En nuestro último viaje hasta ahora hemos estado por la comunidad de La Rioja. Si bien hemos visitado otras tres comunidades, la mayor parte del tiempo ha transcurrido en esta provincia famosa por tener el nombre de una de las comarcas vinícolas más conocidas de nuestro país.
Una de las excursiones programadas fue al municipio de Cañas, localidad donde nació Santo Domingo de Silos y en el que se sitúa un monasterio, la abadía cisterciense de Santa María del Salvador. Los Cistercienses promovieron en 1098 una reforma dentro de la Orden Benedictina, buscando la vuelta a los orígenes de la Regla de San Benito. Este monasterio fue creado en 1170, para que se instalaran allí monjas de clausura, congregación que todavía lo ocupa. El edificio fue levantado en varias etapas, presentando estilos diferenciados: románico, gótico, renacentista y neoclásico. Destaca el ábside gótico de la iglesia con ventanales ojivales de fina factura (que recuerdan cañas), y que en lugar de estar ocupados por vidrieras, están tapados con alabastro (como en el románico). Hay muchos más motivos interesantes en este edificio, pero me detendré en algo muy llamativo.
Una de las dependencias principales es la sala capitular. En ella se encuentra el sepulcro de Urraca Díaz de Haro, hija de Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya, que donó los terrenos para edificar el monasterio. Fue abadesa y se le considera segunda fundadora del convento. Es una obra magnífica del gótico.
(Para continuar leyendo, y descubrir el misterio del sepulcro, haz click aquí, en La isla tuerta)

3 comentarios:
El sentido de ese simpático altorrelieve gótico no se le escapa a nadie, amigo Schevi. El fraile, con su báculo en la mano izquierda y su cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, en ademán de estar dirigiéndose a la monja, tiene una significación inequívocamente picaresca.
Le falta la mano derecha, lo que puede ser meramente accidental, aunque permite también suponer que le fuera amputada intencionadamente, con el fin de ocultar alguna señal poco ejemplar para la honestidad y buenas costumbres del clero,
Tengamos en cuenta que la Baja Edad Media fue muy permisiva en materia de conductas licenciosas entre el clero. Lo tenemos en la literatura y no creo necesario demostrarlo. En caso necesario, echadle un vistazo al Satiricón o al Lazarillo. En el mejor de los casos, la existencia de las barraganas de los curas era admitida con normalidad por la opinión popular.
También es de tener en cuenta que los conventos de monjas medievales no eran lo que hoy conocemos, pues en ellos vivían mujeres que no profesaban con sus votos en una determinada orden religiosa, sino que eran acogidas en sus claustros por causas muy diversas, entre otras, la orfandad, la soltería o la viudedad.
El Concilio de Trento, ya en el siglo XVI, ante la necesidad de reformar las normas de vida en el seno de la Iglesia e intentar atajar la reforma protestante, decretó el cumplimiento del celibato entre los miembros del clero, la creación de seminarios para la formación del sacerdocio y la ejemplaridad de vida de obispos y altas jerarquías eclesiásticas.
Así que, repito, no tiene nada de particular que en algunas figuras escultóricas de capiteles u otros adornos de aquellos conventos o monasterios, de la Baja Edad Media principalmente, aparezcan representaciones de clara intención satírica sobre la sexualidad de los frailes.
Como muy bien dices, “la jodienda no tiene enmienda”, y al pueblo siempre le ha divertido, de manera especial, bromear con las licencias sexuales del clero. En el refranero castellano tenemos ejemplos sobrados de ello, algunos muy divertidos.
Saludos.
Muchas gracias por tus aportaciones, amigo Octavio. Añado algo. La entrada en conventos, incluso de clausura, como éste, también se producía por motivos políticos y financieros. Muchas abadesas lo fueron debido a su cuna y a la gran dote que aportaron al monasterio. Este es el caso de Urraca, que contribuyó a la edificación de este convento. Hay otros "motivos arquitectónicos" en esta abadía curiosos que comentaré en otras entradas, y que corroboran a esa diversión popular de la que hablas.
Saludos
Para visitar un convento de monjas de la realeza y aristocracia, nada como el llamado Monasterio de las Descalzas Reales, en la plaza de la Encarnación, junto a la Plaza de Callao, en Madrid. Allí profesaban las señoras de la realeza, en tiempos de los Austrias, y en las paredes pueden verse retratos de los niños de aquellas damas (algunos con claras señales de subnormalidad, a causa de la atroz consanguinidad), que los llevaban consigo para consuelo.
En nuestro Convento de Santa Clara, sin ir más lejos, en los años de la posguerra, una de las monjas pertenecía a una familia de señoritos ricos de aquel momento, apellidada Martínez.
Pues bien, como eran años de gran penuria y la monja rica aportaba bienes al convento, manteniendo a su vez una cierta independencia respecto de la superiora, el claustro se encontraba dividido entre las monjas partidarias de la superiora y las que simpatizaban con la de familia acaudalada. Eran frecuentes en el pueblo los dimes y diretes a causa de las disensiones de ambas monjas entre sí, secundadas por sus respectivas partidarias.
Aquel ambiente tan poco propicio al recogimiento espiritual y a la modestia de la vida cenobial debió influir en la decadencia y cierre del convento por parte de la autoridad eclesiástica.
Saludos.
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