lunes, 4 de julio de 2011

La calle Feria de mi niñez, primera parte



Cuando escribí sobre el Bar El Latero, hice una pequeña inmersión en la calle Feria. Lo mismo ocurrió cuando hablé de la famosa casa de Rosa Liñán, o con la evocación de la calle San Sebastián, cuando recordé el bar El zapaterillo. Hoy, en la primera parte de este artículo, aporto algunas impresiones más sobre esta importantísima calle palmeña en tiempos de mi infancia.


Como sabéis, viví en la calle José de Mora hasta febrero de 1981. De niño, salir a la calle Feria (entonces, oficialmente, calle José Antonio Primo de Rivera, aunque pocos la llamaban así) implicaba pasar por “la esquina”, es decir el Bar de Manuel Lopera, el de “los novios”, que hacía esquina por la derecha con mi calle, y donde tomaba mi padre el aperitivo de medio día, y al que iba más de una vez a buscarle, porque había algún aviso que atender, como practicante. Este bar cerró bastante tiempo después de morir Manolo y fue regentado en los últimos tiempos por uno de sus hijos, “el chico”, que además fue jugador de los primeros equipos de balonmano del ARS Club. El establecimiento ocupaba la primera planta del edificio, siendo la vivienda la segunda planta, que sigue ocupando Conchita Dugo, la viuda de Manolo. Frente al bar daba la casa de Rosa Liñán, que al ser demolida dejó paso luego a la llamada, por el pueblo, “casa blanca” (con cierta guasa), por estar hecha su fachada de ladrillo visto de ese color.


Al lado del antiguo bar, siguiendo por la derecha, encontrábamos y encontramos aún, la casa de Godoy el sastre, hijo de un primo de mi padre que tuvo también su sastrería en la acera de enfrente, más cerca de la calle Barbera (entonces Teniente Molero, como explico después). Recuerdo que este sastre, siendo ya muy mayor, nos hizo unos pantalones a medida, a la antigua usanza, para mi hermano Roberto y para mí, de lana, de la de aquella época, que picaba horrores. Con él vivía una hija, creo, que era manca, tara que tenía de nacimiento, al no haberse desarrollado correctamente un brazo. La casa del sastre hijo, la siguiente al bar Los novios, forma parte del mismo conjunto arquitectónico, conocido como la Casa del Inquisidor.


Tiene un patio, protegido por el PGOU, que comparte con la casa del bar. El patio, formado por doble arcada, en dos plantas, como vemos en las fotografías, es de similares características a otros patios de otras casas, con las que, seguro, compartió estructura: la casa que fuera de Luis Rosa, casado con Lola Jerez, que lindaba con el bar por la calle José de Mora, y mi antigua casa. Cuando derribaron la casa de Luis Rosa pude ver que las arcadas que tenía mi casa continuaban con las que había allí, por un lado, y por el otro, con las del Bar y su vivienda. 


Avanzando nos encontramos con la droguería de “Navarrito” (como lo llamaba mi padre). Es el que aparece en el centro de esta foto, sirviendo de una jarra, y donde están mi suegro, a la izquierda, Juan José, el zapatero, a su lado, y luego en sentido inverso, a la derecha, Almenara, que trabajaba en la imprenta Higueras, de la que hablaré en el próximo post, Salvador Caamaño, Agustín el otro zapatero, y Manolo, el latero. La droguería fue fundada en 1951, como indica el azulejo de la entrada y está regentada hoy por su hijo Marcos, que la mantiene como uno de los negocios más prósperos de la ciudad, y por supuesto, de la misma calle Feria, en la que es un superviviente de honor. Esta droguería, de aspecto abigarrado, con muchos artículos expuestos en el mostrador, las estanterías del fondo, las paredes y el suelo del local, sigue conservando el mismo sabor de antaño, garantía de que allí encontrabas la puntilla, la pintura, el alambre o la cerradura que estabas buscando. En la segunda planta vivía la familia, cuya mujer, junto con su hermana, tenían una tienda de comestibles, en la misma calle, que conocíamos como “Las Pulías”, feminizando en andaluz el apellido Pulido, como hacen también los eslavos.


