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lunes, 21 de mayo de 2018

Las Bodas de Oro del instituto de bachillerato con Palma del Río

Foto de la exposición del ayuntamiento: Antonio Gala en una visita en 1984 al instituto

También con motivo de la Feria, en este caso en la edición especial que ha publicado el diario Córdoba, me han encargado un artículo sobre el 50 aniversario del instituto de secundaria de Palma del Río, el IES Antonio Gala. Reproduzco el artículo publicado.

El Instituto de Secundaria Antonio Gala cumple 50 años


De niño sentía avidez por progresar en mis estudios. Ver, por ejemplo, los libros de química en la escuela, con sus tapas decoradas por retortas, matraces, tubos de ensayo y demás instrumentos, provocaba la curiosidad por adentrarme en nuevos conocimientos, que se me antojaban como un paso obligado para convertirme en alguien sabio y una persona mayor. Cuando me entretenía con la televisión, viendo series o películas que reflejaban otras épocas históricas, un personaje concitaba una atracción especial, el bachiller. Era presentado casi siempre, sobre todo en obras del siglo de Oro, como alguien instruido, amén de divertido, a veces aventurero, y con cualidades que le hacían sobresalir sobre otros protagonistas. Ejemplo, el famoso bachiller Sansón Carrasco, que aparece en la segunda parte del Quijote. De ahí que un objetivo a cumplir fuese ser bachiller. 

¿Dónde se podía conseguir esto? En Palma del Río había un sitio: el instituto. Cuando cursaba los primeros cursos de la educación primaria se pasaba al instituto con pocos años. Ya en la Educación General Básica (EGB), este paso se daba tras el octavo curso. Ese fue mi caso, con lo que ese componente “casi literario” que comentaba antes ya estaba algo difuminado. No por ello fue menos emocionante. Y necesario, además, para luego acceder a la Universidad. Los cuatro años allí vividos, los tres cursos del Bachillerato Unificado Polivalente, más el Curso de Orientación Universitaria, fueron de los más intensos que se terminan recordando, al comprender una etapa de la vida, como es la adolescencia, clave en la conformación de tu personalidad y también repleta de sensaciones, emociones y aventuras. ¡La vida del bachiller!

El instituto nació como una sección delegada del Instituto Séneca de Córdoba en 1967, y se emancipó en el curso 1970-71. En los primeros años no tuvo nombre propio, solo Instituto Nacional de Bachillerato, más tarde, en 1982, pasó a ostentar el nombre del escritor Antonio Gala. Estamos celebrado, por tanto, en este curso 2017-18 las Bodas de Oro del instituto con su pueblo. Un matrimonio feliz, donde muchos profesores y profesoras, y alumnos y alumnas, hemos pasado por las aulas del viejo instituto, con todas sus ampliaciones, y por las nuevas dependencias que se construyeron al ser necesario un espacio mayor con las nuevas enseñanzas hoy día en vigor. Dejando huella en la vida académica, cultural, profesional y vital de nuestra ciudad, y pasando muchos a formar parte primero como alumnado y más tarde como plantilla del centro. En mis tiempos, alumnos de otras localidades, como Hornachuelos, Almodóvar del Río, Posadas, Fuente Palmera, Peñaflor y La Puebla de los Infantes, compartían sus estudios con nuestros paisanos y paisanas, con lo que nuestro campo de amistades se ampliaba por las comarcas próximas entre Córdoba y Sevilla. En estos momentos, tras implantarse la enseñanza secundaria obligatoria, además del bachillerato, el aumento del número de alumnos ha provocado que esas otras poblaciones cuenten con su propio instituto, dejando nuestro centro.

Entre los actos celebrados con motivo de este aniversario, una mesa redonda, con participación de la mayoría de los directores que ha tenido el centro, sirvió para recordar a miembros del claustro ya desaparecidos, como Antonio Montero, Antonio García Chaves, Juana Márquez o Santiago Moncalián, a quienes tuve como profesores, además de otras personas de todos los ámbitos de la institución y hechos significativos, unos más agradables, otros menos. Un repaso emocionante, que luego tuvo su continuación con el encuentro con un refrigerio entre los presentes. Otros actos se han venido sucediendo en este curso, como exposiciones de fotografía, la exposición "Antonio Gala. Eterno y de cristal" del Centro Andaluz de las Letras, mesas redondas con antiguos alumnos sobre su experiencia profesional, etc. Además de editar una revista para plasmar los recuerdos de muchos.

Sin duda, nuestro paso por el instituto ha sido una etapa importante en nuestras vidas. El instituto, como centro público educativo, ha sido y es un foco irradiador de cultura, fuente del saber e instrumento para forjar mejores personas. Se merece una felicitación por este cumpleaños y el deseo de un futuro longevo y productivo. ¡Feliz aniversario!

martes, 9 de mayo de 2017

Bikinis, fútbol y rock & roll


Así se llama el nuevo libro de Adrian Vogel, un libro donde narra, desde la perspectiva que este hombre ha vivido (la música pop sobre todo) el paso del Franquismo a la democracia actual. Un libro de investigación que nos cuenta que, gracias a cierta perspicacia de los gerifaltes de entonces, las cosas que estaban cambiando el mundo en los años sesenta y setenta, fueron entrando en España, dosificadas, consiguiendo que no nos rebelásemos y cambiásemos el statu quo de forma radical. Lo que luego se llamó el "Franquismo sociológico". Un repaso por la historia reciente en forma de "crónica pop", repleta de datos y anécdotas.


"Bikinis, fútbol y rock & roll" ha sido editado por el Grupo Akal, y cuenta con el prólogo de El Gran Wyoming. Yo no me podía resistir a comprarlo, y ayer me llegó. Otra adquisición para hacer paréntesis de lectura, durante la preparación de las oposiciones.

