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lunes, 25 de diciembre de 2023
lunes, 26 de diciembre de 2022
Murió Francisco Santos, el de las tortillas
El domingo 25 murió, con 94 años, Francisco Santos, el regente de la taberna que hay junto a la Mezquita de Córdoba, la Taberna Santos, famosa por sus grandes tortillas de patata. Un local pequeñito al que muchísima gente acudía a degustar un pincho de su famosa tortilla de varios kilos, casi siempre fuera del local, haciendo largas colas, junto a los muros del también famoso antiguo templo musulmán cordobés de la época califal.
De joven, cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Córdoba, fui muchas veces a esa taberna. Uno años viví en el piso de mi amigo Leonardo, con el que estoy en la foto, y la teníamos cerca. Su dueño era un tipo magnífico, de buen trato y su exquisita tortilla nos sirvió más de una vez de cena. Hablamos de hace más de 35 años (¡como pasa el tiempo!), pero todavía sigue existiendo. De esta foto hace más de once años, cuando Ana y yo fuimos a Córdoba a pasar el día, y nos encontramos con Leo, y degustamos su tortilla, recordando vivencias de juventud, como comenté en una entrada del blog.
Espero que su recuerdo, encarnado en su taberna y en sus tortillas, siga presente entre nosotros.
martes, 14 de abril de 2020
40 aniversario del pub Lord Byron, El Pub
Estamos en 2020, y en 1980 surgió el primer pub en Palma del Río, el Pub Lord Byron. En este año se cumple, por tanto, el cuarenta aniversario de su fundación (que fue concretamente el 14 de febrero de 1980). Estaba situado en la calle Ancha, en el bajo comercial de los pisos de la familia Morales. Se anunció como "English pub", un bar estilo inglés, en cuya decoración se recreaba una taberna típica del Reino Unido. Lo abrieron la familia Morales (los hermanos Jesús, Manolo, Mariano, Óscar y Cesar) aunque Jesús era quien se hizo cargo del establecimiento. Luego abrirían la Pizzería Michelangelo (Mariano), el Disco-Pub Lord Byron y la taberna (o bodeguita) Lord Byron (ambos Jesús), en la planta baja del Edificio Santiago, el que se hicieron en el barrio de Goya. Era un lugar de encuentro, una especie de club de amigos, donde hallar, además de diversión, complicidad, confianza y afecto entre los clientes y respecto de los que allí trabajaban. Una especie de Cheer`s (el de la serie de televisión) de Palma.
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| La familia morales en la Bodeguita o taberna Lord Byron (foto del Facebook familiar) |
Debido a su éxito, posteriormente en Palma se abrieron muchos pubs: el Gardiner, el Decuma (luego, el pub Chico), el TXSKO, el Alamillos Street, el Tiziano, el Blandi (primero Azahara, el del “porcelanosa”), el Waikiki, el Túnel (después +kná), Venus, el Pelotazo (antes Rusticana), el Zulú (luego el del Mochu, el 127), el Cubo´s (más como disco-pub, luego Coco-bongo), el Patio, el Saratoga, cada uno con su estilo y personalidad... pero el Lord Byron no era un pub más, era “el pub” por antonomasia. Dio la campanada, y mantuvo su afluencia hasta su cierre, pasando a manos de otros gerentes, con otros nombres, tras el retiro de Jesús.
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| Jesús, en carnaval, con dos clientes disfrazados |
El Lord Byron lo dirigía Jesús Morales, con su oronda y feliz corpulencia de maestro cervecero. Una anatomía resaltada de mofletes colorados, y amplia sonrisa, no escondida en su perenne barba. Todo simpatía y ganas de hacer amigos. Era como un Papá Noel tabernero, a la vez bonachón y picaruelo, que se podría pasear por Munich sirviendo cerveza para la concurrencia. Un Baco de pintura barroca. O escanciador de la hidromiel a los dioses del Walhala, mientras walkirias danzan y ríen el son de sus contagiosas carcajadas. Un personaje, sin duda.