Seguidamente, en el mismo edificio, propiedad de la familia Nieto (Rafael) y Cumplido (Carmen) encontrábamos varios locales. Una muestra viva de la existencia del paraíso terrenal: casa Pineda (“ca Pineda”), de un hombre que me recordaba físicamente al actor que interpretaba el maestro de la serie de TVE Crónicas de un pueblo. Aunque también tuviera ayudantes, casi siempre niños, como Carlos, el escayolista. Era una accesoria pequeñita, también repleta de juguetes, chucherías (chicles, pipas, caramelos...), tebeos, revistas, y todo tipo de artículos con los que soñaba jugar en mi niñez: los típicos indios y vaqueros, casi siempre de plástico de un solo color, pues los policromados eran más caros; coches de juguete, camiones, grúas, barcos, guerreros medievales, caballos, vacas, motos...un verdadero placer para los sentidos de un niño, y un local temido por mis padres, ya que todos los días intentaba sacarles una perra gorda, luego 50 céntimos y posteriormente una peseta o un duro (los menos casos, claro) para gastarlos allí con el juego más novedoso que tuvieran. Cuando Pineda falleció otras personas mantuvieron vivo el establecimiento, hasta que lo cerraron un día para que Vicente, nieto de Rafael y Carmen, pusiese una tienda relacionada con los aparatos eléctricos, de efímera vida.

Le seguía Tejidos “El barato”. Un comercio que contaba, además de los ventanales, con escaparate en la acera de enfrente, donde hicieron una vez los “Garrapato teatro” una obra polémica, durante la Feria de Teatro, en la que se hartaban de marisco, para escándalo e incomprensión de los viandantes. Allí trabajó el anterior alcalde palmeño Salvador Blanco (y también en la Ciudad del Betis) y un personaje que conocíamos de muy joven por “Pepito”, José Victor Rodríguez, dependiente y escaparatista, que se fue a Sevilla y fundo la firma Victorio & Luchino, con su marido José Luis Medina, importantes artistas de la moda actualmente.

El último local era la Zapatería El barato, de Pepe Nieto, hijo de Rafalillo Nieto el del ambigú del cine San Miguel y con “aguaúcho” en el Paseo. El último negocio que permaneció abierto en el edificio. La vivienda estaba en la segunda planta, donde residió muchos años, ya viuda, Carmen Cumplido la viuda de Rafalillo, madre de José, Curro, que fue director de CajaSur, Trini, la mujer del maestro villa Vicente Navarro, y Manuel Nieto Cumplido, canónigo archivero de la Catedral de Córdoba. Con ella vivió, al morir su madre, Trini, mi amigo Federico, el actual Decano de la Facultad de Ciencias del Trabajo de la Universidad de Córdoba.

Ya haciendo esquina con la calle Coronada (entonces Alférez Reyes) estaba la casa de Anita Reyes, cuyas traseras daban con el huerto de mi casa y cuya azotea tenía un ático visible desde allí también. Su familia se fue a Sevilla y luego la vendieron y está deshabitada. Tiene esa casa un hermoso patio, muy cuidado hecho con columnas de hierro, muy al estilo de principios del siglo XX, y bellamente decorado con motivos andaluces (plantas, panoplias, cerámica...). 


En la otro esquina siempre conocí el comercio de José Sánchez Marcos, cuyos herederos, además de mantener este establecimiento, de estilo moderno, regentaron la fábrica de prendas de punto Mardy, desde 1955. Ahora lo usa una inmobiliaria.

Luego estaba la “latería”, con el bar de Manolo. Foto Rueda, antes de irse a la plaza del ayuntamiento era otro de los negocios clásicos. Uno de los hijos del fotógrafo estuvo conmigo en el instituto. Y creo recordar que uno de los hermanos Ceballos tenía una tienda, haciendo esquina con la calle Ponce, donde, entre otras cosas, hacían copias de llaves.

