domingo, 12 de diciembre de 2010

Inundaciones en el recuerdo

Esta semana la gran protagonista ha sido la riada que hemos padecido en varios puntos de Andalucía. El miércoles 8 os hablaba de estos hechos en un post titulado Riadas: la historia se repite. En enero y febrero de este año tuvimos inundaciones en Palma, donde, además de los campos, se vieron afectadas las viviendas de los núcleos rurales. Ahora, en un episodio corto (por suerte en el Genil, que el Guadalquivir ha dado más lata luego), debido al alto volumen de agua de las lluvias, las inundaciones también han afectado al casco urbano. El martes saltaron las alarmas porque el nivel del río Genil, a su paso por Écija, superaba el que se alcanzó en 1997. ¿Qué pasó entonces?.

Hagamos un poco de historia. En 1996, en enero, el ayuntamiento solicitó la declaración de "zona catastrófica, por las pérdidas producidas por el temporal en la cosecha de la naranja". Las lluvias se habían cargado la cosecha, con los perjuicios correspondientes. El 26 de diciembre de ese año se volvió a pedir la declaración, por las nuevas lluvias que ocasionaron el desbordamiento del Guadalquivir, con daños en agricultura, infraestructuras (caminos y carreteras), y viviendas. El 30 de enero de 1997 el pleno del ayuntamiento palmeño solicitó también medidas excepcionales para compensar a los trabajadores agrícolas, por estar también afectados por los daños causados por las lluvias e inundaciones pasadas. Posteriormente, el 22 de diciembre de ese año 1997, de nuevo el pleno municipal solicitó la declaración de zona catastrófica para Palma (e incluso comprometió 16 millones de pesetas para ayudas de su propio presupuesto), debido a las nuevas pérdidas ocasionadas por las nuevas "inundaciones y temporales". A todo lo anterior (sector agrario y sectores auxiliares  y los que viven gracias a las rentas agrarias, como el comercio, por ejemplo) se unían daños en unas 200 viviendas (40 en el casco urbano y 160 en zona rural), desbordándose el Genil y el Guadalquivir. Y esto pasó cuando el Genil llegó  a 7 metros de altura por Écija, encontrándose con el Guadalquivir también muy alto y desbordado y haciéndole represa.

Estas inundaciones del 97 se parecieron mucho a las sufridas en 1963. El agua, además de en los pagos de huerta del Genil y el Guadalquivir, entró por el Callejón del Junco, la Bombilla (entrada a la Chirritana), la calle Río Seco, la calle Miralrío, y otras zonas. Se tuvo que levantar diques con sacos terreros en la zona de la Fábrica de Harina, para impedir que el agua llegase a la calle Portada (con lo que hubiera bajado al centro del casco), pues se anegó el recinto ferial y las viviendas del Callejón del Junco y parte de Ronda del Jardín. También se levantaron dos diques en Miralrío (uno fue sobrepasado por las aguas), que pararon la progresión del río Genil hacia los pisos de San Francisco. Y en el Río Seco, yo mismo vi, la lámina de agua cubrir una parte de su superficie, al salir de un almuerzo, y cómo la policía desviaba el tráfico por la calle José de Mora, mientras los vecinos miraban atónitos el agua fluir por su calle.



Esta imagen de 1963 refleja el desbordamiento del Guadalquivir a su paso por el puente viejo, de forma parecida a como se vio en 1997, y se ha visto este año. En la siguiente vemos al mismo río anegando los pagos de huerta que hay entre él y el casco urbano.
En otra fotografía se ve como se instala el dique de la Harinera, cortando el paso al agua del río Genil, cosa que se consiguió a duras penas, pues el agua llegó hasta la misma entrada del cine Coliseo España, edificio donde luego se construyó, tras adquirirlo en ayuntamiento, el actual Teatro Coliseo, que conserva una fachada con los mismos motivos arquitectónicos.

Esas inundaciones me cogieron con poco más de un año de vida, por lo que no las vi en el momento. Sí vi sus secuelas, al vivir en José de Mora, cerca de Río Seco. Recuerdo entrar por el caminillo de Gloria y ver la huerta inundada. Así como en las huertas  encharcadas del caminillo de Gálvez. También mi madre nos llevó a la Bombilla. Y se me quedó grabada la imagen del agua removerse de forma violenta, formando un torbellino, un remolino enorme,  junto a la reja que cerraba el desagüe que allí daba, al empezar el camino de la Chirritana. Esa imagen me duró muchos años y me venía a la mente al oír sonar la palabra "río": en lugar de la definición como "corriente continua de agua", para mí era como un lago arremolinado de aguas fangosas, junto a una reja.


La calle Río Seco se inundó también en 1963, como ahora y en 1997. Esta siguiente fotografía da testimonio de ello, muy parecida a la que publicó el diario Córdoba de estos días. El río entró con sus peces, por el alcantarillado y la superficie anegada. Volviendo a ocupar su lecho antiguo, el que tenía en la Edad Media, y que sirvió de foso, defensa natural para el castillo almorávide que edificaron en el actual Cerro de la iglesia, en la Mesa de San Pedro, y la muralla almohade que todavía sigue en pie.


Las fotografías de 1963 las hizo Manolo Godoy, El Latero, y me las ha facilitado su sobrino Francisco Godoy. Se lo agradezco a los dos desde aquí.