Adrian Vogel, a la derecha, con Michael Jackson

De Adrian Vogel (periodista, futbolero (merengón de pro) promotor musical, ejecutivo de discográficas, conferenciante... tal vez el más entrevistado en España cuando murió Michael Jackson) ya os he hablado varias veces, incluso he comentado alguna otra publicación suya, como el eBook Mi mundial Brasil 2014. Tiene un blog, El Mundano, muy recomendable, que nació un mes antes que el mío, donde he tenido el honor de publicar diversas entradas sobre temas musicales, como Un siglo de canciones 17: “Este Madrid” (por Francisco Javier Domínguez “Schevi”), que, por cierto, aparece en el listado de post más vistos. Supe de sus andanzas con aquel programa que emitían en RNE, Para vosotros jóvenes, que recordé en un emotivo post sobre mis aprendizajes con el mundo de la radio. Espero disfrutar de su nuevo trabajo. Y ¡anímense! búsquenlo, que seguro lo gozan.

domingo, 23 de abril de 2017

Día del Libro: el acto de la Feria del Libro al que asistí como presentador


Como anuncié el martes, ayer tuvo lugar, en el seno de los actos de la Feria del Libro que organiza el Ayuntamiento de Palma del Río, la presentación del libro Lecturas de economía aplicada y derecho revuelto, de Francisco José Fernández Cabanillas. Me encargaron de la presentación del autor. Y, como hoy es el Día Internacional del Libro, aprovecho para hacer una somera crónica del acto.

Tuvo lugar a las 9 de la tarde, en el salón de actos de la Oficina de Turismo, en la Plaza Mayor de Andalucía. Llegué con el tiempo justo, pues ya advertí a la organización de que tenía entradas para el festejo taurino que se celebraba esa tarde en Palma, en el que se dieron cita los, ya oficialmente hermanos, Manuel Díaz "El cordobés" y Julio Benítez, además del torero afincado en Palma, Javier Benjumea. Me perdí el último toro para acudir puntualmente al acto.


En la presentación estuvimos como en familia. Suele asistir no mucho público a estas cosas de las presentaciones de libros, y la mayoría familiares y amigos. Así que enfoqué la intervención con más relajo, como una conversación entre amigos, en la que el mismo autor intercaló alusiones, a modo de diálogo, además de presentar luego su obra. Introdujo el acto Esperanza Caro de la Barrera, primer teniente de alcalde del ayuntamiento palmeño.


Recordé la etapa del Instituto, donde nos conocimos, allá en 1976, en plena Transición Democrática, y del que salimos en 1980, nombrando a algunos profesores, de los que conté alguna anécdota, como en el caso de Pepe Moya cuando le gastamos la broma de la frase del cantante Ramoncín ("polli fricti rex sum", en latín), y también a alumnos (algunos de ellos presentes allí) de los que fuimos compañeros, unos compañeros que se esforzaron, pero que también disfrutaron como jóvenes que éramos. Prueba de aquella conjunción entre diversión y esfuerzo fue la estrategia, de la que aproveché para culparle a él (pues "el delito ya habrá prescrito") que diseñamos entre Federico Navarro, el autor y un servidor (como los nuevos Tres mosqueteros) para aprobar la asignatura de Historia del Arte, ya en COU, y que, como la anterior evocación, ya fue contada en la correspondiente entrada de este blog relativa al instituto de bachillerato.


Seguimos con el paso a la Facultad de Derecho de la Universidad de Córdoba, en cuyo primer curso coincidimos los "Tres mosqueteros", aunque Fran (que es como siempre llamábamos al hoy autor del libro, en el instituto) la dejó en segundo curso, pues se trasladó a Sevilla para continuar la licenciatura. Aquel curso al que accedimos era el primero como Facultad de Derecho, pues los anteriores estudiantes lo fueron del Colegio Universitario que dependía de Sevilla, lo que hacía que todavía no tuviese prestigio, algo que también cuenta al obtener el título ("hay que maximizar los recursos"). Y luego hablamos de nuestros destinos profesionales, siempre, de alguna forma relacionados con el Mundo Jurídico: Fran como profesor de Economía en la Universidad de Castilla-La Mancha, Federico como catedrático de Derecho del Trabajo en la Universidad de Córdoba, y yo en la Administración, primero como político y ahora como empleado público. Todo explicado en lenguaje humorístico y en complicidad con el auditorio.


Terminé dedicando unas someras palabras al libro, que lógicamente, el autor era el que tenía que presentar (pues, si no, me iba a soltar aquella famosa frase que dijo Francisco Umbral en una entrevista televisiva: ¡Oiga, que yo he venido aquí a hablar de mi libro!). Recomendé su lectura sin miedo a encontrarse un manual al uso, un tocho de centenares de páginas de carácter técnico, solo para iniciados, como su nombre parece indicar. Al ser una colección de artículos publicados en prensa, su lectura es fácil e inteligible. Además, contiene unas críticas incisivas, con lenguaje muchas veces tirando de la ironía y el sarcasmo, y preñadas de sentido del humor. Algo que últimamente está en peligro, pues cada vez que alguien hace una crítica en forma de chiste, se puede encontrar con la denuncia en el juzgado presentada por quienes se sienten ofendidos ante las críticas.


Fran nos puso varios ejemplos relacionados con el contenido de la obra. Contó varias anécdotas, muy sustanciosas y algunas divertidas, sobre su paso por los juzgados (fue juez algún tiempo), sus empresas y socios y viajes varios en el mundo universitario. Aprovechó para lanzar algún dardo, para explicar así la importancia del Derecho (a raíz de un ejemplo de mala legislación que puse en mi intervención), sugiriendo que la excesiva litigiosidad que hay en España, la hiper-inflación legislativa (a la que hice mención) y su mala calidad podía deberse a la característica española (no compartida por otros países) de que un elevado porcentaje de diputados y senadores fuesen abogados. Aventuró que esa mala praxis legislativa, tal vez fuese intencionada, con la idea de tener los diputados/abogados, al dejar el cargo, trabajo con el que tener el futuro profesional asegurado, desentrañando el maremagnum normativo. 


Fue una tarde/noche amena y divertida, demostración que lo jurídico y lo económico nos son materias áridas, sino muy vivas y enganchadas a la vida real. Firmó el autor algunos libros, incluida una dedicatoria para mí. Y, como no podía ser de otra manera (pues, además, le recordé el que teníamos pendiente más de una cerveza), terminamos ya en un bar departiendo aún más relajadamente y en busca del frescor de la noche primaveral.

