempre frecuentada por el amor a la literatura y al teatro de Mari Carmen.
A Antonio le conocí de joven, con otros amigos. Estuvimos un tiempo en la misma pandilla. En ella estaba también Mari Carmen. Recuerdo una fiesta en el piso de un profesor de los Salesianos, donde salieron varias parejas. Solo ellos continuaron con algo serio. De aquella época eran amistades como Curro Barro o Pepe "Ramillo" (con quienes hemos coincidido en el tanatorio). Antonio estudió medicina y trabajó en la carpintería de su padre para pagarse los estudios. Nos veíamos muchas veces por Córdoba, cuando salía de paseo con Mari Carmen. Uno de sus primeros trabajos fue con un contrato de seis meses en el Ayuntamiento de Palma del Río, cuando yo llevaba el área de Servicios Sociales (1987-1991). Prosiguió luego su carrera, siendo uno de los más fervorosos defensores del Servicio de Cirugía Mayor Ambulatoria que se instaló en el Centro de Salud de Palma, al que acudía como anestesista, además de tener su plaza en el Hospital de Osuna. Recientemente le homenajearon por ello, merecidamente.
Antonio y Mari Carmen tienen dos hijas (Almudena y Carmen). Han demostrado ser unos padres estupendos. Y ellas le han correspondido con los cuidados que podían ofrecer. Mari Carmen, profesora del Colegio Salesiano, pidió una excedencia para cuidar a su marido, sacrificando parte de su carrera. La evolución de la enfermedad le ha tenido atareada, pues Antonio iba perdiendo facultades poco a poco, no pudiendo valerse por sí mismo en los últimos meses. Tantos desvelos han tenido triste final esta mañana.
Es terrible que una persona que se ha dedicado a procurar la salud de los demás vea cómo la suya va decayendo poco a poco, sin poder hacer nada para remediarlo. Y también que quienes tiene a su alrededor sientan la impotencia de no poder impedir el desenlace, perdiendo a la persona que quieres anulándose hasta su personalidad. Es mucho el sufrimiento de Mari Carmen y su familia. Antonio era grande en estatura y en personalidad, grande en sentimientos y cariño. Y una persona querida por muchos, que hemos sentido dolor por su enfermedad y por su fallecimiento. Una pérdida enorme, como su anatomía, como su bonachona y perenne sonrisa. Afortunadamente su familia recoge lo bueno que tenía y eso nos impedirá olvidarle. Seguro que su amada Mari Carmen algún día recobrará su afición y pasión por las letras (relegadas en este triste tiempo) y nos endulzará la vida con sus recuerdos. ¡Un abrazo, amigo!
Ya sabéis que me gusta el teatro. Asisto a muchas representaciones, incluyo en el blog las críticas de las obras que presencio, e incluso he participado como alumno en cursos y como actor en algunas representaciones. Por eso, otra de las actividades que frecuento cuando visito Madrid es la de ir al teatro, ya sea un musical u otro tipo de obras. Este fin de semana pasado hemos estado en la capital de España, y, además de visitar museos (el motivo del viaje era ver la Exposición sobre el V Centenario de El Bosco, en el Museo del Prado), hemos estado en un teatro, en plena Gran Vía. La obra que vimos fue "La cena de los idiotas", de Francis Veber.
Es ésta una obra de humor, con mensaje, pero sin cargar las tintas. En ella se cuenta la historia de unos amigos que se reúnen una vez en semana para cenar, y para divertirse tienen que traer cada uno de los comensales un invitado nuevo, un idiota del que reírse sin piedad. El que lleve el más idiota gana el concurso. Un famoso editor queda en su casa con el invitado "especial", un funcionario del Ministerio de Hacienda que se dedica a hacer maquetas con cerillas. El editor tiene lumbalgia y decide suspender la cena, pero todo se complica, porque la mujer se marcha y llama para comunicar que abandona al editor. El idiota decide ayudar. A partir de esto, todo se complica. Y, en definitiva, no llegamos a saber quién es más idiota de todos.
La obra, de 1993, tuvo una versión cinematográfica dirigida por el propio autor. Y en 2010 se realizó la versión americana del film. Como obra teatral ha sido muy representada, también en España, con diverso elenco. Nosotros vimos la versión de Josema Yuste (el de Martes y Trece), interpretada por Ramón Langa (la conocida voz del doblaje de Bruce Willis), Agustín Jiménez (el idiota), Santiago Urrialde (el inspector de Hacienda), Manu Badenes (el amigo de editor, al que le quitó la novia), Esperanza Lemos (la mujer del editor) y Natalia Ruiz (una amiga "ninfómana" y amante del esoterismo).
Nos lo pasamos muy bien, sobre todo teniendo en cuenta que dura una hora y tres cuartos, y no llegamos a mirar la hora (no se nos hizo larga precisamente), a pesar de estar en la primera fila (el teatro estaba lleno). No me sorprende que lleven siete temporadas en cartel. No siempre hay que ver obras vanguardistas o sesudas, donde se mezclen géneros o muchos medios técnicos. Con una presentación tradicional y con una obra de texto, bien interpretada, podemos pasar un buen rato.
