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jueves, 5 de junio de 2025

Los diteros


Como otros años anteriores, publico mi correspondiente artículo para la revista de la Feria de Mayo:

En la posguerra España vivió grandes penurias económicas y de todo tipo. El aislamiento de nuestro país, bajo una dictadura, se agravó por la colaboración del régimen de Franco con las potencias del Eje Alemania-Italia, perdedoras de la Segunda Guerra Mundial, con lo que no pudimos aprovecharnos de la ayuda del Plan Marshall, que se aprobó por los Estados Unidos para la reconstrucción de Europa occidental tras esa atroz guerra. España optó por una política autárquica y proteccionista, que, entre otras cosas, impuso el racionamiento de los bienes de primera necesidad en los primeros años del Franquismo. La imagen de la cartilla de racionamiento, a nombre de mi abuela materna, Belén Nieto, es un recuerdo de aquellos tiempos de escasez.


Las clases humildes tenían acceso muy limitado a determinados bienes, y como no funcionaban las tarjetas de crédito, ni los bancos prestaban fácilmente, la única manera que muchos tenían para adquirir algunos bienes, como ropa, calzado, menaje de cocina (ollas, sartenes, paletas...), mantelerías, toallas y demás, era pagando a plazos, sistema que la mayoría de los comercios de aquella época tampoco se podían permitir. Hubo entonces una profesión, el ditero, o la ditera, porque también hubo mujeres, que vendían a cargo de un proveedor o adquirían bienes para revender cobrando a plazos, con cantidades pequeñas, a las que sumaban su porcentaje de beneficio. Estos diteros beneficiaron a muchas personas que, de esta manera, podían hacerse con mercancías, que, de otra manera, nunca podrían haber estado al alcance su mano. Para colmo garantizaban los pagos nada más que con la palabra del cliente, con lo que asumían el riesgo de las operaciones.


Los diteros iban casa por casa ofreciendo sus mercaderías, primero, y luego cobrando la dita, que, como lo define el Diccionario de la Real Academia, es un “Pago a plazos, en pequeñas cantidades, fijadas por el comerciante o por el cliente y, en ocasiones, con incremento del interés sin el conocimiento de este.” La deuda la anotaban en hojas por cada cliente donde escribían los pagos o los justificaban con un sello por cada pago, y esas hojas las añadían a un libro formado por unas tapas, generalmente de madera o hule, cosidas con unos largos tornillos sujetos por palomillas, alcanzando casi siempre un gran grosor, como vemos en la imagen, sacada de internet, en la que aparece en medio del grupo un ditero con su mazo de hojas, y sus ayudantes, uno de ellos con mantas en el hombro y en el suelo con un gran canasto cargado de mercancía para la venta. 



Tras la venta, el ditero o la ditera pasaba periódicamente casa por casa a cobrar esas pequeñas cantidades con las que se iban pagando. O, al menos, lo intentaban, ya que no era infrecuente que el deudor o la deudora (ya que generalmente eran las amas de casa las que se acogían a esta forma de adquirir bienes de primera necesidad o imprescindibles para el ajuar doméstico) no hiciese frente al pago, poniendo todo tipo de excusas para demorar la satisfacción del plazo correspondiente. Se cuentan muchas anécdotas al respecto, como la de responder al ditero, cuando llamaba a la puerta nombrando a la señora, con un “no está”, cuando era reconocible la voz de la interpelada como la de la misma deudora. Incluso se daba el caso de que ese deudor se escondía tras una puerta o una cortina dejando entrever sus pies, y teniendo el ditero que hacer como si no se hubiese percatado de ello. Hojeando la revista Guadalgenil del 31 de enero de 1960, encontré un artículo de Rafael Carrasco Torres, donde cuenta una de esas anécdotas donde relata estas situaciones, cuyo texto reproduzco: “Días pasados llegó a una casa de pisos el cobrador de una sociedad de entierros y cuando el cobrador desde abajo repetía el nombre de una presunta beneficiaria, que no quería darse por enterada, haciéndose la sorda, una vecina le aclaraba: ¡Los muertos, mi “arma”! A lo que ella, malhumorada, respondió: ¡Los tuyos, “so esaboría”!”


Este sistema fue muy habitual en Andalucía y, también, como no, en Palma del Río, donde el pago por plazos, o la dita, también se empleó incluso por personas acomodadas, para conseguir, por ejemplo, ropa como trajes de chaqueta y corbata, muy usados entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Ni que decir tiene que electrodomésticos, como aparatos de radio o lavadoras, también fueron adquiridos mediante esta forma de pago a plazos. E incluso yo he conocido a personas que vendían joyas de oro o plata, producidas en los conocidos y famosos talleres cordobeses, cobrando a dita el precio de las alhajas, a los clientes habituales y que eran de fiar.



En el programa “Tal como somos” de Canal Sur Televisión, en uno de los espacios que dedicaron a Palma del Río, en 1996, además de otros personajes de la vida social palmeña, como por ejemplo, mi suegro Miguel Santos Enríquez, que fue entrevistado en relación al libro “Motegrafía palmeña”, sobre los motes o apodos que él recopiló relativos a paisanos de nuestra ciudad, también fue entrevistada María López Postigo, que, junto con su marido, Eduardo, ejerció la profesión de ditera en Palma, tras trasladarse ambos desde Málaga en 1953. A ellos los conocí, pues con María y otros alumnos coincidí representando una obra de teatro montada por el Taller de Teatro del Centro de Educación de Adultos Al-Sadif, el “Farsón de la Niña Araña”, una de las “Farsas Maravillosas” de Alfonso Zurro, de la compañía La Jácara de Sevilla. En esta entrevista también contó algunas anécdotas graciosas de las que vivieron mientras ejercieron de diteros.