lunes, 10 de abril de 2017

El walkman o lorillo de mi juventud


En estos días se está moviendo un grupo de personas, de las que fueron a las excursiones de semana santa a la comunidad de Taizé, para revivir aquellos viajes en forma de un viaje cultural por las localizaciones que están relacionadas con literatos y artistas españoles. La idea surgió porque en uno de esos viajes se hizo una parada en Colliure (Francia), donde está enterrado Antonio Machado, tras huir al exilio. En aquel viaje, se dejó depositada una bandera con los colores de la República, que hicieron con una bandera oficial a la que añadieron un trozo morado abajo. El trozo lo consiguió mi hermano Roberto, cortando la cola del traje de nazareno de mi padre (un modelo antiguo, pues los actuales de esa cofradía no llevan esa cola), con la excusa de ponérselo algún día al salir en procesión (como hizo más de una vez, por cierto). Mi hermano fue a aquel viaje, yo no. Ni llegué a visitar Taizé. Solo hice el último viaje que se organizó, que fue a Italia, en 1982, sin pasar ya por ese lugar. En los anteriores, además de la visita a la comunidad (por cierto, creada por el protestante "hermano Roger"), se aprovechaba para hacer algo de turismo por los alrededores. Eso hizo que se apuntase mucha gente con el exclusivo interés de viajar a precios baratos, y no de participar en actos ecuménicos religiosos. Otros iban porque en aquel lugar se encontraba mucha gente, entre ellas de varias comunidades españolas, dando rienda suelta a los deseos de libertad que surgieron tras la muerte de Franco. Se terminó solo con el turismo, en ese viaje a Italia. La idea del nuevo viaje es partir de Granada y terminar en Colliure, visitando ciudades relacionadas con la cultura que aprendimos de jóvenes.

En el albergue de Roma (1982), el grupo de viajeros. Yo, de pie, el que tiene los brazos en jarras (Foto de Rafi García)

En una parada de aquel viaje a Italia, que hicimos en Andorra, compré un reproductor de cassette, que estaba de moda entonces, por su pequeño tamaño. Los había de diferentes tipos: solo reproductores, grabadores... Con el tiempo se fueron haciendo cada vez más pequeños, aunque los más extendidos eran los que usaban las cintas estándar, las mismas que para aparatos mayores. Lo que les hizo populares era que se podían usar caminando, cómodamente, de ahí el nombre de walkman, aunque nosotros lo conocíamos también como "lorillos".


Durante el viaje fuimos muchos los que disfrutamos de la música, individualmente, gracias a estos aparatos. Yo me llevé varias cintas de mis discos favoritos grabados para poder escuchar música, e, incluso, me compré un trabajo muy de éxito entonces: el ROCK & RÍOS, de Miguel Ríos. Recuerdo cómo un amigo, durante un trayecto en autobús, se volvió desde el respaldo de su asiento, riéndose a pierna suelta de nosotros. Le pregunté el motivo y me dijo que la mayoría estaba bailando, solos, sentados, cada uno a su aire, con los auriculares puestos, y el autobús estaba en silencio. Una escena muy cómica.


La calidad de sonido de estos aparatos era buena, para la técnica de la época, reproduciendo en estéreo, a través de auriculares pequeños (cascos). Y se podían colgar de una cinta, en bandolera, o con una pinza que llevaban en el estuche donde se guardaban, que servía para fijarlos al cinturón, por ejemplo. Te permitían correr, andar, y llevarte tu música donde quisieras, sin cargar con pesados y voluminosos aparatos. Más tarde se empezaron a usar con CDs, pero de esos no he tenido ninguno.


El que compré en Andorra (todavía no se habían extendido los bazares, propiedad de marroquíes, indios, y más tarde, chinos, que vendían más barato que los comercios especializados en aparatos electrónicos, por lo que merecía la pena aprovechar estos viajes para hacer compras) es el que reproduzco en las imágenes. Es muy ligero y de tamaño reducido. Se alimentaba a pilas, aunque tenía una toma para adaptador de corriente que empleé mucho. Tenía incluso un micrófono que te permitía grabar sonidos, como hacían los reporteros con sus aparatos en ruedas de prensa que veíamos en televisión. Mi hermano me hizo unos pequeños bafles con un altavoz cada uno en una caja de plástico, que me permitió disfrutar del aparato como equipo de música para ambiente, usándolo en mis tiempos de estudiante en los pisos de Córdoba en los que viví de alquiler con amigos. Con el tiempo se fue estropeando (la cabeza reproductora se iba desviando, empeorando el sonido), y, además, las cintas de cassette se han ido perdiendo con el paso a los formatos digitales. Pero todavía funciona. Ahora es solo una pieza de museo entre mis cachivaches viejos de la juventud.

viernes, 17 de marzo de 2017

Rosalía & Raül Refree, joven flamenco de hoy


¿Es flamenco? ¿Es pop? No sé. Hermoso sí. Y arriesgado. Me gusta la música valiente. Les vi en el programa de Andreu Buenafuente, Late Motiv, y me quedé "prendao". Disfruten de Catalina, del álbum "Los Ángeles", de Rosalía & Raül Refree. 

Ponme la mano aquí 
que la tienes fría.
Ponme la mano aquí
Catalina mía.

Mira que me vi'á morir.

sábado, 4 de marzo de 2017

El blues del autobús (a propósito de los ultras y las drag queens)


Había una serie policial de televisión de los años ochenta que se llamaba Canción triste de Hill Steet. Así la llamaron en España, pues su nombre original era Hill Street Blues. Parecía que los programadores de televisión consideraban que no sabíamos qué era un blues, y prefirieron cambiar el nombre por "canción triste", para aclararnos ciertas cosas. En sus orígenes, el blues pudo tener una nota triste, es verdad, pero como género musical también nos ha ofrecido temas de lo más alegre. Viene esto a cuento por otro título, en este caso, el que tomo para la entrada, uno de una canción de Miguel Ríos, "El blues del autobús". Es éste un tema ciertamente melancólico, que nos cuenta las idas y venidas por la carretera del cantante y sus acompañantes, en esas enormes giras que nos acostumbró durante unos cuantos años de éxitos en su discografía y sobre los escenarios de todo el país. ¿Por qué este título prestado? Por la polémica de esta semana del autobús de la organización ultra Hazte Oír. Una triste polémica, a mi juicio. Me explico.

El mensaje del autobús es ciertamente tendencioso y pretende hacer un ataque a quienes piensan que los seres humanos pueden cambiar de género voluntariamente, con libertad. No es sorprendente, pues esta organización ultra defiende postulados que se inspiran en la doctrina de la Iglesia Católica, que pretenden mostrarnos como antinaturales y contrarios a los designios divinos, determinados comportamientos, como el divorcio, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la homosexualidad en sí misma, el aborto y, en este caso, la transexualidad . No admiten la distinción entre sexo (la condición sexual biológica de cada ser humano) y género (el estatus cultural y social del que se derivan ciertos comportamientos). Incluso hacen campaña, como otros componentes de la Iglesia (especialmente la jerarquía católica), contra la llamada "ideología de género", a la que consideran un factor de corrupción y de destrucción de la humanidad. Tras ello se esconde el rechazo tradicional a la igualdad entre hombres y mujeres. Y a la libertad. Ni que decir tiene que no comparto estas tesis (como se puede comprobar en diferentes entradas de este blog, desde hace años). Pero lo que me entristece (de ahí el título de la entrada) es la campaña iniciada por algunos para prohibir estos mensajes, e, incluso, para condenar penalmente su difusión, lo que ha dado lugar a la inmovilización del autobús propagandístico. Algo que considero una censura. El manifestarse en contra, ya sea en serio o en broma (como las muchas parodias que están triunfando en internet, algunas geniales), es lo que procede, si se discrepa, pero no la represión.

