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jueves, 5 de junio de 2025

Los diteros


Como otros años anteriores, publico mi correspondiente artículo para la revista de la Feria de Mayo:

En la posguerra España vivió grandes penurias económicas y de todo tipo. El aislamiento de nuestro país, bajo una dictadura, se agravó por la colaboración del régimen de Franco con las potencias del Eje Alemania-Italia, perdedoras de la Segunda Guerra Mundial, con lo que no pudimos aprovecharnos de la ayuda del Plan Marshall, que se aprobó por los Estados Unidos para la reconstrucción de Europa occidental tras esa atroz guerra. España optó por una política autárquica y proteccionista, que, entre otras cosas, impuso el racionamiento de los bienes de primera necesidad en los primeros años del Franquismo. La imagen de la cartilla de racionamiento, a nombre de mi abuela materna, Belén Nieto, es un recuerdo de aquellos tiempos de escasez.


Las clases humildes tenían acceso muy limitado a determinados bienes, y como no funcionaban las tarjetas de crédito, ni los bancos prestaban fácilmente, la única manera que muchos tenían para adquirir algunos bienes, como ropa, calzado, menaje de cocina (ollas, sartenes, paletas...), mantelerías, toallas y demás, era pagando a plazos, sistema que la mayoría de los comercios de aquella época tampoco se podían permitir. Hubo entonces una profesión, el ditero, o la ditera, porque también hubo mujeres, que vendían a cargo de un proveedor o adquirían bienes para revender cobrando a plazos, con cantidades pequeñas, a las que sumaban su porcentaje de beneficio. Estos diteros beneficiaron a muchas personas que, de esta manera, podían hacerse con mercancías, que, de otra manera, nunca podrían haber estado al alcance su mano. Para colmo garantizaban los pagos nada más que con la palabra del cliente, con lo que asumían el riesgo de las operaciones.


Los diteros iban casa por casa ofreciendo sus mercaderías, primero, y luego cobrando la dita, que, como lo define el Diccionario de la Real Academia, es un “Pago a plazos, en pequeñas cantidades, fijadas por el comerciante o por el cliente y, en ocasiones, con incremento del interés sin el conocimiento de este.” La deuda la anotaban en hojas por cada cliente donde escribían los pagos o los justificaban con un sello por cada pago, y esas hojas las añadían a un libro formado por unas tapas, generalmente de madera o hule, cosidas con unos largos tornillos sujetos por palomillas, alcanzando casi siempre un gran grosor, como vemos en la imagen, sacada de internet, en la que aparece en medio del grupo un ditero con su mazo de hojas, y sus ayudantes, uno de ellos con mantas en el hombro y en el suelo con un gran canasto cargado de mercancía para la venta. 



Tras la venta, el ditero o la ditera pasaba periódicamente casa por casa a cobrar esas pequeñas cantidades con las que se iban pagando. O, al menos, lo intentaban, ya que no era infrecuente que el deudor o la deudora (ya que generalmente eran las amas de casa las que se acogían a esta forma de adquirir bienes de primera necesidad o imprescindibles para el ajuar doméstico) no hiciese frente al pago, poniendo todo tipo de excusas para demorar la satisfacción del plazo correspondiente. Se cuentan muchas anécdotas al respecto, como la de responder al ditero, cuando llamaba a la puerta nombrando a la señora, con un “no está”, cuando era reconocible la voz de la interpelada como la de la misma deudora. Incluso se daba el caso de que ese deudor se escondía tras una puerta o una cortina dejando entrever sus pies, y teniendo el ditero que hacer como si no se hubiese percatado de ello. Hojeando la revista Guadalgenil del 31 de enero de 1960, encontré un artículo de Rafael Carrasco Torres, donde cuenta una de esas anécdotas donde relata estas situaciones, cuyo texto reproduzco: “Días pasados llegó a una casa de pisos el cobrador de una sociedad de entierros y cuando el cobrador desde abajo repetía el nombre de una presunta beneficiaria, que no quería darse por enterada, haciéndose la sorda, una vecina le aclaraba: ¡Los muertos, mi “arma”! A lo que ella, malhumorada, respondió: ¡Los tuyos, “so esaboría”!”


Este sistema fue muy habitual en Andalucía y, también, como no, en Palma del Río, donde el pago por plazos, o la dita, también se empleó incluso por personas acomodadas, para conseguir, por ejemplo, ropa como trajes de chaqueta y corbata, muy usados entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Ni que decir tiene que electrodomésticos, como aparatos de radio o lavadoras, también fueron adquiridos mediante esta forma de pago a plazos. E incluso yo he conocido a personas que vendían joyas de oro o plata, producidas en los conocidos y famosos talleres cordobeses, cobrando a dita el precio de las alhajas, a los clientes habituales y que eran de fiar.



En el programa “Tal como somos” de Canal Sur Televisión, en uno de los espacios que dedicaron a Palma del Río, en 1996, además de otros personajes de la vida social palmeña, como por ejemplo, mi suegro Miguel Santos Enríquez, que fue entrevistado en relación al libro “Motegrafía palmeña”, sobre los motes o apodos que él recopiló relativos a paisanos de nuestra ciudad, también fue entrevistada María López Postigo, que, junto con su marido, Eduardo, ejerció la profesión de ditera en Palma, tras trasladarse ambos desde Málaga en 1953. A ellos los conocí, pues con María y otros alumnos coincidí representando una obra de teatro montada por el Taller de Teatro del Centro de Educación de Adultos Al-Sadif, el “Farsón de la Niña Araña”, una de las “Farsas Maravillosas” de Alfonso Zurro, de la compañía La Jácara de Sevilla. En esta entrevista también contó algunas anécdotas graciosas de las que vivieron mientras ejercieron de diteros.


Que duda cabe, que los diteros facilitaron la mejora de las condiciones de vida, sobre todo de los más humildes, en unos tiempos en los que todavía no se había impuesto la sociedad de consumo actual, y en los que el nivel de vida era más bajo. En los años sesenta y setenta, con la mejora de las condiciones económicas, por la apertura de nuestro país al mundo occidental, y los acuerdos con los Estados Unidos, con su ayuda correspondiente, el nivel de vida subió, con los  planes de desarrollo y la extensión de la financiación. La letra de cambio, con el famoso treinta, sesenta y noventa, fue sustituyendo al sistema de dita para acceder a más bienes. Los comercios comenzaron a emplear la venta a plazos, y el crédito bancario se extendió. Los medios “modernos” como el cheque y la tarjeta de crédito se fueron generalizando, como también aumentó la producción y variedad de las mercaderías. La venta casa por casa se empezó a emplear para otros productos más “de calidad”, como las entonces célebres y muy ansiadas enciclopedias, o más lujosos y caros, como los cosméticos. Esto hizo que la profesión de ditero o ditera fuese menguando, y muchos de ellos se instalaron en establecimientos o comercios fijos, abandonado el peregrinar casa por casa. Hasta llegar a desaparecer como desapareció el estraperlo o la cartilla de racionamiento de la que hablaba al principio del artículo.