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| Cenicero del décimo aniversario |
Abrió en 1980, cuando acabábamos en el instituto y estuvimos en la inauguración, ya que uno de la pandilla, Manolo Pérez, es familia, primo. Costaba un cerveza un pastón (para nosotros, claro), pero empezaron siendo de tercio, no quintos, ni cañas (más tarde pondrían el grifo y el barril). Pensamos la primera vez que no volveríamos, pues estábamos acostumbrados a los precios del bar el Gallo o el Guerra, por ejemplo, precios para obreros y estudiantes, sin lujos, ni música, ni ambientes foráneos. Te ponían al principio un cuenco con maíz tostado y otros frutos secos (el “pienso”), un atractivo más. Progresivamente fue ampliando el “menú de comidas”: sandwiches, hamburguesas, perritos calientes... en su última etapa pusieron de moda las tostas, cuando instalaron cocina en el rincón derecho de la barra (donde estuvo la diana de dardos).
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| Manolo Morales, el “Tomizo” y una clienta |
Al local se entraba por una puerta de madera, que asemejaba a una inglesa, con un letrero con la silueta del escritor británico colgado sobre ella, al estilo de los bares de aquellas tierras. Una jardinera con una hiedra y un ventana completaban la fachada. Por esa puerta se accedía al local, en una zona amplia con la pared del hueco de la escalera del edificio al fondo. A la izquierda estaba la barra, sobre una zona más elevada, con unas barandas de madera para proteger a los clientes del escalón. La zona central de la barra estaba retranqueada, para dejar el mismo ancho de pasillo sorteando el hueco de la escalera. Al penetrar nos encontrábamos con otro espacio cuadrangular a la derecha para mesas y bancos, como en el de la entrada, además de los servicios. Al fondo una puerta de emergencia y una ventana, cerca de la barra, donde hubo un juego de dardos y la televisión, más tarde. La decoración se componía, al principio, de láminas, tipo cacería del zorro, caballos y otras estampas decimonónicas inglesas, para completarse, tiempo después, con otros objetos. Un zócalo de madera recorría el local, y la barra tuvo más tarde, además de los estantes para los productos en la pared de atrás, otro armazón encima de la barra.
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| Jesús con otro cliente, e ilustre “tabernero” ya fallecido, Manolo Blasco |
Un atractivo que tenía y que nos encantaba, es que se podía escuchar la música del momento, por supuesto en Lps de vinilo: Miguel Ríos, Orquesta Mondragón, Radio Futura... Incluso grabamos más de un disco para poder reproducirlo en nuestros cassettes. Jesús siempre tenía actualizada su discoteca, y con nuestra edad, aquello nos hizo frecuentar sus instalaciones, con el éxito de la movida.
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| Jesús con Rafa Limones, y “Altomira” el de los azulejos |
Nos acostumbramos a ir todos los días y pasábamos muchas horas allí, aunque consumiésemos menos de lo que quisiese el dueño. Los sábados empezábamos la “jornada de fin de semana” allí y luego nos íbamos de discoteca (Tato´s, Omaira-Marathón, El candil...), para volver al pub a “echar la penúltima” antes de irnos para casa. Los fines de semana también nos citábamos al medio día, a echar la cervecita con los amigos. Durante los años que estuvo abierto, muchas amistades se fraguaron allí, también numerosas parejas se formaron (o rompieron) en el pub. En la barra se podía charlar, pues la música no era estridente y de alto volumen. Hasta los camareros se convirtieron en nuestros amigos. Varios pasaron a prestar sus servicios: Flores, Carmelo (tristemente ya fallecido), Antonio, un pariente de los Morales, el Viri (Rafael Cumplido), Tomizo ... y otros cuyos nombres ya no recuerdo.
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| Uno de los camareros, Flores |
Otro atractivo que tenía eran los juegos, con los que amenizar las estancias: la máquinas recreativas, el billar americano, la diana de dardos, los juegos de mesa (dados, tres en raya...). Una excusa más para pasar largos ratos en compañía de amigas y amigos.
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| Otro de los camareros, Rafa Cumplido, el “Viri” (foto de su Facebook) |
En los años que frecuenté ocurrieron muchas anécdotas, como no podía ser menos. Los primeros cubalibres, las primeras borracheras, los ligoteos. En las tardes de domingo Jesús bajaba el proyector de Super 8 y nos ponía películas. Por las noches cambiaba la temática hacia el cine de adultos (“aquí hay tema” decía Jesús riendo mientras hacía con su brazo un gesto que indicaba el tamaño del miembro del protagonista). Más tarde, con la adquisición de nuevas tecnologías, llegó el vídeo, continuando con las proyecciones, y además las grabaciones, como aquella, que repetimos una y otra vez, del concierto que dio Miguel Ríos en las Ramblas de Barcelona, cuando el campeonato mundial de fútbol de España de 1982, con el disco Rock & Ríos.
