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domingo, 15 de octubre de 2017

Referédum


En medio del caos que estamos viviendo con el referéndum organizado por la Generalidad catalana el pasado 1 de octubre, ilegal y suspendido por el Tribunal Constitucional, la “no-se-sabe-si” declarada independencia de Cataluña posterior, y todo lo que ello está dando de sí, más de uno ha empleado el argumento, en su defensa, de que los catalanes se han pronunciado votando sobre su futuro, a diferencia del régimen del 78, cuyo rey no ha sido elegido, ni los españoles se han pronunciado sobre monarquía o república. Aparte de que es una falacia dicho argumento, pues la decisión fue tomada con la Constitución de 1978, ratificada en referéndum el 6 de diciembre de dicho año, en nuestra historia reciente encontramos otro referéndum donde el pueblo español se pronunció sobre si su Estado debía ser un Reino: el referéndum de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947. En esta consulta, celebrada el 6 de junio de ese año, se aprobó, por un 89, 86% del censo, entre otras cosas, que España se constituyera en Reino, que Franco fuese Jefe del Estado vitalicio, la creación del Consejo del Reino (disuelto con la Constitución de 1978) y que Franco propusiese a las Cortes a su sucesor, “a título de Rey o Regente”, como efectivamente sucedió en 1969, cuando nombró a Juan Carlos de Borbón “Príncipe de España”, como sucesor a título de Rey, tras su muerte.


Es decir, que el pueblo español decidió mayoritariamente, con su voto (“Volem votar!”), que España se convirtiese en monarquía y que el Rey fuese el sucesor del dictador, a su fallecimiento. Así que no sería cierto, como nos dicen algunos, que no se haya votado esta monarquía. A mí me hubiera gustado que, a la muerte de Franco, hubiésemos podido elegir entre monarquía o república, pero no es ilegítimo que tengamos monarquía, pues, además, así fue confirmada en el referéndum constitucional de 1978. Algunos dirán que la consulta de Franco no fue una consulta democrática… y es verdad. Votar no significa elegir democráticamente, no es lo mismo. Eso lo hemos visto en el referéndum ilegal del 1 de octubre: no había censo oficial, se pudo votar más de una vez (como se ha comprobado en más de un caso), no había un órgano imparcial o judicial que verificase la votación y el escrutinio, el recuento fue “clandestino”, se vivió un clima de acoso y coacción hacia los no partidarios del referéndum, la misma consulta estaba orientada para que saliese el objetivo de los convocantes (la independencia), no había garantías de imparcialidad y de derechos de todas las opciones, etc. Lo mismo que en ese referéndum de 1947 ¿no?, nos dirán los partidarios del derribo del “régimen del 78”. De este modo, si lo importante “era votar” (“Volem votar!”) y eso era lo democrático el 1 de octubre, también fue democrático el 6 de junio de 1947, porque los españoles votaron. Y, si este no vale, aquel tampoco. Como diría un castizo: “o todos moros, o todos cristianos”. Con Franco ya se bailaba el mambo. El mambo de las falacias.

(En las imágenes, certificados de votación en el referéndum de 1947, en Palma del Río, donde aparecen como votantes familiares de Antonio Lopera Flores, que me facilitó las copias)

martes, 9 de mayo de 2017

Bikinis, fútbol y rock & roll


Así se llama el nuevo libro de Adrian Vogel, un libro donde narra, desde la perspectiva que este hombre ha vivido (la música pop sobre todo) el paso del Franquismo a la democracia actual. Un libro de investigación que nos cuenta que, gracias a cierta perspicacia de los gerifaltes de entonces, las cosas que estaban cambiando el mundo en los años sesenta y setenta, fueron entrando en España, dosificadas, consiguiendo que no nos rebelásemos y cambiásemos el statu quo de forma radical. Lo que luego se llamó el "Franquismo sociológico". Un repaso por la historia reciente en forma de "crónica pop", repleta de datos y anécdotas.


"Bikinis, fútbol y rock & roll" ha sido editado por el Grupo Akal, y cuenta con el prólogo de El Gran Wyoming. Yo no me podía resistir a comprarlo, y ayer me llegó. Otra adquisición para hacer paréntesis de lectura, durante la preparación de las oposiciones.

Adrian Vogel, a la derecha, con Michael Jackson

De Adrian Vogel (periodista, futbolero (merengón de pro) promotor musical, ejecutivo de discográficas, conferenciante... tal vez el más entrevistado en España cuando murió Michael Jackson) ya os he hablado varias veces, incluso he comentado alguna otra publicación suya, como el eBook Mi mundial Brasil 2014. Tiene un blog, El Mundano, muy recomendable, que nació un mes antes que el mío, donde he tenido el honor de publicar diversas entradas sobre temas musicales, como Un siglo de canciones 17: “Este Madrid” (por Francisco Javier Domínguez “Schevi”), que, por cierto, aparece en el listado de post más vistos. Supe de sus andanzas con aquel programa que emitían en RNE, Para vosotros jóvenes, que recordé en un emotivo post sobre mis aprendizajes con el mundo de la radio. Espero disfrutar de su nuevo trabajo. Y ¡anímense! búsquenlo, que seguro lo gozan.

lunes, 10 de abril de 2017

El walkman o lorillo de mi juventud


En estos días se está moviendo un grupo de personas, de las que fueron a las excursiones de semana santa a la comunidad de Taizé, para revivir aquellos viajes en forma de un viaje cultural por las localizaciones que están relacionadas con literatos y artistas españoles. La idea surgió porque en uno de esos viajes se hizo una parada en Colliure (Francia), donde está enterrado Antonio Machado, tras huir al exilio. En aquel viaje, se dejó depositada una bandera con los colores de la República, que hicieron con una bandera oficial a la que añadieron un trozo morado abajo. El trozo lo consiguió mi hermano Roberto, cortando la cola del traje de nazareno de mi padre (un modelo antiguo, pues los actuales de esa cofradía no llevan esa cola), con la excusa de ponérselo algún día al salir en procesión (como hizo más de una vez, por cierto). Mi hermano fue a aquel viaje, yo no. Ni llegué a visitar Taizé. Solo hice el último viaje que se organizó, que fue a Italia, en 1982, sin pasar ya por ese lugar. En los anteriores, además de la visita a la comunidad (por cierto, creada por el protestante "hermano Roger"), se aprovechaba para hacer algo de turismo por los alrededores. Eso hizo que se apuntase mucha gente con el exclusivo interés de viajar a precios baratos, y no de participar en actos ecuménicos religiosos. Otros iban porque en aquel lugar se encontraba mucha gente, entre ellas de varias comunidades españolas, dando rienda suelta a los deseos de libertad que surgieron tras la muerte de Franco. Se terminó solo con el turismo, en ese viaje a Italia. La idea del nuevo viaje es partir de Granada y terminar en Colliure, visitando ciudades relacionadas con la cultura que aprendimos de jóvenes.

En el albergue de Roma (1982), el grupo de viajeros. Yo, de pie, el que tiene los brazos en jarras (Foto de Rafi García)

En una parada de aquel viaje a Italia, que hicimos en Andorra, compré un reproductor de cassette, que estaba de moda entonces, por su pequeño tamaño. Los había de diferentes tipos: solo reproductores, grabadores... Con el tiempo se fueron haciendo cada vez más pequeños, aunque los más extendidos eran los que usaban las cintas estándar, las mismas que para aparatos mayores. Lo que les hizo populares era que se podían usar caminando, cómodamente, de ahí el nombre de walkman, aunque nosotros lo conocíamos también como "lorillos".


Durante el viaje fuimos muchos los que disfrutamos de la música, individualmente, gracias a estos aparatos. Yo me llevé varias cintas de mis discos favoritos grabados para poder escuchar música, e, incluso, me compré un trabajo muy de éxito entonces: el ROCK & RÍOS, de Miguel Ríos. Recuerdo cómo un amigo, durante un trayecto en autobús, se volvió desde el respaldo de su asiento, riéndose a pierna suelta de nosotros. Le pregunté el motivo y me dijo que la mayoría estaba bailando, solos, sentados, cada uno a su aire, con los auriculares puestos, y el autobús estaba en silencio. Una escena muy cómica.


La calidad de sonido de estos aparatos era buena, para la técnica de la época, reproduciendo en estéreo, a través de auriculares pequeños (cascos). Y se podían colgar de una cinta, en bandolera, o con una pinza que llevaban en el estuche donde se guardaban, que servía para fijarlos al cinturón, por ejemplo. Te permitían correr, andar, y llevarte tu música donde quisieras, sin cargar con pesados y voluminosos aparatos. Más tarde se empezaron a usar con CDs, pero de esos no he tenido ninguno.