Los diteros y las diteras merecen un recuerdo, entre romántico y entrañable y agradecido, ya que ayudaron muy mucho a mucha gente, aunque para algunos su sola presencia provocase el miedo a no poder hacer frente a sus deudas y otros los considerasen unos personajes nada simpáticos. Algo realmente, en muchos casos, lejos de la realidad. Su sacrificio, con jornadas de sol a sol, visitando diariamente casa a casa para entregar bienes y para cobrar las deudas, también se merece el reconocimiento, aunque, afortunadamente, ya no sea una profesión tan necesaria con antaño.

jueves, 17 de mayo de 2018

La feria, un organismo vivo


Como ocurrió el pasado año, al iniciarse la feria de mayo de Palma del Río, hoy publico mi colaboración en la revista de feria que edita Coleopar Ceparia, con Imprenta Lopera, y con el patrocinio del ayuntamiento palmeño, que se presentó el viernes pasado.


La feria, un organismo vivo

La feria es una entidad viva. Como otros seres dotados de esta cualidad, a lo largo del tiempo, pasa por diversas etapas, donde se nos muestra de formas diferentes. Cuando uno peina canas puede hacer un repaso de primera mano de esas diferentes épocas de la feria que ha vivido. Es mi caso, pues he conocido la feria (las dos ferias de cada año), en diversos momentos, con sus esplendores y sus altibajos y hasta he participado también en su preparación.

El autor, su hermano Roberto y su madre en la caseta de la OJE

De niño la feria se reducía a que te llevaran los padres o algún otro familiar durante un rato, y a actividades como montarse en algunas atracciones (los “cacharritos”), que te compraran un juguete, o que comieras jeringos, patatas fritas o el delicioso turrón, manjar que solo se prodigaba cuando llegaban las navidades. Más tarde, cuando empezabas a salir en pandilla con los amigos, cambiaban las atracciones que frecuentabas, podías consumir algún refresco en los aguaúchos sin la tutela de los mayores, y, encima, intentabas hablar a las niñas que conocías o te arriesgabas a conocer, mientras esperabas a montarte en los coches de choque, por ejemplo. De joven ya intentábamos “organizar” nuestra propia feria. En mi caso eso ocurrió a finales de los años setenta y durante los ochenta y noventa del siglo pasado. Es en esos primeros tiempos cuando un fenómeno “nuevo” surge: empiezan a proliferar las casetas (antes eran escasas), gracias a grupos de amigos (El cañaveral, Manicomio 79...), clubes deportivos, empresas, partidos políticos, sindicatos, etc. Los jóvenes que nos agrupábamos en la Asociación Cultural Vientos del Pueblo llegamos a montar varias veces una caseta en los terreros que había junto a la Fábrica de Harina, donde hoy está el mirador del Genil. Era la época donde no había un recinto exclusivo para las casetas, estando éstas repartidas por el Paseo, junto a los cacharritos, y en sus alrededores. Solo destacaban como edificios de obra los aguaúchos, el Casino, la Caseta de la Amistad y los bailes de final del Paseo (El Munster club y la OJE, primero, y más tarde Club Juvenil).

Los Munsters y Los Broncos
Poco a poco fueron surgiendo establecimientos nuevos en las ferias al calor de su pujanza: “La Bombilla” (en la antigua casa de los “Juncos”), “El tenderete de los impresentables” (en el anterior sitio de la empresa COPALCRO), “La marcha fresca” (en el Quiosco de la Música) y otras que aprovechaban, sobre todo el verano, para ofrecer a los jóvenes su entretenimiento. Porque es sobre todo en los ochenta cuando la feria de Agosto cobra mayor protagonismo. Los jóvenes en mayo teníamos exámenes y en agosto vacaciones. En mayo llovía (y llueve) muchas veces. En verano teníamos más ganas de diversión, y más tiempo y mejor clima. Y pasábamos todo el día en la Feria, porque, a pesar del calor, aguantábamos allí, y siempre había un alma caritativa que cogía una manguera de riego y nos refrescaba mientras bailábamos y nos rebozábamos con el polvo del albero. Además, entonces, los emigrantes palmeños (en Cataluña, Madrid, País Vasco, Alemania, Francia, etc) aprovechaban las vacaciones de verano para volver al pueblo, con lo que la población aumentaba, con ganas de diversión y de pasar unos días con familiares y amigos, alejados el resto del año. Eso provocó la costumbre de agasajarles en Feria con un arroz, en la caseta municipal, el antiguo Cine Coliseo España, que había comprado el Ayuntamiento para este fin. 

Entrada al Paseo en los años 70
Este fenómeno se refuerza con las obras que se hicieron en el Paseo en 1991, que permitieron trasladar las atracciones a un solar frente al colegio San Sebastián, y disponer de un recinto de casetas donde antes se instalaba la calle del infierno, dotado de sombra, calles urbanizadas y estructuras y lonas alquiladas por el Ayuntamiento, dando más realce, belleza y orden al recinto, además de permitir dos tipos de casetas, unas de estilo tradicional y otras (en otra parte) para música de discoteca. Las casetas que se multiplicaron antes pudieron instalarse en el nuevo recinto, lo que mantuvo el protagonismo de la Feria de Agosto, como feria más concurrida, durante unos años. 

Mi hermana Soledad
Siendo concejal participé en más de un debate sobre el futuro de las ferias. Uno de ellos era la posibilidad de unificar la Feria de Agosto con las Fiestas Patronales, fiestas estas últimas que también empezaron a decaer, desde aquellos tiempos en que no había espacio para montar quioscos, de la demanda que había de suelo, hasta hoy día, en que casi no hay establecimientos que sirvan en la Velá. Un debate que, como el Guadiana, aparece y desaparece, para surgir más tarde ante nuestros ojos, sin llegar a cuajar. Recuerdo una reunión con la directiva de la Hermandad de la Virgen de Belén, donde nos manifestaron que su mayor interés eran los actos litúrgicos y no tanto potenciar los aspectos lúdicos, además de preservar la identidad y singularidad de sus conmemoraciones, manteniendo fechas y lugares de celebración (en los setenta ya hubo intentos de trasladarla al Paseo y fueron un fiasco). Era lógico lo que pretendían y, como responsables de su organización, los únicos legitimados para decidir. Así que, en mucho tiempo, no volvimos a plantearles el tema. 

Escenario y público de la feria de agosto de 2017
La Feria de Agosto es ya una feria diferente a la de Mayo. No hay casetas (las que se montan en Mayo también son menos, paulatinamente), solo perviven los tradicionales quioscos del Paseo (los aguaúchos), que prestan un magnífico servicio a quienes asisten a la feria, como siempre. Las atracciones, aunque en menor número (pues son numerosas las ferias y fiestas de los pueblos de nuestro entorno), siguen concurriendo y sirviendo de diversión para niños y más jóvenes. La feria de día ha desaparecido, pues nos hemos vuelto cómodos y no queremos pasar calor, pero por las noches hasta cuesta trabajo encontrar una mesa donde sentarse a tomar una copa y una tapa. Y lo llamativo es que el Ayuntamiento programa las actuaciones, que antes se desarrollaban en la Caseta Municipal, al final del Paseo. En otras épocas se había intentado, pero los palmeños y palmeñas hemos preferido bailar en recintos cerrados, no “en la calle”, salvo cuando nos íbamos a las ferias de los alrededores, como la de Hornachuelos o Fuente Palmera, donde sí nos desmelenábamos bailando hasta altas horas de la madrugada delante de la orquesta que actuaba en la plaza del pueblo. Hace dos años asistí atónito al espectáculo de verme entre decenas y decenas de personas que deambulaban por el Paseo, tras haber estado toda la noche bailando y cantando delante de las orquestas, casi a las ocho de la mañana, sin saber qué hacer pues no había ya ningún establecimiento abierto, y con más ganas de feria. Si me lo cuentan, no me lo hubiera creído, pero lo vi con mis propios ojos. Y pensé: si a estos les dices que le vas a quitar la Feria de Agosto, te quitan a ti de en medio. 