Que duda cabe, que los diteros facilitaron la mejora de las condiciones de vida, sobre todo de los más humildes, en unos tiempos en los que todavía no se había impuesto la sociedad de consumo actual, y en los que el nivel de vida era más bajo. En los años sesenta y setenta, con la mejora de las condiciones económicas, por la apertura de nuestro país al mundo occidental, y los acuerdos con los Estados Unidos, con su ayuda correspondiente, el nivel de vida subió, con los  planes de desarrollo y la extensión de la financiación. La letra de cambio, con el famoso treinta, sesenta y noventa, fue sustituyendo al sistema de dita para acceder a más bienes. Los comercios comenzaron a emplear la venta a plazos, y el crédito bancario se extendió. Los medios “modernos” como el cheque y la tarjeta de crédito se fueron generalizando, como también aumentó la producción y variedad de las mercaderías. La venta casa por casa se empezó a emplear para otros productos más “de calidad”, como las entonces célebres y muy ansiadas enciclopedias, o más lujosos y caros, como los cosméticos. Esto hizo que la profesión de ditero o ditera fuese menguando, y muchos de ellos se instalaron en establecimientos o comercios fijos, abandonado el peregrinar casa por casa. Hasta llegar a desaparecer como desapareció el estraperlo o la cartilla de racionamiento de la que hablaba al principio del artículo.



Los diteros y las diteras merecen un recuerdo, entre romántico y entrañable y agradecido, ya que ayudaron muy mucho a mucha gente, aunque para algunos su sola presencia provocase el miedo a no poder hacer frente a sus deudas y otros los considerasen unos personajes nada simpáticos. Algo realmente, en muchos casos, lejos de la realidad. Su sacrificio, con jornadas de sol a sol, visitando diariamente casa a casa para entregar bienes y para cobrar las deudas, también se merece el reconocimiento, aunque, afortunadamente, ya no sea una profesión tan necesaria con antaño.

martes, 6 de junio de 2023

Las discotecas, de las pioneras a hoy día

Salón del Club Juvenil, con los aparatos de efectos luminosos que instaló la OJE. Foto del Archivo municipal.

La feria es sinónimo de fiesta, de diversión. Cuando éramos jóvenes las ferias eran un momento especialmente esperado para una diversión diferente. Aunque también durante las ferias algunas maneras de divertirnos, de disfrutar de las fiestas, coincidían con las que conocíamos durante el resto del año. Era el caso de las discotecas, de los bailes, que algunos de ellos trasladaban su sede en el verano hasta el Paseo para seguir funcionado al aire libre.

El Candil o Munsters Club. Entre otros, Antonio Peréz Limones, Conchi Vargas, Paqui Ruiz. Y Julio Lopera. Principios de los setenta. Foto de Manolín Fernández, cedida por Paqui Ruiz.

En invierno existió durante unos años el Mesón El Candil, en la Calle Cuerpo Cristo, que en verano se trasladaba, como hemos dicho, al Paseo. Lo fundó el cura Don Tomás, Tomás Pérez, sacerdote que dejó una profunda huella en Palma y que murió en Villafranca hace años. El Mesón El Candil ocupaba una casa antigua con un bonito patio, donde edificaron la sala de baile y la barra de bar, al que se entraba por un largo pasillo. Tenía árboles y el sabor de una casa típica de la arquitectura popular palmeña. En la planta alta había una vivienda donde se alojó la familia Lopera,  cuyos hijos fundaron la Imprenta Lopera con empleados de la antigua Imprenta de Leonardo Fijo. La discoteca tuvo varias épocas de vida, siendo gestionada por varias personas, entre otras, Antonio Pérez Limones y Manolín Fernández, los dos del grupo local de "música ligera" (como se decía entonces) Los Munsters, y con el nombre de Munsters Club fue conocida, desde entonces. Ahora permanece cerrada. 


Otra discoteca o baile frecuentado era el de la Organización Juvenil Española, que compartía el edificio anejo al Ayuntamiento, entrando por al calle Ruiz Muñoz, con la Escuela Unitaria de Niños dependiente del Consejo de Protección Escolar del Frente de Juventudes que dirigía Antonio García Chaves. El salón del edificio disponía de salas de juegos, de lecturas, de televisión, etc, y era la sede de la OJE, que ofrecía sus actividades como los campamentos, excursiones, actividades deportivas o la famosa banda de cornetas y tambores, y era usado los fines de semana como discoteca, a la que asistíamos dando los primeros pasos como jóvenes "bailongos" los amigos del barrio y del instituto. En la Transición Democrática se abrió allí el Club Juvenil, gestionado por diversas asociaciones juveniles y culturales. Sus bailes se siguieron desarrollando en el salón principal, ocupando los disc-jockeys una parte que se había cerrado con una valla de ladrillo y reja en el zaguán de la entrada por Ruiz Muñoz. Djs fueron, por ejemplo, Francisco Gómez, "Quiquín", y mi hermano Roberto, amantes de la música y los aparatos eléctricos. 