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| Jesús asomado a la ventana de la C/ Ancha, con unos clientes |
A Jesús le gustaba sorprendernos. De vez en cuando aparecía con alguna botella singular, como las que contenían bebidas exóticas (con lagartos y cosas así). También recuerdo el ron de Rute, Virtuoso, que se podía beber sin mezclar con nada. Muchos recuerdos, seguro, que asomarán a las mentes de quienes pasaron por allí y lean estas humildes palabras, con motivo de las cuatro décadas transcurridas desde que apareció el Lord Byron en nuestras vidas.
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| Jesús en la fachada original |
Como dije al principio, en Palma hubo una época donde se prodigaron muchos pubs, pero el Lord Byron fue, sigue siendo y será siempre (con artículo determinado y mayúsculas)... El Pub. Algo que, sin duda, merece la pena recordar.
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domingo, 20 de octubre de 2019
Rafalillo Nieto, sus bares y el ambigú
Retomamos
los paseos por nuestros recuerdos de otros tiempos relacionados con
la diversión, el ocio y las relaciones sociales, o sea, con los
bares de Palma del Río. Y no podía faltar uno de los profesionales
de la hostelería que conocí en mi infancia: Rafael
Nieto Rodríguez,
al que mi padre llamaba Rafalillo
Nieto.
Rafael vivía con su mujer, Carmen
Cumplido,
en la calle
Feria,
en la planta alta de un edificio donde se situaba, en su planta baja,
el comercio de textiles El barato, la zapatería de Pepe
Nieto y
la accesoria que, al abrir sus puertas, nos sumergía en un mundo de
ilusiones, por los juguetes que se vendían allí, además de
las revistas y tebeos, y las chucherías, y que regentaba Pineda.
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| En el centro Rafael y Carmen, junto a Virginia y camareros empleados |
Pepe
Nieto era uno de los hijos de Rafael y Carmen, padre de nuestro
amigo Rafa
Nieto,
que demasiado pronto abandonó una vida con un futuro espléndido de
historiador por delante, por una repentina enfermedad. También
Rafael y Carmen tuvieron otros hijos, como Curro,
que fue director de la oficina local de CajaSur, el canónigo
archivero de la Catedral de Córdoba e hijo
predilecto de Palma del Río, Manuel (y
también compañero de estudios de mi hermano Pepe en el Colegio de
la Inmaculada, el colegio
de las Monjas),
y Trini,
la madre de mi amigo Federico,
el catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la
Universidad de Córdoba, que ostenta la medalla
de la ciudad desde 2018.
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| Trini Nieto Cumplido |
Trini
estaba casada con Vicente
Navarro,
“maestro de la villa” del Ayuntamiento palmeño. Tuvieron cuatro
hijos, Carmen (que
viven en Cádiz y está casada con Javier, con quien conviví algún
tiempo cuando era estudiante en Córdoba, y tenía las fotos que hoy
publico en esta entrada, y me pasó Federico), Vicente (“Ferre”,
que tuvo un comercio de aparatos eléctricos en la accesoria cuando
cerró Pineda y otra familia que mantuvo el
puesto), Rafael (“Rafalito”,
que se fue a Sevilla y tuvo un hijo futbolista en el Betis, Rafael
Navarro Mazuecos,
ahora en el Deportivo Alavés) y Federico.
Por desgracia, Trini murió a temprana edad y de Federico se hicieron
cargo sus abuelos maternos. La recuerdo como una mujer simpática y
cariñosa. Y creo que la última vez que la vi fue cuando asistió a
la consulta de mi hermano mayor, en la casa de la calle José de
Mora. Una pena.
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| Federico el día de Andalucía de 2018, medalla de la ciudad |
Siempre
he tenido relación con esta familia, pues vivíamos cerca, y estuve
en la escuela
de Antonio García Chaves con
Federico y sus hermanos varones. A Carmen, la mujer de Rafael, la
recuerdo como el típico
ejemplo de “la abuela”.
Siempre era amable con nosotros y nos trataba como de la familia,
cuando íbamos a su casa. A Rafalillo (perdonadme la licencia) lo
recuerdo con su sempiterno cigarrillo, asomado a la puerta de su
casa, y, como no, tras la barra del Cine
San Miguel.