El que compré en Andorra (todavía no se habían extendido los bazares, propiedad de marroquíes, indios, y más tarde, chinos, que vendían más barato que los comercios especializados en aparatos electrónicos, por lo que merecía la pena aprovechar estos viajes para hacer compras) es el que reproduzco en las imágenes. Es muy ligero y de tamaño reducido. Se alimentaba a pilas, aunque tenía una toma para adaptador de corriente que empleé mucho. Tenía incluso un micrófono que te permitía grabar sonidos, como hacían los reporteros con sus aparatos en ruedas de prensa que veíamos en televisión. Mi hermano me hizo unos pequeños bafles con un altavoz cada uno en una caja de plástico, que me permitió disfrutar del aparato como equipo de música para ambiente, usándolo en mis tiempos de estudiante en los pisos de Córdoba en los que viví de alquiler con amigos. Con el tiempo se fue estropeando (la cabeza reproductora se iba desviando, empeorando el sonido), y, además, las cintas de cassette se han ido perdiendo con el paso a los formatos digitales. Pero todavía funciona. Ahora es solo una pieza de museo entre mis cachivaches viejos de la juventud.

viernes, 24 de marzo de 2017

José María Izquierdo. Hasta siempre.


A José María Izquierdo Benavides le conocí en el Colegio S. Sebastián. Era unos meses mayor que yo y estaba en un curso posterior. Más tarde coincidimos en el grupo cultural Vientos del Pueblo. Era en nuestra época de jóvenes, en la Transición democrática, con ganas de hacer muchas cosas. Una anécdota que recuerdo de aquellos tiempos y que define su carácter fue la que aconteció cuando conseguimos que un grupo teatral de Córdoba viniese a Palma a representar su obra. La condición que pusieron era que debíamos trasladar todo su equipo (decorados, luces, sonido, etc.) por nuestra cuenta. En una reunión, de aquellas que hacíamos los de la comisión de teatro de la asociación en la parroquia de la Asunción, se debatió el asunto, pensando en la manera de hacer el traslado. José María se lanzó a la piscina: “Yo me busco un tractor y un remolque y me traigo todo.” “¿En un tractor? Tendrás que hacer noche en Almodóvar”, comentó alguien. Nos reímos todos. Tenía ocurrencias por el estilo. 

Con el que conocíamos como “Lister”, un viejo luchador obrero palmeño (que murió cuando el golpe de estado de Tejero, del susto), componía la agrupación local del PCOE (Partido Comunista Obrero Español), formado, como una escisión del PCE, por el viejo dirigente y militar republicano Enrique Lister (de ahí el apodo de su compañero). Eran pocos, pero activos, aunque su presencia duraría poco tiempo.

Más tarde José María se haría ácrata, siempre combativo, hizo muchas pintadas en el pueblo y con eso se creía que iba a hacer la revolución con unos pocos amigos. También fue republicano (me regaló un pin con la bandera tricolor, que he lucido muchas veces en los “catorce de abril”). Otras veces se replegaba, llegando a dejarme sorprendido una vez en el Pub Lord Byron cuando me contó que los de izquierdas estábamos equivocados, que el capitalismo tenía razón y era el mejor sistema. Lo tomé como una de sus locuras. Pues así lo consideraban muchos, un loco. Eso sí, vivió como le dio la gana.

Se casó y tuvo hijos, pero se separó para vivir como un hippy. Así se definía, como hippy. Cambiaba de ideología, pero siempre fiel a esa forma de vida, según sus propias palabras. Siempre enrollado en proyectos musicales y contra-culturales (conciertos, grupos, fanzines...). Fue uno de los fundadores de MUENMO (Músicos en movimiento), creadores del festival de música alternativa Palmitosónico, que se empezó celebrando en Los Cabezos. Música de minorías, pero activa, siempre a la última (puk, hip hop, heavy...). 

Recuerdo sus polémicas contra el ayuntamiento, especialmente con la policía municipal, blanco de sus más agrias críticas (“los munipas”). Tenía unos coches que usaba para componer o reparar su propio vehículo, dejando en la calle los restos. Como era lógico, algunos se los llevó la grúa, por estar aparcados más de la cuenta en el mismo sitio, presumiéndose su abandono por su estado. Y encima no pagaba el impuesto de vehículos, con lo que las deudas con la hacienda local no paraban de crecer. Más de una vez se acercó a mi despacho de teniente de alcalde buscando una solución, siempre demasiado tarde, pues la deuda iba creciendo, y con ella los embargos. No recuerdo si llegó a solucionar estos entuertos, pues se rebelaba contra toda norma que no le gustase. Se fue a Córdoba a vivir un tiempo, y allí conoció a una prima mía, de la que me habló más de una vez al coincidir en clases de baile. Me dejó sorprendido una vez más (¿José María recibiendo clases de baile de salón?)

Tuvo un tumor cerebral de joven. Lo veíamos pasear con la cabeza vendada, como abstraído, unas veces, y otras, con comportamiento perturbado. Corrió el rumor de que se inventó la locura que le achacaban para librarse del servicio militar. Tuvo más tarde más problemas de salud. Lo último que supe de él es que, tras volver de Córdoba, muy enfermo, su hija intentó buscarle una ayuda a domicilio, porque estaba muy desequilibrado. Hasta hoy no he sabido nada más, solo su fallecimiento.

Coincidimos y discrepamos muchas veces. Pero siempre conservamos la amistad de años, desde aquellos tiempos de lucha y juventud. Tal vez hoy sienta algo de nostalgia por aquellos tiempos que compartimos, de ilusiones, ingenuos, combativos, al haberme enterado de que nos ha dejado. Tiempos y actitudes que él siguió viviendo a su manera, y, tal vez, por ello, por no aceptar las reglas, terminó apartándole de los demás, aunque siempre conservase el afecto un grupo de quienes compartieron con él momentos inolvidables. Tomo prestada del Facebook de Juan Carlos Quesada, Tito, uno de sus compañeros de correrías musicales, una foto para recordarlo. Descanse en paz.

martes, 28 de febrero de 2017

Andalucía, sus tradiciones y sus retos


Hace unos años, de viaje de vacaciones por el País Vasco, estuvimos en Bilbao, coincidiendo con la Aste Nagusia, la Semana Grande. Tras un buen paseo por el casco histórico, nos paramos junto a una carpa donde, con bastante público sentado delante, unos bertsolaris entonaban, compitiendo entre ellos, sus creaciones poéticas. 


Uno de nosotros me dijo "¡qué nacionalistas son esta gente!", tras ver cómo se desarrollaban las fiestas. Junto a la ría las txoznas vendían sus productos adornadas con pancartas, murales y emblemas de claro corte nacionalista. Las tascas rebosaban gente que bailaba y cantaba al son de músicas autóctonas, con instrumentos propios. Incluso unos grupos animaban las calles tocando melodías del lugar, ataviados con ropajes tradicionales y tocados con las clásicas txapelas.


Yo le contesté: "Estamos en sus fiestas tradicionales, así que las viven según sus tradiciones. Unos serán nacionalistas y otros no. Lo que pasa es que, para nosotros, son extrañas, porque no las vivimos en Andalucía así." Y continué poniendo un ejemplo de lo que a otros extrañaría. "Imagina que alguno de estos que están por aquí bajan a Palma, durante la feria. Verán mujeres camino del Paseo vestidas de gitana, cantando y haciendo palmas por sevillanas. Caballistas vestidos con sombrero de ala ancha, chaqueta corta y montando con su pareja, vestida de gitana, a la grupa. 


Cuando entren por el paseo, la música serán sevillanas, rumbas o flamenquito. Las casetas y los bares tendrán farolillos y banderines, con música también similar y estarán decoradas con elementos tradicionales (mantones de manila, abanicos, motivos taurinos, castañuelas, guitarras, etc.) ¡y hasta en las lonas y cortinajes predominarán los colores blanco y verde! los de la bandera de Andalucía, además de los socorridos lunares. El vasco que nunca haya venido a una feria dirá también: "¡qué nacionalistas son esta gente! ¡todo hace referencia a sus tradiciones!". Y unos lo serán y otros no, como pasa en su tierra."