Volviendo por la otra acera estuvo, entrando con la Calle Castelar, la papelería Guzmán, que regentaba Pardo, un señor muy educado y atento, al que también compraba algunas cosas, por ejemplo, la prensa, hasta que cerró. Luego el Bar Espejito, famoso por sus champiñones a la plancha, en cuyas habitaciones interiores también nos reuníamos en la clandestinidad (simulando echar un buen rato de ocio culinario) los miembros de la comisión de cultura de las juventudes comunistas, allá por los años setenta.

Foto Onieva era otro de los locales de tradición en esa acera, junto a la tienda de Confecciones de Pérez Ávalos, donde antes hubo un supermercado, el primero del que tengo recuerdos, donde trabajó mi antigua vecina Loli Navarro. Le seguía Calzados “La alicantina”, en un edificio de factura artística, con ventanas con frisos y cornisas, que le daban cierto aire clásico.

Luego, la casa de Rafael Ceballos, donde estuvo la tienda de electricidad de Lopera y más tarde la oficina de seguros de su hijo Raúl. En esa vivió la familia Molero, uno de cuyos miembros, Antonio Molero, murió enfermo, tras ser capturado cuando combatía en la División Azul. Y el ayuntamiento le honró nombrando a la cercana Calle Barbera como Teniente Molero. Ahora esta casa es del arquitecto César Egea, que la restauró, para ser su residencia.

Hubo después una tienda, frente a la latería, que derribaron siendo niño e hicieron el bloque donde estuvo el Banco de Andalucía, antes de trasladarse a la esquina de la Avda de la Paz con Santa Ana. Luego, haciendo esquina con la calle Barbera, la tienda de Antonio Ruiz, “El cuco”, la Ciudad del Betis, que luego pasó a manos de Pepe Tirado. Otro ejemplo de arquitectura con gusto en la calle.


De pequeño tiraron la casa de la otra esquina e hicieron pisos y un local, con una tienda de Jorge González, que puso después la bolera de la calle Barbera, en el bajo del “rascacielos”. Luego fue el Banco de Santander, una oficina de un consorcio de empleo de la Junta, la Mancomunidad y los ayuntamientos de la comarca. Y ahora está sin uso. Y ya nos encontrábamos con la sastrería y la casa del sastre primo de mi padre, con el escaparate de El barato. Ahora sustituido por un edificio de reciente construcción.

Seguía y sigue la casa de la familia Caro Dugo, de bello estilo popular tradicional, y tintes señoriales. Uno de cuyos hijos, Francisco, es famoso por dedicarse a las relaciones públicas y ser una de sus representadas la glamurosa modelo sevillana Nati Abascal, la viuda del duque de Feria, según hemos visto varias veces en los programas del corazón en la televisión.

Y ya, para terminar este recorrido, recordaremos de nuevo la casa de la maestra Rosarito Rodríguez, en cuya accesoria tenían la zapatería Agustín y su hermano, Juan José, y en la esquina con calle San Sebastián, la ya comentada Casa de Rosa Liñán. Así que, por hoy, haremos un imaginario descanso, volviendo a la calle José de Mora, número tres, para retomar el periplo evocador por la calle Fería, ya en dirección a la plaza del ayuntamiento, en el próximo capítulo.


13 comentarios:

Anónimo dijo...

Como te lo curras macho,tengo 35 años y hay locales a los que haces mención que no he conocido,pero leyendo esto he hecho retrospectiva y paseado en el tiempo y mi memoria...ca-pineda,madre mia!!y Angelita la del metro en la puerta de Sanchez Marcos...

SCHEVI dijo...

Hijo mío anónimo, es que la veteranía es un grado, dicen. Como yo tengo 49 y me queda poco para los cincuenta años, he conocido bastantes cosas de esta calle. Incluso he tenido que resumir y no hablar de lo que no estaba seguro. El próximo artículo completará mis recuerdos de aquella época en el resto de la calle, en dirección a la plaza del ayuntamiento.

Anónimo dijo...

Lo es,lo es..Ya que vas a hablar proximamente de la parte donde,por mi edad,conoci calzados ortiz,etc.¿Sabes algo de las huellas de bala de la guerra civil que hay o habia en unas rejas?Me contaban de pequeño que estaban en una casa junto al hostal las palmeras.Por cierto,no te olvides del asador de pollos y los chitis rosa.

