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miércoles, 2 de abril de 2008

Arqueología del mobiliario urbano



Haciendo un poco de ejercicio descubrimos esto que veis en la foto. Me acerqué y comprobé que era una señal de tráfico. Su estado es muy deteriorado y oxidado, perdida casi totalmente la pintura, y casi no se puede "leer" lo que indica. Pero más detenidamente se puede ver que es una señal de prohibición de aparcamiento, con una leyenda que parece ser "1000 m en viviendas". Es decir que no está permitido aparcar junto a las viviendas de esta calle, en una longitud de un kilómetro.


La señal está situada en la esquina de la Avenida Fray Albino con la calle Julio Romero, en el primer bloque de viviendas, de la Barriada de El Arcángel (como le puso sus promotores), aunque popularmente conocida como "Pisos de Dragados" (empresa que los construyó a principios de los años 60 del siglo pasado). No sé si la avenida puede tener mil metros (creo que no) o es que se pasaron poniendo ceros. Pero pretendían despejar esa zona (con más de 500 pisos) frente a la antigua guardería y la casa-cuartel de la Guardia Civil. Lo cierto es que, por la posición (tras un naranjo) y altura (casi tres metros), la muy antigua señal pasa desapercibida....y nadie la respeta, como se puede ver en una de las fotos.


Lo comenté en el ayuntamiento y parecía que nadie sabía de la existencia de la señal. De hecho existe otro tipo de señalización en la zona. Ha quedado como una especie de "adorno" más del mobiliario urbano, con la pátina que da el tiempo a las piezas arqueológicas. Y uno se pregunta, ¿podría alguien alegar su existencia, para, por ejemplo, impedir que le aparque algun vecino frente a la puerta de su casa?. ¿La emplearán los "arqueólogos abertzales" locales para paralizar cualquier obra que se pueda realizar en ese sector, hasta que se realice la correspondiente excavación?...Enigmas urbanos y de la seguridad vial.

miércoles, 21 de julio de 2010

Farola olvidada

Hace años comenté el descubrimiento de una señal de tráfico que, por estar a tanta altura y encontrarse oxidada y deteriorada, nadie había reparado en su existencia. Por tanto era casi imposible que cumpliera su función de regular el tráfico. Días después de hablar con el concejal de tráfico del ayuntamiento, la señal fue eliminada, y solo queda mi post como testimonio de su existencia en el pasado. (Recomiendo que releáis el post antiguo, pulsando en "señal de tráfico"). Pero gracias a mi gusto por los paseos urbanos, hace tiempo nos percatamos de otros elementos "arqueológicos" del mobiliario urbano

Con el paso del tiempo se hace necesario la renovación de las farolas que iluminan nuestras calles, o, al menos, eso pretenden. Muchas veces es porque no permiten ver del todo bien por estar viejas, o dejan zonas de sombra al no cubrir con su potencia un radio de acción suficiente. Los avances técnicos además permiten obtener una mejor iluminación y más ecológica, ahorrando costes a las arcas públicas, y no contaminando tanto. Normalmente se procede a su sustitución, pero otras veces se instalan las luminarias (palabra muy técnica y "finolis" que se está poniendo de moda en el sector) en otros puntos de la vía, para conseguir un efecto mejor. Entonces lo normal es retirar los báculos o farolas que quedan desconectados de la red de alumbrado. 

Pues bien, en esos paseos que decía antes hemos encontrado farolas que no han sido retiradas. O, incluso, faroles que, a pesar de haberse renovado el resto, aun siguen allí donde se colocaron en la antigüedad; que de noche se encienden aunque su tarea sea prácticamente testimonial, una mínima expresión de luminosidad que no alcanza más que para decirnos que siguen allí, olvidadas, solitarias, cumpliendo un deber que a nadie apenas ya beneficia ni interesa. 

