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martes, 6 de julio de 2010

La arquitectura y el mecano

No me planteo una apología del juguete educativo. Ya hay muchos artículos y campañas en favor de este tipo de juguetes, aunque algunas veces no parezcan suficientes. Quiero hacer un ejercicio de memoria. Una apuesta personal por lo vivido.

El año pasado visitamos Navarra y País Vasco. Ya di cuenta de algunas vivencias de ese viaje en La isla tuerta. En Navarra visitamos el castillo de Javier, lugar de nacimiento de Francisco Jaso Azpilicueta, conocido después por San Francisco Javier, por el lugar donde vivió hasta que se enroló en la Compañía de Jesús y se dedicó a evangelizar el oriente lejano. Su nombre es el que yo llevo, gracias a mi hermana mayor. También estuvimos en Olite, cuyo palacio, en forma también de castillo, de influencia francesa, es otro ejemplo de lo que comento hoy. Ambas construcciones fueron reformadas en tiempos pasados para recuperar su esplendor. Algo artificial, pues me recordaron, tras ver imágenes del pasado que había expuestas en su interior, los modelos de aquellas maquetas de castillos que servían de juguete de construcción, como eran los Exin Castillos.

(Para seguir leyendo hasta el final pincha aquí, en La isla tuerta)

3 comentarios:

Alfonso dijo...

Juguetes educativos. Qué curioso. ¿Merecen llamarse 'juguetes' los juguetes que no educan?

SCHEVI dijo...

Si entendemos por juguete el objeto que sirve para entretener (definición RAE) no necesariamente tiene que ser educativo. Pero si lo entendemos como forma de socializar, de aprender a convivir en sociedad, entonces parece que todo juguete debe ser educativo por definición. Lo malo es ponerse de acuerdo en qué consiste la educación.

MuñEkiTa CaT dijo...

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