En febrero del año pasado comentaba las recientes inundaciones en nuestras tierras, tras una visita al mirador del Genil y el azud. Incluía un vídeo con los efectos de la crecida. No era mucho. La que hemos vivido en diciembre ha sido mucho mayor. Las obras que hizo hace años la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir han servido para evitar que el río entrase en el casco urbano, como pasó en 1997. Pero el ayuntamiento ha tenido que completar los diques con material de obra para evitar lo peor. Por suerte, la tregua en las lluvias del último fin de semana de diciembre sirvió para que el río dejase de amenazar, al bajar el nivel. Siempre tenemos motivos para quejarnos, aunque también los palmeños hemos conocido desde antiguo que el río acostumbra a entrar en los campos, muchas veces porque los hombres ocupamos con nuestros cultivos las tierras que pertenecen al río.
En la entrada de febrero pasado incluía también una fotografía de las norias de la Chirritana casi cubiertas por la riada, con algunos paisanos encima saludando. Es esta misma que vuelvo a reproducir y que es de un periodo entre 1937 y 1949. Se ven también los tejados de unas casas y del molino que se servía de las norias.

Ahora incluyo también esta otro fotografía, de 1935, donde aparecen las mismas norias, el molino harinero y una balconada sobre un muro (a la izquierda) que salva el desnivel de la orilla. Si la comparamos con la foto anterior, podremos apreciar la altura que alcanzaron las aguas al subir el caudal del río, que se ve a la derecha de la nueva foto, con el azud, en su nivel normal. En la anterior casi está cubierta la balconada (y todo el muro de contención), y la primera planta del edificio del molino, que tiene dos plantas más la parte donde se encauza el agua que sirve para mover el molino.
En el vídeo de febrero se puede ver el azud y el paso para las turbinas de la antigua electro-harinera, que sustituyó al molino movido por las norias. Todo esto quedó bajo las aguas en diciembre pasado, como sucedió en los años treinta, como podemos ver en la primera fotografía. Así podemos apreciar la altura que alcanzó el nivel del río, comparando con la segunda fotografía. Y es que, cuando empieza a venir agua, nada que hagamos los humanos le estorba. El agua, se dice por aquí, busca siempre una salida, su paso natural. Y los humanos, que nos empeñamos en ocupar ese espacio para apropiárnoslo, siempre tenemos que rendirnos al poder de la naturaleza. Y luego nos seguiremos quejando.


