SCHEVI dijo...

Algo sé de lo que me preguntas. Te responderé en el post.

Anónimo dijo...

Buenas noches, he leido sobre lo que han publicado de casa de Alfere Reyes, la casa no se ha vendido la familia no vivia en Sevilla sino en Cordoba la casa no esta deshabitada cuando escriban sobre algo informense antes gracias.

SCHEVI dijo...

Buenas noches, hace usted unas precisiones sobre la casa que yo conocía en la niñez como la de Anita Reyes. Tenía entendido que se habían ido a Sevilla, si fue a Córdoba, le agradezco la aclaración. No recuerdo si hace más de un año la casa estaba deshabitada, que es cuando escribí el artículo, sí ha tenido varios periodos, que yo recuerde, donde no vivía nadie temporalmente. Estas entradas sobre Palma se basan en mis recuerdos y, por tanto, son subjetivas. Las aclaraciones son bienvenidas, por tanto. Sobre la venta le indicaré que tuve noticia de ello por documentos oficiales y que hablé personalmente hace años con el comprador, según dichos documentos, que me confirmó la adquisición. No creo que me engañase y, repito, vi personalmente los documentos que daban fe de la compra. No voy a decir quién era porque no viene al caso y por respeto a esa persona que conozco desde hace muchos años, y porque usted tampoco se identifica como comentarista, claro. Si se frustró la venta o se deshizo, no lo sé y me da igual. Entiendo que la crisis económica ha dado al traste con muchos negocios inmobiliarios y aquel era uno más. Por último le diré que estoy de acuerdo con lo que dice sobre estar mejor informado, por ello le informo que en 1979 y en 1980 se cambiaron varios nombres de calles en Palma. La calle Alférez Reyes pasó a ser Coronada, en honor a la ermita y hospital que allí hubo desde la Edad Media, nombre tradicional de la calle.

Un saludo y gracias por su visita.

Anónimo dijo...

Aprovecho para lanzarte otra pregunta ya que por lo que veo has vivido en la calle Jose de Mora. Se que en esa calle se encotró durante un tiempo una casa muy grande que daba a dos calles que luego se dividió y paso a ser parte de esa casa la discoteca Géminis(o algo así me dicen que se llamaba) ¿Sabes información sobre esta casa? ¿Fotos(aunque sea de la fachada)? Solo sé que era propiedad de José Lopera Guzmán.Y la fueron vendiendo sus hijos al heredar.
Un saludo de nuevo.

Anónimo dijo...

Por cierto según he oído este Señor propietario de la casa es un personaje muy curioso de investigar.
Si alguien puede aportar algo.
Gracias

Francisco Javier Domínguez dijo...

Te agradezco tu interés por mis escritos y los datos que incluyo en ellos. Si quieres más podrías enviarme un correo electrónico y estamos en contacto. Mi correo es: schevix@telefonica.net

Anónimo dijo...

Ceballos tenia la pequeña ferretería en la esquina de la calle Manga de Gabán, una accesoria junto a la Confitería Maisa, y no en la esquina de calle Ponce.
En la esquina de la calle Ponce estuvo la Gestoría Giménez antes de mudarse al local junto al Banco de Bilbao

Francisco Javier Domínguez dijo...

Puede que fuese así. Mis recuerdos no son infalibles. Gracias.

Jose zamorano dugo dijo...

HOLA SOY JOSE ZAMORANO DUGO, POR ACA DESCUBRO COSAS QUE NO CONOCIA, MANUEL LOPERA FUE MI TIO, Y LOGICAMENTE CONCHITA, MI TIA, HERMANA DE DOLORES, Y SU HERMANO ANTONIO DUGO ALMENARA. ME HA GUSTADO MUCHO SABER COSAS DE MI PASADO, AHORA ESTOY PERDIO EN CHILE.

Francisco Javier Domínguez Peso dijo...

Estupendo, José. Encantado de conocerte. Un saludo desde España.