Se quedó pensando mi acompañante y me contestó: "tienes razón". Cada uno ve las cosas según acostumbra a vivirlas, y si no es lo que ve corrientemente, le parecerá que lo ajeno que ve en su visita es fruto de de algún fanatismo o empecinamiento en lo indígena como el de los nacionalistas.


Los nacionalistas acostumbran a manipular la cultura popular para conseguir el apoyo a sus tesis a base de exprimir sentimientos, como los que provocan las tradiciones. Pero un pueblo es más que sus tradiciones. Y Andalucía tiene sus tradiciones muy arraigadas, sí, pero como país y como pueblo son algo mucho más rico e importante. Pensar en Andalucía no es quedarse en su folclore, su Rocío, sus ferias, su flamenco, su aceite de oliva o sus jamones ibéricos. Incluso estas tradiciones se han terminado convirtiendo en productos de consumo, muchas veces alejados de su raíz, como le pasa a parte de su gastronomía, como vemos en este letrero de un restaurante madrileño, de la Plaza Mayor.


Cuando hace 37 años, muchos andaluces nos movilizamos para tener una autonomía política de primera, no fue para defender y disfrutar de las tradiciones solamente. Fue para dar a un giro a la situación de postración que vivíamos, relegados a un papel secundario en España. Para tener un futuro mejor, con empleo de calidad, servicios públicos para todos y de calidad, para acabar con desigualdades sangrantes con otros territorios peninsulares. Hoy día, tras ese tiempo, muchas cosas han cambiado, pero otras no. Tenemos uno de los índices de paro más altos de España, y nuestra economía no encuentra nuevas salidas para nuevos sectores que den empleo. Nuestra sanidad y educación pasan por problemas, gracias a los recortes impuestos con los excusa de la crisis. Los servicios sociales están estancados, con un sistema de atención a la dependencia que no llega a todo el que lo necesita, por ejemplo. Hemos conseguido avances, pero hay retos graves e importantes, que hoy también hay que tener presentes, además de celebrar festivamente nuestro día como comunidad. 

Como yo no soy nacionalista, no voy a caer en la trampa del folclore. La cultura popular está muy bien, mas todo pueblo se merece mejorar sus condiciones de vida, se divierta con lo que se divierta, como hacen en el Norte y hacemos en el Sur. Un día como el de hoy debemos recordar, como aquel 28 de febrero de 1980, que Andalucía también se merece mejorar.

domingo, 15 de enero de 2017

Otros bares desaparecidos: El zapaterillo


De niño recuerdo que mi padre frecuentaba el Bar "Los novios", como era conocido popularmente el Bar Gracia, nombrado así por los vinos de Montilla-Moriles que vendía allí Manuel Lopera, una vez que adquirió el antiguo bar que había junto a la barbería de “Rubito malaspatas”. En casa lo llamábamos el bar de la esquina (pues estaba en la calle Feria, haciendo esquina con nuestra calle, la calle José de Mora), o simplemente "la esquina", ya que nombrándolo así ya sabíamos a qué nos referíamos. Pero en otra esquina de la acera de enfrente, la contraria en la calle San Sebastián donde estaba la casa de la familia Liñán, había otro bar, más grande y también con solera, el bar de "El zapaterillo", que regentaba Manuel Ruiz. El apodo era del padre, que sería zapatero en su juventud, y pasó al hijo, que lo conservó siempre. Manolo era tío de mi amiga la escritora Mari Carmen Navarro.

El Bar El zapaterillo tenía entrada por la calle Feria, frente al antiguo Banco de Bilbao, y tenía la entrada de las cocinas por la calle San Sebastián. Donde estaba la barra era un salón amplio, con la barra al fondo a la derecha. Una entrada daba paso a una especie de patio, al que se asomaban otras estancias, una de ellas la que empleábamos los miembros de las juventudes comunistas en la clandestinidad, para hacer reuniones disfrazadas de encuentros de amigos consumiendo como otros clientes del bar. También hacíamos esas reuniones en otros establecimientos, como el mismo Bar Los novios (las menos veces, pues Manolo era muy exigente con eso de las consumiciones y no teníamos mucho dinero entonces) o el Bar de Espejito, al principio de la calle Feria. El bar estaba decorado, sobre todo ese patio, con numerosos objetos taurinos: cabezas disecadas de toros, carteles, banderillas, estoques, monteras, etc. Allí se reunían los miembros de la Peña El Palmeño, tras dejar las instalaciones de la Plaza de España (entonces plaza del General Sanjurjo). Manolo era gran aficionado al mundo del toro y a la cacería, como su padre, por eso uno de sus platos famosos eran los zorzales.

En los años setenta trasladaron el bar a la Avenida de Goya, en un pequeño local haciendo esquina con la Avenida de la Paz, hoy espacio abierto de "vending". Lo frecuentábamos cuando estudiábamos en el Instituto de Bachillerato, para los desayunos. Fue en ese local donde mi amigo Pepe Lora le gastó la broma de la "curiana" a Manolo. No recuerdo cuándo, el bar se trasladó a la esquina contraria en la misma avenida, conservando su magnífico sabor taurino, con numerosos recuerdos y fotografías. Cuando se celebraron novilladas en los solares del barrio del V Centenario, el bar fue lugar de encuentro destacado de aficionados y profesionales del toro. Una vez participé, incluso, en una tertulia sobre ello, allí, organizada por Radio Palma (cuyo propietario, Muñoz Rojo, está casado con una hija de Manolo). El local, tras la jubilación del "Zapaterillo", pasó a manos de su hijo Juan Carlos, que la transformó en una concurrida cafetería, seña de identidad del barrio. Muchos días lo veíamos en su terraza, junto a su mujer, tomando un café hasta que Manolo falleció hace unos años. El bar siempre permanecerá en la memoria de los palmeños.

martes, 13 de diciembre de 2016

Los dioses del socialismo


Llevo más de 34 años en el PSOE, antes estuve dos años en el PCE y otros años más en las juventudes comunistas (desde que entré en la clandestinidad, con 15 años). Desde muy joven me interesó la política y leí todo lo que se me puso a mano sobre eso, deteniéndome especialmente en la doctrina marxista, la de otros autores socialistas, sus vidas, los hechos históricos de los revolucionarios célebres, los sindicatos y partidos de izquierda, incluso antes de la muerte de Franco. La llamada Transición democrática y la relajación de la censura anterior permitió la publicación de numerosos escritos, en libros y en medios de comunicación, donde se daban a conocer doctrinas políticas antes perseguidas y prohibidas. Nunca entonces, ni después, encontré referencia alguna a dioses. Es más, el marxismo, que tan de moda estuvo en los primeros años tras la muerte del dictador y en la democracia recién estrenada, renegaba de mitos, dioses y otras teorías emocionales, centrándose en el uso de la razón y la ciencia como herramientas de emancipación del ser humano, esclavizado por las duras leyes del capitalismo. 

Ahora, un tal Lambán, presidente de la Diputación General de Aragón desde 2015, y secretario general del PSOE de esa comunidad, ha dicho en un acto que "Los dioses del socialismo y la política cubren a Susana Díaz con un manto todavía más poderoso que el que la cubría hace un año". Y añadió: "En su condición de trianera, será requerida en los próximos meses para parar, templar y mandar". Como un torero, vamos, dominando al toro.

Todavía siento estupor, con esa referencia a los "dioses del socialismo y la política". Como cuando Susana Díaz, pronunció aquello de que el PSOE no era ni de izquierdas ni de derechas. Muchas cosas han cambiado desde aquellos años jóvenes en que me inicié en política. Lo que no cambia en una parte de la izquierda es el llamado "culto a la personalidad", algo que tuvo especial predicamento con líderes como Lenin, Stalin y otros dirigentes comunistas, cuando el comunismo se convirtió casi en una religión, llegando también a contagiar durante algún tiempo al socialismo europeo. El culto a la personalidad (o también la adulación a quien manda) parece mover a algunos a decir tonterías como esa de los dioses del socialismo. 