El caso que os muestro es uno de éstos. Una avenida amplia, donde el alumbrado urbano ha sido sustituido y completado en varias ocasiones, y con material moderno y mucho mejor, como es la Avenida de Santa Ana de Palma del Río. Esta vía aún conserva una farola antigua, adosada a la fachada de una casa, de esas que primero se edificaron en lo que fue carretera (y todavía hay quien la llama así, la carretera), hoy integrada en el centro del casco urbano palmeño, gracias a la expansión urbanística, desde los años ochenta. No funciona, pero sigue allí. Es una bombilla, con un platillo de metal totalmente oxidado, para reflejar la luz, sostenida por un armazón o soporte metálico, con forma más artística, también con los efectos de la corrosión del orín. Cuando aquello era una carretera pudo venir bien su forma corta, que permitiría iluminar la fachada de la casa, nada más, facilitando la entrada y la salida por la noche, a una zona terriza que daba a la calzada, sin necesidad de iluminar ésta. Después, con la integración como travesía, la urbanización y expansión de locales y viviendas, este farol quedó claramente insuficiente. Y quedó en el olvido, cuando se implantó el nuevo alumbrado público.

Ahora sigue allí, entre aparatos de aire acondicionado, instalaciones eléctricas y balconoes remozados, como un adorno más de esa fachada que iluminó. Y como testimonio de que en algo hemos mejorado en los tiempos actuales.

lunes, 3 de febrero de 2020

Vuelta a La Puebla para la Candelaria


La fiesta de la Candelaria sigue viva, aunque en algunos lugares haya desaparecido o esté presente con menos vigor que en otros tiempos.  El aumento del nivel de vida, con la lógica mejora en nuestras poblaciones, en lo que a equipamiento urbano se refiere, ha hecho que cada vez haya menos candelas en nuestros pueblos, por los daños que el fuego provoca. Aun así, en algunos puntos de nuestro entorno, cada vez tiene más pujanza. Es el caso de La Puebla de los Infantes, población cercana a Palma del Río, en la Sierra Norte de Sevilla, a la que vamos casi todos los años desde hace una buena temporada, por motivos familiares. La celebración del Encuentro de Paramotores (este año en su 24 edición), además del empuje de los vecinos, potencia, sin duda, esta fiesta popular. El año pasado dediqué una entrada a la visita que realizamos para la Candelaria, y terminé con “El año que viene volveremos.” Así ha ocurrido.
Las candelas que hemos visto, mejor dicho los boliches (el montón de leña) y los muñecos que hemos visto para ser quemados en el fuego ritual, pues nos hemos desplazado por la tarde antes de que prendieran el fuego en cada barrio, han vuelto a tocar temas de actualidad. Muestro algunas fotografías de diferentes zonas.

La ecología y el futuro de nuestro planeta ha estado presente en buena parte de las candelas. Como esa donde hablaban irónicamente de lo limpias que están las aguas del pantano de José Torán (el embalse que está cerca, y donde se celebra la concentración de paramotores), en el que van a refugiarse animales marinos envenenados y atacados por los dichosos plásticos que contaminan las aguas de nuestro planeta.


También el calentamiento global tuvo su presencia en otra candela, incluso con la emisión de un vídeo en una pantalla, sobre este tema, que sirvió incluso para que los niños se concienciasen de este enorme problema a escala mundial.



Hubo recuerdos entrañables para profesiones antiguas, como la de las telefonistas que nos comunicaban antes de que la marcación automática se extendiera y generalizara. El letrero seguro que traerá muchos recuerdos a  los más mayores.



La exhumación de los restos del general Franco del Valle de los Caídos también tuvo su recuerdo en esta otra candela, comentada con el gracejo popular que caracteriza este tipo de fiestas.



Como popular es esta otra muestra de “mobiliario urbano”, que vimos de paso, entre candela y candela: una fuente callejera, que servía tanto para surtir de agua a la población como para que calmasen su sed los animales de transporte y carga que antaño eran útiles imprescindibles en poblaciones rurales como esta.




Las fogatas fueron prendidas, tras el paso del  jurado que valora y puntúa a las que entran en concurso (por cierto, este año, uno de ellos familiar de mi mujer), como muestra este vídeo, donde encienden el boliche por diversos puntos ayudados de un combustible guardado en una botella de plástico.