Caseta “Los Aburríos” 1950
¿Que hay gente que se va a la playa durante la feria (no solo en la de Agosto, también ya en la de Mayo)? Libres son, nadie está obligado a permanecer aquí, pero también hay mucha gente que se queda y que tiene derecho a disfrutar “su Feria”, sin fastidiar a otros; como hay palmeños y palmeñas que no participan en otras celebraciones y no, por ello, claman por su desaparición. ¿Que los jóvenes ya no montan casetas, como hacíamos los de nuestra generación hace años, porque tienen una “feria barata” cada fin de semana con el botellón? Da igual, si les dices que les vas a quitar la feria, se enfadan y te sueltan eso tan socorrido de que “en Palma es que no hay nada”. ¿Es que tenemos que cargarnos la Feria para potenciar otras actividades? La Feria de Agosto es una feria que forma parte de nuestro Acervo Histórico y Cultural, que tiene siglos de vida (desde 1451, más antigua que la Feria de Sevilla) y que solo se suspendió en el siglo XIX por una epidemia animal, lo que dio lugar a la aparición de la Feria de Mayo. No tiene sentido suprimirla si hay motivos históricos, económicos, tradicionales, y habitantes dispuestos a seguir manteniéndola, de la manera que ellos la entienden. ¡Defendamos y protejamos nuestras ferias!

Roberto, la tía Adelina y el autor en los cacharritos
Las ferias, como decía al principio, son como los seres biológicos, pasan por diversas vicisitudes durante su existencia, y terminarán pereciendo. ¿Está muerta la feria de Agosto? A mi juicio, no. Ni al criterio de las miles de personas que van al Paseo en esos días de fiesta. No seamos nosotros los que le demos la estocada final, cuando hay muchos paisanos y paisanas (además de los que siguen visitándonos de los alrededores) que sienten su feria como algo propio, sin distinción de credos, ideologías u ocupaciones. Es ya una feria diferente, sí, diferente a la de Mayo, diferente a las ferias de otras épocas, que, por mucho que las recordemos con añoranza, no volverán. Pero sigue viva. Las ferias serán lo que queramos los habitantes de este hermoso pueblo, todos; pueblo que vive según los tiempos que nos ha tocado en suerte. Disfrutemos de las Ferias, las dos. En Agosto, y, por supuesto, en la que empieza ahora, la Feria de Mayo. ¡Que tengan una buena feria!

domingo, 9 de julio de 2017

Feria del Teatro en el Sur 2017, lo visto


Una vez más la Feria de Teatro en el Sur ha tomado las calles y espacios de Palma del Río, en este caso en su 34 edición. Como estoy escaso de tiempo, son pocas las obras que he podido disfrutar, pero les haré su, aunque sea pequeño, comentario, como acostumbro desde hace años.


El martes 3 de julio asistimos al Teatro Coliseo para ver "Marat/Sade", la obra de Peter Weiss, en la versión de la compañía Atalaya. Un texto donde se contraponen dos visiones contemporáneas de las ideologías, encarnadas en los dos personajes principales: Marat, como representante del colectivismo, del "ala izquierda" de la Revolución francesa, y el Marqués de Sade, defensor del individualismo, la "derecha egoísta", presentes en una obra de teatro puesta en escena en el manicomio de Charenton por los internos. La obra, de 1964, se adapta bien a esa visión de la política tan del momento, que enfrenta derecha e izquierda de forma maximalista, tajante, dogmática y maniquea incluso (las "dos orillas"), donde no caben los matices. Atalaya se echa de lleno en brazos de esta concepción simplista, haciendo uso de las influencias del teatro de Bertolt Brecht que tanto caracterizan sus últimos montajes. Eso sí con un trabajo muy bien elaborado, con una escenografía minimalista, basada en el empleo de telones que sirven para muchos usos, muy efectista y lograda. El trabajo de los actores y actrices bien resuelto, aunque la música, para mí no aportara nada, e incluso impidiese comprender algunos mensajes.


El miércoles llegó al Coliseo la hora de la nostalgia. La compañía La Cuadra de Sevilla volvía a Palma con su obra "Quejío", un montaje de 1972 que a nadie dejó indiferente entonces. Salvador Távora (que tuvo que subir al escenario, a pesar de sus achaques y años, para ser aclamado) quiso montar en su día un espectáculo donde el flamenco dejaba de ser el entretenimiento de los señoritos y los turistas, para pasar a expresar las penurias del pueblo andaluz, la queja de los mineros, jornaleros y otros trabajadores, postrados ante el poder de los amos, los grandes terratenientes y los empresarios, que esquilmaban las riquezas de estas tierras, explotando a sus habitantes. Unos habitantes que lanzan sus quejas, sus quejíos, en forma de arte flamenco, de cante, de baile, de lamento. Tiene la obra su parte de actualidad, aunque mucho haya cambiado la realidad andaluza 45 años después de su estreno. Pero la Andalucía de la Transición, en la que encumbramos la producción de Távora, ya es historia, y ni los nacionalismos entonces en boga, ni las soluciones "agraristas" nos sirven para conquistar un mundo mejor en nuestro solar. No obstante, no vino mal un poco de recordatorio (con mucho arte) de dónde venimos.


Terminamos nuestro repaso por lo visto en la Feria (solo 4 obras de las 29 programadas), con dos representaciones del viernes 7. La primera, también en el Teatro Coliseo, a cargo de la compañía jerezana La Zaranda, otra de las clásicas de la Feria. Trajeron "Ahora todo es noche", un montaje protagonizado por tres mendigos que nos enseñan sus miserias, sus grandezas, su vida en permanente lucha por la supervivencia, entre cubos de basura, estaciones, comedores sociales y obras sin terminar, con buen o mal tiempo, haciéndonos ver que un día se puede ser el mejor y al poco caer en lo más profundo de la pobreza, con todo lo que ellos conlleva de mantenimiento de la dignidad o de pérdida de ella y hasta del juicio. Exposición bien resuelta con el magnífico trabajo de los tres actores y el escaso atrezzo. Para mí lo mejor que he visto este año (y salvando lógicamente lo que no he podido presenciar).