Esto me ha recordado una película de principios de los ochenta, que vi en el Cine Club de Vientos del Pueblo en aquellos años. Su título es de lo más expresivo: "Los dioses deben estar locos". Os dejo con dos escenas memorables de aquella divertida película, que merecería la pena volver a ver, pues no ha perdido actualidad en su mensaje, a pesar del paso de los años.




jueves, 27 de octubre de 2016

Rafael Sarazá y mi familia materna


Ayer falleció el abogado cordobés Rafael Sarazá. Un abogado de prestigio, que se ganó el cariño de los represaliados políticos y sindicales durante el Franquismo, por defenderles en numerosas causas. Fue concejal en el ayuntamiento de Córdoba desde 1979 a 1981 por el Partido Comunista y luego miembro del Consejo General del Poder Judicial, a propuesta de IU, desde 1994 a 1998. Además casi toda su vida se dedicó al Derecho Penal y la defensa de los derechos humanos, compartiendo bufete con otro histórico luchador comunista, y abogado laboralista, Filomeno Aparacio. Sarazá fue uno de los fundadores del Círculo Cultural Juan XXIII, una institución cultural cordobesa, fundada por intelectuales católicos, que representó un papel fundamental en los últimos años del Franquismo y primeros de la Transición, dando acogida y voz a los nuevos movimientos políticos y sus miembros. 


Pero, además del pésame por la pérdida de este hombre, un motivo más me mueve a escribir. Ayer, en la edición digital de Diario Córdoba, al dar la noticia, se ilustraba con una foto, donde Rafael Sarazá posaba micrófono en mano pronunciando unas palabras. Foto que me he permitido incluir en esta entrada. Esa imagen pertenece a uno de los muchos actos en que participó en los últimos años de su vida. Concretamente es de uno de los tradicionales "peroles" (como se dice en Córdoba a la celebración, principalmente con un arroz, de una fiesta campestre con familia y amigos) que se organizan en el Barrio de la Fuensanta, donde vivía Sarazá, cada 12 de octubre. Lo sé porque, al ver la foto me llevé una sorpresa: los que se ven al fondo de la imagen son familiares míos. Concretamente mi tía Ascensión, hermana de mi madre, su marido, mi tío Mariano, y, a su lado, mi primo Antonio (hijo de mi tío Curro) y Toñi, su mujer.


El tío Mariano trabajaba en el mantenimiento de las carreteras, por eso vivieron varios años en una casa de peones camineros en la barriada de Los Mochos, en Almodóvar del Río. Luego se fueron a Córdoba. Mi tía Ascensión vivía en la zona conocida como "el santuario", en La Fuensanta. Y más de un año nos invitaron a ese arroz que ellos organizaban con los vecinos, como otros que también preparan el suyo bajo las carpas que instala el ayuntamiento en el solar que hay junto a sus viviendas. Una hija de ellos, Sensi, también vive en el mismo bloque y nos ha llamado varias veces para compartir la comida con ellos y otros familiares y amigos del barrio. En 2013 estuvimos allí y nos hicimos unas fotos en el mismo lugar donde se registró la imagen que publicaba el Diario Córdoba. Entonces Rafael Sarazá nos dedicó también unas palabras, ya que estuvo muy volcado con el movimiento ciudadano y las asociaciones de vecinos, como la que organizaba el acto y la celebración.


Mis tíos Ascensión y Mariano, y sus hijas, estuvieron muy pendientes de mi madre en sus últimos años de vida. Algo normal,  ya que otros hermanos de mi madre ya habían fallecido, y la otra hermana, Belén, vive en Fuenlabrada (Madrid). Por eso les tengo un especial cariño. Ambos fallecieron no hace mucho. Ascensión murió en noviembre de 2014, y Mariano, no mucho tiempo después, algo no infrecuente en los matrimonios que han compartido muchos años juntos. Fue en el funeral de mi tío Mariano, en la iglesia de la Fuensanta, donde por última vez vi a Rafael Sarazá, que como católico y buen vecino, acudió al sepelio de mi tío también. Ya se le veía muy mayor y débil. Como buenos vecinos compartieron muchas vivencias en el barrio. Y hoy me ha servido la noticia para dedicarle un cariñoso recuerdo a estos mis familiares.

lunes, 26 de septiembre de 2016

La crisis política y las elecciones gallegas y vascas


"He criticado la visión utópica de la república, como panacea o bálsamo de Fierabrás que solucionará todos los problemas, que curará todos los males. Pero no se me escapa, como les pasa a otros, que estamos en una tesitura crucial. Esta crisis total está poniendo en cuestión hasta la forma política del Estado, la monarquía parlamentaria. Algunos piensan en la restauración de la experiencia fracasada de la II República, de cuya instauración se cumplen hoy 82 años. Pero eso sería de nuevo un error. Lo que hoy echo en falta es ese grupo de intelectuales, con el coraje necesario para exigir cambios importantes, de modelo, aunque pongan en cuestión el resultado de una Transición que ya es historia. Las instituciones que salieron de esa transición parecen en decadencia, como lo estaba el régimen de la Restauración en 1931. La Democracia está bajo mínimos, y los “intelectuales” que vemos hoy día, en nuestro país, parecen estar silenciados o su voz oculta entre el griterío habitual en los medios de comunicación.../... Necesitamos otro tipo de “nueva intelectualidad” o hasta una “nueva clase política” que mire el futuro de forma diferente, con nuevas propuestas que ilusionen a la mayoría hoy desencantada. Que den ideas claras y racionales de cómo afrontar los viejos problemas enquistados, y soluciones beneficiosas para la generalidad ante los nuevos retos. Como lo intentaron aquellos ciudadanos sabios y honrados de 1931.

Sin duda vivimos en tiempos difíciles y de ello se dan cuenta hasta quienes quieren mantener el actual régimen. ¿Habrá valentía suficiente para afrontar con rigor los cambios que nos merecemos? ¿Saldrán a la luz nuevos Ortegas y Machados?"

Esto escribí el 14 de abril de 2013, hace tres años. La crisis política que se unía a la económica y social que vivíamos (y vivimos todavía) nos ponía en una difícil tesitura. Algo mas de un año después, el rey Juan Carlos abdicó. Tuvimos elecciones al parlamento europeo en mayo de 2014 y una nueva fuerza política entró con fuerza, Podemos. En las posteriores los partidos tradicionales, aunque siguen en primera línea, sufrieron un varapalo importante del electorado, con la irrupción, además de Podemos, de otra fuerza, Ciudadanos. Algunas cosas han cambiado. Entre otras, que el PSOE ha entrado en una deriva de pérdida de votos y escaños, elección tras elección, que es síntoma del grave problema que está padeciendo desde hace años.

El mismo día que publiqué la entrada citada al principio, en Palma del Río tuvo lugar un encuentro comarcal del PSOE para debatir el documento propuesto y hacer aportaciones que tratar en la conferencia política a celebrar en otoño, a instancias del todavía secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba. Yo hice referencia a las ideas que plasmé en la entrada publicada: a la falta de un proyecto ilusionante que diese respuesta a los problemas capitales de la política nacional, a la falta de liderazgo intelectual, o mejor, a la falta de compromiso de "quienes piensan, analizan la situación y proponen soluciones" con nuestro partido, al ruido de los medios de comunicación y la falta de sintonía con las nuevas generaciones... Hice referencia a ese grupo de intelectuales de la República que sí se comprometieron a dar respuesta a la crisis que vivían entonces y que echaba en falta, además de no ver puertas abiertas para que se pudiesen integrar quienes podrían aportar algo de valor... y el moderador de la comisión donde yo estaba, cuando hizo públicas las conclusiones de nuestro debate, dijo que yo había hecho un recuerdo y una reivindicación de la II República porque ese día era 14 de abril. Nos miramos algunos presentes y dije, por lo bajo, "éste no se ha enterado de nada". 

Esto está pasando entre los líderes políticos. No se enteran de lo que ha ido pasando en estos años. Como el moderador aquel (que, por cierto, fue candidato a la alcaldía de su pueblo y perdió) solo ven la realidad, según su interés personal, el de su "aparato". El PSOE, tras las elecciones de diciembre pasado, y la repetición de junio, sigue rompiendo su "suelo" electoral. La falta de sintonía con los votantes es clamorosa. El secretario general, salido de las primarias, tenía una tarea difícil, que no está cuajando. Y no me sorprende, pues el modelo de elecciones primarias no encaja bien con el modelo de partido (o federación de partidos) que, en teoría, dirige. Él tiene la legitimidad de los votos directos, pero los secretarios generales regionales (los "barones") tienen también la suya, y a nadie le ha interesado nunca romper esa dualidad, pues cada secretario general, en cada ámbito, ha buscado siempre el voto de la delegación de los "barones intermedios", para auparles y mantenerse en el poder. Un catedrático de la UNED escribía que los partidos en España se tuvieron que reforzar en la Transición y el ordenamiento jurídico les dio grandes poderes a los dirigentes, formándose fuertes oligarquías que campan a sus anchas. En el PSOE eso también viene ocurriendo desde hace años, acomodándose al estado de las autonomías, con lo que las direcciones regionales tienen un muy amplio poder, llegando a verse propuestas políticas contradictorias en diferentes territorios (¿recordamos el nacionalismo catalán del PSC, en tiempos de Zapatero?). 

