miércoles, 26 de febrero de 2014

Paco de Lucía, ese raro guitarrista, flamenco y moderno


Recuerdo que mi padre veía en Paco de Lucía un guitarrista raro. Cuando me intentaron inculcar el gusto por la guitarra flamenca y me daban clases en la barbería de Manolo "Cerrillo", en la calle Portada, me enseñaron a coger la guitarra como se había hecho siempre: sentado, con las piernas abiertas y apoyando la parte más estrecha de la caja de resonancia sobre el muslo de la pierna derecha. Sin embargo, cuando Paco de Lucía empezó a salir en televisión, le vimos que interpretaba sus temas con las piernas cruzadas, casi reclinado sobre la silla. Eso era muy raro para quienes habían practicado o conocido el arte de tocar este instrumento en tiempos pasados. Otros músicos, a partir de entonces, empezaron a tocar así. Ahora es raro el guitarrista, que no sea un concertista de guitarra clásica, que no cruza las piernas para tañer este ancestral instrumento. Además tenía una imagen, cuando lo conocimos, muy en la línea de los años setenta en que se hizo popular: melena, patillas, pantalón de campana o vaqueros... Vamos, que para los puristas era un bicho raro. Eso sí, con una habilidad, un virtuosismo y un arte que cautivó a mucha gente, aunque no fuesen aficionados al flamenco. De carácter sencillo, hasta su muerte ha sido considerado un maestro. El tema "Entre dos aguas", una alegoría musical del Estrecho de Gibraltar, junto a cuyas aguas nació, nos lo recordará siempre. Con ese estilo vibrante que revolucionó el flamenco, fundiéndose con lo "moderno", y que lo acercó a las masas. Qué mejor recuerdo que volver a verle interpretando una de sus primeras versiones de este tema. Descanse en paz. 

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