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sábado, 23 de julio de 2011

Tragedia en Noruega



Islamófobo, soltero, fundamentalista cristiano, de ideas políticas conservadoras, de extrema derecha, con intereses que van del culturismo a la masonería pasando por la caza o la música trance. Así definen al sospechoso principal de los asesinatos y atentados de ayer en Noruega, que se han cobrado ya al menos 92 muertos. Noruega, un país pacífico, ajeno hasta ahora de este tipo de brutalidades. 

Un supuesto grupo islamista parece que reivindicó los hechos, pero fue descartado por la policía, y este tipo, con algún cómplice, es el sospechoso más verosímil. Algunos ya bramaban por una nueva cruzada, pero tendrán que esperar. "En todas partes cuecen habas". Hasta los chicos rubios, de ojos verdes, de buena familia, con formación, uno de los típicos granjeros, aparentemente pacíficos y cultos, habitante de uno de esos países nórdicos, ejemplo de discreción, educación, solidaridad, sacrificio, laboriosidad y tesón calvinista, pueden desencadenar una matanza como ésta.

Mis condolencias para las víctimas y sus familias. Mi condena para el o los asesinos.

6 comentarios:

EL QUINTO FORAJIDO dijo...

Maldito tarado.

María dijo...

En Suecia y Noruega hay mucha xenofobia.
Esta masacre es una consecuencia de tales posturas cada vez más arraigadas en los países nórdicos.
¡Qué horror!

Alfonso dijo...

Me enteré de esto estando en la radio, y me quedé rayado. Estaba preparando una entrevista con un chico que venía de Méjico, y me dijo: esto pasa allí todos los días.
Nos asustan unas muertes más que otras. Qué miedo me da la muerte acostumbrada.

SCHEVI dijo...

Tarado o no es un auténtico y repugnante criminal que no se merece exención o atenuante alguna por su barbarie, Quinto Forajido.

SCHEVI dijo...

Sí, es un horror la extensión de las posiciones racistas, xenófobas y fascistas que padecemos en muchos países, María.

SCHEVI dijo...

¿Qué callos se pueden formar en nuestra mente y nuestros sentimientos, como para ver como normal estas atrocidades? No me gustaría vivir en un México así, Alfonso. Ojalá no nos ocurra lo mismo por aquí.