Cuando Zapatero dio el giro a sus políticas en 2010, en lugar de convocar elecciones hablando a las claras al pueblo (como sí ha hecho Tsipras en Grecia, traicionando el programa electoral con el que ganó las primeras elecciones), prolongó la crisis un año y medio más, dando alas a la derecha, que ganó con Rajoy, para aplicar una política de recortes brutal. Desde entonces está el PSOE en caída libre. Las oligarquías intermedias siguen en su afán por el poder, sin enterarse de lo que pasa en la calle. Quienes auparon a Pedro Sánchez, creyendo que era el monaguillo dócil que les iba a ayudar a la liturgia, vieron cómo, envalentonado con la legitimidad de los votos de los militantes, ha volado solo. Parece que no buscaron al mejor candidato, y el resultado de su gestión lo demuestra. Como también la misma propuesta de convocar otra vez primarias para el mes que viene y congreso en diciembre, a "cuatro días" de las más que posibles terceras elecciones generales. ¿Cómo se le puede ocurrir una cosa así?

Las elecciones de ayer son otro varapalo al PSOE. Tan culpables de este fracaso son la dirección del Secretario General, como los que lo auparon y le "hacen la cama" luego, junto con los "señores feudales" que les apoyan y están todos los días en los medios de comunicación. Nadie asume su responsabilidad de estos "resultados históricos" tan catastróficos. Prueba de que lo que el PSOE necesita es un "meneo" como dije, con desparpajo, en aquella reunión comarcal preparatoria de la conferencia política de 2013. Una refundación, eso sí, tras las elecciones de diciembre, que no estamos para aventuras de última hora. Vamos camino de la irrelevancia, a la luz de la voluntad popular. Y "los líderes" (y "lideresas") pensando en los suyo, sin enterarse de qué va la cosa. Ya no espero que se sumen intelectuales, ni personas de prestigio, con fondo, comprometidos, sin intereses personales, solo quedan los "aparatos" y estos se están cargando el partido por su miopía. Nadie piensa en la gran política necesaria, la que acerque al ciudadano a sus instituciones, para que confíe en ellas, sino en sus pequeñas políticas personales. Que pena.

viernes, 29 de julio de 2016

La foto del viernes: anulado el "tasazo" de Gallardón


He querido desempolvar una vieja foto, donde aparece Alberto Ruiz-Gallardón en compañía de Fraga y Álvarez del Manzano. En ella el primero aparece joven, detrás del fundador de Alianza Popular (luego PP), como se apuntaba entonces: como un posible sucesor de Fraga, joven, brillante jurista, serio, responsable, todo un primor. Durante mucho tiempo jugó a ser delfín, pero siempre le cerraron las puertas poderosos enemigos, como Aznar, Esperanza Aguirre o el mismo Mariano Rajoy, que le vieron como un peligro para sus ambiciones. Éste decidió "atarle en corto", tenerlo cerca para mantenerlo controlado, y así lo nombró ministro de justicia, haciéndole encargos tremendos, que fueron desgastando su anterior imagen. Hasta que dimitió, desolado y solo. Uno de los encargos fue buscar dinero y dificultar el acceso de los ciudadanos a la justicia, para evitar pleitos contra su política de recortes y de atentados a los derechos de los trabajadores y ciudadanos en general. De ahí surgió el "tasazo", el imponer elevadas tasas a los justiciables. Todos los afectados protestaron (protestamos), incluyendo a los profesionales de la justicia. Así que, cuando Rajoy nombró su sustituto al frente del ministerio, algo de lo primero que hizo fue anular las tasas para particulares, dejándolas para las empresas, una operación de puro maquillaje. El PSOE había presentado recurso de inconstitucionalidad contra el tasazo, y ahora el Tribunal Constitucional ha anulado la medida, por abusivas e ir contra los derechos de los ciudadanos en el acceso a la justicia. Otro varapalo para Gallardón, del que, ya retirado de la política activa, no va a responder. El "repelente niño Vicente",  el que parece el empollón de la clase, hijo de jurista de prestigio y funcionario de alto nivel, ya no está en el candelero de la alta política. Recordémosle cuando eran otros tiempos, cuando apuntaba para las más altas tareas, gracias a sus relaciones. Adiós, delfín.

lunes, 18 de julio de 2016

18 de julio de 1936-18 de julio de 2016


Hace 80 años empezó la guerra civil española, tras el golpe de estado militar del 18 de julio.

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

                   (Antonio Machado)

A pesar de la transición democrática, tras la muerte de Franco, las heridas siguen sin cerrar, según lo que leo hoy por ahí. ¿Hasta cuándo todavía tanto odio?

miércoles, 13 de julio de 2016

Juan Peña, El lebrijano, adiós, maestro


Uno de los artistas flamencos, junto a El cabrero o Lole y Manuel, que hizo, hace años, que me acercase al flamenco fue Juan Peña, "El lebrijano". Su disco Persecución, de 1976, donde reflejaba la situación y la historia vivida por el pueblo gitano tras siglos de "exilio interior", como marginados ambulantes en nuestro país, introduciendo toques sinfónicos y la narración de Felix Grande a la tradicional presentación de los palos, sirvió para que muchos descubriésemos a este artista, más asequible que los maestros puristas del flamenco.


Más tarde, con el acompañamiento de la Orquesta Andalusí de Tánger, nos presentó en tres discos (Encuentros, Casablanca y Puertas abiertas) sus visión sobre el posible origen en la música árabe o magrebí del flamenco. Esta es la tesis sostenida por Blas Infante y otros autores, aunque sea refutada por otros que ven más probable una fuente, oriental también, pero centrada en la península del Indostán. Serían los gitanos, pueblo tal vez procedente de esos territorios, los que traerían el germen de esa música, que se asentaría en nuestra cultura dando lugar al flamenco que conocemos hoy día. Da igual cual sea el manantial donde bebieran los difusores del flamenco, lo cierto es que la fusión que realizó El lebrijano con la música del norte de África nos cautivó a muchos jóvenes en los años ochenta del siglo pasado. 

Recuerdo que Juan Peña, con la Orquesta Andalusí, fue uno de los acompañantes de los mitines que daba Felipe González o Alfonso Guerra en aquellos años del "cambio" y de los primeros gobiernos del PSOE en España. Yo mismo los vi en Córdoba, en la plaza de toros en un mitin de aquellos. Luego, en 2011, pudimos verle gracias a que la Peña Flamenca La Soleá, de Palma del Río, le dedicó su Semana Cultural Flamenca, como conté en una entrada sobre una obra representada dentro de la Feria del Teatro en el Sur de ese años, donde también se nos presentó un espectáculo de flamenco-fusión. Nos acompañó, por cierto, al día siguiente de su homenaje en la Semana Flamenca, cuando los candidatos del PSOE para las elecciones municipales de ese año nos hicimos un reportaje fotográfico en el convento de Santa Clara, charlando un rato con nosotros y deseándonos suerte. 


Nos hemos enterado esta mañana de la muerte de Juan Peña, El Lebrijano, con sus casi 75 años repletos de creatividad. Esos jóvenes de entonces, a quienes acercó al flamenco con su arte, le estaremos siempre agradecidos. 

martes, 7 de junio de 2016

Socialdemocracia


En los años 1980 y 1981 milité en el PCE, habiendo pertenecido antes a las Juventudes Comunistas, poco tiempo después de morir Franco, en plena clandestinidad todavía (entré con apenas 15 años). En aquellos primeros tiempos me vi seducido con entusiasmo por la política y, concretamente, por el marxismo, acercándome a aquellas organizaciones que encarnaban con más visibilidad la lucha contra las injusticias sociales y contra la dictadura de Franco y sus secuelas. Me fue relativamente fácil contactar, pues a un antiguo compañero de escuela, que había dejado los estudios, le vi más de una vez participar en las huelgas y manifestaciones que entonces se sucedían en Palma del Río, y, gracias a él, pude integrarme en una célula (entonces se llamaban así las organizaciones de base clandestinas) de las juventudes.