Elección de la reina de las fiestas. Entre otros, Juan Liñán, Emilia Reyes, Rafael Ceballos, M. Carmen Peso, Brígida Trujillo, Miguel Delgado, M. Victoria Peso, Antonio Delgado y Belén Flores. Atrás varios componentes de Los Munsters. Foto de Paqui Ruiz.

Volviendo a las ferias y a los veranos en general, estos bailes, que hemos comentado, se desarrollaban al aire libre en las dos casetas que había en el Paseo Alfonso XIII. El Mesón El Candil, luego Munsters Club, se trasladaba al final del Paseo a la izquierda. Recordamos sus muros blancos y su mobiliario: cajas de madera para naranjas con la base tapizada, como asientos, o las mesas, en forma circular con un agujero en medio. Además de los paneles con fotografías de cantantes o artistas del cine que colocaban en los muros de la fachada, mirando al exterior. Durante la época de Don Tomás se realizó allí un concurso, entre jóvenes palmeñas, de reina de las fiestas, con sus damas de honor, durante varias ediciones de Feria.


Caseta de verano de la OJE, luego del Club Juvenil. Foto del Facebook de Pepe Ortega.

Enfrente, estuvo la discoteca de verano de la OJE, que, al igual que la anterior, trasladaba sus instalaciones cuando acababa el invierno. Allí, además, esta organización juvenil  celebraba actos y competiciones de deportes de salón, como ajedrez, tenis de mesa, etc. Sus arcos de ladrillo, enrejados y también blancos, como sus muros, tenían entrañable sabor. Ambas casetas, que compitieron por captar a los jóvenes de varias generaciones, desaparecieron con las obras del Paseo de los años 90.


Entrada del Munsters Club en la Feria. Foto de Francisco Gómez, "Quiquín".

Más "bailes" de feria se celebraban en las dos casetas de obra que había, y cuyos edificios perviven, ya adaptados a los nuevos tiempos, como eran la Caseta de la Amistad, propiedad del ayuntamiento, a la izquierda, y la del Casino, o Círculo de Recreo, a la derecha, que era privada. También, ya en los años ochenta, el ayuntamiento se hizo con el Cine Coliseo España para destinarlo a caseta de Feria, que estuvo funcionando antes de hacer las obras del Teatro, como establecimiento de hostelería durante el verano, celebrándose diversos eventos festivos como conciertos musicales, teatro, cine, etc.


Componentes del grupo Los Munsters. Foto del Facebook de Paqui Ruiz.

Después de tener el Munsters Club, Antonio Pérez Limones fundó la Discoteca Tato´s. La gran discoteca de Palma. Famosa por sus bailes de carnaval, o de nochevieja. Y por los desfiles de modelos, bodas, conciertos y otros actos. Tenía dos pistas, la de “rápido” con música propiamente discotequera, con muchos efectos luminosos, a la que se bajaba por unos escalones y la de “lento”, donde sonaban baladas, para el “baile agarrado”, sin iluminación estridente, a fin de no molestar a las parejas danzantes, en la que aprovechábamos su oscuridad para escarceos erótico-festivos, fuera de miradas indiscretas. Además de la barra y los asientos y mesas repartidos por ambas zonas.


Entrega de premios deportivos de Radio Palma en la terraza de Tato´s. Foto de M. Muñoz Rojo.

Disponía de una terraza al aire libre ajardinada, que diseñó Pepe Bejarano, el pintor, como también el logo, el de perrito. Sus mesas y sillones eran de forja (que todavía podemos ver en la terraza de Los Cabezos), con otra barra de bar, muy adecuada para el verano, y una parte que luego cerraron con cristaleras para el invierno. Cuando se cerró se instaló allí un centro de diálisis.

En la calle Coronada, encontrábamos la discoteca Géminis, otra veterana, fundada por Rafael García Belmonte, que también fue Mesón, más tarde trasladado a la calle José de Mora, junto a la piscina que abrió en el antiguo solar de la casa que le vendió mi padre al principio de los años ochenta. Tuvo varias épocas, con otros gerentes, y ambientes (por ejemplo, fue disco-joven, en horarios vespertinos, sin servir alcohol, e incluso en horario nocturno abría desde los jueves). Ya cerró hace varios años.


Interior de la discoteca Géminis. Foto del Facebook de Paqui Méndez.

Otra muy conocida era la Discoteca Marathón, en la calle Barbera, de Iván Gamero. También tuvo varias direcciones, y una de ellas la llamaron Omaira durante un tiempo. 

Funcionaron además disco-pubs, como el Disco-pub Lord Byron, junto a la Pizzería Michelangelo, de Jesús Morales, dueño del pub del mismo nombre, pionero de los pubs en Palma y de muy grata memoria. Y otro en la calle Ana de Santiago. Además en la calle Río Seco funcionaron el Cubo´s (más tarde Coco Bongo) y El Patio (luego La Barraca).


Entrada actual del inmueble donde se ubicó el Mesón El candil. Foto del autor.

No podemos olvidar que durante los años sesenta causó sensación el fenómeno del guateque. Las fiestas que se organizaban en las casas, locales, cocheras, etc. para bailar, beber y ligar. Quien tenía un pick up (el "picú", el tocadiscos portátil) se convertía en el dj del baile y casi seguro ligaba pinchando los éxitos de la temporada, como los de Nino Bravo, Karina, Los Brincos, Camilo Sesto.... Más tarde la música disco dio un salto con la banda sonora de la película "Fiebre del sábado noche", o la música negra de la Tamla-Motown, sones populares que recuerdan el programa Aplauso de RTVE, con el gran José Luis Fradejas. Eran los tiempos del pantalón de campana, las solapas anchas, la melena, los colores rabiosos, los lunares en las camisas, la psicodelia, los collares (recuerdos de la era hippie, pero menos ostentosos), el funk, el soul, la música disco, cuyo precursor fue el Sonido Philadelphia. 