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| Publicidad de la revista Guadalgenil |
Rafael
tuvo un bar, el bar
Mezquita,
en la calle
Portá (la
calle Queipo de Llano, entonces) y un aguaúcho
o quiosco en el Paseo,
donde alguna vez nos llevó mi padre a tomar algún aperitivo, pues
era asiduo del establecimiento. Recuerdo escuchar las
interpretaciones musicales de la Banda
municipal de música,
que dirigía el maestro Ángel Martínez de Chomón, desde la
terraza, algo que se perdió, desgraciadamente, hace mucho tiempo.
Otro establecimiento que contribuía a que los veranos y, como no,
las ferias de
Palma tuviesen su complemento hostelero conveniente.
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| Rafalillo, con unos clientes |
Pero,
como he recordado antes, también tuvo a su cargo el ambigú,
del cine
San Miguel, la
barra donde vendían las chucherías típicas, y muchos espectadores
esperaban el inicio de la sesión de cine tomando un refrigerio, o en
los descansos entre sesión y sesión, o si la película era de muy
largo metraje, como “Los
diez mandamientos” o “Lo
que el viento se llevó”,
lo que obligaba a hacer un intermedio, que aprovechaban muchos para
tomar algo.
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| Sala de proyección del cine San Miguel, con el hall al fondo, poco antes de ser demolido el edificio. (Foto de Carmelo Expósito) |
El
ambigú estaba situado a la derecha del hall o vestíbulo del cine,
previo a la sala de proyección, en una plataforma a la que se
accedía por unos escalones, junto a la escalera del “gallinero”
y de unas terrazas que comunicaban con el cinema
Jardín,
el cine de verano contiguo
al cine de invierno.
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| Elena con la familia Doblas |
El
cine San Miguel, ubicado en la calle
Alamillos,
otra añorada instalación palmeña, desapareció hace tiempo, para
dejar paso a un grupo de casas, tras llevar varios años cerrado, y
que solo se abrió en varias ocasiones para el concurso
de murgas de
los Carnavales.
Sus dependencias también sirvieron para servir numerosos banquetes
de bodas. Mi
hermano Pepe,
cuando se casó con Elena,
siendo yo niño, también celebró su banquete de bodas en este Cine.
En las fotos que publico se ve a unos familiares de Málaga, los
Doblas, en esas terrazas a las que me refería anteriormente.
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| Pepe con los Doblas |
No
recuerdo cuándo se jubiló Rafael Nieto, supongo que cuando cerró
el cine. Lo que sí recuerdo es que falleció antes que Carmen, y
esta, para no quedar sola en su casa, se fue a Córdoba con su hijo
Manolo, el sacerdote, falleciendo ya muy mayor. Su funeral fue todo
un acontecimiento en Palma.
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| Rafael, a la izquierda, de nuevo con la clientela del bar |
Una
vez más recordamos esos lugares donde nuestros paisanos echaban sus
buenos ratos de ocio, y a un gran profesional que
los atendió, que, aunque nos quede lejos su recuerdo, también
merece su sitio en esta historia entrañable de los palmeños que nos
alegraron la vida con su esfuerzo.
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lunes, 4 de febrero de 2019
Candelarias 2019
Un año más hemos acudido puntuales a nuestra cita en el cercano municipio sevillano de La Puebla de los Infantes, situado en la Sierra Norte, y a pocos kilómetros de Palma del Río.
Y, como siempre, hemos dado un paseo por la tarde, todavía con luz solar, para ver los boliches donde se colocan los muñecos que serán pasto de las llamas al ser encendidas las candelas al anochecer.
La tarde fue muy fría, casi más que la noche. Por ello no vimos demasiados emplazamientos. Además de que encontrarnos con conocidos y familiares hizo que nos entretuviésemos más de la cuenta. Así que no muestro tantas fotografías como en años anteriores. Destaco la primera, por su emotividad, ya que hace referencia a los antiguos juegos de niños, como el diábolo, la comba, o los cromos. Algo ya superado por las nuevos juegos electrónicos.
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| Foto de Laura Velasco |
También encontramos referencias de actualidad, como la hoguera que nos recordaba la marginación de la mujer o las agresiones que sufren las mujeres por el hecho de serlo. Algo que no debemos dejar de lado, pese a los intentos de algunos por acallar las reivindicaciones feministas y ocultar esta grave realidad social.
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| Foto de Laura Velasco |
Las menciones a la agricultura también tuvieron su sitio, algo lógico en un pueblo fundamentalmente agrícola como es La Puebla, donde el olivo, sus productos y sus derivados tienen una presencia importante en su economía.