La segunda y última obra, la muy esperada "Lope que te parió", de la muy querida compañía Malaje Sólo. Parodia al estilo acostumbrado de este grupo, encabezado por Jose Antonio Aguilar (que se hiciera famoso aquí por su paso por Garrapato Teatro) del teatro del Siglo de Oro, encarnado en dos obras: "El mejor alcalde, el rey" de Lope de Vega, y "La vida es sueño" de Calderón de la Barca. Gags, chistes, parodias, sin muchas pretensiones (también afortunadamente) que hicieron reír un buen rato a los asistentes, para empezar de buena manera y algunas risas el ansiado fin de semana. El año que viene, más.

domingo, 7 de mayo de 2017

Ganó Emmanuel Macron, perdió el fascismo


A estas horas parece que el resultado de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia ha sido la victoria de E. Macron, con más de un 60% de los votos, sobre la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, la esperanza de la extrema derecha, el fascismo francés. Hace cinco años festejé la victoria del socialista François Hollande, como una forma de resistencia a los dictados de la canciller alemana Angela Merkel. Una decepción esta presidencia, en uno de cuyos gobiernos estuvo como ministro de economía Macron, entonces socialista, y que abandonó el gobierno y el partido socialista francés para fundar otro que superase el tradicional dualismo entre izquierda y derecha. No confío ahora nada en las políticas "progresistas" (según él) que quiere implementar el nuevo presidente. Pero festejo que haya derrotado al fascismo francés, que ha sacado un número importante de votos, por cierto, captando a las clases menos favorecidas, decepcionadas con los partidos de izquierda (no solo el partido socialista, ojo). El peligro sigue patente, pero los franceses han optado por parar los pies a Le Pen, envalentonada por el avance de la extrema derecha a nivel mundial. Algunos cretinos, movidos por su "pureza inmaculada", querían desentenderse de esta votación por considerar a los dos candidatos como "la misma derecha". Los franceses no han caído en esa trampa. Afortunadamente. Hoy también puede sonar con brío "La Marsellesa", como cuando en la película Casablanca, los clientes del bar se opusieron a los nazis, de forma digna y pacífica.


martes, 2 de mayo de 2017

Fundación y refundación del PSOE


El PSOE fue fundado en 1879, en Madrid, hace 138 años. Fue en la calle Tetuán, en el bar Casa Labra. Asistieron 25 personas: 16 tipógrafos, dos joyeros, un marmolista, un zapatero, cuatro médicos y un doctor en ciencias. El movimiento obrero era fundamentalmente anarquista en España, formando parte de la Primera Internacional, pero el mismo Karl Marx se ocupó de que su yerno, Paul Lafargue, intentase que las ideas socialistas se implantaran en nuestro país. Para ello contactó con algunas personas, entre ellas Pablo Iglesias. Éste, con ese grupo de veinticinco personas, fundó el Partido Socialista.


Vivimos momentos de incertidumbre. La crisis que padece el PSOE no parece que amaine. Es más, las primarias convocadas para elegir secretario general están dividiendo a la militancia, y dejando salir a la luz formas y mensajes que se salen de lo normal, llegándose incluso hasta el insulto y el enfrentamiento personal, especialmente en las redes sociales, ya que internet está amplificando el ruido provocado por estas disputas de poder. Yo, hace tiempo, propugné la refundación del PSOE, ya que considero que debemos dar un buen repaso al partido, para recuperar mensajes, programa de izquierdas y credibilidad, en lugar de caer en las luchas cainitas que estamos sufriendo. No ha sido el camino escogido. Y eso me tiene decepcionado. Hoy día, aniversario de la fundación, no sé si recuperaré la ilusión, pero sí recupero una imagen del verano pasado, cuando estuvimos en Casa Labra, el lugar donde nació el Partido Socialista. Al menos allí pasamos unos buenos ratos en nuestra visita a Madrid.

lunes, 1 de mayo de 2017

Día del trabajo: los mártires de Chicago


Nos estamos acostumbrando a conmemorar el 1 de mayo como una fiesta no laborable más. La primavera nos impulsa a disfrutar del buen tiempo y el ocio, buscando la diversión y el placer, para dejar atrás los problemas y las tensiones del día a día. Y estamos olvidando el origen de esta fecha. Fue la Segunda Internacional (la que surgió tras la escisión de la primera, por el enfrentamiento entre socialistas, influidos por K. Marx, y anarquistas, seguidores de Bakunin) la que instauró esta fecha en recuerdo de los llamados "mártires de Chicago". Éstos fueron unos trabajadores condenados a muerte (en su mayoría, otros fueron condenados a prisión) en Estados Unidos, tras una huelga para conseguir la jornada de trabajo de ocho horas. En estos tiempos en que se ha retrocedido tanto en derechos laborales y políticos, es más necesario que nunca no olvidar este origen, para volver a dar su significado de lucha a este día.

jueves, 23 de marzo de 2017

Una foto con historia, e importante para el progreso de Palma del Río


En la fotografía, cedida por Salvador Caamaño Rodríguez, vemos a Manuel Rodríguez Riesgo, con su gran familia. Una foto del siglo XIX, cargada de historia. Manuel Rodríguez era veterinario, y originario de la provincia de Sevilla. Fue alcalde de Palma del Río. Durante su mandato se construyó el trazado de la línea de ferrocarril entre Córdoba y Sevilla, que autorizó la reina Isabel II, monarca que vino a Palma, a inaugurar el puente que atravesaba el río Guadalquivir, y que se construyó para permitir el acceso al ferrocarril, comunicándolo con Écija, ya que la vía no pasaba por esta ciudad, como se pensó en un principio. Un puente de madera que destrozó una crecida del río en enero de 1867, y que fue sustituido por el puente de hierro, que todos conocemos, obra de la Sociedad Cail de París, que se terminó en 1885, donde trabajaron palmeños de adopción, como Mariano Castiñeira, del que hablamos hace algún tiempo, en relación a una curiosa colección de postales antiguas. En ese año tuvo lugar su inauguración, siendo regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, viuda de Alfonso XII, que tres años más tarde, en enero de 1888, concedió a Palma del Río el título de "ciudad".

De aquel día en que la reina Isabel II estuvo en Palma, un cronista contó: “En Palma del Río nos recibe el vecindario entero en unión de muchos ecijanos, cuyas autoridades unidas a la de la villa saludaron a Sus Majestades. Una bonita tienda de campaña se levanta junto a la estación muy engalanada y en la misma vía se abre un colosal arco de follaje que llama la atención por sus gigantescas proporciones y lo elegante de sus formas (...). Los palmeños están locos de alegría; sus hijos agitan los pañuelos saludando a la Reina, que desde el vagón real les contesta; los hombres se acercan a los coches y ofrecen dulces y refrescos. Al mismo tiempo se inaugura el puente que, sobre el Guadalquivir allí inmediato, construye la línea férrea, que tanto ha de contribuir al fomento de Écija, Palma y localidades adyacentes. El puente está unido a la estación por una fila de jóvenes naranjos entremezclados con banderas nacionales y en su trayecto y lado opuesto decoración de follaje con escudos y trofeos." (De un artículo de Rafael Nieto Medina).

