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lunes, 12 de mayo de 2025

Salud, más salud


Ayer, tras el paseo vespertino, le llevé a Ana la máquina de recortar la barba que uso habitualmente, para que me cortase el pelo, el poco pelo que me está quedando desde hace unos días. Me dijeron que se caería de repente, pero en mi caso no ha sido así, haciéndolo poco a poco y manteniendo unas greñas, que ya desagradaban. Así que, recorte y arreglado. 

Entre mediados y finales de noviembre del pasado año, empecé a sentir molestias al comer, en lo que yo pensaba era el estómago, como si me apretasen este cada vez que tragaba los alimentos. Las molestias se fueron tornando en dolores, cada vez más fuertes, en las semanas siguientes. Mi médico me recetó un par de tratamientos, que no daban resultado satisfactorio, así que me derivó al especialista de digestivo. Tuve cita el 12 de febrero. Me pidió dos pruebas, una endoscopia y una colonoscopia, pues repasando los resultados de un análisis anterior para la revisión de la trombosis que me diagnosticaron en febrero de 2024, vio que aparecía un marcador tumoral alto y era conveniente examinar también esta parte («para ir descartando»). 

El 27 de febrero me hicieron la colonoscopia en el Hospital Universitario Reina Sofía, sin resultados preocupantes (me quitaron un pequeño pólipo y me tomaron muestras de una posible úlcera ya cicatrizada). El 5 de marzo llegó el turno de la endoscopia y el resultado fue muy diferente: todavía con los efectos de la sedación, me comunicaron que habían encontrado algo «maligno» en el esófago, aunque faltase la confirmación con las biopsias. A partir de ahí mi caso pasaba a un equipo de especialistas para afrontar el problema. Y nos avisaron que me vería envuelto en una espiral de pruebas, consultas, etc. El 6 de marzo me entrevisté con la enfermera coordinadora, que me mandó unos análisis y me citó para una TAC para el lunes siguiente, coincidiendo con la eco-doppler que me hicieron para la revisión de la trombosis, enfermedad que persiste y que, por tanto, estoy simultaneando. El día 11 me vi con la enfermera y la especialista de digestivo, que me confirmó el cáncer de esófago, tras la TAC, y me avanzó que el miércoles 12 mi caso pasaba al equipo de tumores para acordar el tratamiento, y la derivación a Oncología. Eso sí, con la buena noticia de que estaba el tumor localizado y no aparecía extendido en los órganos de las proximidades. El 21 tuve la primera cita con la oncóloga, que, tras la exploración, me indicó el tratamiento previsto: 4 ciclos de quimioterapia, operación y otros cuatro ciclos de quimio. Además de la realización de un PET, cosa que se llevó a cabo el 26. El 27 estuve en el servicio de Endocrinología del Hospital, también. 

El 7 de abril, tras una extracción para análisis de sangre, tuve la segunda consulta en Oncología. Y por la tarde me instalaron un reservorio, un implante de acceso venoso central, conocido como un «Port-a-Cath», mediante cirugía en el Hospital Provincial. Eso permitió que el jueves 10 me diesen el primer ciclo de quimioterapia en Hospital de Día (la primera foto es de esa sesión, precisamente). Previamente, el día 9 tuve la primera cita con el cirujano que me operará, quien me indicó que debía perder peso y ponerme en forma, además de ir al rehabilitador para darme pautas de respiración (cosa que me toca mañana 12 de mayo). El cirujano me comentó las dificultades y riesgos de una intervención de este tipo, más aún cuando, como en mi caso, tomo anticoagulantes por la trombosis, un riesgo añadido a los demás. 