Justamente por eso nos llamó la atención un instrumento fundamental en el campo, como es el tractor, al que encontramos junto a la hoguera de la Cruz (a la que vamos todos los años por ser sus organizadores amigos de la tía Conchita y por participar en ella mi amigo de instituto, Pedro González Chincolla).
Un tractor de 1954, que había participado en una Ruta de Sierra Morena de Tractor Clásico, y al que grabé en este vídeo, donde su dueños nos muestras su sistema de encendido del motor. “Viejas tecnologías” al servicio del campo.
Después de degustar las famosas sopaipas y el chocolate que generosamente nos ofrecieron nuestros amigos cucharros, y tras cenar en El Guinda, volvimos a Palma a refugiarnos del frío invernal y nocturno, que en alguna medida las hogueras intentaron paliar, a pesar de la lluvia intensa que el viernes intentó fastidiar los preparativos. Y afortunadamente no lo consiguió. El año que viene volveremos.
jueves, 17 de mayo de 2018
La feria, un organismo vivo
Como ocurrió el pasado año, al iniciarse la feria de mayo de Palma del Río, hoy publico mi colaboración en la revista de feria que edita Coleopar Ceparia, con Imprenta Lopera, y con el patrocinio del ayuntamiento palmeño, que se presentó el viernes pasado.
La feria, un organismo vivo
La feria es una entidad viva. Como otros seres dotados de esta cualidad, a lo largo del tiempo, pasa por diversas etapas, donde se nos muestra de formas diferentes. Cuando uno peina canas puede hacer un repaso de primera mano de esas diferentes épocas de la feria que ha vivido. Es mi caso, pues he conocido la feria (las dos ferias de cada año), en diversos momentos, con sus esplendores y sus altibajos y hasta he participado también en su preparación.
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| El autor, su hermano Roberto y su madre en la caseta de la OJE |
De niño la feria se reducía a que te llevaran los padres o algún otro familiar durante un rato, y a actividades como montarse en algunas atracciones (los “cacharritos”), que te compraran un juguete, o que comieras jeringos, patatas fritas o el delicioso turrón, manjar que solo se prodigaba cuando llegaban las navidades. Más tarde, cuando empezabas a salir en pandilla con los amigos, cambiaban las atracciones que frecuentabas, podías consumir algún refresco en los aguaúchos sin la tutela de los mayores, y, encima, intentabas hablar a las niñas que conocías o te arriesgabas a conocer, mientras esperabas a montarte en los coches de choque, por ejemplo. De joven ya intentábamos “organizar” nuestra propia feria. En mi caso eso ocurrió a finales de los años setenta y durante los ochenta y noventa del siglo pasado. Es en esos primeros tiempos cuando un fenómeno “nuevo” surge: empiezan a proliferar las casetas (antes eran escasas), gracias a grupos de amigos (El cañaveral, Manicomio 79...), clubes deportivos, empresas, partidos políticos, sindicatos, etc. Los jóvenes que nos agrupábamos en la Asociación Cultural Vientos del Pueblo llegamos a montar varias veces una caseta en los terreros que había junto a la Fábrica de Harina, donde hoy está el mirador del Genil. Era la época donde no había un recinto exclusivo para las casetas, estando éstas repartidas por el Paseo, junto a los cacharritos, y en sus alrededores. Solo destacaban como edificios de obra los aguaúchos, el Casino, la Caseta de la Amistad y los bailes de final del Paseo (El Munster club y la OJE, primero, y más tarde Club Juvenil).
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| Los Munsters y Los Broncos |
Poco a poco fueron surgiendo establecimientos nuevos en las ferias al calor de su pujanza: “La Bombilla” (en la antigua casa de los “Juncos”), “El tenderete de los impresentables” (en el anterior sitio de la empresa COPALCRO), “La marcha fresca” (en el Quiosco de la Música) y otras que aprovechaban, sobre todo el verano, para ofrecer a los jóvenes su entretenimiento. Porque es sobre todo en los ochenta cuando la feria de Agosto cobra mayor protagonismo. Los jóvenes en mayo teníamos exámenes y en agosto vacaciones. En mayo llovía (y llueve) muchas veces. En verano teníamos más ganas de diversión, y más tiempo y mejor clima. Y pasábamos todo el día en la Feria, porque, a pesar del calor, aguantábamos allí, y siempre había un alma caritativa que cogía una manguera de riego y nos refrescaba mientras bailábamos y nos rebozábamos con el polvo del albero. Además, entonces, los emigrantes palmeños (en Cataluña, Madrid, País Vasco, Alemania, Francia, etc) aprovechaban las vacaciones de verano para volver al pueblo, con lo que la población aumentaba, con ganas de diversión y de pasar unos días con familiares y amigos, alejados el resto del año. Eso provocó la costumbre de agasajarles en Feria con un arroz, en la caseta municipal, el antiguo Cine Coliseo España, que había comprado el Ayuntamiento para este fin.