Uno de los lugares donde hemos estado este pasado viaje de vacaciones es Calatayud, ciudad de similar población a Palma del Río, cabecera de comarca y con denominación de origen vinícola, en la provincia de Zaragoza. Allí hicimos noche, tras el regreso del País Vasco, para visitar al día siguiente el Monasterio de Piedra. Calatayud nos sorprendió por sus casco histórico, que visitamos de forma somera, apresurada, es cierto.
No preguntamos por la famosa "Dolores", pero pudimos apreciar desde el exterior la belleza de la Colegiata de Santa María, joya del mudéjar aragonés, con aportaciones de otros estilos, del que se conserva su torre de 70 metros octogonal, el claustro y el ábside, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
También pudimos disfrutar de su portada plateresca de alabastro.
Paseamos por sus calles, donde los rótulos nos indican su origen judío, musulmán o cristiano. Con su trazado estrecho y con fachadas sorprendentemente inclinadas hacia el interior en algunos edificios.
Hasta llegar a la puerta de Terrer y la Fuente de los Ocho Caños. Terrer, población cercana que nombra el Cantar de Mio Cid. Y fuente del siglo XVI que antes tuvo once caños, uno de ellos reservado al verdugo de la ciudad y otro para las personas infames.
No vimos los castillos (solo de lejos), ni otros edificios importantes, ni el ayuntamiento, así que no pude hacerme la foto que tengo por costumbre en la fachada de esas casas consistoriales de las poblaciones que visitamos. Pero sí encontré la sede del centro asociado de la UNED y sí me hice una foto. El motivo es la gran ayuda que me prestó mientras cursaba los estudios de la licenciatura de Derecho, ya que dispone de un depósito de exámenes actuales y de años atrás, que me sirvieron, como a otros muchos alumnos, para preparar mis estudios y las pruebas correspondientes. Como agradecimiento a esa ayuda hoy le dedico esta entrada.
-Ay, que malito me siento.
-Pero, Pepe ¿cinco médicos?
-A ver, a ver.
-Diga treinta y tres.
-No puedo.
-Haga un esfuerzo.
-Imposible.
-¡Pero si nos está usted hablando! ¡¿cómo no va a poder decir treinta y tres?!
-No llego nada más que a treinta, doctor.
-Usted no está enfermo, hombre. No le hace falta tanto médico pendiente de su salud.
-¿Qué me pasa, doctores?
-Le hemos auscultado y todos llegamos a la misma conclusión.
-Usted no está enfermo, lo que quiere es no ir a la playa y quedarse en el chiringuito.
-(Madre mía, otro verano más me han pillado)
Sabemos que hay diferentes formas de mitigar el calor del verano, como he contado más de una vez aquí. Una de ellas, además es nutritiva: los helados. De niño compraba helados en las confiterías, en los quioscos provisionales que se ubicaban en determinados puntos del casco urbano, y también los adquiría en los carritos, esos puestos móviles que recorrían la población, cargados de su preciado producto. En ellos tenían tanto polos (el helado de hielo con sabores diferentes), cucuruchos (de una o dos bolas), te servían "cortes" (piezas de una barra de helado cortada a cuchillo y presentada entre dos galletas) y vendían los clásicos hechos con leche y de diferentes sabores también. El carrito de los halados se ha convertido en un clásico que muchas veces echamos de menos cuando paseamos en las noches de verano, y tenemos ganas de tomar algo fresco, sin necesidad de entrar en un establecimiento. Si nos encontramos uno, estamos salvados. Es tan famoso este carro que incluso hay una expresión coloquial ("te han pillao con el carrito del helao") que significa que alguien ha sido sorprendido in fraganti haciendo algo de lo que deberá arrepentirse, que le han pillado "con las manos en la masa", otra expresión con sabor culinario muy de moda en estos tiempos plagados de corrupción. El carrito del helado se merece un homenaje, pues, a pesar de esta frase, los heladeros siempre han sido gente honrada. Curiosamente, el año pasado, paseando en nuestras vacaciones en Asturias, nos encontramos con uno bien mono. El letrero del toldillo publicita "Helados Los Valencianos", un nombre muy popular en Palma del Río, como en otras partes de España, pues los oriundos del antiguo reino de Valencia han sido siempre famosos por ser excelentes fabricantes de helados. Nos tomaremos uno para celebrarlo.