El fenómeno de las discotecas fue menguando con el tiempo. Abrieron la Orange en las inmediaciones del Paseo, que creo que es la única que resiste. El botellón y el acceso a la música por internet y con baratos medios de reproducción han hecho que estos negocios dejasen de ser rentables en nuestro municipio (no en las zonas costeras y de gran afluencia turística, ni en las ferias, con las disco-casetas que sí proliferan). También los que frecuentábamos estos establecimientos nos hemos hecho mayores y hemos cambiado nuestras costumbres de ocio. Pero no está mal haber echado la vista atrás y haber recordado estos espacios que un tiempo fueron lugar de encuentro y diversión cada fin de semana de nuestras vidas.

(Artículo publicado en la revista de Feria de Mayo de 2023)

martes, 14 de abril de 2020

40 aniversario del pub Lord Byron, El Pub


Estamos en 2020, y en 1980 surgió el primer pub en Palma del Río, el Pub Lord Byron. En este año se cumple, por tanto, el cuarenta aniversario de su fundación (que fue concretamente el 14 de febrero de 1980). Estaba situado en la calle Ancha, en el bajo comercial de los pisos de la familia Morales. Se anunció como "English pub", un bar estilo inglés, en cuya decoración se recreaba una taberna típica del Reino Unido. Lo abrieron la familia Morales (los hermanos Jesús, Manolo, Mariano, Óscar y Cesar) aunque Jesús era quien se hizo cargo del establecimiento. Luego abrirían la Pizzería Michelangelo (Mariano), el Disco-Pub Lord Byron y la taberna (o bodeguita) Lord Byron (ambos Jesús), en la planta baja del Edificio Santiago, el que se hicieron en el barrio de Goya. Era un lugar de encuentro, una especie de club de amigos, donde hallar, además de diversión, complicidad, confianza y afecto entre los clientes y respecto de los que allí trabajaban. Una especie de Cheer`s (el de la serie de televisión) de Palma.

La familia morales en la Bodeguita o taberna Lord Byron (foto del Facebook familiar)

Debido a su éxito, posteriormente en Palma se abrieron muchos pubs: el Gardiner, el Decuma (luego, el pub Chico), el TXSKO, el Alamillos Street, el Tiziano, el Blandi (primero Azahara, el del “porcelanosa”), el Waikiki, el Túnel (después +kná), Venus, el Pelotazo (antes Rusticana), el Zulú (luego el del Mochu, el 127), el Cubo´s (más como disco-pub, luego Coco-bongo), el Patio, el Saratoga, cada uno con su estilo y personalidad... pero el Lord Byron no era un pub más, era “el pub” por antonomasia. Dio la campanada, y mantuvo su afluencia hasta su cierre, pasando a manos de otros gerentes, con otros nombres, tras el retiro de Jesús.

Jesús, en carnaval, con dos clientes disfrazados

El Lord Byron lo dirigía Jesús Morales, con su oronda y feliz corpulencia de maestro cervecero. Una anatomía resaltada de mofletes colorados, y amplia sonrisa, no escondida en su perenne barba. Todo simpatía y ganas de hacer amigos. Era como un Papá Noel tabernero, a la vez bonachón y picaruelo, que se podría pasear por Munich sirviendo cerveza para la concurrencia. Un Baco de pintura barroca. O escanciador de la hidromiel a los dioses del Walhala, mientras walkirias danzan y ríen el son de sus contagiosas carcajadas. Un personaje, sin duda.

Cenicero del décimo aniversario

Abrió en 1980, cuando acabábamos en el instituto y estuvimos en la inauguración, ya que uno de la pandilla, Manolo Pérez, es familia, primo. Costaba un cerveza un pastón (para nosotros, claro), pero empezaron siendo de tercio, no quintos, ni cañas (más tarde pondrían el grifo y el barril). Pensamos la primera vez que no volveríamos, pues estábamos acostumbrados a los precios del bar el Gallo o el Guerra, por ejemplo, precios para obreros y estudiantes, sin lujos, ni música, ni ambientes foráneos. Te ponían al principio un cuenco con maíz tostado y otros frutos secos (el “pienso”), un atractivo más. Progresivamente fue ampliando el “menú de comidas”: sandwiches, hamburguesas, perritos calientes... en su última etapa pusieron de moda las tostas, cuando instalaron cocina en el rincón derecho de la barra (donde estuvo la diana de dardos).

Manolo Morales, el “Tomizo” y una clienta

Al local se entraba por una puerta de madera, que asemejaba a una inglesa, con un letrero con la silueta del escritor británico colgado sobre ella, al estilo de los bares de aquellas tierras. Una jardinera con una hiedra y un ventana completaban la fachada. Por esa puerta se accedía al local, en una zona amplia con la pared del hueco de la escalera del edificio al fondo. A la izquierda estaba la barra, sobre una zona más elevada, con unas barandas de madera para proteger a los clientes del escalón. La zona central de la barra estaba retranqueada, para dejar el mismo ancho de pasillo sorteando el hueco de la escalera. Al penetrar nos encontrábamos con otro espacio cuadrangular a la derecha para mesas y bancos, como en el de la entrada, además de los servicios. Al fondo una puerta de emergencia y una ventana, cerca de la barra, donde hubo un juego de dardos y la televisión, más tarde. La decoración se componía, al principio, de láminas, tipo cacería del zorro, caballos y otras estampas decimonónicas inglesas, para completarse, tiempo después, con otros objetos. Un zócalo de madera recorría el local, y la barra tuvo más tarde, además de los estantes para los productos en la pared de atrás, otro armazón encima de la barra.