Siendo, por tanto, alcalde Manuel Rodríguez Riesgo, visitó Isabel II nuestra ciudad, y se puso en marcha el trazado de la línea férrea que une Córdoba con Sevilla, algo que supuso entonces una importante ventaja para los palmeños, al tener una rápida comunicación con las dos capitales andaluzas, posibilitando su progeso. Uno de sus hijos, concretamente el que aparece de pie a la derecha de la imagen, fue Rafael Rodríguez Díaz, el abuelo materno de Salvador, conocido como "el cojo Altomira", sobrenombre muy popular en Palma del Río. Una foto curiosa y repleta de significado pues.

jueves, 16 de marzo de 2017

Radares y multas


Los radares son un medio para detectar excesos de velocidad en nuestras carreteras, y para probar la infracción que será sancionada con la multa correspondiente, con la medición y la foto que realizan. En estos días se está comentando que uno de esos dispositivos que más infractores ha "cazado" (de lo que se ha derivado un número importante de multas) está en Córdoba. Concretamente en la conocida Cuesta del Espino, en la autovía de Andalucía, una zona de curvas y cuestas, donde hay tres radares fijos instalados. El que más "más multas pone" es el del kilómetro 417 de la autovía, dirección Córdoba, que el año pasado registró con su cámara 80.582 infracciones sancionadas con multa. Una de esas fue para mí, concretamente en diciembre del pasado año, cuando me dirigía a Córdoba. 

Está situado este radar a poco antes de entrar en una cuesta abajo, con una primera curva pronunciada, con la señal de limitación a 80 km/hora cerca de la curva. Vas a 120 y de golpe tienes que frenar y ponerte a 80. Eso me pasó a mí, que estaba frenando, cuesta abajo, y "me pillaron" a 103 km/hora, como se ve en la foto del radar, donde se aprecia claramente la luz de frenado. Si circulas por allí habitualmente seguro que levantas el pie del acelerador cuando te vayas acercando (aunque todavía no veas la señal), pero si no eres un fijo de esa autovía, puede pasar como me pasó a mí, que, aunque frenes, el radar te pille sin ir todavía a 80. Y foto que te cae, que unos días más tarde te notificarán con el inicio del expediente sancionador.

Esa autovía se construyó para la Expo 92 y se desecharon otras alternativas por aquel tramo, por las prisas y los costes. Es una zona con frecuentes accidentes de tráfico, por lo que está justificada la limitación de velocidad. La solución no es esa, sin embargo. Se debería ejecutar otro trazado para salvar ese desnivel entre terrazas fluviales que no presentase esas curvas y cuestas tan peligrosas, y que tanto dinero cuesta al conductor, a bases de tantas multas, como para ostentar ese nefasto récord sancionador. Los gobiernos pasan (del PSOE y del PP, la autovía es del Estado, no de la "pérfida recaudadora" Junta de Andalucía) y no se acomete la necesaria reforma. En fin, que me temo que tendremos que seguir pagando multas para paliar el déficit y la deuda pública. O tener buena memoria y levantar el pie antes de que estemos cerca de la dichosa señal y el aparatito. Al menos, tras el disgusto de la multa, eso seguro que me pasa a mí.

sábado, 4 de marzo de 2017

El blues del autobús (a propósito de los ultras y las drag queens)


Había una serie policial de televisión de los años ochenta que se llamaba Canción triste de Hill Steet. Así la llamaron en España, pues su nombre original era Hill Street Blues. Parecía que los programadores de televisión consideraban que no sabíamos qué era un blues, y prefirieron cambiar el nombre por "canción triste", para aclararnos ciertas cosas. En sus orígenes, el blues pudo tener una nota triste, es verdad, pero como género musical también nos ha ofrecido temas de lo más alegre. Viene esto a cuento por otro título, en este caso, el que tomo para la entrada, uno de una canción de Miguel Ríos, "El blues del autobús". Es éste un tema ciertamente melancólico, que nos cuenta las idas y venidas por la carretera del cantante y sus acompañantes, en esas enormes giras que nos acostumbró durante unos cuantos años de éxitos en su discografía y sobre los escenarios de todo el país. ¿Por qué este título prestado? Por la polémica de esta semana del autobús de la organización ultra Hazte Oír. Una triste polémica, a mi juicio. Me explico.

El mensaje del autobús es ciertamente tendencioso y pretende hacer un ataque a quienes piensan que los seres humanos pueden cambiar de género voluntariamente, con libertad. No es sorprendente, pues esta organización ultra defiende postulados que se inspiran en la doctrina de la Iglesia Católica, que pretenden mostrarnos como antinaturales y contrarios a los designios divinos, determinados comportamientos, como el divorcio, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la homosexualidad en sí misma, el aborto y, en este caso, la transexualidad . No admiten la distinción entre sexo (la condición sexual biológica de cada ser humano) y género (el estatus cultural y social del que se derivan ciertos comportamientos). Incluso hacen campaña, como otros componentes de la Iglesia (especialmente la jerarquía católica), contra la llamada "ideología de género", a la que consideran un factor de corrupción y de destrucción de la humanidad. Tras ello se esconde el rechazo tradicional a la igualdad entre hombres y mujeres. Y a la libertad. Ni que decir tiene que no comparto estas tesis (como se puede comprobar en diferentes entradas de este blog, desde hace años). Pero lo que me entristece (de ahí el título de la entrada) es la campaña iniciada por algunos para prohibir estos mensajes, e, incluso, para condenar penalmente su difusión, lo que ha dado lugar a la inmovilización del autobús propagandístico. Algo que considero una censura. El manifestarse en contra, ya sea en serio o en broma (como las muchas parodias que están triunfando en internet, algunas geniales), es lo que procede, si se discrepa, pero no la represión.

Hay que partir del hecho de que, no hace mucho tiempo, una campaña de visibilización de los transexuales, especialmente los infantes, y de apoyo a ese colectivo, se ha visto en numerosas ciudades de España. Los ultras de Hazte Oír protestaron, pero, afortunadamente, ningún juez o fiscal, prohibió la campaña, para disgusto de esta organización. Parece que lo del autobús es una respuesta a aquella campaña. A mi modo de ver, permisible, pues entra dentro de la libertad de expresión. Como la campaña en favor de la transexualidad. Pero alguien ha decidido convertir en mártires a los ultras del autobús, me temo, con esta censura.


En estos días de carnaval, también nos hemos enterado de la noticia de que una drag queen disfrazada de Virgen, y de Jesucristo también, se alzó con el premio del Concurso del carnaval de Canarias. La polémica ha surgido con ello. La jerarquía católica y diversos medios conservadores han levantado su voz contra esos disfraces, haciendo en algunos casos referencia al Código Penal, que considera delito la ofensa a los sentimientos religiosos. Otra vez otro intento de censura. En carnaval es normal la crítica a los poderosos, entre los que siempre (repito, siempre) se ha incluido a la jerarquía católica, desde un simple cura al mismísimo Papa. Lo normal es la transgresión; es su propio origen, como forma de dar rienda suelta a todo tipo de pasiones, entre las que se encuentran las formas de desahogo contra el poder y los dogmas establecidos, pues después se entra en la Cuaresma, y el recogimiento y la tristeza por la muerte de Jesús de Nazaret, incluso se volvieron obligatorios en nuestro país, sobre todo durante el régimen anterior, confesionalmente católico, como bien sabemos.

El carnaval es otro momento, donde la libertad de expresión (siempre vigente, por cierto) se hace más patente. De ahí que ese intento de censura, con la amenaza del código penal en la mano, sea del todo punto contraproducente, incluso anticonstitucional.