| Entrada al Paseo en los años 70 |
Este fenómeno se refuerza con las obras que se hicieron en el Paseo en 1991, que permitieron trasladar las atracciones a un solar frente al colegio San Sebastián, y disponer de un recinto de casetas donde antes se instalaba la calle del infierno, dotado de sombra, calles urbanizadas y estructuras y lonas alquiladas por el Ayuntamiento, dando más realce, belleza y orden al recinto, además de permitir dos tipos de casetas, unas de estilo tradicional y otras (en otra parte) para música de discoteca. Las casetas que se multiplicaron antes pudieron instalarse en el nuevo recinto, lo que mantuvo el protagonismo de la Feria de Agosto, como feria más concurrida, durante unos años.
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| Mi hermana Soledad |
Siendo concejal participé en más de un debate sobre el futuro de las ferias. Uno de ellos era la posibilidad de unificar la Feria de Agosto con las Fiestas Patronales, fiestas estas últimas que también empezaron a decaer, desde aquellos tiempos en que no había espacio para montar quioscos, de la demanda que había de suelo, hasta hoy día, en que casi no hay establecimientos que sirvan en la Velá. Un debate que, como el Guadiana, aparece y desaparece, para surgir más tarde ante nuestros ojos, sin llegar a cuajar. Recuerdo una reunión con la directiva de la Hermandad de la Virgen de Belén, donde nos manifestaron que su mayor interés eran los actos litúrgicos y no tanto potenciar los aspectos lúdicos, además de preservar la identidad y singularidad de sus conmemoraciones, manteniendo fechas y lugares de celebración (en los setenta ya hubo intentos de trasladarla al Paseo y fueron un fiasco). Era lógico lo que pretendían y, como responsables de su organización, los únicos legitimados para decidir. Así que, en mucho tiempo, no volvimos a plantearles el tema.
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| Escenario y público de la feria de agosto de 2017 |
La Feria de Agosto es ya una feria diferente a la de Mayo. No hay casetas (las que se montan en Mayo también son menos, paulatinamente), solo perviven los tradicionales quioscos del Paseo (los aguaúchos), que prestan un magnífico servicio a quienes asisten a la feria, como siempre. Las atracciones, aunque en menor número (pues son numerosas las ferias y fiestas de los pueblos de nuestro entorno), siguen concurriendo y sirviendo de diversión para niños y más jóvenes. La feria de día ha desaparecido, pues nos hemos vuelto cómodos y no queremos pasar calor, pero por las noches hasta cuesta trabajo encontrar una mesa donde sentarse a tomar una copa y una tapa. Y lo llamativo es que el Ayuntamiento programa las actuaciones, que antes se desarrollaban en la Caseta Municipal, al final del Paseo. En otras épocas se había intentado, pero los palmeños y palmeñas hemos preferido bailar en recintos cerrados, no “en la calle”, salvo cuando nos íbamos a las ferias de los alrededores, como la de Hornachuelos o Fuente Palmera, donde sí nos desmelenábamos bailando hasta altas horas de la madrugada delante de la orquesta que actuaba en la plaza del pueblo. Hace dos años asistí atónito al espectáculo de verme entre decenas y decenas de personas que deambulaban por el Paseo, tras haber estado toda la noche bailando y cantando delante de las orquestas, casi a las ocho de la mañana, sin saber qué hacer pues no había ya ningún establecimiento abierto, y con más ganas de feria. Si me lo cuentan, no me lo hubiera creído, pero lo vi con mis propios ojos. Y pensé: si a estos les dices que le vas a quitar la Feria de Agosto, te quitan a ti de en medio.