Jesús con otro cliente, e ilustre “tabernero” ya fallecido, Manolo Blasco

Un atractivo que tenía y que nos encantaba, es que se podía escuchar la música del momento, por supuesto en Lps de vinilo: Miguel Ríos, Orquesta Mondragón, Radio Futura... Incluso grabamos más de un disco para poder reproducirlo en nuestros cassettes. Jesús siempre tenía actualizada su discoteca, y con nuestra edad, aquello nos hizo frecuentar sus instalaciones, con el éxito de la movida.

Jesús con Rafa Limones, y “Altomira” el de los azulejos

Nos acostumbramos a ir todos los días y pasábamos muchas horas allí, aunque consumiésemos menos de lo que quisiese el dueño. Los sábados empezábamos la “jornada de fin de semana” allí y luego nos íbamos de discoteca (Tato´s, Omaira-Marathón, El candil...), para volver al pub a “echar la penúltima” antes de irnos para casa. Los fines de semana también nos citábamos al medio día, a echar la cervecita con los amigos. Durante los años que estuvo abierto, muchas amistades se fraguaron allí, también numerosas parejas se formaron (o rompieron) en el pub. En la barra se podía charlar, pues la música no era estridente y de alto volumen. Hasta los camareros se convirtieron en nuestros amigos. Varios pasaron a prestar sus servicios: Flores, Carmelo (tristemente ya fallecido), Antonio, un pariente de los Morales, el Viri (Rafael Cumplido), Tomizo ... y otros cuyos nombres ya no recuerdo.

Uno de los camareros, Flores

Otro atractivo que tenía eran los juegos, con los que amenizar las estancias: la máquinas recreativas, el billar americano, la diana de dardos, los juegos de mesa (dados, tres en raya...). Una excusa más para pasar largos ratos en compañía de amigas y amigos.

Otro de los camareros, Rafa Cumplido, el “Viri” (foto de su Facebook)

En los años que frecuenté ocurrieron muchas anécdotas, como no podía ser menos. Los primeros cubalibres, las primeras borracheras, los ligoteos. En las tardes de domingo Jesús bajaba el proyector de Super 8 y nos ponía películas. Por las noches cambiaba la temática hacia el cine de adultos (“aquí hay tema” decía Jesús riendo mientras hacía con su brazo un gesto que indicaba el tamaño del miembro del protagonista). Más tarde, con la adquisición de nuevas tecnologías, llegó el vídeo, continuando con las proyecciones, y además las grabaciones, como aquella, que repetimos una y otra vez, del concierto que dio Miguel Ríos en las Ramblas de Barcelona, cuando el campeonato mundial de fútbol de España de 1982, con el disco Rock & Ríos.

Jesús asomado a la ventana de la C/ Ancha, con unos clientes

A Jesús le gustaba sorprendernos. De vez en cuando aparecía con alguna botella singular, como las que contenían bebidas exóticas (con lagartos y cosas así). También recuerdo el ron de Rute, Virtuoso, que se podía beber sin mezclar con nada. Muchos recuerdos, seguro, que asomarán a las mentes de quienes pasaron por allí y lean estas humildes palabras, con motivo de las cuatro décadas transcurridas desde que apareció el Lord Byron en nuestras vidas.

Jesús en la fachada original

Como dije al principio, en Palma hubo una época donde se prodigaron muchos pubs, pero el Lord Byron fue, sigue siendo y será siempre (con artículo determinado y mayúsculas)... El Pub. Algo que, sin duda, merece la pena recordar.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Visitamos la Danza de Los Locos y el Baile del Oso, en Fuente Carreteros


Fuente Carreteros es un municipio cercano a Palma del Río. Hasta octubre de este año era una aldea de Fuente Palmera, en cuyo ayuntamiento trabajo como funcionario desde junio. Hoy día, con otros pueblos de Andalucía (dos cordobeses), Fuente Carreteros es municipio independiente, por decreto de la Junta de Andalucía. 

Monumento a la Danza de Los Locos y el Baile del Oso

Mi relación con este nuevo municipio viene de lejos. En el instituto de bachillerato compartí amistades y compañeros de allí, como Toñi Martínez, con quien mantuve amistad después de pasar por el centro. El primer alcalde democrático de Fuente Palmera es originario de Fuente Carreteros, Antonio Díaz Aguilar, una persona cercana y cariñosa, al que vi en noviembre pasado y nos saludamos efusivamente, pues mantenemos relación (ya menos frecuente) desde que fui elegido concejal en Palma del Río. Su hermano Francisco, otra estupenda persona, fue durante unos años alcalde pedáneo de la aldea y pude saludarlo el viernes pasado, cuando visitamos esta población.