Y esto es lo que me parece triste. El blues del autobús y el blues de la drag queen. Tanto hacer uso del código penal y los tribunales para coartar la libertad de expresión es un despropósito. Venga de donde venga. Se decía hace tiempo que en España vamos siempre detrás de un cura, ya sea con un cirio o con un garrote. La jerarquía católica siempre está condicionándonos, directamente o a través de organizaciones amparadas por ellos, como la del famoso autobús. No se puede criminalizar tanto comportamiento. Siempre va a haber alguien que cuente un "chiste de maricones". Y en cualquier barra de bar podemos encontrar a alguien que se "cague en Dios, la Virgen y en los Apóstoles" porque su equipo haya perdido el partido de fútbol de la jornada. Será de muy mal gusto, si quieren, pero esas expresiones entran dentro de la libertad de expresión, y considerarles unos delincuentes y querer meter en la cárcel a quienes las profieran es una exageración intolerable. Ya está bien de tanta censura. Los "delitos de opinión" son propios de las dictaduras, la opinión es libre y su difusión un derecho. Quien se sienta ofendido por ese tipo de manifestaciones, tiene derecho también a contestar, a hacer públicas sus ideas, opiniones y creencias, no a censurar las de las demás. Debemos recobrar la sensatez, de una vez. Para vivir en un país sin tristeza es necesario que los extremistas, de uno u otro signo, no nos impongan sus dogmas.

martes, 28 de febrero de 2017

Andalucía, sus tradiciones y sus retos


Hace unos años, de viaje de vacaciones por el País Vasco, estuvimos en Bilbao, coincidiendo con la Aste Nagusia, la Semana Grande. Tras un buen paseo por el casco histórico, nos paramos junto a una carpa donde, con bastante público sentado delante, unos bertsolaris entonaban, compitiendo entre ellos, sus creaciones poéticas. 


Uno de nosotros me dijo "¡qué nacionalistas son esta gente!", tras ver cómo se desarrollaban las fiestas. Junto a la ría las txoznas vendían sus productos adornadas con pancartas, murales y emblemas de claro corte nacionalista. Las tascas rebosaban gente que bailaba y cantaba al son de músicas autóctonas, con instrumentos propios. Incluso unos grupos animaban las calles tocando melodías del lugar, ataviados con ropajes tradicionales y tocados con las clásicas txapelas.


Yo le contesté: "Estamos en sus fiestas tradicionales, así que las viven según sus tradiciones. Unos serán nacionalistas y otros no. Lo que pasa es que, para nosotros, son extrañas, porque no las vivimos en Andalucía así." Y continué poniendo un ejemplo de lo que a otros extrañaría. "Imagina que alguno de estos que están por aquí bajan a Palma, durante la feria. Verán mujeres camino del Paseo vestidas de gitana, cantando y haciendo palmas por sevillanas. Caballistas vestidos con sombrero de ala ancha, chaqueta corta y montando con su pareja, vestida de gitana, a la grupa. 


Cuando entren por el paseo, la música serán sevillanas, rumbas o flamenquito. Las casetas y los bares tendrán farolillos y banderines, con música también similar y estarán decoradas con elementos tradicionales (mantones de manila, abanicos, motivos taurinos, castañuelas, guitarras, etc.) ¡y hasta en las lonas y cortinajes predominarán los colores blanco y verde! los de la bandera de Andalucía, además de los socorridos lunares. El vasco que nunca haya venido a una feria dirá también: "¡qué nacionalistas son esta gente! ¡todo hace referencia a sus tradiciones!". Y unos lo serán y otros no, como pasa en su tierra."


Se quedó pensando mi acompañante y me contestó: "tienes razón". Cada uno ve las cosas según acostumbra a vivirlas, y si no es lo que ve corrientemente, le parecerá que lo ajeno que ve en su visita es fruto de de algún fanatismo o empecinamiento en lo indígena como el de los nacionalistas.


Los nacionalistas acostumbran a manipular la cultura popular para conseguir el apoyo a sus tesis a base de exprimir sentimientos, como los que provocan las tradiciones. Pero un pueblo es más que sus tradiciones. Y Andalucía tiene sus tradiciones muy arraigadas, sí, pero como país y como pueblo son algo mucho más rico e importante. Pensar en Andalucía no es quedarse en su folclore, su Rocío, sus ferias, su flamenco, su aceite de oliva o sus jamones ibéricos. Incluso estas tradiciones se han terminado convirtiendo en productos de consumo, muchas veces alejados de su raíz, como le pasa a parte de su gastronomía, como vemos en este letrero de un restaurante madrileño, de la Plaza Mayor.


Cuando hace 37 años, muchos andaluces nos movilizamos para tener una autonomía política de primera, no fue para defender y disfrutar de las tradiciones solamente. Fue para dar a un giro a la situación de postración que vivíamos, relegados a un papel secundario en España. Para tener un futuro mejor, con empleo de calidad, servicios públicos para todos y de calidad, para acabar con desigualdades sangrantes con otros territorios peninsulares. Hoy día, tras ese tiempo, muchas cosas han cambiado, pero otras no. Tenemos uno de los índices de paro más altos de España, y nuestra economía no encuentra nuevas salidas para nuevos sectores que den empleo. Nuestra sanidad y educación pasan por problemas, gracias a los recortes impuestos con los excusa de la crisis. Los servicios sociales están estancados, con un sistema de atención a la dependencia que no llega a todo el que lo necesita, por ejemplo. Hemos conseguido avances, pero hay retos graves e importantes, que hoy también hay que tener presentes, además de celebrar festivamente nuestro día como comunidad. 

Como yo no soy nacionalista, no voy a caer en la trampa del folclore. La cultura popular está muy bien, mas todo pueblo se merece mejorar sus condiciones de vida, se divierta con lo que se divierta, como hacen en el Norte y hacemos en el Sur. Un día como el de hoy debemos recordar, como aquel 28 de febrero de 1980, que Andalucía también se merece mejorar.

jueves, 23 de febrero de 2017

No a la venta de armas a Arabia Saudí


Todos recordamos con espanto los atentados que venimos sufriendo con regularidad en Europa ejecutados por miembros del llamado "Estado islámico" o también "Daesh". Estos crímenes cuentan con un apoyo claro de países que fomentan el islamismo violento, gracias a los "petrodólares", como comenté hace tiempo. Nada ha cambiado, a pesar de conocerse esas claras conexiones con regímenes extremistas e incluso otros considerados moderados, como es el caso de Arabia Saudí. También he llegado a pedir, por ello, la ruptura de relaciones diplomáticas con Arabia Saudí, junto a otros ciudadanos, a través de la correspondiente recogida de firmas, petición que no tuvo apenas eco. Hoy vuelvo a pedir apoyo para una recogida de firmas. En este caso es de Amnistía Internacional, que pretende parar la venta de naves militares a Arabia Saudí, por parte de una empresa española, un armamento que pude ser usado para atacar a la población civil, en clara conculcación de los derechos humanos y los tratados internacionales. Esta venta parece que es la contrapartida a las compras de crudo, que tanto engordan las arcas de los tiranos árabes, claros apoyos de quienes propugnan el expansionismo islámico por la fuerza. Si estás de acuerdo con esa petición de freno a la venta de armamento y barcos de guerra, puedes firmar aquí la siguiente carta: 

"Mª Luisa Poncela García 
Secretaria de Estado de Comercio

Estimada señora:

Le escribo para manifestarle mi oposición a la exportación a Arabia Saudí de cinco corbetas para la armada saudí. Le pido que no autorice la exportación de estos barcos de guerra porque existe un riesgo claro de que se utilicen en ataques militares directos a la población civil, en ataques indiscriminados en Yemen y en el bloqueo naval al que Arabia Saudí somete a Yemen desde marzo de 2015, y que supone una violación grave del derecho internacional humanitario. 