Eran los tiempos en que la URSS y los estados del Pacto de Varsovia todavía protagonizaban la división en bloques del mundo, entre el bloque capitalista y el que formaban ellos, llamado bloque "socialista", aunque estaban dirigidos por Partidos Comunistas. Eran la prueba de que se podían cambiar las cosas. Y todo lo negativo que se decía de ellos nos parecía simplemente parte de la guerra de propaganda que se libraba entre los dos bandos enfrentados. 

Pero no era así. Los mismos partidos comunistas occidentales se habían distanciado de los del Este, tras sucesivos acontecimientos, como la invasión de Hungría o el descabezamiento por la fuerza del gobierno que protagonizaba una revolución democrática en Checoslovaquia (la primavera de Praga). La falta de respeto a los derechos humanos en los llamados países del "socialismo real" era evidente, y eso provocó que en Occidente se fraguase un movimiento, el Eurocomunismo, que propugnaba una vía democrática al socialismo y la alianza no solo entre obreros y campesinos, sino además de las clases medias, como forma de ampliar la base electoral con la que conseguir el poder. Tanto el PCE, dirigido por Santiago Carrillo, como el PC francés, de Georges Marchais, y, sobre todo, el PC italiano de Enrico Berlinguer, encabezaron ese movimiento. 

Tras una salida traumática de muchos miembros de las juventudes, unos más radicales que otros, por imposiciones del partido que no aceptamos, yo me quedé fuera de la organización. No era de los más izquierdistas precisamente. El eurocomunismo me parecía interesante y uno de los gestos que protagonizó Carrillo fue proponer la desaparición del término marxismo-leninismo de los estatutos y el programa. Yo me seguía considerando marxista (y de alguna forma sigo considerándome, aunque nada dogmático), pero me pareció poco. Cuando me incorporé al PCE ya no era marxista ortodoxo. El estudio de otras teorías económicas y filosóficas me hacía refutar ciertas tesis del marxismo oficial. Y los países del Este no eran un referente nada positivo, sino un ejemplo de otras dictaduras que había que derribar. Otros miembros del partido, los llamados "euro-renovadores", por seguir siendo eurocomunistas, pero ya no revolucionarios sino reformistas (término maldito en el interior, que se usaba como insulto) tomaron protagonismo en algunas decisiones, como el propugnar la integración de Euskadiko Ezquerra con el PC vasco (cosa que hizo luego con el Partido Socialista de Euskadi, paradójicamente), o solicitar el constituirse en corriente de opinión. Fueron rechazadas por la dirección. Recuerdo a Carrillo decir que lo de las corrientes era como los diferentes partidos políticos que hay en la sociedad, y "el partido está para cambiar la sociedad, no la sociedad al partido". Algunos fueron expulsados y otros abandonaron el partido en protesta por la actitud autoritaria de la dirección.

Como decía, entonces ya no me definía como marxista. Mis ideales de justicia social, democracia y libertades, y una visión no dogmática para transformar el mundo, me hicieron recalar en la Socialdemocracia. La "bestia negra" de los ortodoxos comunistas. Que un comunista llamase a un camarada "socialdemócrata" era un insulto, equiparable a "social-fascista", término que pusieron de moda los stalinistas para liquidar a los no integrados en los partidos comunistas en el periodo entre la primera y segunda guerra mundial y, posteriormente, tras el reparto de Europa en dos bloques. Tras mucho estudio, sin anteojeras ni prejuicios dogmáticos, comprendí que quienes habían cambiado de verdad el capitalismo, limando sus asperezas, y en sentido positivo para los pueblos, eran los socialdemócratas que gobernaron en los países escandinavos y Alemania. Marx tenía razón, la revolución debía hacerse en un país desarrollado como Alemania, y no en uno atrasado y feudal como Rusia. Y esa revolución no era un cambio violento y destructor, sino uno basado en reformas. El experimento del comunismo era un desastre en todos los sentidos: económico y social, y respecto a las libertades y los derechos humanos. La socialdemocracia se basaba en construir un estado del bienestar, en el marco de una economía mixta (libre mercado, pero con limitaciones y protección social), protegiendo el protagonismo de los sindicatos para limitar el poder y los beneficios empresariales (participación de los trabajadores en la empresa, y pactos), la redistribución de la riqueza a través de la política fiscal, el intervencionismo estatal en la economía (keynesianismo), los pilares sociales (educación y sanidad pública universal, servicios sociales para los sectores desfavorecidos), seguridad social con un amplio campo de protección (maternidad, jubilación, desempleo...), laicidad, derechos humanos y libertades públicas (pluralismo político y negación de la dictadura del proletariado), democracia representativa y participación en las instituciones occidentales (comunidad europea, OTAN... ).

Parecía que el Eurocomunismo iba a derivar en socialdemocracia, pero la realidad demostró que no. Los dirigentes comunistas seguían siendo "soviéticos", aunque ya no obedeciesen directamente órdenes de Moscú. Mis discrepancias dentro del PCE fueron agrandándose y aumentando en número. Y algunos hechos me inclinaron a no renovar mi carnet del partido (entonces se renovaba cada año) cuando me avisaron a fines de 1981. Uno de esos casos fue cuando el que entonces considerábamos la "esperanza blanca" para una renovación interna, Nicolás Sartorius, dio una conferencia en Córdoba. Fue totalmente decepcionante. Repitió los viejos tópicos, en un ejercicio más de "centralismo democrático", ese eufemismo que significaba que las "decisiones se van tomando de abajo a arriba", para luego ejecutarse de arriba a abajo lo que había decidido unilateralmente la dirección central. O sea, que nos enseñó la doctrina oficial en lugar de sus propuestas de cambio. 

El otro hecho que fue la gota que colmó el vaso de mi paciencia fue la disolución de la Agrupación Universitaria del PCE en la que desarrollaba mi trabajo político, al estudiar en Córdoba la carrera. Se hizo "manu militari", con total desprecio hacia quienes la componíamos, llegando a negársenos la sede para hacer reuniones (se dice que por mandato de Anguita). Solo nos permitieron ir a la sede a la reunión donde se certificó el fallecimiento de la agrupación. En esa reunión cada uno manifestó su parecer y lo que iba a hacer. La mayoría se decantó por integrarse resignadamente en su agrupación territorial. Otros no. Fue mi caso, ya que anuncié mi abandono de la militancia, por lo sucedido, y por definirme como "socialdemócrata", no teniendo sentido que pelease en el interior de un partido "marxista revolucionario" (como se definía en los estatutos), si no veía posibilidades de cambiarlo en el sentido de mi ideología. Todavía recuerdo las caras de susto o asombro de la mayoría (y algunas de enfado) cuando oyeron la palabra socialdemócrata. Allí la mayoría era más izquierdista que la dirección. Y había nombrado "la bicha". Así que me fui.

Más tarde, los fracasos electorales obligaron a renunciar a Carrillo. Los más "duros" se fueron haciendo con la organización, e incluso dejó de hablarse de eurocomunismo. Con Anguita al frente, la reivindicación de Lenin se convirtió en consigna. Volvía el marxismo-leninismo, aliado de anarquistas, maoístas, troskistas y hasta creyentes en los extraterrestres con las  plataformas anti-OTAN. En la etapa de "la pinza", los comunistas liderados por "el califa rojo" dejaron claro el enemigo: el PSOE, la socialdemocracia. Su fracaso provocó la fuga de los que consideraban unos blandos y unas  muletas del PSOE a los de IU. Ahora esos que se fueron (como Pablo Iglesias, comunista formado en la UJCE por Manuel Monereo, uno de los peones de brega de Anguita), tras formar Podemos, arrastrando el voto de los indignados por los recortes de Rajoy (pero potenciados por sus padrinos, para dividir a la izquierda), cuando ven la posibilidad del "sorpasso" que soñaba el antiguo alcalde de Córdoba y ex-dirigente de IU (dicen que retirado), dicen que ellos son la "socialdemocracia", para quitar votos al PSOE. ¿Ellos, esos que defienden regímenes totalitarios como Cuba, China, Corea del Norte o Venezuela y llaman neoliberal a todo lo que no sea partidario de su credo"revolucionario"? Los que consideraban al PCE derechizado y se llamaban anti-capitalistas, queriendo subvertir las instituciones ¿son los defensores de la Socialdemocracia? ¿Por qué no lo decían entonces, por qué se definían con entusiasmo "comunistas" delante de los abertzales o sus ancianos dirigenres? ¿Defienden los postulados reformistas expresados antes o quieren implantar las teorías revolucionarias tan queridas por la añeja extrema izquierda? Unas veces dicen que son la verdadera izquierda y otros que no son ni de izquierda ni derecha, según sea el auditorio. Esos no son socialdemócrtas, son simplemente OPORTUNISTAS.