Los Locos, el capitán de espadas, la loquilla y los músicos, en la plaza, delante de la iglesia


La fiesta más conocida y original de esta localidad es el llamado Baile o Danza de Los Locos, que tiene lugar el 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes. Es una tradición que muchos consideran traída por los colonos centroeuropeos que se asentaron en estas tierras con el llamado “Fuero de las nuevas poblaciones” de Andalucía y Sierra Morena, de 1767, otorgado por el rey Carlos III, y por el que se crearon los municipios de Fuente Palmera, La Carlota y San Sebastián de los Ballesteros, en Córdoba. En Sevilla y Jaén se crearon otros más. Ese mismo Día de los Inocentes se completan los bailes con el Baile del Oso, otra tradición exótica.

Foto de Diario Córdoba. Los Locos y la loquilla. Entre el público, el autor (con gafas de sol y gorra) y la familia


A Fuente Carreteros se le conoce por la aldea o el pueblo de los italianos, porque la mayoría de los que se asentaron allí provenían de la península italiana. Otros colonos llegaron a las tierras de Fuente Palmera desde Francia, Bélgica, Suiza, y Alemania. Muchos se encontraron un ambiente hostil y también muchos murieron a causa de las enfermedades contraídas en los despoblados que ocuparon, mientras que otros se quedaron mezclándose con colonos procedentes de otras partes de España, como Cataluña, Valencia, Badajoz o de la misma Andalucía. En los apellidos y la fisonomía de muchos colonos y carretereños se aprecia ese origen centroeuropeo (Hens, Morello, Yamuza, Beurno, Rossi, Dugo...) y español, pero foráneo (Castell, Tristell...). Y seguramente estas tradiciones que comentamos las trajeran los primeros de aquellas tierras lejanas.

Escopetero, loquilla bailando y locos


En Fuente Carreteros vivió muchos años una prima mía, hija de mi tía Amadora Valdés, Josefa Ardanuy Valdés, a la que conocíamos en casa por “Pepita”. Amadora era hermana mayor de mi padre, fruto de un matrimonio de mi abuela Adelina Godoy, anterior al que tuvo con mi abuelo José Domínguez. Por eso no coinciden los apellidos. Creo que en 2010 se fue a vivir a Gelves (Sevilla), y hace poco entablé amistad por el Facebook con uno de sus hijos, José Aguilar Ardanuy. Así que por parte familiar también he tenido vínculos con esta población.

Saludo, mientras que el escopetero hace un disparo


Pues, por sorprendente que parezca, y a pesar de tanta relación, nunca había visto en persona la Danza de los Locos, ni el Baile del Oso. Nunca había estado en Fuente Carreteros un 28 de diciembre. Hasta el viernes pasado, que me desplacé con Ana, mi mujer, y mis cuñadas Conchi y Lolita, y mi cuñado Ramón. Mi hermano Roberto con su familia (sobre todo cuando sus hijos eran más chicos) ha estado presenciando varios años esta fiesta, pero, por un motivo u otro, yo nunca les había acompañado. El viernes sí coincidimos Encarni, su mujer, con Rufina (la madre) y nosotros en la plaza del pueblo viendo los bailes.



Mucha gente de fuera se congregó allí el viernes, muchos palmeños incluidos. La Danza de los Locos está en trance de ser declarada, por la Junta de Andalucía, Bien de Interés Cultural, así que se sumaba un atractivo más para conocerla directamente. Además el pueblo tiene más razones para la alegría, ya que durante estos meses pasados se ha estado celebrando el 250 aniversario del Fuero de Las Nuevas Poblaciones, junto con otros municipios, y, como decía al principio, desde octubre alcanzaron un objetivo largamente perseguido, ser municipio independiente. Así que había ambiente justificado de fiesta.



Llegamos con tiempo para coger buen sitio en la Plaza Real y ver sin problemas las danzas. Nos ofrecieron roscos y pestiños unas amables paisanas, algunas ataviadas con vestimentas que evocaban los orígenes de los antiguos pobladores europeos. También unas copas de licor de anís. Y los disparos de lo que antes eran trabucos y ahora escopetas de cartuchos anunciaron el inicio del espectáculo folclórico ancestral. Una tradición que se recuperó a principios de los años ochenta del siglo pasado, gracias a la memoria de los ancianos del lugar, que no permitieron que se perdiera este elemento cultural tan interesante. Después se ofreció un potaje en la Casa Grande.

El oso y el domador entran en escena, mientras los locos saludan
Esta danza de los locos dicen que representa la matanza de los inocentes que ordenó Herodes y nos cuenta la Biblia. Las mujeres quieren ocultar y proteger a sus hijos (representados por la “loquilla”) y se vuelven locas por ello, por ello los danzantes visten de mujer, acompañados de músicos que tañen instrumentos como las guitarras, el pandero o la “carrasquiña”, originaria de la zona. El baile del oso se interpreta después de los Locos y en él vemos más claramente el origen centroeuropeo. Quien quiera profundizar en el origen, desarrollo y curiosidades de estas danzas puede hacerlo consultando esta página del Ayuntamiento carretereño. 