Hay que partir del hecho de que, no hace mucho tiempo, una campaña de visibilización de los transexuales, especialmente los infantes, y de apoyo a ese colectivo, se ha visto en numerosas ciudades de España. Los ultras de Hazte Oír protestaron, pero, afortunadamente, ningún juez o fiscal, prohibió la campaña, para disgusto de esta organización. Parece que lo del autobús es una respuesta a aquella campaña. A mi modo de ver, permisible, pues entra dentro de la libertad de expresión. Como la campaña en favor de la transexualidad. Pero alguien ha decidido convertir en mártires a los ultras del autobús, me temo, con esta censura.


En estos días de carnaval, también nos hemos enterado de la noticia de que una drag queen disfrazada de Virgen, y de Jesucristo también, se alzó con el premio del Concurso del carnaval de Canarias. La polémica ha surgido con ello. La jerarquía católica y diversos medios conservadores han levantado su voz contra esos disfraces, haciendo en algunos casos referencia al Código Penal, que considera delito la ofensa a los sentimientos religiosos. Otra vez otro intento de censura. En carnaval es normal la crítica a los poderosos, entre los que siempre (repito, siempre) se ha incluido a la jerarquía católica, desde un simple cura al mismísimo Papa. Lo normal es la transgresión; es su propio origen, como forma de dar rienda suelta a todo tipo de pasiones, entre las que se encuentran las formas de desahogo contra el poder y los dogmas establecidos, pues después se entra en la Cuaresma, y el recogimiento y la tristeza por la muerte de Jesús de Nazaret, incluso se volvieron obligatorios en nuestro país, sobre todo durante el régimen anterior, confesionalmente católico, como bien sabemos.

El carnaval es otro momento, donde la libertad de expresión (siempre vigente, por cierto) se hace más patente. De ahí que ese intento de censura, con la amenaza del código penal en la mano, sea del todo punto contraproducente, incluso anticonstitucional.

Y esto es lo que me parece triste. El blues del autobús y el blues de la drag queen. Tanto hacer uso del código penal y los tribunales para coartar la libertad de expresión es un despropósito. Venga de donde venga. Se decía hace tiempo que en España vamos siempre detrás de un cura, ya sea con un cirio o con un garrote. La jerarquía católica siempre está condicionándonos, directamente o a través de organizaciones amparadas por ellos, como la del famoso autobús. No se puede criminalizar tanto comportamiento. Siempre va a haber alguien que cuente un "chiste de maricones". Y en cualquier barra de bar podemos encontrar a alguien que se "cague en Dios, la Virgen y en los Apóstoles" porque su equipo haya perdido el partido de fútbol de la jornada. Será de muy mal gusto, si quieren, pero esas expresiones entran dentro de la libertad de expresión, y considerarles unos delincuentes y querer meter en la cárcel a quienes las profieran es una exageración intolerable. Ya está bien de tanta censura. Los "delitos de opinión" son propios de las dictaduras, la opinión es libre y su difusión un derecho. Quien se sienta ofendido por ese tipo de manifestaciones, tiene derecho también a contestar, a hacer públicas sus ideas, opiniones y creencias, no a censurar las de las demás. Debemos recobrar la sensatez, de una vez. Para vivir en un país sin tristeza es necesario que los extremistas, de uno u otro signo, no nos impongan sus dogmas.

domingo, 26 de febrero de 2017

Mi despacho: nuevos planetas, extraterrestres y código penal


Retomamos la sección "Mi despacho" que ya recuperamos para el blog hace algún tiempo, para comentar asuntos de rabiosa actualidad. 

Rodríguez: ¡Matilde! viene o no ese café.

Matilde: ¡Va, Don Rodríguez! que ya está el café. Pero espere que termine las noticias de la radio.

Rodríguez: ¡Bueno! Ahora tengo que esperar a la radio. ¡¿Por qué no habré cambiado yo de secretaria en treinta años?!

Matilde (cinco minutos después): Ya estoy aquí con el cafelito...

Rodríguez: Frío otra vez...

Matilde: Es que verá, Don Rodríguez...

Rodríguez (cortando): Don Francisco, o Señor Rodríguez, o Rodríguez a secas, Matilde. Se lo he dicho muchas veces, mujer.

Matilde: Verá, Don Rodríguez a secas. Es que estaban diciendo en la radio que la NASA acaba de descubrir un sistema solar nuevo, de una estrella con nombre muy raro, con 7 planetas ¡como la Tierra! ¡y que pueden tener agua y hasta vida! ¿no le parece emocionante?

Rodriguez: Sí muy emocionante. Pero eso no es ninguna novedad. Los astrónomos hace tiempo saben que hay otros planetas fuera del sistema solar, los llaman los "exoplanetas". Lo que pasa es que ahora dan la noticia. Y no me sorprende. La NASA periódicamente convoca ruedas de prensa para anunciar descubrimientos sobre Marte, satélites artificiales, galaxias lejanas, etc, sobre todo cuando cambian de presidente de los Estados Unidos. Supongo que será para que se acuerden de ellos y no les corten el grifo de las subvenciones.

Matilde: Pues yo no sabía nada de nada de esos planetas. Mira que si de verdad existen los extraterrestres y nos vienen a visitar. 

Rodríguez: Seguramente existan los extraterrestres. En un Universo de millones de galaxias, con miles de estrellas, que pueden tener planetas girando a su alrededor, seguro que pueden darse las condiciones que hacen posible la vida. Lo sorprendente sería que solo eso ocurriese en la Tierra, un puntito minúsculo en la inmensidad de Universo.

Matilde: ¡Qué bonito eso que ha dicho de la inmensidad del Universo! ¿Usted cree que los extraterrestres que viajan en los OVNIS y secuestran a los terrícolas, para hacer experimentos con ellos, como vemos en las películas, vienen de alguno de esos siete planetas que ha anunciado la NASA?