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| Caseta “Los Aburríos” 1950 |
¿Que hay gente que se va a la playa durante la feria (no solo en la de Agosto, también ya en la de Mayo)? Libres son, nadie está obligado a permanecer aquí, pero también hay mucha gente que se queda y que tiene derecho a disfrutar “su Feria”, sin fastidiar a otros; como hay palmeños y palmeñas que no participan en otras celebraciones y no, por ello, claman por su desaparición. ¿Que los jóvenes ya no montan casetas, como hacíamos los de nuestra generación hace años, porque tienen una “feria barata” cada fin de semana con el botellón? Da igual, si les dices que les vas a quitar la feria, se enfadan y te sueltan eso tan socorrido de que “en Palma es que no hay nada”. ¿Es que tenemos que cargarnos la Feria para potenciar otras actividades? La Feria de Agosto es una feria que forma parte de nuestro Acervo Histórico y Cultural, que tiene siglos de vida (desde 1451, más antigua que la Feria de Sevilla) y que solo se suspendió en el siglo XIX por una epidemia animal, lo que dio lugar a la aparición de la Feria de Mayo. No tiene sentido suprimirla si hay motivos históricos, económicos, tradicionales, y habitantes dispuestos a seguir manteniéndola, de la manera que ellos la entienden. ¡Defendamos y protejamos nuestras ferias!
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| Roberto, la tía Adelina y el autor en los cacharritos |
Las ferias, como decía al principio, son como los seres biológicos, pasan por diversas vicisitudes durante su existencia, y terminarán pereciendo. ¿Está muerta la feria de Agosto? A mi juicio, no. Ni al criterio de las miles de personas que van al Paseo en esos días de fiesta. No seamos nosotros los que le demos la estocada final, cuando hay muchos paisanos y paisanas (además de los que siguen visitándonos de los alrededores) que sienten su feria como algo propio, sin distinción de credos, ideologías u ocupaciones. Es ya una feria diferente, sí, diferente a la de Mayo, diferente a las ferias de otras épocas, que, por mucho que las recordemos con añoranza, no volverán. Pero sigue viva. Las ferias serán lo que queramos los habitantes de este hermoso pueblo, todos; pueblo que vive según los tiempos que nos ha tocado en suerte. Disfrutemos de las Ferias, las dos. En Agosto, y, por supuesto, en la que empieza ahora, la Feria de Mayo. ¡Que tengan una buena feria!
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domingo, 24 de diciembre de 2017
¡Felicidades!
jueves, 18 de mayo de 2017
Feria de mayo de 2017, y recuerdos
Como anunciaba ayer, con motivo de la publicación de mi artículo en la revista de feria, hoy se inicia la Feria de Mayo de Palma del Río. Una feria que podremos disfrutar gracias al buen tiempo, que las previsiones meteorológicas nos auguran. Aunque no tengamos ya las fuerzas que de jóvenes nos impulsaban a gozar el máximo de tiempo posible de estos eventos festivos, seguro que no faltaremos a la cita diaria en el Paseo. Y, una vez más, eso me impulsa a hablar de recuerdos. Primero por la fotografía que me facilitó un primo, que vive lejos de nuestro solar de nacimiento, donde aparece mi madre, de joven, vestida con el popular traje de gitana, el de la época, cuando todavía estaba soltera. Se le ve contenta, luciendo su vestido de lunares, y posando antes de salir al recinto ferial, con el mantón y las flores en el pelo. Desconozco la fecha, pero intuyo que fue antes de 1960, año en que contrajo matrimonio con mi padre, tras su vuelta de Horcajo y de Madrid.
La otra es una adquisición reciente. Es una foto de 1960 de la antigua "Caseta de la Amistad", durante la feria del mediodía. La caseta está engalanada con las tradicionales lonas y repleta de público. A su lado vemos unas bicicletas y una silla de ruedas. La barra estaba montada fuera de la parte techada, cubierta por un toldo o lona, para ganar espacio. Es en las ferias de mayo, en la primavera, cuando hemos podido disfrutar de la feria de día, al no hacer todavía el calor que nos impide en agosto estar en la calle con las altas temperaturas. Así se ve en la foto, cedida por José Luis de las Heras, hijo de José de las Heras, el autor de la imagen, a quien agradezco su colaboración.
¡Disfruten de las fiestas! que, para descansar, ya vendrá el lunes.