Pasos del baile, a la izquierda un escopetero
En fin, que echamos una buena mañana en esta población vecina, conociendo de primera mano estas costumbres ancestrales, curiosas y tan entrañables.

jueves, 18 de mayo de 2017

Feria de mayo de 2017, y recuerdos


Como anunciaba ayer, con motivo de la publicación de mi artículo en la revista de feria, hoy se inicia la Feria de Mayo de Palma del Río. Una feria que podremos disfrutar gracias al buen tiempo, que las previsiones meteorológicas nos auguran. Aunque no tengamos ya las fuerzas que de jóvenes nos impulsaban a gozar el máximo de tiempo posible de estos eventos festivos, seguro que no faltaremos a la cita diaria en el Paseo. Y, una vez más, eso me impulsa a hablar de recuerdos. Primero por la fotografía que me facilitó un primo, que vive lejos de nuestro solar de nacimiento, donde aparece mi madre, de joven, vestida con el popular traje de gitana, el de la época, cuando todavía estaba soltera. Se le ve contenta, luciendo su vestido de lunares, y posando antes de salir al recinto ferial, con el mantón y las flores en el pelo. Desconozco la fecha, pero intuyo que fue antes de 1960, año en que contrajo matrimonio con mi padre, tras su vuelta de Horcajo y de Madrid.


La otra es una adquisición reciente. Es una foto de 1960 de la antigua "Caseta de la Amistad", durante la feria del mediodía. La caseta está engalanada con las tradicionales lonas y repleta de público. A su lado vemos unas bicicletas y una silla de ruedas. La barra estaba montada fuera de la parte techada, cubierta por un toldo o lona, para ganar espacio. Es en las ferias de mayo, en la primavera, cuando hemos podido disfrutar de la feria de día, al no hacer todavía el calor que nos impide en agosto estar en la calle con las altas temperaturas. Así se ve en la foto, cedida por José Luis de las Heras, hijo de José de las Heras, el autor de la imagen, a quien agradezco su colaboración. 

¡Disfruten de las fiestas! que, para descansar, ya vendrá el lunes.

lunes, 10 de abril de 2017

El walkman o lorillo de mi juventud


En estos días se está moviendo un grupo de personas, de las que fueron a las excursiones de semana santa a la comunidad de Taizé, para revivir aquellos viajes en forma de un viaje cultural por las localizaciones que están relacionadas con literatos y artistas españoles. La idea surgió porque en uno de esos viajes se hizo una parada en Colliure (Francia), donde está enterrado Antonio Machado, tras huir al exilio. En aquel viaje, se dejó depositada una bandera con los colores de la República, que hicieron con una bandera oficial a la que añadieron un trozo morado abajo. El trozo lo consiguió mi hermano Roberto, cortando la cola del traje de nazareno de mi padre (un modelo antiguo, pues los actuales de esa cofradía no llevan esa cola), con la excusa de ponérselo algún día al salir en procesión (como hizo más de una vez, por cierto). Mi hermano fue a aquel viaje, yo no. Ni llegué a visitar Taizé. Solo hice el último viaje que se organizó, que fue a Italia, en 1982, sin pasar ya por ese lugar. En los anteriores, además de la visita a la comunidad (por cierto, creada por el protestante "hermano Roger"), se aprovechaba para hacer algo de turismo por los alrededores. Eso hizo que se apuntase mucha gente con el exclusivo interés de viajar a precios baratos, y no de participar en actos ecuménicos religiosos. Otros iban porque en aquel lugar se encontraba mucha gente, entre ellas de varias comunidades españolas, dando rienda suelta a los deseos de libertad que surgieron tras la muerte de Franco. Se terminó solo con el turismo, en ese viaje a Italia. La idea del nuevo viaje es partir de Granada y terminar en Colliure, visitando ciudades relacionadas con la cultura que aprendimos de jóvenes.

En el albergue de Roma (1982), el grupo de viajeros. Yo, de pie, el que tiene los brazos en jarras (Foto de Rafi García)

En una parada de aquel viaje a Italia, que hicimos en Andorra, compré un reproductor de cassette, que estaba de moda entonces, por su pequeño tamaño. Los había de diferentes tipos: solo reproductores, grabadores... Con el tiempo se fueron haciendo cada vez más pequeños, aunque los más extendidos eran los que usaban las cintas estándar, las mismas que para aparatos mayores. Lo que les hizo populares era que se podían usar caminando, cómodamente, de ahí el nombre de walkman, aunque nosotros lo conocíamos también como "lorillos".


Durante el viaje fuimos muchos los que disfrutamos de la música, individualmente, gracias a estos aparatos. Yo me llevé varias cintas de mis discos favoritos grabados para poder escuchar música, e, incluso, me compré un trabajo muy de éxito entonces: el ROCK & RÍOS, de Miguel Ríos. Recuerdo cómo un amigo, durante un trayecto en autobús, se volvió desde el respaldo de su asiento, riéndose a pierna suelta de nosotros. Le pregunté el motivo y me dijo que la mayoría estaba bailando, solos, sentados, cada uno a su aire, con los auriculares puestos, y el autobús estaba en silencio. Una escena muy cómica.


La calidad de sonido de estos aparatos era buena, para la técnica de la época, reproduciendo en estéreo, a través de auriculares pequeños (cascos). Y se podían colgar de una cinta, en bandolera, o con una pinza que llevaban en el estuche donde se guardaban, que servía para fijarlos al cinturón, por ejemplo. Te permitían correr, andar, y llevarte tu música donde quisieras, sin cargar con pesados y voluminosos aparatos. Más tarde se empezaron a usar con CDs, pero de esos no he tenido ninguno.