Como siempre, terminamos en la Candela de la Cruz, degustando (como en ocasiones anteriores) las exquisitas sopaipas con las que el vecindario de La Puebla repone fuerzas tras montar las candelas y con las que obsequian con generosa hospitalidad a todo el que se acerca para visitarles.

lunes, 15 de junio de 2009

Manifestaciones

Hoy dos tipos de manifestaciones son de actualidad. La primera que comento, la que se está desarrollando en estos momentos en Sevilla, donde miles de béticos están protestando por la situación en que se encuentra el Real Betis balompié, lo que le ha causado el reciente descenso a Segunda División. Miles de personas están pidiendo a Ruiz de Lopera que deje el club, como única forma de que pueda regenerarse y levantar el vuelo que lo devuelva a la primera división nacional.


Clamor verdiblanco contra Lopera

Miles de béticos se han echado a la calle en Sevilla para mostrar su hartazgo a Lopera y reclamar un cambio en la gestión al frente del club. Ayer ya se habían manifestado unos cuantos en Benidorm y está previsto que también lo hagan varios cientos en puntos tan diversos del orbe como Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, Montilla, Lepe, Valdepeñas, el Alto de Maliaño, Londres, Pristina, Bruselas, San José (EEUU) o Nueva York.

Las otras manifestaciones son las que se están viviendo en Irán, tras conocerse los resultados de las elecciones presidenciales del viernes. Estas son de muy distinto tipo, porque protestan por un posible fraude en el recuento que ha dado la victoria al candidato "oficial", al actual presidente Mahmud Ahmadineyad. También son diferentes por otros motivos. Irán es una teocracia desde la revolución islámica del ayatolá Jomeini. Y, como en otros regímenes teocráticos, donde son sacerdotes los que tienen el poder político absoluto, no existe democracia, por lo que las elecciones que se celebran son una pantomima entre representantes del régimen totalitario-religioso. Es lo que ocurre en otros países islamstas, o lo que ocurre en el Vaticano, y pasaría si Tibet fuese independiente. No existen partidos políticos, ni garantías electorales, ni respeto a los derechos humanos, ni libertad de prensa, todo se hace a la mayor gloria de Dios, es decir, de sus intermediarios, los sacerdotes de turno. Aquí en Irán parece que son muchos los que ponen en cuestión este estado de cosas y no aceptan que la casta dirigente se perpetúe sin más. Las protestas han arreciado, con la represión de la policía y de las milicias de seguidores del líder oficial, lo que ha supuesto ya un muerto en los enfrentamientos.

Hoy en Sevilla, si actúan las fuerzas del orden, será porque algunos desaprensivos impresentables se dediquen a agredir a alguien o a destrozar el mobiliario urbano. Hoy en Teherán quienes se comportan como unos impresentables son los obligados a guardar el orden, porque ven amenazados sus privilegios mantenidos por la fuerza y sin permitir una oposición real, como ocurre en los estados democráticos. Hoy dos tipos muy diferentes de manifestaciones son la prueba de fuego que deja a las claras la diferente naturaleza política de los estados. Hoy estos hechos deben servir para reafirmar los valores de la democracia y los derechos humanos, en un mundo en que cada vez hay más iluminados y tiranos que los cuestiona con más arrogancia, basándose en diferencias culturales, y de civilización supuestamente insalvables. Hoy hay que mostrar nuestra solidaridad con el pueblo de Irán, la víctima de todo este disparate.

lunes, 18 de agosto de 2008

Mobiliario urbano: buzón

Hay paseos por Palma donde la ira me invade al ver cómo tratan algunos/as el paisaje de la ciudad: señales de tráfico rotas, farolas apedreadas, pintadas en muros y paredes, lunas de escaparates quebradas, semáforos pintados o con las luces fracturadas....Pero hay otros paseos, como el que me hizo descubrir en abril aquella señal de aparcamiento casi “prehistórica”, donde la sorpresa es agradable y entrañable. Eso me pasó ayer cuando vi este “Buzón seta”, que nos hizo sonreír. El que se pinten elementos del viario, como muestra de vandalismo, es reprochable, mas ¿cómo reprobar algo tan simpático, incluso artístico?. Además, si lo devolvemos a su apariencia anterior ¿dónde se irá a vivir nuestro encantador gnomo del jardín?.