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martes, 28 de febrero de 2017
Andalucía, sus tradiciones y sus retos
Hace unos años, de viaje de vacaciones por el País Vasco, estuvimos en Bilbao, coincidiendo con la Aste Nagusia, la Semana Grande. Tras un buen paseo por el casco histórico, nos paramos junto a una carpa donde, con bastante público sentado delante, unos bertsolaris entonaban, compitiendo entre ellos, sus creaciones poéticas.
Uno de nosotros me dijo "¡qué nacionalistas son esta gente!", tras ver cómo se desarrollaban las fiestas. Junto a la ría las txoznas vendían sus productos adornadas con pancartas, murales y emblemas de claro corte nacionalista. Las tascas rebosaban gente que bailaba y cantaba al son de músicas autóctonas, con instrumentos propios. Incluso unos grupos animaban las calles tocando melodías del lugar, ataviados con ropajes tradicionales y tocados con las clásicas txapelas.
Yo le contesté: "Estamos en sus fiestas tradicionales, así que las viven según sus tradiciones. Unos serán nacionalistas y otros no. Lo que pasa es que, para nosotros, son extrañas, porque no las vivimos en Andalucía así." Y continué poniendo un ejemplo de lo que a otros extrañaría. "Imagina que alguno de estos que están por aquí bajan a Palma, durante la feria. Verán mujeres camino del Paseo vestidas de gitana, cantando y haciendo palmas por sevillanas. Caballistas vestidos con sombrero de ala ancha, chaqueta corta y montando con su pareja, vestida de gitana, a la grupa.
Cuando entren por el paseo, la música serán sevillanas, rumbas o flamenquito. Las casetas y los bares tendrán farolillos y banderines, con música también similar y estarán decoradas con elementos tradicionales (mantones de manila, abanicos, motivos taurinos, castañuelas, guitarras, etc.) ¡y hasta en las lonas y cortinajes predominarán los colores blanco y verde! los de la bandera de Andalucía, además de los socorridos lunares. El vasco que nunca haya venido a una feria dirá también: "¡qué nacionalistas son esta gente! ¡todo hace referencia a sus tradiciones!". Y unos lo serán y otros no, como pasa en su tierra."
Se quedó pensando mi acompañante y me contestó: "tienes razón". Cada uno ve las cosas según acostumbra a vivirlas, y si no es lo que ve corrientemente, le parecerá que lo ajeno que ve en su visita es fruto de de algún fanatismo o empecinamiento en lo indígena como el de los nacionalistas.
Los nacionalistas acostumbran a manipular la cultura popular para conseguir el apoyo a sus tesis a base de exprimir sentimientos, como los que provocan las tradiciones. Pero un pueblo es más que sus tradiciones. Y Andalucía tiene sus tradiciones muy arraigadas, sí, pero como país y como pueblo son algo mucho más rico e importante. Pensar en Andalucía no es quedarse en su folclore, su Rocío, sus ferias, su flamenco, su aceite de oliva o sus jamones ibéricos. Incluso estas tradiciones se han terminado convirtiendo en productos de consumo, muchas veces alejados de su raíz, como le pasa a parte de su gastronomía, como vemos en este letrero de un restaurante madrileño, de la Plaza Mayor.
Cuando hace 37 años, muchos andaluces nos movilizamos para tener una autonomía política de primera, no fue para defender y disfrutar de las tradiciones solamente. Fue para dar a un giro a la situación de postración que vivíamos, relegados a un papel secundario en España. Para tener un futuro mejor, con empleo de calidad, servicios públicos para todos y de calidad, para acabar con desigualdades sangrantes con otros territorios peninsulares. Hoy día, tras ese tiempo, muchas cosas han cambiado, pero otras no. Tenemos uno de los índices de paro más altos de España, y nuestra economía no encuentra nuevas salidas para nuevos sectores que den empleo. Nuestra sanidad y educación pasan por problemas, gracias a los recortes impuestos con los excusa de la crisis. Los servicios sociales están estancados, con un sistema de atención a la dependencia que no llega a todo el que lo necesita, por ejemplo. Hemos conseguido avances, pero hay retos graves e importantes, que hoy también hay que tener presentes, además de celebrar festivamente nuestro día como comunidad.
Como yo no soy nacionalista, no voy a caer en la trampa del folclore. La cultura popular está muy bien, mas todo pueblo se merece mejorar sus condiciones de vida, se divierta con lo que se divierta, como hacen en el Norte y hacemos en el Sur. Un día como el de hoy debemos recordar, como aquel 28 de febrero de 1980, que Andalucía también se merece mejorar.
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