Rodríguez: No sé, Matilde, pero no lo creo, porque esos planetas están a 40 años-luz de la Tierra. Necesitarían viajar a la velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo), algo portentoso técnicamente, y aún así tardarían cuarenta años en llegar aquí. Demasiado tiempo para hacer esos experimentos de los que usted habla.

Matilde: Yo no, los expertos. Como el que salió en el programa de Iker Jiménez (Cuarto milenio) y avisó de que el Código Penal no se refiere a los extraterrestres cuando habla de violaciones. Figúrese, Don Rodríguez, si un extraterrestre viola a una mujer de la Tierra, queda impune. ¡Qué horror! ¡estamos indefensas!

Rodríguez (cansado): El Código Penal no habla de extraterrestres, ni de animales, ni de fantasmas, como autores para violaciones ni para ningún otro delito, Matilde. Solo puede referirse a actos de las personas.

Matilde: Pues Urdangarín también podría haber dicho que él era extraterrestre, para librarse de la cárcel, como la Infanta.

Rodríguez (harto de esta conversación de besugos): Seguro que lo dice en su recurso al Tribunal Supremo. Y seguro que los acusados de la Gürtel también dicen que son  o extraterrestres o que su marido o esposa eran los que llevaban los asuntos. Así todos se librarán de la cárcel. No lo dude.

Matilde: ¡Ay, Don Rodríguez! Que vamos a estar rodeados de marcianos...

Rodríguez: Extraterrestres, Matilde. No crea que con las cosas que veo cada día no pienso que estamos rodeados de extraterrestres. Lo que sí estoy seguro es que, si existen esos "marcianos", como usted los llama, si vienen a la Tierra y se dan un paseo para conocernos, se vuelven seguro a sus planetas decepcionados, aunque tarden otros cuarenta años en volver. Estarán convencidos de que aquí no hay "vida inteligente".

Y tráigame otro café, que tengo que hacer mi columna para el periódico, y con esta charla tan animada, ya se me ha enfriado.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Paquirrín académico


En la fría mañana del 28 de diciembre de 2016 ha tenido lugar, en la sede de la Real Academia Española, el acto de ingreso como académico numerario, de D. Francisco José Rivera Pantoja, conocido como Kiko Rivera, o Paquirrín. Desde hoy ocupará la silla K mayúscula, vacante tras el fallecimiento de Ana María Matute. El acto, que ha disfrutado de los honores y protocolo reglamentarios, ha contado con la presencia de numerosos académicos, que han querido acompañar al nuevo inquilino del majestuoso edificio del barrio de los Jerónimos y testimoniar así su afecto por el joven integrante.

En su discurso, el flamante académico esbozó la figura de su madre, Isabel Pantoja, haciendo un minucioso análisis lingüístico y literario sobre su conocida obra artística, y pronunciando, entre lágrimas de emoción, frases como: "Ya lo sabéis. Por mi madre mato y ya estamos hartos de los dos." "Es muy duro decir esto…, pero más duro es ver a una madre llorar por la impotencia."


También esbozó una descripción de su propia obra: "Los hombres sí podemos hacer dos cosas a la vez: cagar y leer el Marca". "Soy el doble de Brad Pitt. Y porque adelgacé, que antes era el triple". “El hombre es quién tiene que ir a buscar a la mujer, cuando viene la mujer, malo”. " Cuando se me acerca una mujer que está muy buena pienso: ¿Lo haces porque quieres salir en Interviú? Pues te voy a dar la portada!". "Ver a mis hermanos juntos es más difícil que verme a mí en el gimnasio". "Y recuerda: ir al McDonalds y pedir una ensalada es como ir a un puticlub a por un abrazo." Remachando la parte de su discurso dedicada a su labor literaria con un "Los imbéciles en vez de fijarse en el significado se fijan en las tildes….anda ya!!!!".


Se mostró satisfecho por su faceta de DJ, demostrando su habilidad para tocar otros instrumentos, como el violín. Y nos deleitó con una actuación donde se pudieron escuchar letras de profundo calado, honda significación y rigor poético, como éstas: 

"Que morena rica que está en la arena y está bien buena
Vamonos pa' el agua porque este sol se pone que quema
Tráeme la pelota para que juguemos lo que tu quieras
Ponte sexy mami para broncearte y untarte crema

El top, ay que se quite el top
ay que se quite el top, ay que se quite el top

¡Quítatelo!"

Finalmente, agradeció a Cecilia Giménez, la vecina del pueblo zaragozano de Borja, aficionada a la pintura, que emplease su efigie para la restauración del famoso en el mundo entero, desde entonces, Ecce Homo. Terminando el acto con una fuerte ovación de los académicos presentes, que elogiaron así el breve, pero intenso, discurso pronunciado, antes de la habitual copa de vino español, servida con motivo de las fiestas navideñas. ¡Enhorabuena!

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La cena de los idiotas


Ya sabéis que me gusta el teatro. Asisto a muchas representaciones, incluyo en el blog las críticas de las obras que presencio, e incluso he participado como alumno en cursos y como actor en algunas representaciones. Por eso, otra de las actividades que frecuento cuando visito Madrid es la de ir al teatro, ya sea un musical u otro tipo de obras. Este fin de semana pasado hemos estado en la capital de España, y, además de visitar museos (el motivo del viaje era ver la Exposición sobre el V Centenario de El Bosco, en el Museo del Prado), hemos estado en un teatro, en plena Gran Vía. La obra que vimos fue "La cena de los idiotas", de Francis Veber. 


Es ésta una obra de humor, con mensaje, pero sin cargar las tintas. En ella se cuenta la historia de unos amigos que se reúnen una vez en semana para cenar, y para divertirse tienen que traer cada uno de los comensales un invitado nuevo, un idiota del que reírse sin piedad. El que lleve el más idiota gana el concurso. Un famoso editor queda en su casa con el invitado "especial", un funcionario del Ministerio de Hacienda que se dedica a hacer maquetas con cerillas. El editor tiene lumbalgia y decide suspender la cena, pero todo se complica, porque la mujer se marcha y llama para comunicar que abandona al editor. El idiota decide ayudar. A partir de esto, todo se complica. Y, en definitiva, no llegamos a saber quién es más idiota de todos.