El que compré en Andorra (todavía no se habían extendido los bazares, propiedad de marroquíes, indios, y más tarde, chinos, que vendían más barato que los comercios especializados en aparatos electrónicos, por lo que merecía la pena aprovechar estos viajes para hacer compras) es el que reproduzco en las imágenes. Es muy ligero y de tamaño reducido. Se alimentaba a pilas, aunque tenía una toma para adaptador de corriente que empleé mucho. Tenía incluso un micrófono que te permitía grabar sonidos, como hacían los reporteros con sus aparatos en ruedas de prensa que veíamos en televisión. Mi hermano me hizo unos pequeños bafles con un altavoz cada uno en una caja de plástico, que me permitió disfrutar del aparato como equipo de música para ambiente, usándolo en mis tiempos de estudiante en los pisos de Córdoba en los que viví de alquiler con amigos. Con el tiempo se fue estropeando (la cabeza reproductora se iba desviando, empeorando el sonido), y, además, las cintas de cassette se han ido perdiendo con el paso a los formatos digitales. Pero todavía funciona. Ahora es solo una pieza de museo entre mis cachivaches viejos de la juventud.

martes, 28 de febrero de 2017

Andalucía, sus tradiciones y sus retos


Hace unos años, de viaje de vacaciones por el País Vasco, estuvimos en Bilbao, coincidiendo con la Aste Nagusia, la Semana Grande. Tras un buen paseo por el casco histórico, nos paramos junto a una carpa donde, con bastante público sentado delante, unos bertsolaris entonaban, compitiendo entre ellos, sus creaciones poéticas. 


Uno de nosotros me dijo "¡qué nacionalistas son esta gente!", tras ver cómo se desarrollaban las fiestas. Junto a la ría las txoznas vendían sus productos adornadas con pancartas, murales y emblemas de claro corte nacionalista. Las tascas rebosaban gente que bailaba y cantaba al son de músicas autóctonas, con instrumentos propios. Incluso unos grupos animaban las calles tocando melodías del lugar, ataviados con ropajes tradicionales y tocados con las clásicas txapelas.


Yo le contesté: "Estamos en sus fiestas tradicionales, así que las viven según sus tradiciones. Unos serán nacionalistas y otros no. Lo que pasa es que, para nosotros, son extrañas, porque no las vivimos en Andalucía así." Y continué poniendo un ejemplo de lo que a otros extrañaría. "Imagina que alguno de estos que están por aquí bajan a Palma, durante la feria. Verán mujeres camino del Paseo vestidas de gitana, cantando y haciendo palmas por sevillanas. Caballistas vestidos con sombrero de ala ancha, chaqueta corta y montando con su pareja, vestida de gitana, a la grupa. 


Cuando entren por el paseo, la música serán sevillanas, rumbas o flamenquito. Las casetas y los bares tendrán farolillos y banderines, con música también similar y estarán decoradas con elementos tradicionales (mantones de manila, abanicos, motivos taurinos, castañuelas, guitarras, etc.) ¡y hasta en las lonas y cortinajes predominarán los colores blanco y verde! los de la bandera de Andalucía, además de los socorridos lunares. El vasco que nunca haya venido a una feria dirá también: "¡qué nacionalistas son esta gente! ¡todo hace referencia a sus tradiciones!". Y unos lo serán y otros no, como pasa en su tierra."


Se quedó pensando mi acompañante y me contestó: "tienes razón". Cada uno ve las cosas según acostumbra a vivirlas, y si no es lo que ve corrientemente, le parecerá que lo ajeno que ve en su visita es fruto de de algún fanatismo o empecinamiento en lo indígena como el de los nacionalistas.


Los nacionalistas acostumbran a manipular la cultura popular para conseguir el apoyo a sus tesis a base de exprimir sentimientos, como los que provocan las tradiciones. Pero un pueblo es más que sus tradiciones. Y Andalucía tiene sus tradiciones muy arraigadas, sí, pero como país y como pueblo son algo mucho más rico e importante. Pensar en Andalucía no es quedarse en su folclore, su Rocío, sus ferias, su flamenco, su aceite de oliva o sus jamones ibéricos. Incluso estas tradiciones se han terminado convirtiendo en productos de consumo, muchas veces alejados de su raíz, como le pasa a parte de su gastronomía, como vemos en este letrero de un restaurante madrileño, de la Plaza Mayor.


Cuando hace 37 años, muchos andaluces nos movilizamos para tener una autonomía política de primera, no fue para defender y disfrutar de las tradiciones solamente. Fue para dar a un giro a la situación de postración que vivíamos, relegados a un papel secundario en España. Para tener un futuro mejor, con empleo de calidad, servicios públicos para todos y de calidad, para acabar con desigualdades sangrantes con otros territorios peninsulares. Hoy día, tras ese tiempo, muchas cosas han cambiado, pero otras no. Tenemos uno de los índices de paro más altos de España, y nuestra economía no encuentra nuevas salidas para nuevos sectores que den empleo. Nuestra sanidad y educación pasan por problemas, gracias a los recortes impuestos con los excusa de la crisis. Los servicios sociales están estancados, con un sistema de atención a la dependencia que no llega a todo el que lo necesita, por ejemplo. Hemos conseguido avances, pero hay retos graves e importantes, que hoy también hay que tener presentes, además de celebrar festivamente nuestro día como comunidad. 

Como yo no soy nacionalista, no voy a caer en la trampa del folclore. La cultura popular está muy bien, mas todo pueblo se merece mejorar sus condiciones de vida, se divierta con lo que se divierta, como hacen en el Norte y hacemos en el Sur. Un día como el de hoy debemos recordar, como aquel 28 de febrero de 1980, que Andalucía también se merece mejorar.