Desde entonces he tenido dos ciclos más de quimio, con los efectos secundarios correspondientes (astenia, diarrea, hipersensibilidad en manos y pies, caída del cabello, como comentaba al principio, debilidad, hongos y aftas bucales, hemorragias nasales…), pero no he dejado que estos efectos me hundiesen el ánimo y la moral. El mismo día de la endoscopia salí con la idea de que me tenía que curar. Desde que me prescribieron la colonoscopia ya empecé a sospechar sobre cáncer, con lo que estaba «sobre aviso». Pero, como le dije a la enfermera, ya no estamos como hace 30 años, cuando si te daban esta noticia, la pregunta al médico era cuánto tiempo te quedaba de vida. Afortunadamente y gracias a la ciencia, son muchísimos los cánceres que se curan (y he conocido más casos de esos entre personas conocidas, de los que me hubiera podido imaginar). Y, si hay que luchar, se lucha. Incluso yo mismo animé a mi mujer en ese momento de impacto emocional, y le dije que al día siguiente volvía al trabajo. No me iba a pasar el día en mi casa dándole vueltas a la cabeza y pensando en la mala suerte que había tenido. De hecho, hasta la operación de instalación del Port-a-Cath, no he estado en baja, y he acudido a trabajar casi con normalidad (solo faltando por la citas médicas), culminando el traspaso del trabajo pendiente a las compañeras de la Secretaría del Ayuntamiento de Fuente Palmera, donde soy funcionario, y cuyos compañeros y compañeras, tanto corporativos como empleados, han estado desde el primer momento apoyándome (cosa por la que les doy las gracias). Además empecé pronto a comunicar a familiares y amigos mi situación, lo que me ha permitido conversar y verbalizarla, ayudándome mucho a la hora de mantener el buen estado de ánimo, gracias al afecto demostrado por ellos. Y el buen ánimo cura. 

Mi familia, especialmente mi mujer, Ana, está siendo un apoyo fundamental en todos los sentidos. Me siento arropado y querido, cosa que, sin duda, incide en las posibilidades de curación. Es muy emocionante el sentir las buenas vibraciones que me transmiten, incluido el personal sanitario que me está atendiendo, cuya empatía y buen hacer son de mucho agradecer. Los efectos beneficiosos de la quimioterapia también los estoy notando desde hace algunos días. Ya no me duele al comer, y casi no tomo analgésicos. Buena señal.


Y si hay algo que me impulsa más a luchar, lo que me da más ganas de vivir, es ese afecto, al que se añade el de una personita que hace 21 meses se incorporó a nuestras vidas, y que tiene toda la suya por delante, nuestra nieta María. La que me llama «bubu», la que corre cuando nos ve al llegar a casa y nos abraza contenta. La que sonríe en mis brazos, cuando la cojo tras hacerme correr tras ella por el jardín. Esa a la que queremos con locura sus padres, abuelos, bisabuelos, tíos, primos y demás (hasta los perros). Como he dicho más de una vez, a mi nieta espero acompañarle de la mano cuando se gradúe en la Universidad, o donde ella quiera. Y voy a hacer todo lo que pueda, y más, para verlo. Me he preparado esta camiseta para ahora, cuando llegue a casa, recibirla como se merece. ¡Esta sí que es una inyección de vida!

Espero que pueda seguir escribiendo, aunque sea con menos dedicación y con más dificultades, como me ha pasado con mi colaboración anual en la revista de la Feria de Mayo de Palma del Río. Pero, esta batalla la vamos a ganar. Tendré salud, más salud ¡Viva la vida!

domingo, 23 de junio de 2024

Salud


Cuando la pandemia del Covid 19 solía felicitar los cumpleaños y otras celebraciones deseando felicidad y salud. Lo segundo, obviamente por motivos lógicos, pues qué mejor deseo que no padecer una enfermedad, como la hasta entonces con repercusión desconocida, causada por un virus nuevo. Mi última entrada en el blog fue también felicitar, el 31 de diciembre pasado, por la entrada en el año nuevo, con una de las imágenes que capté hace años en una visita al Parque Nacional de Doñana, con una naturaleza hermosa. Entonces me sentía mal y esa imagen me reconfortaba de alguna manera. Por la tarde, cuando Ana, mi mujer, volvió de casa de las hermanas, donde habían estado preparando la tradicional cena de Nochevieja, me trajo un test del covid y di positivo. Otro año más, el segundo consecutivo, encerrados en casa, aquejado de la dichosa enfermedad, de la que, seguro, me contagié en la "tarde buena" del 24 de diciembre. Menudo comienzo de año. Tuvimos que improvisar una cena para los dos en mi casa y felicitar a la familia y amigos desde el WhatsApp.