La exportación de estas corbetas supondría una violación del derecho internacional y español sobre venta de armas, incluido el artículo 6 del Tratado sobre el Comercio de Armas, que prohíbe la transferencia de armas si, en el momento de la autorización, el Estado tiene conocimiento de que las armas podrían utilizarse para cometer genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra e infracciones graves del derecho internacional humanitario.

Por ello le pido que:

Deniegue la autorización de exportación de armas a Arabia Saudí, incluidas las corbetas de Navantia, mientras siga habiendo un riesgo sustancial de que las armas se podrían emplear para cometer o facilitar violaciones graves del derecho internacional de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario o se podrían desviar para dicho uso.

Adopte medidas inmediatas para aumentar la transparencia y el control de las exportaciones de armas españolas en la presente legislatura.

Atentamente,"

Entre todos debemos parar este infame comercio.

domingo, 19 de febrero de 2017

La matanza, una tradición que sobrevive en nuestras tierras

Mi madre, con mi tío Curro, tía Belén, tía María y mi sobrina Macarena, en Céspedes 

En otros tiempos, en Palma del Río, como en otras poblaciones de España, era habitual que la gente tuviese animales en sus casas. Animales para el transporte (burros, mulas, caballos) y animales para su cría y aprovechamiento de sus productos. Mi madre tenía gallinas en nuestra antigua casa, de las que aprovechaba sus huevos y también su carne. Estaban encerradas, además, en una antigua cuadra para caballos o mulas, con sus pesebres, sus aros metálicos para atarlos y otros enseres propios; incluso recuerdo una collera colgada de una de sus paredes. Un vestigio de tiempos en que no había vehículos a motor.

Foto de matanza, de la publicación "Palma, un paseo único"

En muchas casas, sobre todo en el campo, no era extraño que se criasen cerdos, además de otros ganados. Ya se sabe que del cerdo se aprovecha todo, así que era muy útil tenerlos. Por eso eran frecuentes los sacrificios de los cerdos, para aprovecharse de sus productos. Esas matanzas se realizan a fines de otoño y durante el invierno. Hay una expresión que recuerda los inicios de esta actividad: "A todo cerdo le llega su San Martín". Este santo tiene su celebración a principios de noviembre, el día 11, y esta fecha marca tradicionalmente el inicio del periodo de matanzas, aunque puedan empezarse a principios del mes, y su temporada acaba a finales de febrero del siguiente año.

Yo jugando a la pelota en el patio de la casa de tío Curro en Céspedes

Las matanzas tradicionalmente reunían a varias personas en cada casa, ayudándose familiares y vecinos. Y duraban un par de días, aproximadamente, entre la preparación, el sacrificio propiamente dicho del cerdo, y luego la elaboración de los productos. Se preparan piezas de carnes, jamones, paletillas, vísceras, los embutidos (morcilla, chorizo, salchichón, etc.), se envasan las grasas. Y todo se hace en medio de un ambiente festivo y de confraternidad, con la finalidad de almacenar alimentos para todo el año.

Mi hermano Roberto y yo jugando en Céspedes

Su importancia ha decaído en los últimos años, pues son menos los hogares que conservan sus pocilgas en uso, aunque se siguen practicando. De ahí que la misma Junta de Andalucía las regulase hace años, imponiendo la presencia de un veterinario que inspeccione el proceso y las carnes, impidiendo que se comercialicen los productos (solo se permite el consumo domiciliario) y encargando a los ayuntamientos de las autorizaciones durante  la temporada. En este mes finalizará la temporada en curso. Yo mismo me encargué varios años, cuando era concejal en el ayuntamiento palmeño, de impulsar los trámites (bandos, licencias, etc.) de las campañas de sacrificios domiciliarios que se practicaban en Palma.

Mi familia en Céspedes

El domingo pasado hablaba de mis familiares maternos, y nombré a mi tío Curro, que vivía en Céspedes, y a mi tía Ascensión. Ésta, cuando vivía en la casa de peones camineros de Los Mochos, tenía su cochiquera, donde criaban "los marranos", que más de una vez vimos en nuestras visitas. Mi tío Curro, en su casa tenía también unas pocilgas, donde criaron cerdos durante un tiempo. A mi familia la invitó varias veces a la matanza correspondiente. Recuerdo haber ido a alguna, aunque no me gustase (y eso que soy taurino), por lo que decliné más de una invitación. De una de esas matanzas en Céspedes debe ser la foto donde aparecen mi padre, mi madre (con el delantal, por estar ayudando a las labores posteriores al sacrificio) y mi hermana Mari, con mi primo Curro (con bigote), el mayor de los hijos de mi tío.

Mis abuelos Sebastián y Belén, en el campo, con parte de sus hijos

Seguramente en casa de mi abuelo Sebastián, cuando vivían en las huertas, también practicaban la matanza correspondiente, aunque no hubiese las mismas condiciones higiénicas que se exigen en la actualidad, ni tampoco las posibilidades económicas posteriores (sobre todo en la posguerra, donde pasaron hambre). Y seguro que, gracias a esta costumbre, se podrían soportar mejor las penurias de vivir en el campo, sin ningún tipo de comodidad. No solo ellos, sino los demás hortelanos y sus familias, que vivían en los pagos correspondientes, y que se solían ayudar en estas labores tan tradicionales. Mi tío Curro, al ser el único que siguió el oficio de hortelano de mi abuelo, continuó con la costumbre de tener cerdos que criar, incluso cuando ya dispuso de la casa y parcela en el poblado de colonización, provocando durante la matanza el encuentro entre los hermanos y sus familias y surtiéndonos de algunos productos que disfrutar más adelante. Mantuvo una tradición, el de la matanza domiciliaria, que todavía pervive en Andalucía y otras tierras de "la piel de toro".

domingo, 12 de febrero de 2017

Mi familia materna, recuerdo de personas humildes y trabajadoras

Mi madre y tía Belén, en Céspedes

En varias entradas he hecho referencia a familiares cercanos míos, unas veces a los paternos y otras a los maternos. De estos últimos he hablado, por ejemplo, cuando comenté una foto veraniega en las huertas de El Higueral, también cuando hice referencia al pago de La Barqueta y su famosa barca para cruzar el Genil, o cuando escribí sobre la biografía de mi madre. Hoy quiero ampliar esas informaciones con fotografías de mis familiares por vía materna, unas publicadas ya y otras inéditas.