viernes, 7 de agosto de 2015

La foto del viernes: la lluvia de barro


Ayer al salir del trabajo comprobamos que el cielo estaba encapotado con esas típicas nubes veraniegas que provocan bochorno. Era el remate de los días de calor que están sirviendo de permanente tema de conversación este verano. Pero esas nubes tenían un color parduzco que no era normal, tornando de ocre la luz del sol. Después pude comprobar el motivo de esa anormalidad: estábamos bajo la influencia de una gran nube de polvo que se había generado en el Sáhara por una tormenta, y se había extendido no solo por el norte de África, sino que afectaba a Canarias y parte del sur peninsular. Esa masa de polvo desértico era la que daba el color ocre a las "presuntas nubes", dando lugar a que el calor acumulado entre la superficie terrestre y la gigantesca nube de la arena del norte africano no se disipase y se acentuase provocando el bochorno. Por la noche el calor no se marchó y llegó a llover ligeramente, pero no llovió agua, sino barro, que quedó en forma de manchas, moteando la superficie de las calles, tejados, mobiliario urbano, hojas de los árboles y demás objetos del exterior, como los coches que iba encontrando a mi paso hacia el trabajo. Coches que quedaron sucios de la lluvia de barro, aunque en la imagen parezcan copos de nieve. Seguro que más de uno habría lavado antes su vehículo, cogiendo el correspondiente enfado tras la inesperada lluvia. Son los problemas del verano. Cuando pasen unos días y la nube de polvo se disipe definitivamente, habrá que volver a la limpieza.

domingo, 29 de agosto de 2010

Prohibido aparcar antiguamente...y ahora

"No se permite dejar carruajes en esta plazuela bajo la multa de 5 pesetas". Eso dice el letrero, que encontramos en Segovia hace unos días. Ya sabéis de mi interés por el mobiliario urbano, entre el que incluyo a las señales de tráfico. Esta indicación es antigua, como se puede apreciar en el detalle. Está pintada sobre la fachada del edificio. Y su lenguaje nos retrotrae a otros tiempos, en los que circulaban carros, tirados por animales. Ya hace muchos años. Entonces también tenían la preocupación de ordenar el tránsito o la circulación por las calles. Y la sanción, para nosotros, es pequeña y en una moneda que dejó hace tiempo de ser de curso legal, al sustituirla el euro (pero para entonces sería muy severa, de un gran valor económico, seguro).


Este rótulo lo encontramos en una plaza de Segovia, cuando íbamos a ver la catedral y el alcázar. Está situado en la fachada, haciendo esquina, del Palacio del Conde Alpuente, un edificio del siglo XV (aunque el letrero será posterior), de estilo gótico flamígero, que actualmente alberga el Servicio Territorial de Fomento de la Junta de Castilla y León. Como se ve en la otra imagen, actualmente se complementa con una típica señal de prohibición de aparcamiento que, además de ser comprensible para los que no entiendan nuestro idioma, no hace necesario informar sobre la multa que te impondrán si no cumples su mandato. Seguro que el coste de la sanción supera con creces el del antiguo letrero. Mejor no saberlo, respetando la prohibición y no afeando con la presencia de vehículos uno de los hermosos rincones que esconde el casco viejo (la antigua morería) de la capital segoviana.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Adiós a la tienda de Juanito Rodríguez


Ayer estuvimos de compras. Me hacía falta algo de vestuario. Así que fuimos a uno de los comercios con más solera de Palma del Río, la tienda de Juanito Rodríguez. De este comercio ya hablé en otro momento. Así que tenemos que recordar algo de ello, pues en breve tiempo la tienda va a cerrar. Sí, tras más de cien años, el comercio de Juanito Rodríguez quedará clausurado por la  jubilación del regente actual.