martes, 1 de marzo de 2016

Presos políticos


Hoy ha salido de la cárcel Arnaldo Otegi, afirmando que era un preso político, en medio de un grupo de seguidores, entre lo que se encontraban también independentistas catalanes, miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) y otros grupos. Ha justificado su afirmación en que es independentista y en que había muchas cámaras de televisión allí para recoger su salida, cosa que no ocurre "cuando liberan a un preso social". Falso, esos nos son argumentos para autotitularse de "preso político". Primero porque también van cámaras de televisión cuando salen de la cárcel otros presos. Recordemos el caso de Isabel Pantoja o Luis Bárcenas. ¿Son presos políticos estos famosos? La primera se aprovechó del poder político para enriquecerse junto a su pareja, el anterior alcalde de Marbella. El segundo está en espera de juicio por corrupción, por su dinero en Suiza, según él, dinero de la financiación ilegal del PP. Repito ¿son éstos presos políticos, merecedores de apoyo? Nadie afirmaría eso, a pesar de haber usado la política, pero para saquear las arcas públicas. Y, en segundo lugar, ser independentista no es motivo de ingreso en prisión. Tenemos el caso del gobierno de Cataluña, sustentado por partidos independentistas, cuyos miembros no están en la cárcel, sino en el poder. Y sus partidos no han sido ilegalizados, como el partido del señor Otegi.

Ser preso político es otra cosa. Presos políticos había en España con Franco, y algún tiempo después de su muerte, cuando pertenecer a un partido político que no fuese del Movimiento Nacional era delito. Tener ideología diferente a la del Régimen era ilegal y actuar de acuerdo con ella era criminal y causa de enjuiciamiento (sin garantías ni derecho a la defensa real) y de condena penal. Posteriormente dejaron de haber presos políticos, tras las amnistías y la legalización de los partidos y el reconocimiento de derechos y libertades. Pero, sobre todo, fue tras la Constitución, cuando se instauraron garantías y derechos, que ponían a los ciudadanos en plano de igualdad, siendo legítimo participar en política, profesando cualquier ideología. Solo hay un límite: el respeto a los derechos y libertades y la ley. De ahí que se prohíban las actuaciones que van contra estos derechos, sancionándose incluso penalmente los intentos de acabar con el Estado de Derecho y los atentados a los derechos humanos esenciales (vida, integridad física, libertad). 

ETA ha atentado contra la vida, la libertad, la integridad física de muchos ciudadanos españoles y ha querido acabar con nuestro régimen de libertades, con el objetivo de conseguir la independencia de Euskadi. El objetivo es legítimo y legal, incluso, en España, pero los medios empleado no lo son, son delictivos. Y es injusto este proceder. Doblemente injusto, porque el que quiere conseguir sus objetivos políticos por medio de la violencia, atenta doblemente contra sus víctimas, al usar unos medios que le están vedados a éstas (en realidad, a todos). Se convierte en un "privilegiado" que abusa de los derechos de los demás. Como el totalitario, como el fascista, como hacía el régimen anterior. No son presos políticos los que son condenados por así comportarse. Más bien habría que hablar de "víctimas políticas" de estos delincuentes, al sufrir la tiranía del terrorista, por su "privilegio político", como hacen los dictadores.

Arnaldo Otegi no fue condenado por independentista, sino por intentar reorganizar Batasuna, a las órdenes de ETA, un partido ilegalizado por dar cobertura al terrorismo. El independentismo vasco tiene su sitio en el panorama político actual, en la legalidad. Y desde la legalidad es donde deben actuar. Respetando los derechos humanos para defender su ideario. Convertirse en privilegiados con "más derecho" que los demás a imponer sus  postulados no les convierte en héroes políticos, sino en tiranos que merecen que les caiga encima el peso de la ley. La aceptación de las reglas de juego democráticas debe permitir que los antiguos dirigentes de la llamada "izquierda abertzale" puedan participar de la democracia, en igualdad de condiciones con los demás ciudadanos y partidos. Sobre todo después de llevar años de cese definitivo del uso de las armas. Proclamarse víctimas, como son los verdaderos presos políticos, no ayuda a normalizar la situación. Así que menos bravatas, aunque sean comprensibles, tras obtener la libertad, al cumplir la condena. Lo penoso es que algunos le sigan el juego tras la salida de tono. Pero eso les retrata, sobre todo, cuando se niegan a condenar otros juicios sin garantías, con resultado de condenas políticas, en otras latitudes.

viernes, 15 de enero de 2016

La foto del viernes: la infanta Cristina en el banquillo


Esta semana se ha producido una de las imágenes más esperadas de los últimos tiempos: ver a la hermana del rey sentada en el banquillo en el juicio del caso Noos. Juicio que ha empezado ya y que ha sido suspendido hasta febrero, y que no sabemos si continuará con la acusación a la infanta Cristina o si triunfará la tesis del fiscal y su defensa para que quede fuere de él. Los "aparatos del estado" ya se pusieron a trabajar para exonerarla, pero el juez Castro, el instructor, no lo permitió. Solo el llamado sindicato Manos Limpias (los herederos del partido fascista Fuerza Nueva) ha mantenido la acusación popular. Ahora Hacienda (el gobierno) ha elaborado un informe para exculparle de antemano, informe que ha aportado el fiscal (a las órdenes del Fiscal General del Estado, nombrado por el mismo gobierno). También la Abogacía del Estado (la defensora del erario público, el perjudicado directo en este caso) se ha mostrado en contra del juicio a la infanta, argumentando que el lema "Hacienda somos todos" es solo publicidad, no un argumento jurídico, y ha defendido que se le aplique la "doctrina Botín", por la que este banquero se libró de juicio al no acusar el fiscal ni el perjudicado entonces, solo la acción popular (como ocurre ahora). Por otro lado, hasta la derecha liberal mediática también se ha lanzado a defender el no enjuiciamiento de Cristina de Borbón, dando por bueno el argumento de la letrada del estado. Toda una legión de "abogados defensores" de la infanta, se supone, que por partidarios de la actual monarquía, una institución cuestionada, como otras de nuestro Estado surgido de la Transición. Duele que quien tiene que defender el justo pago de impuestos para sostener los gastos públicos considere que la Hacienda pública no es de todos los españoles. Parece que los que sí cumplimos religiosamente nuestras obligaciones fiscales somos unos pardillos que lo hacemos por tontos, mientras que, si otros evaden esas obligaciones, no es reprochable. Ya veremos qué ocurre en febrero, pero hoy siento vergüenza de algunos "servidores públicos". Al menos ya nadie nos quitará la imagen de un miembro de la familia real en el banquillo (como otro ciudadano normal), aplicándose el estado de derecho y no la guillotina. Lo que no se dan cuenta es que, con actitudes así, el descrédito de las instituciones no se solventa.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Íñigo Errejón y la fiesta nacional


Llevamos varios días de polémica acerca de la fiesta nacional del 12 de octubre. Que conste que, como no soy nacionalista, el que haya una fiesta así no me resulta imprescindible, pero si queremos una jornada de exaltación de lo que nos une a los que vivimos en este país llamado España (nombre que no me produce repelús de ningún tipo utilizar, a diferencia de nacionalistas periféricos varios), tampoco tengo inconveniente en que exista. Lo malo es que, como estamos viendo, el ponerse de acuerdo en la fecha, parece cosa difícil.

La fecha del 12 de octubre, aniversario del "descubrimiento" de América (y día de la Virgen del Pilar, para los católicos), es la madre del cordero del asunto. No voy a entrar en el fondo de la cuestión. Solo diré que se ha formado una buena diarrea (nunca mejor dicho, a propósito de ciertas insolentes palabras de un conocido actor) de opiniones con el recurrente prejuicio de la llamada leyenda negra de la conquista americana. Conquista que no fue modélica, pero que ha servido para que los descendientes de los conquistadores (disfrazándose de indígenas) se librasen de la jerarquía colonial española con las independencias de sus respectivos países (convertidos en cotos privados de nuevas oligarquías) justificando así su nuevo dominio "neocolonial", aunque disfrazado en casi todos los casos (según conviniese) en regímenes tanto conservadores como supuestamente de izquierda.

