La semana empezó con la resaca del nuevo gobierno, es decir, con las reacciones (en algunos casos muy apropiado el término
reacción, de reaccionario) ante sus componentes. Los medios ultras hicieron su particular cruzada contra las “niñas”, ser joven y mujer, para ellos, lo peor, y de la peor manera lo trataron (véase lo que dijeron Antonio Burgos, Pío Moa, Losantos, Pedro J., etc.). Posiblemente querían con eso ocultar lo que estaba pasando en el interior del PP, y que tanto nos estaba divirtiendo.
Rajoy estuvo “desaparecido en combate” durante unos días, pero la guerra interna continuó. El consejero de Sanidad de Aguirre,
Güemes, respondió a Arenas, cuando éste pidió a Esperanza que se aclare pronto, que el PP andaluz no es ejemplo ya que lleva 30 años perdiendo las elecciones. Y ayer Rajoy volvió a hablar…y cómo:
"quien quiera irse al partido liberal, que se vaya"."Creo en España, en las autonomías, creo en Madrid, pero creo que no se pueden confundir 25 personas de Madrid con España porque España es algo mucho más grande". Más alto se podía decir, pero no más claro, sobre todo cuando se remacha aclarando que él no se presenta por
"ningún periódico ni radio". Los destinatarios, ¿cómo reaccionarán?. Por lo pronto, quien se va es el que
fue “el fichaje estrella”, Pizarro. Y, para colmo continúan las detenciones de cargos corruptos del PP, como en Baleares. Movidito, en fin.
ETA siguió con lo que solo sabe hacer: daño, daño y más daño. Hoy otra sede del PSE-PSOE, la de Elgoibar (Guipúzcoa), ha sufrido el ataque criminal de esta gentuza. Urge un acuerdo para hacer frente al terrorismo, y que el PP se entere de que las
reglas de juego (según el pacto por las libertades y contra el terrorismo, es el gobierno quien dirige la política antiterrorista, y
ellos no son el gobierno), son las mismas que cuando ellos gobernaron.
La
“guerra del agua” ha marcado esta semana de lluvias. Debates nominalistas (trasvase-aportación temporal), acusaciones de incumplimientos de promesas electorales, incoherencias varias y otros reproches, que ocultan el que unos y otros tenían en los trasvases y otras obras públicas, amparadas o no en diferentes planes hidrológicos nacionales, políticas similares para intentar resolver un problema de nuestra península ibérica, que viene de siglos atrás y que no hemos podido solventar, debido al oportunismo cortoplacista y el mercadeo de votos, con la perplejidad de la ciudadanía por medio.
También urge un acuerdo de todos los partidos.
El Papa se fue a Estados Unidos y fue recibido como lo que es, un mandatario de un estado, pequeño en territorio, pero muy influyente en lo ideológico. Aunque, también, incoherente. Benedicto XVI se refirió a los numerosos casos de pedofilia entre sacerdotes como un problema
de “gestión”. El que este señor fuese durante años el responsable de la
ortodoxia dentro de la Iglesia y no hiciese nada para resolverlo (aunque algunos hablan de
deliberada ocultación) le hace responsable de lo ocurrido, en gran medida, sobre todo por la férrea disciplina que reina allí. Hablar de problemas de gestión es cuanto menos hipócrita.
Y cierro con la toma de posesión de Manuel Chaves como presidente de la Junta de Andalucía. La oposición la refiere como “continuista”. Siempre oigo lo mismo de la oposición cuando actuamos los socialistas en nuestras funciones de gobierno (por ejemplo, cuando debatimos cada año los presupuestos en el ayuntamiento de Palma del Río), y siempre les contesto lo mismo:
“continuismo no, continuidad”. Continuidad de un proyecto transformador, sin prisa pero sin pausa, de nuestra tierra y nuestra sociedad andaluza, que viene recibiendo el
respaldo mayoritario de la ciudadanía andaluza. Como continuidad se da en la composición de su gobierno, ya paritario hace cuatro años, y con el reforzamiento de dos vicepresidencias, que denotan la intención de seguir apostando por “caballo ganador” (Chaves dijo que quería que su sucesora fuese una mujer, y, sin embargo, los vicepresidentes son hombres, luego no cabe ahora sucesión). Algunos se cuestionarán la permanencia de Chaves como candidato a la presidencia, pero los hechos son contundentes, con él ganamos elecciones (ya lo saben bien en el PP, como recuerda Güemes) y si otros quieren que nos pase como al PP, que se apliquen las últimas palabras de Rajoy. Clarito, clarito.