El concierto de los abanicos. Así definí la actuación de Mark Knopfler el domingo pasado en Córdoba, cerrando el Festival de la Guitarra que se celebra desde hace treinta años en esta ciudad ribereña del Guadalquivir. Abanicos aleteando sin parar y a gran velocidad, antes de empezar, sobre todo, durante (menos, pues se sustituyeron por cámaras de fotos, vídeos y móviles) y después, mientras se desalojaba la plaza. Una plaza de toros es un recinto especial, pues permite ver a corta distancia desde muchos puntos, pero cuando nos sumergimos en una de las noches más calurosas del julio cordobés (las peores del año), sus altas paredes dejan poco espacio para que pueda entrar aire fresco (si es que hubiese corrido algo), y convierten el recinto en una olla, cargada de anatomías sudorosas que caldearon el ambiente.
La plaza de toros estaba abarrotada, unas 12.000 personas, pues vendieron en la anticipada más de 10.000 y dejaron mil para taquillas, que, según dicen, se agotaron, quedando gente fuera del Coso de Los Califas. Lo cierto es que podían haber vendido más, pero en el tendido; no tanto en la arena de la plaza, que estaba a rebosar. Había zonas de grada vacías, que daban envidia al verlas, al pasar tanto calor en el redondel. Y eso que aquí eran las entradas más caras. Así que estar de pie y apretados como sardinas en lata, no era justo. Pero hubo que hacer el esfuerzo de soportar este inconveniente. La ocasión lo merecía.
Tuvimos la suerte de ocupar, sin embargo, un puesto menos agobiante, en la barrera, con los pies en el estribo, cual subalternos dispuestos a saltar ante el toro para clavar las banderillas al quite. Eso nos permitió ver entre la marea humana, a costa de estar colgados de un brazo, durante las casi dos horas que duró el concierto, con sus bises incluidos. Canas, calvas, también melenas añejas que se perfumaban con un olor antiguo de concierto antiguo, el olor a “maría” o a “chocolate”, ya casi olvidado. Un público mayoritariamente adulto, con años, que demostraba que el encanto que el abuelo canoso y calvo, que es ahora el antiguo líder de una de las bandas más idolatradas de los finales de los setenta y los ochenta, sigue vivo, con su estilo particular, moviendo gente de todo el sur peninsular.
La gente no cantaba a diferencia del concierto de Alejandro Sanz, que vimos en mayo pasado. Dos conciertos diferentes, por la música y los asistentes, mayoritariamente mujeres fans en aquel de la primavera. El domingo, o no se sabían las letras o no conocían los temas. Cosa que no me parece raro, siendo el guitarrista escocés de habla inglesa y teniendo una trayectoria más larga y un estilo más rock-folk el señor Knopfler. Empezó sueve y tranquilo, con lo que consiguió que el público enmudeciese y escuchase como si de un concierto de música clásica se tratara. Sí hubo pasión, sin embargo, cuando interpretó Romeo y Julieta y Sultanes del swing, con lo que la gente reconoció algo exitoso y al final gritó futbolísticamente “oé, oé, oé...” y fue de las pocas veces que el cantante se levantó de su asiento y se sumó al público acompañando al grito con su guitarra, rápidamente seguido por otros de sus músicos. Al principio también hubo fallos en el sonido, que me recordaron al concierto de A. Sanz. Llegó a haber un acoplamiento tan ruidoso que se callaron los instrumentos durante un momento, con la lógica pitada del público. Fue resuelto y el problema ya no se repitió. Magnífico, demostraron que la plaza de toros sirve para estos encuentros musicales.

Vimos al Mark Knopfler intimista, sereno, virtuoso, con el estilo personal preñado de blues, country y folk, con raíces celtas, que nos tiene acostumbrados desde que dejara su mítica banda, Dire Straits, allá a mediados de los años noventa. Tan sosegado, tranquilo, y melódico, que hizo su sesión casi permanentemente sentado, mientras sus acompañantes, músicos excelentes, se le acercaban y le apoyaban con un gran número de instrumentos: violín, contrabajo, gaita, flauta, teclados, guitarras acústicas, eléctricas, mandolinas, acordeón, batería...Aunque algunas de las versiones que hizo tuvieron un ritmo algo más acelerado de lo habitual, en algunos momentos.

2 comentarios:
Qué emoción se vive en algunos conciertos. Me ha gustado tu análisis.. Mira que la música de este hombre yo apenas la escuchaba, pero la busqué y me está gustando bastante.
Gracias por el re-descubrimiento.
Lo cierto es, que ha sido genial conocerte...
Gracias, eigual. Knopfler sigue siendo un tipo honrado con su música, no busca masas de admiradores, pero tiene legiones de fans a lo antiguo, de los que duran y gustan de una trayectoria tan coherente como ésta. Y es un guitarrista genial, de los que arranca sonidos, con una aparente facilidad, que asombra.
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