
Eran otros tiempos, eran otras reglas y costumbres. Se les llamaba caballeros, se les estimaba buenos ciudadanos, honrados, respetuosos de las normas. Resolvían sus controversias de forma deportiva. Deporte y entretenimiento para los aldeanos, descendientes de los que habían conquistado un imperio en ultramar.
También era una forma fácil de ganar dinero en las apuestas. Era sábado, tras las faenas del campo, dos vecinos hicieron planes. Aquella noche, John y Cedric irían al combate de boxeo. Y después, a tomar una buena pinta de cerveza al pub “El caballo volador”. Era estupendo que la jornada de la feria de ganado terminase con un buen combate. Ya habría tiempo mañana, tras la misa en la abadía, de llevar a sus esposas al recinto, comprar alguna res y acabar el fin de semana con un estupendo asado de buey
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