martes, 14 de octubre de 2014

Sorpresas vinícolas y eróticas


Paseando por la Plaza Mayor de Cáceres encontramos, además de los típicos y lógicos bares y restaurantes, donde se solazan los visitantes, algunas tiendas de recuerdos y productos de la tierra, no menos lógicas. Siempre nos gusta llevarnos algún recuerdo en nuestros viaje, muchos de ellos en forma de imán que colocar en el frigorífico. Y mientras buscamos el objeto siempre aprovecho para retratar algunas cosas curiosas, como las que he publicado en diversos momentos en el blog. 


En una tienda de chucherías y comestibles autóctonos encontramos varias botellas de vino con nombres, marcas y leyendas divertidas y curiosas. Muestro algunas en estas imágenes. 


La más divertida fue ésta que muestro al principio de la entrada. No me negarán que el nombre del vino no es de lo más llamativo: "Follador". Se trata de un vino de la Denominación de Origen Prosecco, original de Italia. Un vino espumoso similar a nuestro cava y al más conocido, pero no por eso de más calidad, champán. Supongo que será ideal tanto para iniciar el cortejo amoroso, como para brindar después de redondear una buena faena sexual. Erotismo y vino espumoso. Un buen maridaje desde antaño.


Y sin cortarse un pelo al nombrarlo. Ya sabíamos del descaro de los latinos... ¡Estos italianos!

2 comentarios:

Jesús Herrera Peña dijo...

Yo no entiendo ese nombre del vino.
Quizás debajo del título, aunque en letra más pequeña, debiera poner algo tal que así:
el vino ideal para hacer el amor, o sea: Follar

Me cuesta más trabajo creer que el vino, por sí solo, sea un gran follador. En caso afirmativo: ¡¡Cuidado, Ana Botella!!

Francisco Javier Domínguez dijo...

Claro, el vino sirve para ayudar (en algunos casos, pues en otros es un inconveniente) al acto amoroso. O para celebrar su buen resultado.

No pude ver lo que tenía la etiqueta trasera (si la había), pero si aclaraba algo debía ser italiano.

Y ya que estamos en confianza, hablando de intimidades, te diré que para estas lides amatorias yo prefiero el vino tinto. El espumoso me da sueño. Pero con el tinto... ¡uf! Bueno, no voy a presumir.