Podemos ha lanzado la idea de cambiar la fiesta nacional de fecha. Como pretenden no ser ni de izquierdas ni de derechas, ni nacionalistas ni anti-nacionalistas, lo mismo piden su abolición por los motivos antedichos, que conservarla con "contenido" diferente. Esto último es lo que ha hecho Íñigo Errejón, que ha propuesto el cambio al 19 de marzo, día de la Constitución de Cádiz, la Pepa. Y lo justifica en que “sería una fecha que uniría a todos”. ¿A todos? ¿Está seguro?  La Constitución de Cádiz fue un avance en el tiempo en que se promulgó (que solo duró dos años, por cierto), pero un avance limitado por prejuicios nacionalistas, conservadores, colonialistas, machistas, religiosos, etc. Ya analicé en otra entrada antigua el valor y los aspectos, también, negativos de aquel texto constitucional. 

¿Nos une a todos el voto solo masculino, la religión católica obligatoria (“En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad...”; “Art. 12. La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.”), la esclavitud, el veto real...? Me parece que Errejón se ha terminado creyendo la propaganda del gobierno respecto de aquella constitución "liberal". O es que, en su viaje a la superación de las ideologías, Podemos es capaz de aceptar también planteamientos reaccionarios

Ya sé que el régimen de la transición no le gusta a este partido emergente, pero la Constitución de 1978 es mucho mejor que la Pepa de 1812, con todos sus defectos. No es plenamente "liberal", o conservadora, y gracias al consenso, también tiene apartados claramente progresistas ("España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político."). Su desarrollo y aplicación es lo que falla, pero ese es otro cantar. 

Si queremos "otra fiesta nacional" no hace falta inventarla. Tenemos el 6 de diciembre, Día de la Constitución, para ello. La Pepa queda ya demasiado lejana e idealizada. Y si queremos otro día de fiesta a mantener en el calendario laboral (cosa que no está nada mal, por cierto) busquemos otro motivo o excusa. Da igual, algo que no moleste a nadie. Pero buscar "antiguallas", sin tener en cuenta su verdadero significado, es volver a caer en el mismo error conservador que tantas veces se critica.

sábado, 11 de julio de 2015

Feria del Teatro 2015, el final: Dos monólogos muy dispares


La tarde/noche del viernes nos permitió asistir a dos espectáculos de los programados en la 32 Feria de Teatro en el Sur, que cerró sus puertas, en espera de que el año próximo, a pesar de todas las dificultades, se vuelva a levantar el telón con una nueva edición. Al modo de la obra que comenté ayer, voy a empezar por el final, para luego detenerme en la obra de inicio de nuestra jornada como espectadores. Dos obras muy dispares, por cierto.

El último espectáculo fue "Autorretrato de un joven capitalista español", de Albeto San Juan, en el patio de la Casa de la Cultura, donde se colocó el cartel de "no hay billetes". Este actor es ya conocido desde su presencia en Palma con la compañía Animalario, así que no es raro que esto ocurra. Como tampoco el que asistiese un público entregado, incluidos componentes varios del partido donde milita en los últimos tiempos este actor, Podemos.


San Juan, en forma de monólogo, "nos contó su vida" (de cómo había sido un popular galán que ganaba una pasta gansa, pero ya no, por las canas y la tripita), empezando por su nacimiento, y justificando su actual situación por la historia de la Transición democrática, según él la entiende. Vamos, que nos enteramos (a modo de resumen) de que se hartó de hacerse pajas hasta muy tardía edad, porque los americanos "recrearon" el PSOE para no que se implantase una verdadera democracia en España, a pesar de lo que leyera en un libro de un militante de la ORT (qué fuente tan fiable: ¿es el régimen maoista chino la verdadera soberanía popular? ¿allí los ciudadanos deciden su vida, día a día?), y para que impidiera reabrir las fosas de las cunetas con los asesinados por los franquistas. Todo lo adornó con su simpatía, saltando de dato en dato (relacionándolos a su antojo) y hasta inventándose lo que le interesaba, como cuando dijo que Comisiones Obreras y el Movimiento de las Asociaciones de Vecinos eran "plataformas ciudadanas independientes de los partidos políticos", que el PSOE (lógicamente, según su discurso) se cargó. Vamos, Alberto ¿plataformas independientes? ¿a mí me lo cuentas, que estuve en los 70, antes de la legalización, en las juventudes comunistas, y luego en el PCE? 

Poco se metió con el PP (alguna caricatura de Aznar y Rajoy). Justificó sus palabras con las ya antiguas razones (llenas de resentimiento) de la extrema izquierda que refutan la transición (algo que no fue idílico, pero tampoco una "conspiración universal para someter a los españoles" que iban de cabeza al socialismo real tras la muerte en la cama de Franco). E incluso se acogió (sin rubor y con entusiasmo) a los argumentos de la extrema derecha y de las defensas de los golpistas del 23F (aquella obediencia debida al Rey, que, según ellos, estaba detrás del golpe), para, de nuevo (¡oh, claro!), culpar a al PSOE de este atentado. Y todo lo expuso saltando de un lado para otro, según le interesaba, dándonos un mitin en la línea del discurso de Podemos sin ningún empacho, en lugar de hacer teatro. ¿O era todo una "representación", interesada? Porque, por asistir a su mitin, pagamos la entrada y él cobraría su caché correspondiente. El año próximo le pediré a mi amigo Ramón López una oportunidad de dar también un mitin en la Feria, disfrazado de actor. Eso sí, lo haré gratis, como cuando escribo en el blog... ¡Y luego son otros la "casta"!

El segundo monólogo (o casi) del que hablo fue el primero que vimos, en el Teatro Coliseo, y lo protagonizó Ángel Ruiz, de la compañía Laboratorio de la Voz, que nos ofreció la obra "Miguel de Molina al desnudo". Una pieza donde el famoso cantante de copla nos cuenta su biografía, en forma de entrevista. Miguel de Molina podía haber sido un icono del mundo homosexual hispano, pero se marchó de España, para vivir y morir en Argentina. Y, además, se dedicó a la copla, un género que el Franquismo consiguió domesticar y usar en beneficio propio como propaganda, gracias a artistas adictas al Movimiento, aunque tras la muerte del dictador resurgiese sin esos "aditivos" malsanos.

Miguel de Molina nació en Málaga y de joven se va Algeciras a un prostíbulo, donde descubre su condición sexual. Luego va a Madrid actuando en espectáculos flamencos y deriva en el mundo de la copla. Participa en la guerra civil entreteniendo a los milicianos y más tarde es represaliado, llegando a ser explotado por empresarios sin escrúpulos, que se aprovechaban de su pasado para ello. Tras una brutal paliza ("por rojo y maricón") se marcha de España a Argentina, de donde tiene que huir a México, por presiones de las autoridades españolas, volviendo a Argentina, gracias al beneplácito de Eva Perón. Además de sus actuaciones en vivo, participó en varias películas. Y solo volvió a España para el entierro de su madre, regresando para morir en América en 1993. Su vida inspiró también la película "Las cosas del querer", aunque a él no le gustase. Esto nos lo relata el actor, como decía antes, en forma de entrevista. Y amenizado por varias de las coplas famosas de su repertorio, en las que Angel Ruiz demuestra, acompañado por el pianista César Belda, que, además de interpretar, es un excelente cantante. 

La bien pagá, Compuesta y sin novio, Me da miedo de la Luna, Triniá, Te lo juro yo... son temas que va interpretando el actor, sonando entre las respuestas de la entrevista, y dando ritmo a la representación (que no es precisamente corta, pues son más de 90 minutos seguidos, sin un corte y con una sevillana, las Sevillanas del espartero, como bis final). Hasta Ojos verdes (que se resiste a cantar una y otra vez, hasta que sucumbe a la petición del pianista), lo que sirve para hablar de su relación con Federico García Lorca y Rafael de León, y también para "desmentir" su enfrentamiento con Concha Piquer (que llevaría este tema a su repertorio con gran éxito). 


En la obra hay sentimiento, momentos de tristeza y de rabia, además de muchas notas de humor y de complicidad con el público, que hace las veces de entrevistadores. Incluso se proyecta un corto donde aparecen estrellas como Kiti Mánver o el periodista Jorge Javier Vázquez, productor de la obra e impulsor de la compañía y la empresa Laboratorio de la Voz. Los aplausos se sucedieron una y otra vez en el patio de butacas, tras cada copla. Aplausos merecidos por una composición bien equilibrada entre música y texto, por la calidad artística de los presentes en el escenario (la imitación en voz, gestos, baile, vestuario y figura del cantante es estupenda) y por el buen rato que nos hicieron pasar. De lo mejor, sin duda, que he visto este año.