Pero no ha sido este el único problema de salud. Como había ganado mucho peso en las Navidades y antes, y este año teníamos la boda de Anita y Miguel, volví a hacer ejercicio con la bicicleta estática que me había buscado hace unos años y con la que pretendía ponerme en forma. Vamos sumando años y cada vez es más difícil perder kilos y mantener la agilidad. Así que, con irregularidad, por cierto, me puse a "hacer kilómetros" por las tardes dentro de casa. Además me iba a venir bien para mi idea de disfrazarme en carnaval y pasar el Domingo de Piñata entero en la calle disfrazado, como en los viejos tiempos. A mediados de febrero empecé a sentir dolor en la pierna izquierda y mis varices se estaban inflamando. Ya el día 12 de febrero usé por última vez la bicicleta, pensando que me habría lesionado de tanto abusar en tiempo y supuestos kilómetros. El 18, Domingo de Piñata, salimos disfrazados, como había previsto, y por la noche, casi tenía que ir arrastrando la pierna por el dolor. El martes conseguí cita con el fisio para que me tratara el miércoles 21, afortunadamente, pues solo caminar y conducir eran un verdadero suplicio. Cuando me tumbé en la camilla me dijeron que eso no tenía pinta de lesión muscular ni de tendones, que parecía una flebitis. Me recomendaron acudir al especialista cardiovascular. De allí me fui a mi médico que, tras reconocerme, me indicó que fuese a urgencias al hospital Reina Sofía, que no esperase a pedir cita, ya que podría ser una tromboflebitis, y el riesgo de embolia, si se soltaba algún trombo y se desplazaba por la vena hasta, por ejemplo, un pulmón, podría tener consecuencias muy graves.

Eso hicimos, nos fuimos a urgencias y allí estuvimos toda la madrugada, haciéndome prueba tras prueba, hasta que en radiología, cuando me hicieron una ecografía, me confirmaron que tenía "un trombo enorme", y que me derivaban a medicina interna. Allí me reconocieron y me hicieron un informe para pedir cita en medicina externa del hospital, recetándome heparina e inyectándome la primera dosis. El informe decía: "Se objetiva contenido ecogénico en cayado que se extiende por safena mayor en todo su trayecto. Hallazgos en relación con extenso trombo."

El especialista de medicina interna, que me vio más de cuarenta días después, me confirmó la gravedad del asunto al afectar al cayado, una parte de la safena que comunica con otras venas internas, por donde se puede escapar algún trombo y alojarse en el pulmón y me cambió el tratamiento de anticoagulantes (estaba cansado de tanta inyección), dándome cita para finales de mayo, mandándome análisis y nueva ecografía previamente. Durante más de tres meses he estado de baja laboral, hasta el 31 de mayo, ya que de la ecografía posterior se deduce que tengo: "Trombosis completa de vena safena magna que comienza unos 6 cm distal al cayado y afecta a los tercios medio e inferior del muslo." Es decir, que sigo teniendo dos tercios de la safena con trombosis, aunque el cayado ya no esté afectado. Vamos, que sigo enfermo, aunque podamos haber salido de la zona de peligro, posiblemente, y ya pueda seguir "Dieta y régimen de vida normales." Con un tratamiento de anticoagulantes durante un año, y con revisión en diciembre.

Y en esto nos encontramos, con una enfermedad de larga duración, durante la que he perdido más de diez kilos de peso, por una dieta autoimpuesta, y por los numerosas caminatas que he hecho y debo seguir haciendo, ya que también es bueno para diluir el trombo. Por eso llevo sin publicar nada en lo que va de año, ya que son pocas las ganas que he tenido de escribir, con una baja de larga duración, con dolores, con miedo, con dificultades para moverme, desanimado. Aunque, por fin, estoy volviendo a la normalidad, pese a la enfermedad.


Ya Ana y Miguel se casaron a principios de junio, pidiéndome que les oficiase la ceremonia privada, que salió muy bien y muy emotiva, con su preciosa niña acompañándonos en un lugar muy hermoso. Luciendo yo "tipito" (lo que pude), y olvidando por un momento mis problemas de salud. Problemas que, desde ahora, espero, no me impidan seguir atendiendo el blog.