Los abuelos, Belén y Sebastián

Mis abuelos, los padres de mi madre, eran Sebastián Peso Almenara y Belén Nieto Caro. Vivieron en varias huertas, donde mi abuelo era el hortelano, el encargado de cuidar la huerta de otros propietarios. Por ejemplo en La Barqueta y en El Higueral, ambas ribereñas del río Genil. Mi abuelo murió antes de yo nacer y no sabemos donde descansan sus restos, pues se hundieron varios nichos, incluido el suyo, y la abuela no sabemos qué dispuso después. Ella murió un año después, aproximadamente, de nacer yo y está sepultada en el nicho de mi tío Curro y la tía María.

Tío Rafalito y tía Frasquita en la boda de Mari y Agustín

Mi madre tenía cinco hermanos, dos hermanos y tres hermanas. Mi tío Rafalito se fue joven a Madrid en busca de un trabajo mejor. Yo lo recuerdo como portero de un bloque de viviendas, hasta que se jubiló y  se trasladó a Palma, a un piso que se compró en la Barriada de San Francisco. Se había casado con "Frasquita", como la llamábamos, de la familia de los "Charlantines". y tuvo dos hijas, Belén, casada con Pepe, y Mª Carmen, casada con Agustín. Mi tío Rafalito se vino a Palma ya mayor, enfermó aquí (demencia senil) y murió en 1996. Sus hijas siguen viviendo en Madrid y mantengo contacto periódico, sobre todo, con Belén.

El tío Curro y la tía Maria, en su boda, junto a los hermanos Tirado, Curra y Pepito

El tío Francisco (Curro) siguió la tradición de su padre, siendo también hortelano. Recuerdo haber ido más de una vez, en los paseos que dábamos con mi madre en domingo, a la huerta de la familia de Fernando Tirado que tenían en el pago de El Corvo, donde vivían. Tenían un perro que nos gustaba a mi hermano Roberto y a mí. Más de una vez bajamos al río, incluso con la intención de pescar algo. Luego consiguió una parcela y una casa en el poblado de colonización del IRYDA de Céspedes (Hornachuelos), aunque mantenía unas habitaciones en la casa de la calle Muñoz donde vivió también mi madre de joven.

Con mis padres y mi hermano, y la tía María, en Céspedes

El tío Curro se casó con María Almenara y tuvo dos hijos, Curro, casado con Carmen, que vive en Céspedes, y Antonio, casado con Toñi, que viven en Posadas. Fue una persona muy querida entre los vecinos y el personal con quien trabajó. Murió en 1993, tras una penosa enfermedad y María falleció en 2010.

Tía Ascensión, con el tío Mariano y dos de sus hijas, pequeñas

De mi tía Ascensión ya apunté algo no hace mucho, con motivo del fallecimiento del abogado Rafael Sarazá, ya que aparecían en una foto que publicó la prensa diaria, junto a este conocido letrado cordobés. Ascensión estaba casada con Mariano Ramírez y tuvieron tres hijas, Sensi, Belén y Mariángeles. El tío Mariano era peón caminero y tenían una casa en la barriada de Los Mochos (Almodóvar del Río). Más de una visita recuerdo a la casa de peones camineros de Los Mochos, para hacer una parada de vuelta de algún viaje a Córdoba, cuando las carreteras no estaban en las mismas condiciones que hoy en día, y hacer un viaje así era algo penoso por el tiempo a emplear y los trazados irregulares. Su último destino fue Córdoba, residiendo en la zona de "El santuario", en el Barrio de la Fuensanta, donde todavía vive mi prima Sensi. Fallecieron mis tíos no hace mucho tiempo, y son los familiares con quienes mi madre mantuvo más contacto hasta su muerte,  por ser los más cercanos, habiéndose quedado en su piso muchas veces, sobre todo cuando las fiestas del barrio.

La tía Angelita

Tuve otra tía, Angelita, a la que conocí poco. Primero porque se había casado con un natural de Peñaflor (Sevilla) y vivían allí. Después, porque padecía diabetes y esa enfermedad le causó la muerte, siendo yo muy niño. La recuerdo, no obstante, con agrado, pues era muy cariñosa. Su marido dejó de tener contacto con nosotros tras el triste desenlace y por no tener hijos.

Tía Belén con Chanín, y mi madre con Roberto y conmigo
Y la última tía, hermana de mi madre, es Belén (como mi abuela). Belén era la última de los Peso Nieto que se fue de Palma. Vivía en la calle Muñoz, en la casa conocida como la "casa del Pollo" (por el apodo de su dueño), una casa de vecinos donde también vivió mi madre, tras dejar la huerta, y donde tenía unas habitaciones mi tío Curro, como ya he apuntado. Belén estaba casada con Jacinto Ruiz, y tiene dos hijos, Juan, casado con Asunción, y Sebastián ("Chanín"), casado con Paloma. De niños, por tener edades parejas (Juan es algo mayor que yo, y Sebastián como Roberto), éramos muy amigos y nos veíamos todas las semanas, ya porque fuésemos a su casa, ya porque ellos viniesen a la nuestra a jugar.

Los cuatro primos jugando en mi casa antigua

Coincidimos en el colegio de las Monjas, de párvulos, luego en la escuela de Antonio G. Chaves, y más tarde en el Colegio San Sebastián. Fue entonces cuando emigraron a Madrid. Mi tío Jacinto trabajaba en el campo, en lo que le salía, y probó suerte cuando un nutrido grupo de palmeños se marchó al País Vasco a trabajar, quedándose algunos a vivir allí (como una hermana de mi tío, o Anita Santos, la madrina de mi mujer). Recuerdo cuando volvió, cargado de regalos para la familia (una bicicleta, una escopeta, etc). Parecía que todo iba a ir bien, pero no fue así y no se quedó. Probaron más suerte en el centro peninsular, y fue entonces cuando se llevó a la familia a vivir a Madrid, concretamente a Leganés. Luego se trasladarían a Fuenlabrada.

Tía Belén y tío Jacinto, en casa de tío Curro (Céspedes), durante unas vacaciones

El tío Jacinto falleció hace algún tiempo, peleando contra el cáncer. Mi tía Belén, a pesar de sus achaques propios (es coja de nacimiento) y los lógicos de su avanzada edad (a punto de cumplir los 89 años este mes), todavía vive. La única de entre los hermanos y hermanas. En navidades, mi primo Juan me envió una foto con ella, cosa que me alegró mucho, por cierto.

Mi madre sosteniendo a uno de los hijos de Alonso Moreno de la Cova, en Horcajo

Todos los hermanos y hermanas de mi madre, ella incluida, fueron trabajadores, personas humildes, que tuvieron que dejar su pueblo natal, Palma del Río, para poder ganarse el sustento. También mi madre emigró durante un tiempo en Madrid y Horcajo de Santiago (Cuenca), estando al servicio de la familia Moreno de la Cova, aunque, al volver, se casase con un  palmeño, el practicante José Domínguez Godoy,  y terminase residiendo en nuestra ciudad. Les recuerdo con mucho cariño, con el que mi madre tenía hacia su familia y nos transmitió desde niños. Y, por supuesto, se merecen un recordatorio, como el de tantas personas sin fama que con su esfuerzo han contribuido a nuestro bienestar.