
Según el diccionario de la Real Academia, en su primera acepción, villano es Vecino o habitador del estado llano en una villa o aldea, a distinción de noble o hidalgo; y en su tercera Ruin, indigno o indecoroso. Por su parte ciudadano, en su primera acepción, es Natural o vecino de una ciudad; y en su tercera, Habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país; y en el cuarto, Hombre bueno.
Curiosamente hay un paralelismo entre los respectivos significados, el primero describe, el otro valora: villano tiene una valoración negativa, ser ciudadano supone un plus de libertad, de virtudes convivenciales, de autodeterminación y modernidad. Eso, teóricamente, pasó hace 120 años: reafirmamos nuestra libertad y el paso a la modernidad. Teóricamente, (algo muy propio del utopismo liberal) porque muchas veces, al tratar tanto con vecinos, políticos, sindicalistas, empresarios, sacerdotes, profesionales, etc., uno tiene la impresión de que seguimos siendo villanos...pero en su tercer sentido. Y nos queda todavía mucho para ser, de verdad, una ciudad.
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