¡Tachán! aquí tenemos la foto de Felipe González con su nueva esposa en el yate, retozando, mientras los sirvientes les rodean, como nuevos ricos, disfrutando de los placeres de la mar y el ocio...¡Ah, ah, ah! perdón. Que no son Felipe ni Mar García Vaquero los que aparecen en la foto. Son Fidel Castro, el comandante y líder perpetuo de la revolución cubana, y Ernesto Guevara, el Che, el icono del comunismo revolucionario, el que murió en las tierras bolivianas predicando el amor fraterno. ¡Ah! eso no es problema. Estos mitos de la izquierda "de verdad, de la buena", sí pueden disfrutar de yates. Ellos no son traidores, ni tienen presos políticos, ni atentan contra los luchadores por los derechos de los obreros. Y también pueden pescar en alta mar. No son como ese Moranco, que maltrataba y asesinaba leopardos en África. El pescar marlines, atunes o peces vela con una caña, en las cristalinas aguas del Caribe, no produce ni estrés ni daño a los animales, que se entregan presurosos y gustosos... sobre todo si lo hacen carismáticos líderes "revolussssionarios". Bueno, estamos salvados. Ya pasó el susto. Otro día pondremos la foto de González (mira que pasar sus vacaciones en un yate, el muy facha, ¡ay, ay, ay!). O, mejor, no. ¿Para qué? Si ya se encargan de ello los profesionales de ciertos grupos, para enredar en las redes sociales.
Mi madre tenía gallinas en la casa donde vivíamos de niño, en la calle José de Mora. Como era una casa grande, tenía mucho espacio, y en la parte que llamábamos el corral, nunca mejor dicho, había una antigua cuadra para caballerías, donde mi madre instaló su gallinero. Tenía su pesebre, su suelo empedrado y había accesorios donde se ataban las bestias y también donde se colgaban los correajes, arreos y aparejos (algunos abandonados allí, a pesar de no haber équidos nunca más). Una puerta, hecha con tela metálica, que formaba hexágonos, cerraba el paso. Allí criábamos las gallinas, alimentadas con los desperdicios de las comidas y algo de pienso. Unas gallinas que nos surtían de huevos y que nos comíamos también cuando ya no eran ponedoras eficientes. Ni que decir tiene, que pocas veces entrábamos en el gallinero (al que seguíamos llamando "la cuadra" por su original función), las imprescindibles para echarles comida, recoger los huevos y capturar las que iban a ser sacrificadas, ya que las gallinas vivían con relativa libertad allí, y el suelo estaba "tapizado" con todo tipo de residuos, no agradables de pisar. No sé si eran o no felices, pues, aunque jugábamos con ellas también de pequeños, como se ve en la foto, su lenguaje nos era ininteligible.
Hace algún tiempo, paseando por San Sebastián, Ana vio un cartel en una tienda, en el Bulevar, donde se anunciaba la venta de huevos de "gallinas felices". Le llamó la atención y me lo comentó después. ¿Cómo sabrán si las gallinas son felices? se preguntó. Yo tampoco me lo explico. Pero, buscando en Internet, hemos comprobado que el concepto "Gallina feliz" existe. Incluso hay un movimiento de granjeros que se autodenomina de esta manera.
Esta semana, en la compra, Ana trajo un cartón de huevos y ¡oh, sorpresa! vimos en su envase que eran de gallinas felices, como vemos en la fotografía. Otra vez la expresión. Parece que se refieren a gallinas camperas o de cría ecológica. Gallinas que viven en un espacio más amplio que el de las granjas de producción masiva que se pusieron de moda a partir de los años 50 del siglo pasado. Son las gallinas que llevan en el código impreso en la cáscara un 1 o un 0 respectivamente.
Hace unos días vimos en un reportaje en televisión una granja donde se criaban las gallinas casi en libertad, en el campo. Cada una tenía una casita, como un chalet individual, donde tenía su ponedero, su palo o percha donde dormir, bajo techado, con un diseño muy mono, y del que podían salir para comer y retozar al aire libre en un gran espacio natural. Incluso había hilo musical, para amenizar las jornadas. El problema es que, por muy felices que viviesen con todas esas comodidades, todavía no habían conseguido que, de noche, cada ejemplar se fuese a su chalecito a dormir, y preferían hacinarse todas en una misma casa. Parece que la soledad no les hacía felices y buscaban la compañía en la noche. ¡Qué no les hablen de modas!
Los defensores de las gallinas "felices" dicen que los huevos son mejores que los de las que viven en granjas en sus jaulas. No todo el mundo que sabe de esto está de acuerdo. Seguramente porque no se trata solo del habitáculo donde vivan, ya que incluso las jaulas estabuladas son más higiénicas que la vida en libertad, o semilibertad como pasaba en "la cuadra" de mi antigua casa. Lo fundamental será la alimentación, esa que hace que los huevos sean con una yema más roja o anaranjada. Como decimos por aquí: lo que se come se cría. Si comen piensos compuestos (artificiales) tendrán la yema más amarillenta y clara, y con menos sabor. Y si comen variados productos (como pasaba en mi casa con las sobras de nuestra comida), sus huevos serán más ricos en nutrientes. Como también pasa cuando se crían en el campo, donde pueden comer todo lo que encuentran a su paso por el suelo, sean desechos, semillas o todo bicho viviente que se cruce en su camino.
En fin, que, tal vez, la felicidad de las gallinas no tenga nada que ver con su libertad, a diferencia de los seres humanos. Ni, por ahora, sé si sus huevos son mejores. Eso sí, los que pongan las así llamadas, seguro que son más caros. Y, así, sí serán "más felices" sus criadores.