La obra, de 1993, tuvo una versión cinematográfica dirigida por el propio autor. Y en 2010 se realizó la versión americana del film.  Como obra teatral ha sido muy representada, también en España, con diverso elenco. Nosotros vimos la versión de Josema Yuste (el de Martes y Trece), interpretada por Ramón Langa (la conocida voz del doblaje de  Bruce Willis), Agustín Jiménez (el idiota), Santiago Urrialde (el inspector de Hacienda), Manu Badenes (el amigo de editor, al que le quitó la novia), Esperanza Lemos (la mujer del editor) y Natalia Ruiz (una amiga "ninfómana" y amante del esoterismo).


Nos lo pasamos muy bien, sobre todo teniendo en cuenta que dura una hora y tres cuartos, y no llegamos a mirar la hora (no se nos hizo larga precisamente), a pesar de estar en la primera fila (el teatro estaba lleno). No me sorprende que lleven siete temporadas en cartel. No siempre hay que ver obras vanguardistas o sesudas, donde se mezclen géneros o muchos medios técnicos. Con una presentación tradicional y con una obra de texto, bien interpretada, podemos pasar un buen rato. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La cabina telefónica


Había una película de medio metraje que se llamaba La cabina. Fue estrenada en TVE en 1972. Todo un fenómeno social. Recuerdo que en el colegio, mi compañero de pupitre me preguntó si "había visto la `gabina´" (así la llamaba él) porque estaban como asustados en su casa. Impactante. Trataba de un señor que se quedaba encerrado en una cabina de teléfonos, y todo lo que le sucedía después: agobios, miedos, incomprensión... Llegó a ser premiada y hasta censurada, porque alguien la entendió como una crítica al régimen de Franco. Y fue tan relevante que durante un tiempo mucha gente sintió miedo al entrar en una cabina telefónica callejera. Pero ésta no es la única anécdota que puedo contar sobre las cabinas telefónicas.


Yo usaba cabinas sobre todo, cuando era estudiante en Córdoba y tenia una amiga muy especial a la que no podía ver todos los días por motivos académicos. Buscaba entonces una cabina, bien pertrechado de monedas, para pelar la pava a distancia. Veía cómo el artilugio se tragaba inmisericorde las monedas, mientras pasaba el tiempo. Y muchas veces tenía que hacer cola y esperar, como otros esperaban, para entrar en el locutorio. Uno de ellos, una vez, me miró con cara de pocos amigos, mientras yo estaba dentro, así que tuve que cortar la conversación. Al salir me dijo, malhumorado, que las cabinas estaban para una urgencia no para eso (se supone que se había dado cuenta de que estaba ligando).


Mi sobrino Roberto, de niño, cuando aprendía a hablar, llamaba "feno" al teléfono. Algo que me hacía gracia. Una vez, al acercarnos a la cabina que había en la plaza del ayuntamiento, le pregunté que qué era eso. Se quedó mirando y pensando, y dijo "fónica". Evidentemente distinguía un teléfono de una cabina, aunque lo expresase a su manera.


Las cabinas españolas son diferentes de las rojas británicas, tan populares, pero no menos interesantes. De aluminio, con cristales (muchas veces usados comos soporte publicitario) y techadas, y con puertas, para protegerse del frío y la lluvia y facilitar intimidad de la conversación. Hoy casi son innecesarias por la generalización del uso del teléfono móvil. ¿Quién necesita un teléfono fijo cuando tenemos muchos móviles? ¿Quién quiere intimidad, si con el móvil nos movemos al hablar (¿nadie se ha preguntado por qué nos ponemos muchas veces de pie para contestar una llamada?) y además lo hacen muchos a voz en grito, como si quisiésemos que todo el mundo se enterase de qué hablamos?


En los últimos tiempos estaban siendo sustituidas por una especie de postes, con el aparato colgado a uno o ambos lados (hasta lo hay para minusválidos). Con un liviano techo y tablero, y a lo sumo algún cristal a ambos lados. Es raro ver una verdadera cabina, con cuatro lados cerrados, con puertas. Y parece que van a desaparecer , cuando termine este año, de nuestro paisaje urbano.


En uno de mis paseos matutinos de las vacaciones me he parado junto a una cabina telefónica, la única que he visto en mucho tiempo de este tipo en Palma del Río. Dañada por el vandalismo, como pasa en todas partes, para hacer puntería o sisar las monedas. Sin puerta. Tal vez olvidada. No sé cuánto durará, si se quedará como un resto arqueológico en nuestras calles. Por si acaso la retiran, según los planes, queda aquí su imagen para el recuerdo.

miércoles, 27 de julio de 2016

martes, 12 de julio de 2016

El agujero del donut, ese gran problema


"¡Andá, los donuts!" decía un niño en un viejo anuncio de televisión, cuando se olvidaba del desayuno al ir al colegio. "¡Andá, la cartera!", terminaba el anuncio después de volver a por el dulce, ya que se le olvidaba lo esencial para el estudio. Esas frases se nos quedaron esculpidas en nuestra memoria, la de los niños de la época, aunque no comiésemos donuts. Ese dulce con un agujero en medio, como una rosca de toda la vida, pero un dulce blando y aceitoso muy popular en América y que luego se propagó aquí con toda la comida basura que ha sustituido al más saludable bocadillo del recreo. 

Pero no ha sido esa, la salud, la preocupación que han sentido los consumidores de donuts, sino el tamaño del agujero. Un componente que la leyenda dice que inventó un marino con un bollo que le hacía su madre, con el centro relleno de nueces y avellanas, porque era la parte que se cocía con más dificultad. Al necesitar las dos manos para usar la rueda del timón, lo clavó en un radio de ésta, haciendo el agujero famoso. El tamaño ha ido cambiando con el tiempo. Y, según esta vieja foto, se ha ido reduciendo para dejar más paso a la materia comestible. Los consumidores se irían quejando del excesivo tamaño, que dejaba escuálida a la rosca, con lo que tendrían que disminuir su tamaño. Porque el tamaño de un agujero, al aumentar, reduce el de la materia circundante y también su densidad y peso. Ya lo dice la adivinanza: ¿De qué hay que llenar una caja para que pese menos? Pues de agujeros. A agujero más pequeño, más miga. 

