viernes, 1 de octubre de 2010

Vehículos singulares

Ayer hablé del aniversario del troncomóvil, a costa del cincuenta cumpleaños de Los Picapiedra. Esto me hizo desempolvar unas fotografías que hice este año en nuestra estancia en Pamplona


Paseando por la capital navarra nos encontramos un vehículo especial, un vehículo aparcado a la puerta de un comercio que servía de soporte publicitario a la gente, a tenor de los carteles que tenía colocados. Era un triciclo que, por su apariencia, debía de tener casi tantos años como el cochecito de Pedro y Vilma. Muy coqueto, pintado de varios colores y cubriendo una aparatosa  y añeja capota el asiento de los pasajeros. No tenía manillar, aunque sí un sistema de frenado con palanca, como el freno de mano de un coche. Con letreros de colores pintados en su "carrocería".


Algo similar el carro de reparto que usaban los panaderos de mi pueblo. Un vehículo parecido al que se ve en esta otra imagen antigua. Me acuerdo de pequeño que salíamos a la calle y mi madre hacía la compra diaria de panes y rosquillos, cuando avisaba con su timbre. Era blanco y lo conducía un señor siempre con el pelo rojizo, muy corto y puntiagudo. Y el olor a pan caliente que desprendía era un verdadero placer.


Sin embargo el modelo expuesto tiene características más parecidas a los antiguos taxis orientales que al típico triciclo de carga. Pero si lo traigo a colación hoy es por su apariencia antigua. Es una reliquia adaptada a los tiempos actuales, como era el troncomóvil: un automóvil con caracteres prehistóricos.



Claro que, para adaptaciones casi prehistóricas de medios de transporte, por la crisis, ejemplos en la red haberlos haylos a puñados.

2 comentarios:

__MARÍA__ dijo...

Uy sí esos últimos, los del pan.
Había uno en Ronda hace miles de años, cuando Pedro y Vilma iban al colegio, pero que en lugar de llevar pan, llevaba bollos de leche y suizos...hummm qué olores.
Me ha transportado tu entrada a esos días de mi infancia.

Besos

SCHEVI dijo...

También llevaba dulces, bollería y otras cosas, seguro que riquísimas, pero mi madre no lo compraba, cachis!. De todas formas creo que esa imagen del carrito del panadero, a los que tenemos una edad superior a los niños del botellón, seguro que nos trae buenos recuerdos de la infancia.

Besos.