El comercio lo fundó en 1907 Juan Rodríguez Pérez, de quien viene su nombre comercial (más bien el nombre popular, pues ellos se publicitan como “Confecciones Rodríguez”), pasando luego a Antonio Rodríguez García y más tarde a Antonio Rodríguez Rivera, quien se jubila con 69 años. Al no tener hijos que le sucedan en el negocio, se disponen a cerrar a fin de año. Antonio es el hijo mayor del anterior propietario y su viuda, Cándida Rivera Rodríguez, natural del pueblo cordobés de Belmez, que ha estado siempre presente allí. Cándida acaba de cumplir 100 años de vida, siendo, por ello, objeto de reconocimiento, en la pasada Semana Cultural de los Mayores, por parte de Ayuntamiento palmeño, a través del Instituto Municipal de Bienestar Social, junto a otras y otros paisanos también de avanzada edad. Sigue en plena lucidez a pesar de sus años, aunque los achaques de la edad también le afectan, como nos contaron Antonio y su mujer ayer en la tienda. Antonio tiene un hermano, Juan Pedro, maestro ya jubilado y miembro del grupo folk Azahares


El edificio del comercio está en la esquina de la calle Portada con la Plaza de España, frente a otro monumento arquitectónico de la misma época, la farmacia de Chacón. Y debajo de la vivienda familiar, donde vive Doña Cándida. Su fisonomía es propia del momento en que se fundó el establecimiento, con numerosos balcones en la planta alta, y varios escaparates en la baja. La tienda guarda la disposición del local primigenio, aunque con las correspondientes reformas, pues ya no se aprecian las columnas metálicas que aparecen en la fotografía antigua publicada por Diario Córdoba y cedida por la familia, ni tampoco son las mismas las estanterías (aunque siguen colocadas en la misma parte del local) y el mostrador es más moderno. La cerrajería se conserva en parte la original, sobre todo en la vivienda. En su interior, muy abigarrado, se exponen numerosas prendas entre las que perderse buscando la que nos venga bien.


Los artículos que se vendían antes (confección, textil, útiles del hogar, juguetería, mobiliario, ultramarinos... ) se han visto reducidos con el tiempo al comercio textil y confección, incluyendo de señora, caballero y niños. Eso sí con el toque clásico que le ha caracterizado siempre, aunque dispusiesen de ropa juvenil y de marcas conocidas. Ese matiz clásico hacía que fuese comercio apreciado por los que no nos guiamos por modas. Un comercio al estilo de otro establecimiento desaparecido del que hablé en otra entrada, la tienda de Delgado, que en mis tiempos de joven llevaron Antonio y Pepe Delgado, hasta la jubilación de éste, y ambos ya fallecidos, cuyo edificio, por cierto, ha sido recientemente demolido, perdiéndose ya lo que quedaba de la antigua Casa de Campo de la Casa Palacio del Marqués de Monte Sión. Una pena.


En la tienda de Juanito Rodríguez he comprado diferentes prendas a lo largo del tiempo, algunas que conservo todavía en perfecto estado, como el chaquetón verde que estrené en el viaje a Londres que hicimos en diciembre de 1999. U otro chaquetón negro, casi cazadora, que también está en uso y como nuevo. Ayer compré otras prendas, unos jerseys y otro chaquetón. Me quedé con las ganas de llevarme pantalones de pana (como he hecho en otras temporadas) o chinos, pues ya no había de mi talla. Lógico, pues es una de las más corrientes y solo quedaban más grandes o más pequeñas, y ya no reponen el género, pues están en pleno proceso de liquidación


Una pena que exponentes del comercio tradicional, con tanto sabor e historia, se pierdan como va a pasar con la tienda de Juanito Rodríguez, al jubilarse Antonio, al que muchos llaman “Juanito”, como al fundador, y cuyo estilo de venta atento, minucioso y parlanchín echarán muchos de menos. Ya no quedan lugares como éste, obligados a sucumbir ante el empuje de las marcas más apreciadas por los jóvenes, ante otros estilos de venta (con música machacona y dependientas uniformadas y maquilladas) impuestos por grandes cadenas, y por el desplazamiento de los puntos de venta a otras zonas del casco urbano, fuera del casco histórico, ahora más pobladas. El cierre es ya inevitable, pero ojalá el edificio no se pierda bajo la inclemente piqueta del derribo, para edificar un moderno bloque de pisos sin alma ni estilo. Una parte de la historia de nuestro pueblo desaparecería sin remedio.