Un problema sesudo y con mucha miga con el que reflexionar las tardes calurosas de este verano.

miércoles, 6 de julio de 2016

XXXIII Feria del Teatro en el Sur: Hamlet, por Teatro Clásico de Sevilla


Hamlet es una de las obras más célebres de William Shakespeare, autor del que conmemoramos el 400 aniversario de su fallecimiento, casi coincidente con el de Miguel de Cervantes. La compañía Teatro Clásico de Sevilla lo puso en escena ayer en el Teatro Coliseo, y fue la obra que presenciamos, dentro del amplio programa de la Feria del Teatro de Palma del Río. Esta compañía es habitual y hemos visto montajes suyos de gran calidad, como El Buscón, o La estrella de Sevilla.


La obra Hamtel ha sido representada multitud de ocasiones, y ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre su significado: político, psicológico, filosófico, sexual, las miserias humanas y/o familiares... Es el poder el elemento central de la trama. Un profesor mío de la universidad decía que la obra era un repertorio de lo que nunca debe hacer un político que conspira contra el poderoso, pues expone a la luz sus intenciones. Hamlet, príncipe de Dinamarca, es un artista que finge locrua y que desvela sus sospechas y sus intrigas, pero el arte no protege al conspirador, que termina sucumbiendo por obra y gracia del que quiere derribar, por muy corrupto que éste sea.


La representación cuenta con la solvente dirección y adaptación de Alfonso Zurro. La escenografía es simple y efectiva: unos espejos que hacen de bambalinas, ofreciendo diversas perspectivas de la acción, y un espacio que va cambiando con la luz y, sobre todo, con unas telas que pavimentan el escenario con colores diferentes según la escena o acto, resaltando el dramatismo de los acontecimientos. La interpretación es excelente, sin tacha de ningún tipo. El vestuario impecable. Solo una pega le pusimos algunos que la comentamos: la duración. Hamlet es la obra más larga de su autor, y la representación discurrió en 2 horas y media. En estos tiempos en que estamos, acostumbrados a la duración de las series de televisión y las películas (no más de hora y media) esta prolongación en el tiempo es difícil de seguir. Hoy día buscamos más el ingenio, la carga de fondo, que la extensión del mensaje. Los 140 caracteres de Twitter se están convirtiendo en el canon con el que medir los contenidos que el ser humano moderno (el digital, que se comunica por internet) está dispuesto a soportar. Por eso a muchos les pareció excesiva. La adaptación debería tener en cuenta estas cosas, por mucho que nos duela traicionar (supuestamente) en texto original.

Por lo demás, magnifico trabajo que se hizo merecedor de los premios Lorca del teatro andaluz que ha obtenido, ocho (Mejor Espectáculo Teatral, Mejor Adaptación Teatral y Dirección, Mejor Escenografía y Vestuario, Mejor Diseño de Iluminación, Mejor Intérprete Masculino, y Mejor Intérprete Femenina) en total de los diez a que aspiraba. Recomendable.

martes, 7 de junio de 2016

Socialdemocracia


En los años 1980 y 1981 milité en el PCE, habiendo pertenecido antes a las Juventudes Comunistas, poco tiempo después de morir Franco, en plena clandestinidad todavía (entré con apenas 15 años). En aquellos primeros tiempos me vi seducido con entusiasmo por la política y, concretamente, por el marxismo, acercándome a aquellas organizaciones que encarnaban con más visibilidad la lucha contra las injusticias sociales y contra la dictadura de Franco y sus secuelas. Me fue relativamente fácil contactar, pues a un antiguo compañero de escuela, que había dejado los estudios, le vi más de una vez participar en las huelgas y manifestaciones que entonces se sucedían en Palma del Río, y, gracias a él, pude integrarme en una célula (entonces se llamaban así las organizaciones de base clandestinas) de las juventudes.

Eran los tiempos en que la URSS y los estados del Pacto de Varsovia todavía protagonizaban la división en bloques del mundo, entre el bloque capitalista y el que formaban ellos, llamado bloque "socialista", aunque estaban dirigidos por Partidos Comunistas. Eran la prueba de que se podían cambiar las cosas. Y todo lo negativo que se decía de ellos nos parecía simplemente parte de la guerra de propaganda que se libraba entre los dos bandos enfrentados. 

Pero no era así. Los mismos partidos comunistas occidentales se habían distanciado de los del Este, tras sucesivos acontecimientos, como la invasión de Hungría o el descabezamiento por la fuerza del gobierno que protagonizaba una revolución democrática en Checoslovaquia (la primavera de Praga). La falta de respeto a los derechos humanos en los llamados países del "socialismo real" era evidente, y eso provocó que en Occidente se fraguase un movimiento, el Eurocomunismo, que propugnaba una vía democrática al socialismo y la alianza no solo entre obreros y campesinos, sino además de las clases medias, como forma de ampliar la base electoral con la que conseguir el poder. Tanto el PCE, dirigido por Santiago Carrillo, como el PC francés, de Georges Marchais, y, sobre todo, el PC italiano de Enrico Berlinguer, encabezaron ese movimiento. 

Tras una salida traumática de muchos miembros de las juventudes, unos más radicales que otros, por imposiciones del partido que no aceptamos, yo me quedé fuera de la organización. No era de los más izquierdistas precisamente. El eurocomunismo me parecía interesante y uno de los gestos que protagonizó Carrillo fue proponer la desaparición del término marxismo-leninismo de los estatutos y el programa. Yo me seguía considerando marxista (y de alguna forma sigo considerándome, aunque nada dogmático), pero me pareció poco. Cuando me incorporé al PCE ya no era marxista ortodoxo. El estudio de otras teorías económicas y filosóficas me hacía refutar ciertas tesis del marxismo oficial. Y los países del Este no eran un referente nada positivo, sino un ejemplo de otras dictaduras que había que derribar. Otros miembros del partido, los llamados "euro-renovadores", por seguir siendo eurocomunistas, pero ya no revolucionarios sino reformistas (término maldito en el interior, que se usaba como insulto) tomaron protagonismo en algunas decisiones, como el propugnar la integración de Euskadiko Ezquerra con el PC vasco (cosa que hizo luego con el Partido Socialista de Euskadi, paradójicamente), o solicitar el constituirse en corriente de opinión. Fueron rechazadas por la dirección. Recuerdo a Carrillo decir que lo de las corrientes era como los diferentes partidos políticos que hay en la sociedad, y "el partido está para cambiar la sociedad, no la sociedad al partido". Algunos fueron expulsados y otros abandonaron el partido en protesta por la actitud autoritaria de la dirección.