Y un apunte final,  ni en 1997 ni en 1963 existía la Agencia Andaluza del Agua, a la que algunos interesadamente culpan de las inundaciones. Y en 1996 y 1997 la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, dependía del Gobierno del PP, con Javier Arenas de ministro del gabinete. Así que...menos lobos. Para que luego digan....

9 comentarios:

Jesús Herrera Peña dijo...

¿Qué solución hay para que no se vuelvan a inundar las calles de Palma del Río?

SCHEVI dijo...

Es difícil saberlo, Jesús. Las inundaciones del 63 no se repitieron con la misma gravedad gracias a los pantanos, sobre todo el de Iznájar (el mayor de Andalucia). Las del 97 provocaron que nos hicieran un dique enorme en la zona de la Chirritana, pero no está completo. Además se forma allí un enorme meandro que pasa por las traseras de la calle Río Seco que cuando el Genil crece (algo normal, por cierto) inunda las partes más bajas de la ribera. Pero si el agua es demasiado abundante sale por el alcantarillado, como ha pasado ahora. Tenemos una parte importante del casco en la ribera del Genil, y estamos en el tramo final del río, cuando desemboca en el Guadalquivir. Este río también tiene crecidas que solo afectan a las huertas, pero alguna vez hace represa si viene crecido y también el Genil, provocando su desbordamiento. Las casas de los pagos siempre han sufrido riadas, porque están muy cerca del río. Y como decimos aquí el río siempre vuelve a sus dominios, al terreno del que nos hemos apropiado los hombres. En fin, estamos estudiando un sistema que evite la entrada de agua del río por el alcantarillado, y que permita la salida por los desagües. También el agrandar los diques sería necesario. Y lo que no podemos evitar nosotros solos es el dichoso cambio climático que nos trae temperaturas altas con frentes de abundantes lluvias.

María dijo...

Te leo y me quedo impresionada.
Dicen que se inundan los cauces secos, los arroyos ocultos...etc.
Pero ahí no hay nada de eso.
¿Puede ser algo natural como las inundaciones del Nilo?
En fin, paciencia.

Saludos

EL QUINTO FORAJIDO dijo...

Esto tiene pinta de hacerse endémico, el martes pasado pasé por la torrecilla en córdoba una hora antes de que cortaran la A4. El caso es que llovía y el aire era de los más primaveral casi veraniego lo cual indica que igual nos tenemos que empezar a olvidar del vino y las aceitunas y empezar plantar piñas y aguacates, con la agrabante de que por estas latitudes todavía de vez en cuando te viene una ola de frio polar y dos dias después casi te puedes bañar en la playa un desastre vamos.

SCHEVI dijo...

María, como le decía a Jesús, el Genil siempre ha tenido crecidas que han inundado las huertas ribereñas, pero la construcción del pantano de Iznájar sirvió para regular el caudal de este río. Llevamos dos otoños-inviernos muy lluviosos y ese pantano ha llegado a llenarse. Cuando en 1997 tuvimos riadas nos llamaron a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir para avisarnos que iban a soltar mucha agua, porque era la segunda vez que este embalse se iba a llenar desde que lo construyeron (!). Y se sabía que iba a seguir lloviendo. Así que es algo natural, algo que ocurre ahora con ciclos más largos.

SCHEVI dijo...

Quinto Forajido, yo también pienso que el cambio climático tiene algo que ver con esto, a pesar de lo que diga la AEMET. Siempre hay días más cálidos en diciembre, cuando llueve por frentes borrascosos que vienen del suroeste, pero la abundancia de lluvias y estos contrastes de los dos últimos años no son normales. ¡Ah! y todavía no nos ha nevado en esta temporada, pero no me extraña ver alguna otra nevada como en el invierno pasado. Y a ver si algún "escéptico" del clima me dice que es normal que nieve en Palma del Río....

Octavio Junco dijo...

Te recuerdo que el "Callejón de Junco" recibe tal nombre de una tradicional familia que allí vivía y que se apellidaba Junco, familia hortelana de la que algunos somos descendientes. No es que allí hubiera un junco tan juncal y llamativo que le diera carácter al callejón.
Es como las calles llamadas "Sánchez", "Alonso Peso" o "Ana de Santiago", por poner ejemplos de nombres populares.
Puedes ver el viejo rótulo en chapa color azul que existe en su entrada, frente a las escuelas del Parque.
Saludos.

Octavio Junco dijo...

En cuanto a las riadas, resulta bochornoso que en el siglo XXI se sigan produciendo con la misma o mayor intensidad que en tiempos remotos.
En la Europa a que pertenecemos, los ríos se encauzan, se dragan, se limpian y hasta se canalizan. Los nuestros permanecen sucios, con el lecho cada año más alto por falta de dragado o limpieza de sus fondos.
Y en cuanto a la política de embalse y desembalse estacional de nuestros pantanos, mejor no hablar. Llorar es lo que aquí procede.
Lastimeros saludos.

SCHEVI dijo...

Amigo Octavio Junco, recuerdo lo que me dijiste sobre el nombre del Callejón. Además una vez que pasé por allí me paré a leer el letrero al que has hecho mención.

Respecto a los ríos no tengo nada más que darte la razón y lamentarme contigo.

Un saludo.