Como decía, entonces ya no me definía como marxista. Mis ideales de justicia social, democracia y libertades, y una visión no dogmática para transformar el mundo, me hicieron recalar en la Socialdemocracia. La "bestia negra" de los ortodoxos comunistas. Que un comunista llamase a un camarada "socialdemócrata" era un insulto, equiparable a "social-fascista", término que pusieron de moda los stalinistas para liquidar a los no integrados en los partidos comunistas en el periodo entre la primera y segunda guerra mundial y, posteriormente, tras el reparto de Europa en dos bloques. Tras mucho estudio, sin anteojeras ni prejuicios dogmáticos, comprendí que quienes habían cambiado de verdad el capitalismo, limando sus asperezas, y en sentido positivo para los pueblos, eran los socialdemócratas que gobernaron en los países escandinavos y Alemania. Marx tenía razón, la revolución debía hacerse en un país desarrollado como Alemania, y no en uno atrasado y feudal como Rusia. Y esa revolución no era un cambio violento y destructor, sino uno basado en reformas. El experimento del comunismo era un desastre en todos los sentidos: económico y social, y respecto a las libertades y los derechos humanos. La socialdemocracia se basaba en construir un estado del bienestar, en el marco de una economía mixta (libre mercado, pero con limitaciones y protección social), protegiendo el protagonismo de los sindicatos para limitar el poder y los beneficios empresariales (participación de los trabajadores en la empresa, y pactos), la redistribución de la riqueza a través de la política fiscal, el intervencionismo estatal en la economía (keynesianismo), los pilares sociales (educación y sanidad pública universal, servicios sociales para los sectores desfavorecidos), seguridad social con un amplio campo de protección (maternidad, jubilación, desempleo...), laicidad, derechos humanos y libertades públicas (pluralismo político y negación de la dictadura del proletariado), democracia representativa y participación en las instituciones occidentales (comunidad europea, OTAN... ).

Parecía que el Eurocomunismo iba a derivar en socialdemocracia, pero la realidad demostró que no. Los dirigentes comunistas seguían siendo "soviéticos", aunque ya no obedeciesen directamente órdenes de Moscú. Mis discrepancias dentro del PCE fueron agrandándose y aumentando en número. Y algunos hechos me inclinaron a no renovar mi carnet del partido (entonces se renovaba cada año) cuando me avisaron a fines de 1981. Uno de esos casos fue cuando el que entonces considerábamos la "esperanza blanca" para una renovación interna, Nicolás Sartorius, dio una conferencia en Córdoba. Fue totalmente decepcionante. Repitió los viejos tópicos, en un ejercicio más de "centralismo democrático", ese eufemismo que significaba que las "decisiones se van tomando de abajo a arriba", para luego ejecutarse de arriba a abajo lo que había decidido unilateralmente la dirección central. O sea, que nos enseñó la doctrina oficial en lugar de sus propuestas de cambio. 

El otro hecho que fue la gota que colmó el vaso de mi paciencia fue la disolución de la Agrupación Universitaria del PCE en la que desarrollaba mi trabajo político, al estudiar en Córdoba la carrera. Se hizo "manu militari", con total desprecio hacia quienes la componíamos, llegando a negársenos la sede para hacer reuniones (se dice que por mandato de Anguita). Solo nos permitieron ir a la sede a la reunión donde se certificó el fallecimiento de la agrupación. En esa reunión cada uno manifestó su parecer y lo que iba a hacer. La mayoría se decantó por integrarse resignadamente en su agrupación territorial. Otros no. Fue mi caso, ya que anuncié mi abandono de la militancia, por lo sucedido, y por definirme como "socialdemócrata", no teniendo sentido que pelease en el interior de un partido "marxista revolucionario" (como se definía en los estatutos), si no veía posibilidades de cambiarlo en el sentido de mi ideología. Todavía recuerdo las caras de susto o asombro de la mayoría (y algunas de enfado) cuando oyeron la palabra socialdemócrata. Allí la mayoría era más izquierdista que la dirección. Y había nombrado "la bicha". Así que me fui.

Más tarde, los fracasos electorales obligaron a renunciar a Carrillo. Los más "duros" se fueron haciendo con la organización, e incluso dejó de hablarse de eurocomunismo. Con Anguita al frente, la reivindicación de Lenin se convirtió en consigna. Volvía el marxismo-leninismo, aliado de anarquistas, maoístas, troskistas y hasta creyentes en los extraterrestres con las  plataformas anti-OTAN. En la etapa de "la pinza", los comunistas liderados por "el califa rojo" dejaron claro el enemigo: el PSOE, la socialdemocracia. Su fracaso provocó la fuga de los que consideraban unos blandos y unas  muletas del PSOE a los de IU. Ahora esos que se fueron (como Pablo Iglesias, comunista formado en la UJCE por Manuel Monereo, uno de los peones de brega de Anguita), tras formar Podemos, arrastrando el voto de los indignados por los recortes de Rajoy (pero potenciados por sus padrinos, para dividir a la izquierda), cuando ven la posibilidad del "sorpasso" que soñaba el antiguo alcalde de Córdoba y ex-dirigente de IU (dicen que retirado), dicen que ellos son la "socialdemocracia", para quitar votos al PSOE. ¿Ellos, esos que defienden regímenes totalitarios como Cuba, China, Corea del Norte o Venezuela y llaman neoliberal a todo lo que no sea partidario de su credo"revolucionario"? Los que consideraban al PCE derechizado y se llamaban anti-capitalistas, queriendo subvertir las instituciones ¿son los defensores de la Socialdemocracia? ¿Por qué no lo decían entonces, por qué se definían con entusiasmo "comunistas" delante de los abertzales o sus ancianos dirigenres? ¿Defienden los postulados reformistas expresados antes o quieren implantar las teorías revolucionarias tan queridas por la añeja extrema izquierda? Unas veces dicen que son la verdadera izquierda y otros que no son ni de izquierda ni derecha, según sea el auditorio. Esos no son socialdemócrtas, son simplemente OPORTUNISTAS.


miércoles, 25 de mayo de 2016

Orgullo friki 2016


De nuevo celebramos el Día del orgullo friki. Y lo hacemos recordando una escena de otra película de ciencia ficción, más antigua que La guerra de las galaxias. Una película tierna por sus efectos especiales. Algo casi arqueología ficciónThe Earth Dies Screaming, de 1964 ("la Tierra muere gritando"). Película inglesa que nos cuenta cómo un astronauta, al volver a la Tierra, se la encuentra destrozada y dominada por robots, y de cómo, con la ayuda de unos pocos supervivientes humanos, intenta recuperar el planeta. Una delicia para ver comiendo cantidades industriales de palomitas.¿Friki no?